James Stewart: arquetipo del norteamericano ideal
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 20 de Mayo de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 19m 56s | Leido 1083 veces.
Quizás “Tierra y Esperanza” (Bend the river, 1952) no fuera la primera cinta que viera en las nostálgicas matinées dominicales del cine Encanto; pero cuando hurgo en mis recuerdos de infancia, se me aparecen de forma nítida fragmentos enteros de ella como una de las que me dejaron huellas más profundas, siendo, quizás, esta la razón para que sea uno de mis “westerns” favoritos y su protagonista James Stewart uno de mis máximos ídolos de matinées‚ al lado de Audie Murphy, Glenn Ford y John Wayne, en cuanto a héroes de “películas de vaqueros”, mientras Maureen O’Hara, Susan Hayward, Virginia Mayo, Piper Laurie y -but of course- la siempre estimulante Marilyn Monroe entre otras, serían sus contrapartes femeninas.
James Stewart está considerado el arquetipo del norteamericano ideal, merced a su participación en las cintas “Caballero Sin Espada” (Mr. Smith Goes to Washington, 1939) y “¡Que Bello es Vivir!” (It’s Wonderful Life, 1946) ambas dirigidas con su inigualable maestría por Frank Capra.
James Maitland Stewart nació el 20 de mayo de 1908, en Indianna, Pennsylvania, en un hogar de clase media acomodada y murió el 2 de julio de 1997. Inició estudios de arquitectura en la Universidad de Princenton, pero terminó interesándose en el teatro al incorporarse en 1932 a la University Player Troupe que comandaba el director Joshua Logan, al cual se debe en los años cincuenta esa espléndida cinta “Picnic” que nos permitiera descubrir la magnifica belleza de Kim Novak.
Pero regresando a Stewart resulta que en el grupo teatral estaban también Henry Fonda y Margaret Sullavan, con los cuales trabajo en varias obras en Broadway, que le permitieron darse a conocer en el medio y llegar a ser contratado por la MGM, para debutar en 1935 en el cine, en un pequeño papel, en “La Voz que Acusa” (The murder man) al lado de Spencer Tracy, quién era un periodista que en labores de detective descubría a los autores de un crimen. Stewart llevaba el sexto crédito y era compañero de Tracy en el periódico. Su siguiente participación fue en la comedia musical, basada en la opereta “Rose Marie” (Rose Marie, 1936)al lado de Jeannette Mac Donalad y Nelson Eddy. Obviamente Stewart no echaba gorgoritos, pero se hacía notar en su pequeño papel, como el hermano prófugo de la cantante, quién detonaba con su conducta, la trama de la película. La tercera fue la olvidable “Cuando Volvamos a Amarnos” (Next time we love, 1936). Se hizo notar en la divertida comedia “Esposa vs. Secretaria” (Wife vs. Secretary, 1936), más que nada por el repartazo de estrellas que la estelarizaban. Stewart era el atolondrado novio de la sensual Jean Harlow, la eficiente secretaria de Clark Gable, a quién, su esposa Myrna Loy, terminaba por provocarle celos, tanta dependencia de Gable, hacia el trabajo de la secretaria Harlow. Participo como secundario en “Ansia de Vivir” (Small town girl, 1936); “La Prueba Suprema” (Speed, 1936) y “La Divina Coqueta”(The gorgeous hussy, 1936) antes de que por sugerencia de Cole Porter, se le diera su primer estelar en la comedia musical “Nacida Para el Baile” (Born to dance, 1936) al lado de la gran bailarina Eleanor Powell. El propio Porter le dio lecciones de canto y aunque en realidad nunca representó una amenaza, para cantantes especialistas en comedias musicales, salió airoso de la prueba, al igual que no la hace tan mal en algunos bailables, acompañando por momentos a Eleanor Powell, pues no olvidemos que esta terminaba, casi todas sus participaciones, como una bailarina solista, que llenaba, efectivamente, por sí misma, el escenario, con sus brillantes desplazamientos.

En esos primeros años haría cuatro cintas al lado de su amiga Margaret Sullavan, siendo la más recordada “El Bazar de las Sorpresas (The shop around the corner, 1940) dirigida por el vienés Ernest Lubistch, con su elegante y cínico toque para abordar la comedia romántica. En esta cinta Stewart era el empleado de una tienda que se carteaba con una “amiga anónima”, al tiempo que se llevaba de la patada con su compañera de empleo o sea Margaret Sullavan, para a la postre descubrir que su “alma gemela” con la cual mantenía correspondencia, no era otra que su “odiada” rival en el trabajo. Si la trama le suena conocida, sin haber visto la estupenda “El Bazar de las Sorpresas”, es porque seguramente conoce alguno de sus remakes, como la comedia musical “La Novia Incógnita” (In the good old summertime, 1949) con Judy Garland y Van Jonson, como los dos empleados que se carteaban, sin saber que trabajaban en el mismo sitio. La otra es mas reciente, con algunas variantes, siendo la principal que ya no utilizan estampillas del correo, sino que acuden al internet para buscar a su pareja ideal, así que estamos hablando de la encantadora comedia “¿Tienes un E-Mail?” (You’ve got mail, 1998) con Meg Ryan y Tom Hanks. Las otras tres cintas con Margaret Sullavan fueron “Cuando Volvamos a Amarnos”; “El Angel Fracasado” (The shopworn angel, 1938) y “La Tormenta Mortal” (The mortal storm).
