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Alerta Solar, el noveno pasajero.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 25 de Mayo de 2007 | Categorias: Ciencia Ficción, Cine Norteamericano, Estrenos | Tiempo de Lectura: 6m 59s | Leido 368 veces.

Decadencia es la palabra que puede aplicarse a la ciencia-ficción que todavía tiene relación con la ciencia y la tecnología según nuestros anticuados parámetros; en verdad parece que el significado del mito acerca del conocimiento y sus logros está quedando atrás a favor de la fantasía, y una buena prueba de esto es la película de Danny Boyle, “Sunshine”, “Alerta Solar”.

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Para comenzar la cinta es un relato sin narrador, un suceso terminal sin testigos ni documento que los avale o quien pueda contar lo que pasó; ciertamente que el cine nos tiene acostumbrados a tomas insólitas desde ángulos donde no puede haber existido un observador, también que los ensayos de “cámara subjetiva” son nada más que un intento de justificar la existencia de esas tomas y su incongruencia en términos de narrativa, porque el cine tiene una lógica visual que funciona aún en las ficciones más desatada, y como ejemplo está la obra de cineastas como John Ford donde cada toma se corresponde a un significado y una coherencia que falla en el caso de “Sunshine”.La historia de una tripulación sometida a presiones extremas en condiciones claustrofóbicas nos remite al impacto de las nuevas tecnologías en la conducta humana a partir de la Primera Guerra Mundial, con la guerra submarina promovida por Alemania y Japón; en general adoptó la forma de una situación de emergencia donde la sobrevivencia depende del sacrificio de alguien, en el cine y la televisión esto ha sido tratado hasta la hartura, especialmente en cintas bélicas y del espacio (Como en la alemana “Submarino” –“Das Boat”- y en “La Ira de Khan”, de la serie fílmica “Viaje a las Estrellas”), en la ciencia-ficción más cercana la situación se ha extrapolado para exaltar el heroísmo (especialmente de los estadounidenses) en cintas como “Armagedón”, de Michael Bay; en “Sunshine” se repite la formula aunque a partir de una premisa falsa de sacrificio muy parecida a la sostenida en “El Núcleo”.

Ambas cintas parten de una premisa “científica” extrema: la destrucción de la humanidad por alteraciones cósmicas de nuestro hábitat. En “El Núcleo” es la alteración de la composición en el núcleo del planeta tierra, que ha de ser reparado mediante la utilización de explosiones atómicas controladas, en “Alerta Solar” es también una alteración jamás explicada en la composición del sol que hace que se apague paulatinamente, entonces la tripulación del Ícaro 2 deberá provocar se reacelere mediante una bomba explotada estratégicamente en su interior, misión que desde un principio supone la práctica imposibilidad de regreso, es decir, desde el inicio es un sacrificio humano al dios sol, así que las conductas individuales han sido condicionadas desde el origen, el drama deberá ser considerado en cómo enfrentar la inevitabilidad de la muerte o, si acaso, la posibilidad de superar lo inevitable. El guionista eligió una tercera vía: el espíritu de sacrificio empañado por fuerzas subjetivas.

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En sí las premisas pseudo científicas de ambas cintas solamente apuntan a comprender la decepción que sufrimos acerca de la tecnología: es el arma de dos filos que de un lado encuentra la aplicación del conocimiento y de otra la que provoca los desequilibrios del mundo que nos rodea, es la forma en que “El Núcleo” nos involucra en la política “verde” conforme pretende hacer una denuncia más de los abusos de los gobiernos en la utilización de la ciencia y los científicos, y sin embargo permanece en la promoción de la “neutralidad” de la ciencia en sí, en un apolitismo útil solamente para el poder , pero renuncia a ir más allá de la simple denuncia y emprender el análisis, otro tanto pasa con “Alerta Solar”.

El inexplicable cambio en el brillo de la estrella madre en nuestro sistema planetario podría entenderse como un aceleramiento de su vejez, una indicación de que el sol, se convertirá en una estrella diferente mediante el paso a ser una Nova, proceso irreversible dentro de unos veinte millones de años o algo más, pero que la película propone en un futuro cercano (al menos así debemos entenderlo por la moralidad, vestimenta y tecnología desplegadas en la película) y la única solución que parecen encontrar lo humanos en tal situación es la misma que proponen los guionistas de “Armagedón”: la violencia del poderío nuclear terrestre, una solución militar en lugar de una científica.

