Joan Collins: nacer bella y mantenerse bella

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on May 23rd, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

“El secreto de tener una vida privada está en no responder muchas preguntas acerca de ella”.
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El pasado lunes 14 las agencias de noticias, hicieron circular la información de que durante una representación de la obra “Legends”, sufrió una aparatosa caída la actriz Joan Collins, al ser empujada por su compañera Linda Evans, en una escena en que forcejeaban. Aparentemente Joan estaba mal parada, por lo cual cayó violentamente en el escenario.

“Legends” trata sobre dos actrices en decadencia que mantienen una añeja rivalidad, con la cual, en parte, jugaban los productores de la obra al llevar de protagonistas a quiénes fueron antagonistas en la popular serie de televisión “Dinastía” que se presentó en Estados Unidos de 1981 a 1989, con 218 episodios efectivos, en la cual Krystale Carrington (Linda Evans), esposa y secretaria de Blake Carrington (John Forsythe) luchaba con intrigante ex esposa Alexis Carringnton Colby (Joan Collins) por el amor y el dinero del susodicho Blake.

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Desde aquellos años se manejó que Linda y Joan mantenían la animadversión y el resentimiento, fuera de los sets televisvos, prolongando el ring en la vida real, como lo hace suponer la reacción de Joan, a través de su vocero de estar dispuesta a demandar a Linda, por extralimitarse en sus manifestaciones de odio. Y aunque se aseguró que estuvo a punto de morir la actriz británica, a causa de las heridas infligidas por la caída, no existe mayor certeza sobre este dicho, ya que los diarios no han continuado informando de la secuela del accidente de la actriz, cuyo mayor éxito profesional fuera su caracterización de la ambiciosa Alexis en la serie de “Dinastía”, el cual le llegó cuando su irregular carrera cinematográfica estaba circunscrita a películas de terror serie B y algunas comedias sexuales en Italia, así como trabajos esporádicos en capítulos aislados de series de televisión, como estrella invitada. Si las generaciones actuales la recuerdan es precisamente por las repeticiones de “Dinastía” y su activa vida social y amorosa, en donde se incluye el haber posado semi desnuda para la revista “Playboy”, en diversas ocasiones, siendo la última a sus 67 años, causando admiración que a esa edad todavía se mantuviera en buena forma, como en su época gloriosa de los años cincuenta, cuando llegó a protagonizar varias cintas, en que mostraba generosamente su bien torneado cuerpo, provocando un sinfín de inquietantes sueños eróticos, en espectadores adolescentes que mirábamos arrobados los cachondos meneos de esa atractiva morena.

Joan Henrietta Collins nació el 23 de mayo de 1933, en Londres, Inglaterra. Su padre era el agente teatral Joe Collins y su madre se llamaba Elsie. Su hermana menor es la célebre escritora de novelas e historias escandalosas, sobe gente famosa, Jackie Collins. Joan debutó en los escenarios teatrales a los nueve años en la obra “Casa de Muñecas” de Ibsen. A los 16 se inscribió en la Royal Academy of Dramatic Art y un año más tarde la productora J., Arthur Rank Organization, le signo un contrato de exclusiva, en que tuvo que ir escalando posiciones desde extra, hasta alcanzar realizar algunos roles secundarios y hacerse notar en “Noches del Decamerón” (Nights of Decameron, 1953), al estar en dos de los tres cuentos eróticos que componían la cinta, basada en historias de Bocaccio, interpretado por Louis Jourdan.

El 24 de mayo de 1952 se casó con el modesto actor Maxwell Reed y del cual se divorciaría en 1956, aunque antes, cuando apenas tenían siete meses de casados, se dice que Maxwell pretendió venderla a un jeque árabe, en 10,000 libras esterlinas, sin estar claro si el convenio era para toda la vida o sólo por un tiempo determinado.

