“Un simple paseo de Wayne, su forma de empuñar las armas o su sola presencia ante la mujer protagonista decían más que cualquier frase escrita por el mejor de los guionistas”.
Raoul Walsh

Quizás de los grandes iconos del cine norteamericano sólo John Wayne, genera un sinfín de contradicciones de admiración y rechazo, en los cinéfilos del orbe, sobre todos en aquellos que en sus países de origen, han tenido que sufrir el imperialismo gringo.
Por una parte, sobre todo aquellos que en los años cuarenta, cincuenta y sesenta, disfrutaban en las matinees o en los cines de barrio, con sus cabalgatas en pos de los facinerosos para ultimarlos con su pistola, haciéndolos pagar así sus fechorías, pues como bien lo señala Alexander Walker en su libro “El Estrellato: El Fenómeno de Hollywood”: “El héroe de Wayne es un hombre del Oeste cuya presencia física constituye prácticamente la medida de su conciencia moral”, se le admiraba su placer por la aventura, pero se rechazaba la justificación de su ética, basada en el simple principio. Según Alexander Walker de que “lo que es bueno para John Wayne, es bueno para el Oeste, y por extensión bueno para el país”.
Una conciencia moral que se traslada igualmente a sus filmes de propaganda bélica, no solamente durante la Segunda Guerra Mundial, sino, inclusive en la de Corea y sobre todo en la de Vietnam, al ser el realizador y actor que produce “Las Boinas Verdes” (The Green Berets, 1968), único filme que apoya abiertamente, sin cuestionamiento alguno, la lucha contra los vietnamitas, cuando ya estaba siendo criticada y rechazada por los intelectuales y estudiantes de su país, que se rehusaban a marchar a esa guerra, que marca la primera que perdieron los Estados Unidos. Para Wayne la política de confrontación directa de su país y de ser el guardián del “mundo libre” simplemente no puede ponerse en tela de duda.
Es difícil dilucidar si el gigantón de John Wayne de la vida real, quién medía 1.95 mts., se apropió del pensamiento del Wayne cinematográfico haciéndolo suyo o sí fue transferido al revés, pero lo sorprendente es que estamos ante la única estrella de pensamiento reaccionario y derechista, que no dejo escapar oportunidad para manifestarlo abiertamente en sus filmes y fuera de ellos y sin embargo no perdía un ápice de su popularidad, entre los cinéfilos de diferente signo, si nos atenemos a las espectaculares cifras de recaudación de sus películas.
Wayne no ocultó su superpatriotismo como miembro de la Alianza Cinematográfica, durante la negra era de Joe McCarthy, denunciando y hostigando a sus compañeros de pensamiento liberal o izquierdista, llegando a producir y actuar uno de los filmes mas abiertos de propaganda anticomunista que fue “Intriga en Honolulu” Big Jim McLain, 1952), en el cual era un agente especial del Comité de Actividades Antinorteamericanas, que persigue a una célula de norteamericanos desleales, científicos y líderes sindicales, que a la postre logran escapar de la justicia, aunque no del castigo de sus puños, al ampararse en el beneficio de la Quinta Enmienda a la Constitución, en clara referencia a los “Diez de Hollywood”
Es evidente que soy de esos cinéfilos a los que molesta gran parte de su pensamiento reflejado en sus filmes y que sin embargo tengo varios de ellos, sobre todos westerns y películas de guerra, como de mis favoritos de los protagonizados por John Wayne, quién
nació el 26 de mayo de 1907 en Winterset, Iowa, con el nombre de Marion Michael Morrison. A consecuencia de problemas de salud de su padre Clayde, quién era farmacéutico, la familia se traslada a California. Cuando vivían en Glendale, Marion se hacía acompañar de un perro Ariedale Terrier llamado “Little Duke” y los vecinos comenzaron a llamarle a él “Big Duke” y como no le simpatizaba mucho el nombre de Marion, que sonaba femenino, comenzó a hacer que sus amigos le dijeran “Duke”, como terminaron por conocerlo todo mundo. Merced a su habilidad como jugador de fútbol americano es reclutado por la Universidad del Sur de California, pero a consecuencia de una lesión es dado de baja del equipo y pierde su beca, lo cual lo obliga a buscar