Antes de “Caballero Sin Espada” y “¡Que Bello es Vivir” Stewart ya había colaborado con Capra en “Vive como quieras” (You Can’t Take it With You, 1938), la cual sin ser una de las grandes obras del cineasta de origen italiano, tiene los suficientes ingredientes para una revisión posterior de la misma, aunque lo mejor con Stewart del amo y señor de la comedia americana “optimista”: Frank Capra, al cual se puede tildar de “naiff” en algunos de sus planteamientos, pero nunca de falta de habilidad para lograr que el público mirara con harta complacencia y ternura sus historias, impregnadas del espíritu roosveltiano, caracterizado por la renovada vitalidad y convicción fundacional de unos Estados Unidos, para los cuales no había enemigo invencible, ni crisis económica interna insuperable, ni amenaza exterior que pudiera impedirles lograr su “destino manifiesto”, como lo prueba el ingenuo senador Jefferson Smith (James Stewart) en “Caballero Sin Espada”.
Pero para James Stewart su filme favorito era “¡Que bello es vivir!”, en donde interpretó a un pequeño banquero de una localidad provinciana, al cual la crisis económica y un avaricioso agiotista llevaba a la ruina, empujándolo al borde del suicidio, pero antes de lograr tirarse desde un puente a un río, en la noche de navidad, se le aparece un “ángel de la guarda” , el cual le “muestra” lo que ocurrirá con su familia y amigos si persevera en su mala decisión. A la postre acepta no quitarse la vida y enfrentar las consecuencias de su bancarrota. La solidaridad de sus vecinos y amigos, al igual que de su familia, le permiten pagarle al agiotista. El actor se negó, durante toda su vida, ha que se coloreara este filme, el cual todos los años es proyectado en la televisión americana durante la fiestas decembrinas y que, al igual que ocurre en México con “Nosotros los pobres”, allá “¡Que bello es vivir!” es el filme más exhibido por la TV americana y resulta fácil encontrar cinéfilos que le reciten a uno de memoria los parlamentos de esta inolvidable y mítica comedia.

Después de “Vive Como Quieras” realizó una de sus mejores melodramas al lado de la exquisita y simpática Carole Lombard en “Nacidos para amarse” (Made For Each Other, 1939) dirigida por John Cromwell. Ese mismo año haría su primera incursión protagónica en el atípico “western” “Mujer o demonio” (Destry rides again, 1939) dirigido por George Marshall y con Marlene Dietrich como Frenchy, la cantante del saloon, con su ambivalente personalidad de mujer-mala-buena, la cual al final se redime y sacrifica su vida en aras de salvar la de su enamorado Destry. Decimos que “Mujer o demonio” es un “western” insólito, porque a pesar de su enorme carga de ironía y humor, no puede ser tildado de paródico, pero al mismo tiempo no respeta la tradición arquetípica del genero, como podría señalarse de La Diligencia, cumbre del clasicismo, realizada por John Ford ese mismo año.

Sin embargo es posible encontrar influencias de “Destry…” en la obra posterior de Ford, el cual mezclara más la ironía y el humor en sus historias, cuya máxima exponente sería “Misión de Dos Valientes” (Two rode togheter, 1961) precisamente protagonizada por James Stewart, como el cínico sheriff que a regañadientes acompaña a Richard Widmark a rescatar a un grupo de prisioneros blancos en manos de los comanches. En cierto sentido “Misión de Dos Valientes es igualmente, dentro de la filmografía de Ford, la antítesis de Más Corazón que Odio (The Searchers, 1956), pero eso sería motivo de otro artículo sobre la obra fordiana y no sobre la presencia cinematográfica de James Stewart.
En el año de 1940 filmaría al lado de Katherine Hepburn y Cary Grant, bajo la batuta de George Cukor, la fina comedia “Pecadora equivocada” (Philadelphia story, 1940) por cuya actuación obtendría el codiciado “Oscar” de mejor actor.