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En 1954 el legendario director Howard Hawks llegó a Inglaterra a preparar el rodaje de “Tierra de Faraones” (Land of the Paraohs,1955), cinta espectacular y de gran coste, cuyo rodaje de exteriores se haría en Egipto y el de interiores en Roma, teniendo la convicción de que el atractivo principal, para el público, sería la grandiosidad de la historia de la construcción de una pirámide, corrió el riesgo de contratar actores ingleses como Jack Hawkins para el faraón y James Roberton Justicie, como el arquitecto constructor, quienes contaban con cierto renombre y solidez profesional, pero que de ninguna manera eran unas costosas estrellas, que elevaran el presupuesto del filme, lo cual sirve también para explicar la inclusión de Joan Collins en el rol de la malvada reina Nellifer, amén de su esplendida belleza a los 21 años, que justificaba con creces, como razón suficiente, para que cayera en sus redes, uno de los principales generales egipcios, dispuesto a ayudarla en su complot para asesinar a su esposo el faraón.

collins_joan-en-land-2.jpg“Tierra de Faraones” fue la primera cinta que vimos, allá por 1956, de Joan Collins, quién mostraba, con cierta generosidad parte de su cuerpo, siendo razón más que suficiente para volver a ver dicha cinta, en esos programas triples de cintas épicas o peplum, como ahora se les dice, producidas por la Warner, que nos presentaba, con cierta regularidad el cine Colonia, las cuales eran “Helena de Troya” (Helen of Troy, 1956), con otra gran belleza que era Rossana Modesta, así como el churro de “El Caliz de Plata” (The silver chalice, 1954) con Virginia Mayo y Pier Angeli y claro esta “Tierra de Faraones”. Con el paso del tiempo y platicando con otros amigos cinéfilos o filmofágos, más o menos de mi edad, al platicar, no de las grandes películas y otros rollos de trascendencia intelectual, sino del placer de ver cine y disfrutar de la belleza de determinadas actrices, me ha sido grato comprobar que no estoy sólo en el arrebato de recuerdos de sueños de adolescencia erótica, con estrellas como Joan Collins, sin mayores méritos histriónicos en la escena, más bien mediocres, pero que a cambio de ello tenía una presencia inquietante merced a medidas de 38C-23 1/2-37 en 1960, aunque en 1987, después de reportar algunas operaciones de implantes, en pulgadas, eran de 34D-27-36, las cuales, es obvio, provocaban la libido de los espectadores masculinos, para los cuales que interpretara cual Sarah Bernahardt, el rol de Nellifer, era pedirle demasiado, siendo suficiente disfrutar de su escultural figura.

Todavía en su natal Inglaterra participo en otra producción norteamericana “La Reina Tirana” (The Virgen Queen, 1955), entretenido drama seudo o de trasfondo histórico, sobre las aventuras de Sir Walter Raleigh (Richard Todd) para convencer a la Reina Isabel I (Bette Davis) de que le patrocine su excursión al Nuevo Mundo; entrando en conflicto con su majestad a causa de enamorarse de una de las damas de la reina, la bella Beth Throgmorton (Joan Collins), provocando los celos de Isabel, que esta a punto de mandar a la Torre de Londres, a los dos amantes “traidores”. Henry Koster resolvió con su habitual destreza artesanal este entretenido filme de intrigas palaciegas y fausto en el vestuario, para deleite de las espectadoras.

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La Fox había proyectado realizar “The Girl in Pink Tights” como una comedia musical, para lucimiento de Marilyn Monroe como la corista Evelyn Nesbit, Dan Dailey sería el arquitecto Stanford White y Mitzi Gaynor como Gwen Verdon. Al rechazar Marilyn el film, entonces se considero a Sheree North para el rol principal, mientras en el inter se modificó el guión para pasar a ser un drama sobre el llamado “crimen del siglo”, que estremeció a la sociedad de Nueva York en 1906, recayendo el rol de Evelyn en la recién llegada a Hollywood Joan Collins, Ray Milland fue Stanford White y Farley Granger interpretó a Harry Thaw.

La noche del 25 de junio de 1906, durante el estreno de la revista musical “Mam’zelle Champagne”, en el momento que el coro interpretaba “I Could Love a Million Girls,” el millonario Harry Thaw se levantó de su mesa, en la terraza del Madison Square Garden, junto con su esposa Evelyn, para dirigirse al sitio en que el célebre arquitecto, diseñador del Madison, cenaba con su esposa, Harry sacó un arma y le disparó en dos ocasiones, para dejarlo tendido muerto allí.