trabajo, dada las condiciones de pobreza de su familia. Para 1925 se le encuentra pululando por los estudios y se le empieza a contratar de extra en filmes del Oeste, aprovechando que durante su infancia y adolescencia había vivido en un rancho, cerca del desierto de Mojave, donde adquirió experiencia como experto en manejar caballos. Aparentemente su primer trabajo ante las cámaras fue como extra en “Brown of Harvard” (1926) como miembro del equipo de fútbol de Yale, aunque sin crédito alguno. Según la filmografía de IMBD hay registro de su participación en 171 filmes, pero entre los 17 que realizó entre 1926 y 1930, en algunos no se la da reconocimiento y en otros aparece con el nombre de Marion o Duke Morrison y no sería hasta que el director John Ford, con el cual había trabado amistad, que lo presenta con Raoul Walsh que recibe su primer gran oportunidad al protagonizar “La Gran Jornada” (The big trail, 1930), al tiempo que decidió cambiarse su nombre y según uno sea el texto al que uno recurra, encontrará que quién le sugirió el nuevo nombre
fue John Ford o Raoul Walsh, pero lo incuestionable es que en “La Gran Jornada”, ya aparece como John Wayne. En su momento, este ambicioso western, fue un fracaso en taquilla, pero con el tiempo se la considerado como uno de los trabajos rescatables de Walsh, sobre todo por su manejo de los grandes espacios, al contarnos la historia de una de las grandes caravanas que marcharon, en busca de la tierra prometida al Oeste. Por cierto al lado de Wayne, el villano era Tyrone Power Sr. padre del popular Tyrone Power, en los años cuarenta y cincuenta. Tyrone Power Sr. sufrió en el set un colpaso cardíaco, durante la filmación de “La Gran Jornada”, muriendo allí mismo en brazos de su hijo.
Ha partir de “La Gran Jornada” en que se inicia, propiamente, la carrera de Wayne encontramos que participa en 150 filmes y en los cuales de 84 de ellos son westerns, en los que aparece ya sea de cowboy, pistolero, sheriff o militar, como hombre del Oeste. En orden numérico le siguen 22 cintas de guerra. 19 de aventuras incluyendo “The Three Musketers” de 1933, supuestamente inspirada en la obra de Alejandro Dumas, trasladada la acción al desierto de Arabia, con Wayne en una especie de D’Artagnan al servicio de la Legión Extranjera francesa. Quienes han visto, recientemente, una copia de la misma en DVD, señalan que se trata de una curiosidad que vale la pena de ver, sobre todo por los efectos especiales en las escenas de acción a cargo del mítico experto Yakima Canutt y como antecedente de la célebre Gunga Din, por el manejo de la camaradería entre los cuatro soldados protagonistas.
En el recuento nos aparecen seis comedias e igual número de ambiente deportivo (tres de jugador de fútbol americano, una de boxeador, una de jugador de jockey y una de entrenador de fútbol americano. Incluyendo “Intriga en Honolulu” son tres en las que es detective, siendo las otras dos “McQ Detective Implacable” (McQ, 1974” y “La Muerte sigue sus pasos” (Brannigan, 1975) realizadas como una especie de respuesta o estar a la moda de “Harry el Sucio” (Dirty Harry, 1971) dirigida por Don Siegel y que significó un gran éxito para Clint Eastwood, a quién le llegó de rebote la película una vez que, precisamente, John Wayne y Paul Newman rechazaron dicho papel. Si a los dos thrillers policíacos de Wayne los calificamos de mediocres, seguramente seremos tachados de generosos en nuestra apreciación. Fue dueño de un circo en “El Fabulosos Mundo del Circo” (Circuís world, 1964). Sólo una vez estuvo en un peplum como el Centurión romano encargado de crucificar a Cristo en “La Más Grande Historia Jamás Contada” (The greastest story ever told, 1965). Pero quizá su papel más ridículo haya sido el de Genghis Kahn en “El Conquistador de Mongolia” (The conqueror, 1956), donde daba órdenes en un inglés cien por ciento texano, a la huestes mongoles y los trajes de esa época, parecía que le quedaban mal al cowboy, que no tenía ningún parecido por casualidad, con Genghis Kahn. Resultaba un tanto más creíble la caracterización del mexicano Pedro Armendáriz como Jamuga, uno de los hermanos de Genghis.