Para hacerlo se envía una tripulación multinacional de científicos que han de llevar al Ícaro 2 hasta la corona solar, descargar la bomba y retirarse del sitio en cuatro minutos, el diseño de la nave se supone hecho para resistir el intenso calor del astro y apto para regresar a la órbita terrestre con la tripulación completa, es un diseño muy semejante al utilizado para la nave Pegaso en la serie de televisión sobre la odisea del espacio realizada por la BBC y la empresa Imposible Pictures en el primer lustro del siglo XXI, pero a diferencia de ella la guía de la tripulación es mínima y se rige por el computador Ícaro de a bordo; para los aficionados a la Ciencia-ficción es obvia la referencia con el Hall 9000 de Clarke, y también es inevitable esperar el conflicto entre inteligencia artificial y humana, pero esto no llega jamás: Ícaro será tan solo una pitonisa de la destrucción.

Esta es la parte más controvertible de la película, la existencia de un noveno pasajero que no puede existir más que en la mente de los tripulantes: una especie de “demonio” o ser maligno que es registrado y advertido por el computador solamente a punto de llegar al cabo de cumplimiento de la misión, cuando los humanos se han reducido al mínimo posible tras lo avatares del viaje y para el guionista resultó imposible crear una historia convincente para justificar el sacrificio de los científicos a favor de la especie. En realidad el guión debe tener alguna acotación que nos indique la naturaleza psicológica de este “demonio”, pero Boyle asume que el espectador conoce la diferencia entre lo irreal creado por los estados extremos, como ha demostrado antes en cintas del corte “Trainspotting” (“La Vida en el Abismo”, pues), pero que se salta los recursos del lenguaje fílmico para que sea quien ve el que decide quién es y que hace ahí ese demonio, ese noveno pasajero no registrado en peso, masa o existencia durante todo el viaje, salvo cuando los últimos sobrevivientes pueden emprender el regreso, y eso es un recurso que como cine de vanguardia podría ser interesante, si al menos nos diera una pista válida de lenguaje fílmico, pero como está, hace de la película un bodrio invisible.

sunshine-poster.jpgEn fin, que el rechazo por lo formal del arte hace de algunos “artistas” incongruentes con todo, y extraña que en un país con un desarrollo especialmente brillante en la ciencia ficción de todas las época como la Gran Bretaña, ocurra una obra tan fallida como ésta, a pesar de que los británicos también son avanzados en las nuevas tendencias del género, pero no al punto de negar lo pasado, aunque los nuevos descubrimientos científicos están a punto de hacer inválido todo lo que sabemos sobre la materia en el universo y esto afectará sensiblemente a la tecnología, un salto ficticio extrapolando su devenir no puede ser tan lejano que sea incomprensible.

Filmografía:
“Alerta Solar”. (Sunshine). D. Danny Boyle. Con: Cillian Murphy, Troy Garity, Hiroyuki Sanada, Chris Evans, Rose Byrne. Guión: Alex Garland. GB. 2007.
“Núcleo, El”; Misión al centro de la Tierra. (Core). D. John Amiel. EUA. PARAMOUNT. 2002.
“Armagedón” (Armageddon). D. Michael Bay. Con: Bruce Willis, Billy Bob Thornton, Liv Tyler, Ben Affleck. Guión: Tony Gilroy, Shane Salerno, Robert Ray Pod, Jonathan Hensleigh, J. J. Abrams. FX. Pat McClung y Richard Hoover. EUA. Touchstone/Valhalla. 1998.
“Viaje a las estrellas, La Ira de Khan” (Star Trek 2, The Wrath of Kahn). D. Nicholas Meyer. Con: William Shatner, Leonard Nimoy, Ricardo Montalbán. EUA. 1982.
“Submarino”. (Das Boot). D. Wolfgang Petersen. Con: Jurgen Prochnow, Herbert Gronemeyer, Claus Wennemann. Guión: W. Petersen y Lothar G. Bucyhheim, basados en la novela de éste. ALEM. 1981.

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