El 22 de marzo de 1941 fue el primero de los actores famosos en ser llamado por el ejército a prestar servicio y se dice que casi le dio un infarto a su jefe Louis B. Mayer, cuando se rehusó a ser “protegido” por la MGM y al contrario de otras “estrellas”, que se limitaron a dar servicio yendo “heroicamente” a participar en las “caravanas” de entretenimiento a los soldados en el frente, James Stewart ingresó en la Fuerza Área y se convirtió en piloto de un bombardero, llegando a cubrir veinte misiones sobre los cielos de Alemania, durante la II Guerra Mundial, obteniendo el grado de Coronel cuando se retiró del servicio activo de la Fuerza Área en 1945. En 1959 el presidente Eisenhower le dio el nombramiento de General de Brigada.
A pesar de ser héroe de la guerra Mayer había quedado muy disgustado con el actor, por lo que no pudo regresar a la MGM, pero para fortuna del larguirucho actor, se le apareció, por así decirlo, su Ángel de la Guarda, en la figura de Frank Capra para ofrecerle, con un sueldo modesto, puesto que no se tenía la seguridad de que los espectadores le recordarán, el rol de “George Bailey” en la ya harto mencionada “¡Que Bello es Vivir!” No se crea que el éxito de la cinta fue inmediato, sino que a la manera de una termita, poco a poco se fue convirtiendo en una de las grandes favoritas del público. En virtud de eso la segunda etapa de su carrera, fue lenta y las ofertas de trabajo eran escasas, hasta que se volvió a establecer en el gusto del público mayoritario con “Winchester 73” (Winchester 73, 1950), un western de presupuesto bajo de la Universal, dirigido por Anthony Mann, el cual devendría en uno de los clásicos del género.

Anthony Mann había dirigido 17 cintas, sobre todo policíacas, antes de incursionar en el western en 1950, cuando realizó tres. La primera fue “La Puerta del Diablo” (Devil’s Doorway) con Robert Taylor como un jefe shoshone, condecorado y llegado a sargento en el ejercito nordista, el cual, al concluir la guerra civil, y regresar a su hogar, tiene que volver a tomar las armas, ahora para pelear por la tierra de sus antepasados, sin mayor esperanza de salir victorioso. En pleno macartismo este filme antirracista y pro-indio fue recibido con ciertas reservas por el público. El trabajo de Mann y su camarógrafo John Alcott fue excelente, en particular al hacer uso de una fotografía en blanco y negro, aprovechando al máximo los exteriores nocturnos y que indudablemente denotaban la experiencia de ambos en cintas policíacas o también llamadas del cine negro. El segundo western fue “Las Furias” (The furies) con Walter Huston y Barbara Stanwyck, en los roles de padre e hija, en un drama familiar de tipo psicologista, enfrentados por un ardiente deseo de venganza. La novela de Niven Bauch en la cual se basó el guión, a la vez estaba inspirada en la novela “El Idiota” de F. Dostoievski. Pero sería la tercera “Winchester 73”, la que serviría de cimiento a Mann para convertirse en uno de los grandes directores del western al lado de John Ford, Raoul Walsh y Howard Hawks. También fue el inicio de una fructífera relación con James Stewart con quién realizaría 8 cintas de las cuales 5 fueron westerns, todos ellos harto interesantes y que con toda justicia están inscritos en los anales del género. Las otras tres cintas fueron “Borrasca en el puerto” (Thunder bay, 1953), la cual por estar ubicada en época actual, no se considera “western”, pero tiene todos los ingredientes de uno de ellos; “Música y lagrimas” (The Glenn Miller story, 1954) y “Acorazados del aire” (Strategic air command, 1955). Indudablemente que la más recordada de estas tres es la lacrimógena biografía de Glenn Miller. ¡Todo un clásico de los jueves sociales en el Encanto!
Los cinco westerns giraron en torno a la venganza, pero cada uno de ellos, iban, por así decirlo, un paso adelante, en relación al anterior y examinando nuevas facetas o aristas del héroe manniano, dominado
por un destino trágico que lo lleva a buscar exterminar a su enemigo y una vez cubierto su itinerario, descubrir que el cumplir su objetivo, sólo le ha dejado un amargo sabor de boca y soledad. En rigor no estamos ante un hombre bueno, al estilo de otros vaqueros, sino que este personaje complejo siempre se debate en la dicotomía entre convertirse en un bandolero o un granjero; entre infringir la ley o respetarla, siempre en el filo de la navaja y mostrando, al contrario de otros personajes del género, su fragilidad humana. Los títulos de estos filmes fueron: “Winchester 73″; “Tierra y Esperanza”; “El Precio de un Hombre” (The naked spur, 1953); “Sin Miedo y Sin Tacha (The Far country, 1955) y “Hambre de venganza” (The man from Laramie, 1955). Cabe mencionar que el guionista Border Chase escribió tres de ellos “Winchester 73″; “Tierra y Esperanza” y “Sin Miedo y Sin Tacha” y todavía hizo el de “Noche Trágica” (Night passage, 1957) que también iba a dirigir Mann, pero por diferencias con la productora Universal y con Stewart, abandonó el proyecto antes de iniciar su filmación, para a la postre dirigirlo James Neilson, pero una mirada atenta de esta cinta hace evidente que aún sin su firma, se conservaron muchos de los elementos y forma de narrar del marido de Sarita Montiel.