Siguiendo con la trivia se le reconoce haber tenido el papel protagónico en 142 de sus filmes, siendo el mayor número para cualquier estrella o actor de Hollywood. La fama de indestructible es bien merecida al sólo morir, cinematográficamente, en cuatro de ellas que son “Arenas de Iwo Jima” (Sands of Iwo Jima, 1949); “El Alamo” (The Alamo, 1960) “Los Vaqueros” (The Cowboys, 1972) y en “Gatillero” (The shootist, 1976) precisamente su último film, en que antes que morir de cáncer en su cama, como realmente le ocurrió en la vida real, prefiere ofrendar “útilmente” su vida, para morir con dignidad, enfrentándose a unos pistoleros que tienen asolado un pueblo. Bueno, esta bien, si me insisten son seis, pues también muere en “Un Tiro en la Noche” (The man who shoot Liberty Valance, 1962) el gran western crepuscular de John Ford, pero en rigor no muere en la pantalla, ya que el film se inicia precisamente con la llegada de James Stewart y Vera Miles, al pueblo de Shinbone para el funeral de Wayne. Al igual que en la biográfica del aviador y cineasta Frank “Spig” Wead, en la escena final de “Alas de Aguila” (The Wing of Eagles, 1957) cuando lo vemos abandonar el servicio activo, al ser trasladado, en medio del mar, del Destroyer en que participa como asesor en la Segunda Guerra Mundial, para el otro barco que lo llevará a su casa, sabemos que ya sólo le quedan unos meses de vida; pero John Ford, con gran sabiduría simplemente no presenta su deceso.
Como parte de su traslape en sus opiniones en la pantalla y fuera de ella nos encontramos esta cuando filmaba “Las Boinas Verdes”: “En una película no se puede confundir al público… No estoy haciendo una película sobre Vietnam. Estoy haciendo una película sobe lo bueno contra lo malo. Sucede que yo creo que esto es cierto en relación a Vietnam, pero aunque no fuera tan claro, es lo que se debe hacer… Es lo mismo que con los indios. Tal vez no debíamos haber destruido a todos esos indios. No lo sé, pero cuando estás haciendo una película, los indios son los malos”.
Abundando en las contradicciones sobre su imagen pública cabe anotar que se caso en tres ocasiones, las dos primeras, divorcio de por medio, con dos mexicanas: Josefina Alicia Sáenz de 1933 a 1945, con quién tuvo 4 hijos; Esperanza Bauer de 1946 a 1954 y la tercera fue la peruana Pilar Palette de 1954 hasta la muerte del actor en 1979, teniendo con ella tres hijos. Se le atribuye una relación extramatrimonial con su secretaria Pat Stacey y de sus affaires con estrellas el más sonado o conocido fue con Marlene Dietrich, su compañera en tres filmes: “Siete Pecados” (Seven sinners, 1940); “Indomable” (Spoilers, 1942) y “Mi Marido Me Es Infiel” (Pittsburgh, 1942).

El fiasco en taquilla envió a John Wayne al activo de los estudios modestos como Monogram, Mascot Studios, Republic Pictures o en producciones “B” sino que “Z” de la Fox, Warner y Columbia, durante casi toda la década de los treinta, protagonizando modestos westerns la mayoría de ellos y algunas cintas de aventuras, entre las 60 que filmo en esos años, antes de que su gran amigo de juergas John Ford le diera su gran oportunidad en el rol del fugitivo Ringo Kid en el western clásico “La Diligencia” (Stagecoach, 1939).