El director Richard Fleischer realizó un interesante film, inspirado en este crimen histórico, aunque no apegado, en sentido estricto, a los hechos verdaderos, sino que busco una interpretación a los motivos que encaminaron a sus protagonistas a tan fatal desenlace. La cinta terminó teniendo en Estados Unidos el título de “The Girl in the Red Velvet Swing” (1955), la cual en México se conoció como “El Escándalo del Siglo” y en España como “La Muchacha del Trapecio Rojo”.

En una entrevista Fleischer señaló: “Es una historia muy dramática, aunque no sigue exactamente la realidad de aquel crimen. De todos modos, era muy bonito el amor que existía entre este hombre mayor y esta chica joven, un amor que estaba condenado al fracaso y que no podía acaba bien. Esto sí era verdad, me gustaba, resultaba emocionante y lo traté de llevar a la pantalla, y ya digo que en América tuvo poco éxito”.

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La sensual juventud de Joan Collins es vital para darle credibilidad a la obsesión del cincuentón arquitecto, que se mueve entre la realidad y la ilusión, aunque en la vida real si fueron amantes, en el film se maneja como una relación que nunca ha llegado a consumares, aunque el desequilibrado y celoso marido de Evelyn, no lo estima así, de su añejo rival, no solamente en amores por Evelyn, sino desde antes que esta chica se interpusiera en sus vidas. “El Escándalo del Siglo” ha ganado con el paso del tiempo, pudiéndose considerar como una de las mejores, sino la mejor de las protagonizadas por Joan Collins, por lo que si la ve anunciada en un canal de televisión o en DVD no dude en adquirirla.

Por TCM Classic Hollywood es programada con regularidad “El Sexo Opuesto” (The Opossite Sex, 1956), regular versión musical de la cinta clásica de George Cukor “Mujeres” (The Women, 1939), en la cual Joan Collins puesta, por primera vez, en el rol que más veces repetiría en el cine y la televisión, la de la “otra mujer”. La destructora de hogares, que provoca, en el film en cuestión, el divorcio de la insufrible June Allyson de su marido Leslie Nielsen, aunque al final, June convence a Leslie de que la ambiciosa trepadora de Joan, solo quería su dinero, recuperando así a su insulso marido, con aquello de que “cariño comprado, ni sabe querer, ni sabe ser fiel”.

Es poco lo que recuerdo de “El Ómnibus Perdido” (The Wayward Bus, 1957) de Victor Vicas. Se trata de la adaptación de una de las consideradas obras menores de John Steinbeck, con un reparto multiestelar de puras promesas de la Fox, en el cual destacaban precisamente Joan Collins, Dolores Michaels y la pechugona Jayne Mansfield, sobre un grupo de pasajeros de un ómnibus, que a causa de una intensa lluvia, quedan varados en pleno despoblado, antes de cruzar un puente, que esta a punto de derrumbarse. Obviamente se entrecruzan las historias de los pasajeros, estableciéndose un micro cosmos con sus diversos comportamientos y reacciones a una situación insólita.

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Para “Tierra de Faraones” el director Howard Hawks exigió un maquillaje especial para Joan Collins, que la hiciera más morena de lo que en realidad es y en “Isla en el Sol” (Island in the Sun, 1957) de Robert Rossen, basada en la novela de Alec Waugh, la tez morena de Joan, resultó conveniente para justificar su rol de la mestiza Jocelyn Fleure, en este interesante film de conflictos interraciales en una colonia británica (¿Jamaica?) en el Caribe, a punto de lograr su independencia. Jocelyn es la hija de un rico terrateniente inglés, que a ocultado el haber tenido una abuela de origen negro, aflorando su pasado cuando su hija se enamora de Euan Templeton (Stephen Boyd), el hijo del gobernador de la isla, en esta cinta de varias historias entrelazadas, por los conflictos políticos y raciales, en la cual también participa Harry Belafonte en el rol del líder negro pro liberación de la isla, que a su vez se enamora de una mujer inglesa de rancio abolengo (Joan Fontaine), dejando despechada a la sensual Dorothy Dandridge. Otros miembros del reparto son James Mason, Michael Rennie y Patricia Owens. Belafonte canta la canción tema, la cual, tratándose de una historia ubicada en una paradisíaca isla caribeña, da oportunidad a que Joan y Dorothy luzcan sus esculturales anatomías en las playas.

“La Intocable” (Sea Wife, 1957) de Bob McNaught, es un mediocre y disparatado drama sobre cuatro sobrevivientes del ataque de un submarino japonés, a un barco carguero, cerca de Singapur, durante la Segunda Guerra Mundial, que quedan varados en una lancha. Son tres hombres y una mujer, la cual les ha ocultado que es una monja y durante la película se la pasa rechazando los acercamientos lascivos de ellos. En cierta medida el manejo de la situación es un tanto absurdo y a la vez, tengo el recuerdo que en el fondo “La Intocable” era aburrida.

En “Escala en Tokio” (Stopover in Tokio, 1957) compartía créditos con Robert Wagner, que hacía de agente de la CIA en Japón, en misión para impedir un atentado comunista, contra el primer ministro japonés y el embajador de los Estados Unidos. Joan era una azafata que por andar de metiche, termina ayudando a Wagner en su misión secreta. En la época del rodaje, en Japón, Robert Wagner era novio de Natalie Wood, con la cual se casaría el 28 de diciembre de 1957 de ese mismo año, sin que hubiera un affaire con Joan Collins. Unos pocos años más tarde cuando Warren Beatty le puso los cuernos a Joan, al salir con Natalie Wood, que en esas fechas todavía estaba casada con Wagner, los periódicos publicaron una foto en que estaban los cuatro cenando en un restaurant, no faltando el magazine de chismes que se hacía la pregunta, si Joan y Robert se consolarían mutuamente. Aparentemente, según lo dicho por Joan en uno de sus libros de memorias, nunca se le hizo a Robert brincotear en su cama. Por cierto cuando le preguntaron, en una ocasión, sobre el adulterio contesto ingeniosamente: “Disfruté siendo una adúltera… tomando cierta venganza del hecho de que mi marido me era infiel”

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En sus primeros años en Hollywood, los profesionales del cotilleo insinuaron romances de Joan con el productor Daryl Zanuck, Frank Sinatra, Robert F. Kennedy, Dean Martin, Sydney Chaplin y Dennis Hopper, entre otros, aunque su noviazgos mas conocido y publicitado es el que tuvo durante varios años con Warren Beatty.

Después de “Escala en Tokio”, aprovechando su porte y piel morena es la terrateniente mexicana Josefa Valverde en “Los Depravados” (The Bravados, 1958) dirigida por Henry King, con Gregory Peck en el rol de Jim Douglass, un hombre cegado por su sed de venganza, el cual busca ultimar a los cuatro hombres que supuestamente mataron y violaron a su esposa. Joan es una antigua novia de Jim, la cual trata de ayudarlo, convenciéndolo de la inutilidad de la búsqueda de desquite, como forma de expiar su supuesta culpa de haber dejado a su mujer sola en el rancho, expuesta al ataque de esos facinerosos. Es uno de los mejores westerns de Gregory Peck y del veterano director Henry King.

“El Inconquistable Sexo Débil” (Rally ‘round the flang, boys!, 1958) fue la penúltima cinta del prolífico y dotado director de comedias alocadas y melodramas Leo McCarey, con una larga trayectoria desde la época del cine mudo en que debutó en 1921 con “Society Secrets”. Baste señalar que su comedia screwball “La Picara Puritana” (The Awful Truth, 1937) con Irene Dunne y Cary Grant, esta en el lugar 68 de las mejores comedias del Siglo XX y su melodrama “Algo Para Recordar” (An affair to remember, 1957) protagonizada por Cary Grant y Deborah Kerr, en el quinto sitio, lo cual nos da una idea de la maestría en estos géneros de Leo McCarey.