Y tratándose de John Ford quién dijera, a través del editor del periódico de “Un Tiro en la Noche”: “Cuando la leyenda se convierte en un hecho, hay que imprimir la leyenda”, acudamos a ella entonces para contarles que en una de esas noches de whisky y póquer en la casa del director, le mostró el guión de “La Diligencia”, diciéndole que no encontraba al actor adecuado para el papel de Ringo Kid. Después de leerlo Wayne le recomendó que se lo diera a Lloyd Nolan. La respuesta de Ford no se hizo esperar: ‘¿Eres idiota? ¿O es que no puedes hacerlo tú?’. “La Diligencia” permaneció como proyecto durante casi tres años, en los cuales Ford, que era uno de los productores del film, pero que necesitaba de socios, encontraba un no a su propuesta de darle a la estrella de modestos westerns el papel principal, hasta que Walter Wagner aceptó coproducirla, no sin antes pretender que Gary Cooper hiciera de Ringo Kid y a regañadientes convino en que John Wayne la protagonizara. Ahora y todos sabemos que “La Diligencia” es el gran clásico del género de los westerns y referencia obligada en la historia del mismo, convirtiendo a Wayne y a Ford o a Ford y a Wayne, en los grandes iconos del género. Si hacemos caso omiso de las películas de Ford en que Wayne estuvo de extra y hacemos una relación de sus colaboraciones a partir de “La Diligencia” nos encontramos los siguientes títulos: “Hombres de Mar” (The long voyage home, 1940); “Fuimos los Sacrificados” (They were expendable. 1945); “Sangre de Héroes” (Fort Apache, 1948) conocida también como “Fuerte Apache”; “Tres Hijos del Diablo” (Three Godfathers, 1948); “La Legión Invencible” (She Wore a Yellow Ribbon, 1949); “Río Grande” (Rio Grande, 1950); “El Hombre Quieto” (The Quit Man, 1952); “Más Corazón que Odio” (The Searchers, 1956) considerado por la mayoría de los críticos como el mejor western de todos los tiempos; “Alas de Aguila” (The Wings of the Eagles, 1957); “Marcha de Valientes” (The Horse Soldiers, 1959); “Un Tiro en la Noche” (The Man Who Shoot Liberty Valance, 1962); “La Conquista del Oeste” en el episodio “La Guerra Civil” donde Wayne es el General Sherman, fue dirigido por Ford; los otros directores de este western fueron George Marshall y Henry Hathaway y la última fue “Aventurero del Pacífico” (Donovan’s Ref., 1963). Son quince films, algunos de ellos extraordinarios como “Más Corazón que Odio”; “La Diligencia”; “La Legión Invencible” y “Un Tiro en la Noche”. Interesantes, buenos y recomendables: “Hombres de Mar”; “Fuimos los Sacrificados”; “Sangre de Héroes”; “Río Grande”; “El Hombre Quieto”. Hacen pasar el rato agradable “Tres Hijos del Diablo” y “Alas de Águila”. Para revisión “Marcha de Valientes” y “La Conquista del Oeste”; mientras que “Aventurero del Pacífico” se ve, para cubrir el expediente, por tratarse de un Ford, pero se trata, en el mejor de los casos, de un entretenimiento con olor a “old fashioned”.
Junto con Walsh por ser quién el dio su primer estelar y John Ford por lo que significo a lo largo de su carrera, hay otros dos directores importantes para su encumbramiento como pilar del western y por extensión del cine norteamericano. Ellos son Howard Hawks y Henry Hathaway.
Si “La Diligencia” lo sacó de las producciones “Z” y “B”, sería Howard Hawks con “Río Rojo” (Red River, 1948) quién lo pondría camino a ser la estrella más taquillera, a lo largo del siglo XX. Sólo casi igualada por Clint Eastwood, en el monto de las recaudaciones y los años en mantenerse en los primeros lugares del “Top Box Office”. Junto con “Río Rojo” trabajaría a las órdenes de Hawks en “Río Bravo” (Rio Bravo, 1959); “Hatari” (Hatari, 1962); “”El Dorado” (El Dorado, 1967) y “Río Lobo” (Rio Lobo, 1970). A fuer de ser sincero siempre me debato entre si “Más Corazón que Odio” debe de ser el mejor western o lo es “Río Bravo”. Tengo tantas buenas razones para encumbrar a uno por encima del otro que casi siempre prefiero declarar un empate al respecto. Sin irles muy a la zaga “El Dorado” y “Un Tiro en la Noche”.
Con Henry Hathaway de director participa en “Destino de Sangre” (The Shepherd of the Hills, 1941); “Leyenda de los Perdidos” (Legend of the Lost, 1957); “Furia de Alaska” (North to Alaska, 1960); “El Fabuloso Mundo del Circo” (Circus World, 1964); “Los Hijos de Katie Elder” (The Sons of Katie Elder, 1965) y “Temple de Acero” (Trae Grit, 1969), siendo por esta última que ganó su único Oscar de su carrera.
Podríamos seguir enumerando otras destacadas obras de su filmografía como “Arenas de Iwo Jima” o ese gran western dirigido por John Farrow que es Hondo, pero dejemos aquí la evocación de esta leyenda de Hollywood, no sin prometerles que haremos, próximamente, un acercamiento a varias de sus cintas más importantes, concientes de hablar de un actor cuyas opiniones políticas, en la mayoría de los casos, nos cuesta trabajo avalar, aunque admiramos varios de sus filmes, por transportarnos al fascinante mundo de la aventura, de alguien que fue epitome de la masculinidad y el valor, por más de 150 películas y que pidió que en su epitafio solo pusieran: “Aquí yace alguien que fue feo, fuerte y formal”.

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