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Aunque no se trata de una screwball comedy, encontramos rastros de ese tipo vertiginoso y alocado de llevar frenéticamente el desarrollo, con una situación absurda, tras otra, hasta llegar al clímax catártico, iniciando porque al oficial Harry Bannerman. del departamento de relaciones públicas del ejército, lo comisionan para que convenza a los habitantes del pequeño poblado de Putnam, en Connecticut donde vive su familia, de que acepten la instalación de una base militar secreta en la región, pues ha corrido el rumor de que será utilizada como campo de pruebas de misiles atómicos. La líder del movimiento de protesta, es encabezada precisamente por su esposa Grace (Joanne Woodward), la cual ha persuadido a las esposas de otros oficiales para que apoyen su demanda. Las cosas se le complican a Harry, cuando Grace lo sorprende en una situación embarazosa con la seductora Angela Hoffa (Joan Collins), sospechando que son amantes. La comedia mantiene su ritmo y pasa uno un rato entretenido disfrutando de su visión y de la prodigalidad de Joan para lucir constantemente su cuerpo, en seductora ropa interior.

Después del tono de farsa impreso en thrillers de robos a casinos por “Ocean’s eleven” con George Clooney, es seguro que la visión de una cinta como “Siete Ladrones” (Seven Thieves, 1960) de Henry Hathaway, con Rod Steiger, Edward G. Robinson, Eli Wallach y Joan Collins, como los principales integrantes de una banda para robar el casino de Montecarlo, resulte un tanto pasada de moda, al darle mucha importancia al desarrollo del plan y buscar mantener el suspenso y la tensión, sin los descansos humorísticos y relajantes, como los que abundan en la mencionada cinta de Clooney y Julia Roberts. Pero cabe anotar que en su momento “Siete Ladrones” fue considerada como una gran cinta de suspenso y una estructura creíble de la posibilidad del robo al casino, sin necesidad de tanta tecnología y fantasía como en “Ocean’s eleven” del 2001.

Joan regresó al peplum al realizar en Italia, bajo las órdenes de Raoul Walsh y Mario Bava “Esther y el Rey” (Esther and the King, 1960) con Richard Egan en el rol del rey Asuero. Desafortunadamente es una cinta poco inspirada y por momentos parece que Walsh, cree estar realizando un western, con personajes vestidos con togas, que en lugar de estar en el Far West, fueron trasladados en el “túnel del tiempo” al mundo antiguo.

Después de esa mala experiencia regresó a Hollywood a hacerla de patiño de Bob Hope y Bing Crosby en su última “Ruta a Hong Kong” (The Road to Hong Kong, 1962), quizás la mas mala de esa pareja de comediantes o que simplemente ya había pasado su mejor época.

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A partir de allí la carrera de Joan Collins entró en un bache de malas películas de clase B y participación en un sinfín de capítulos en series de televisión, hasta que le llegó su gran retorno, como ya mencionábamos, con su creación de Alexis en “Dinastía”. En cuanto a su vida privada, después de convencerse de que Beatty no se casaría con ella, lo hizo con el actor inglés Anthony Newley el 27 de mayo de 1963, con el cual tuvo dos hijos (Tara y Alexander), antes de divorciarse en 1970. Posteriormente se casó con Ronald Kass en 1972 y se divorció de este en 1980 y con el cual tuvo una hija llamada Katyana Kass. Más tarde se casó con Peter Holm y actualmente vive casada con Percy Gibson.

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En el 2001 participo en la comedia para TV “Esas chicas fabulosas” (These old broads, 2001), en la cual Elizabeth Taylor era la representante de Debbie Reynolds, Joan Collins y Shirley MacLaine, tres actrices que en su juventud habían formado un trío de comediantes, pero que a causa de algunos desaguisados, en cuanto a quitarse los novios mutuamente se habían distanciado, pero el hijo de Debbie Reynolds, director de especiales de televisión, ideaba el reunirlas para un homenaje, sin saber en los líos en que se metería, para someter el ego de las tres divas, todas ellas rondando los setenta años. Shirley y Debbie nos dan muestras de su talento para el baile y la comedia musical, pero indudablemente la que mostraba seguir poseyendo una mejor figura era Joan Collins, a la que hoy estamos recordando al cumplir sus primeros setenta y cuatro años de edad, quién en alguna ocasión dijera: “El problema de la belleza es que es como el nacer rico y volverse pobre”.

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