En una entrevista realizada por Charles Bitsch y Calude Chabrol a Anthony Mann para la revista “Cahiers Du Cinéma” en marzo de 1957 el director hacía las siguientes reflexiones en torno a su relación con el actor: “Tenemos una fórmula muy excitante, ya que Borden y yo escribimos para Stewart. Consideramos sus cualidades e intentamos desarrollarlas, darle aún más fuerza y carácter. Antes de la guerra, Jimmy era considerado un gran actor, tenía el mismo prestigio que Cary Grant. Pero, finalizada la guerra, el público no quería tantas comedias; Jimmy fue entonces el intérprete de dos o tres comedias que no tuvieron éxito. El problema para él era encontrar lo que podía hacer ahora sin pensar en su gloria pasada. Fue entonces cuando tuvimos la idea de proponerle trabajar en un “western”, aunque Jimmy no sea un tipo especialmente fuerte. En “Winchester 73” le dimos un papel parco en palabras, que es un buen efecto para un “western”, porque en el Oeste la gente no hablaba mucho: se les oye tan sólo gruñir: `Humm, humm…Humm, humm’. Ellos reflexionan intensamente, pero no manifiestan sus pensamientos, porque si lo hicieran no sería un “western”. Es importante no olvidar jamás que cuando se hace un “western”, las imágenes son más importantes que el diálogo”

A su vez Quim Casas, en relación a Mann y sus personajes, nos señala en su libro “El Western: El Género Americano” lo siguiente: “Mann diseño a su personaje modélico, ambiguo y atormentado, parco y contenido, irascible y solitario, pese a que siempre viaja con alguien mayor que él (el inmaduro héroe manniano necesita de la experiencia de los demás para hacer frente a su errática condición). El protagonista de los westerns de Mann quiere unir la acción a la palabra, y a tal fin se entrega a veces con enfermiza pasión (‘Winchester 73’ o ‘Hambre de Venganza’, sendas historias de venganza). El héroe es vapuleado, como en la famosa escena de ‘Hambre de Venganza’ en que arrastran a Stewart desde un caballo, tan violenta y feroz como la pelea en la alambrada de la vidoriana ‘Hombre sin Rumbo’ (The Man Without Star, 1955). Su itinerario es complejo, arisco, desconcertante, trufado de mil escaramuzas y conocimientos demasiado vagos de nuevos personajes, como ejemplifica el largo y circular desarrollo de ‘Winchester 73’. Las escenografías son cambiantes, Mann era capaz de hacer lírico y absorbente cualquier decorado: los peñascos que transita el curioso grupo de ‘El Precio de un hombre’, formado por un hombre que debe recuperarse sentimental y económicamente, un desquiciado buscador de oro, un asesino, un militar repudiado y una muchacha sin hogar; el sombrío poblado dominado por seres huraños de ‘Hambre de Venganza’; las naves fluviales y las manadas de ganado descontrolado de ‘Sin Miedo y Sin Tacha’; las montañas nevadas por las que se desplaza una caravana de pioneros conducida por un guía honesto, un prófugo y un tahúr en ‘Tierra y esperanza”. Hasta aquí la referencia de Quim Casas, a la cual sólo restaría agregar que si bien en otros “westerns” como “Hombre del Oeste” (Man of the west, 1958) con Gary Cooper y “Venganza mortal (The tin star, 1957) con Henry Fonda, no participó Stewart, por haberse realizado después de su pleito durante los preparativos de “Noche Trágica”, sobre la cual señalábamos que tenía todos los elementos intrínsecos a una cinta de Mann, igualmente en contrapartida podemos señalar que en las dos mencionadas y que no estuvo Stewart, la estructura del personaje e inclusive muchos de los movimientos y la actuación de Cooper y Fonda, nos llevan a considerar que en rigor el director estaba pensando, con todo y su característico tartamudeo al comenzar a hablar, en James Stewart, el cual, sin duda alguna, era su actor ideal para encarnar a su personaje del oeste.
Inmediatamente después de “Winchester 73” filmó “La Flecha Rota” (Broken Arrow, 1950) donde interpretó a Tom Jeffords un esforzado “blanco” que buscaba concertar la paz con los apaches chiricahuas y su jefe Cochise (Jeff Chandler). “La Flecha Rota” enfocó desde un punto de vista dialéctico la responsabilidad moral en el conflicto entre indios y blancos, ubicando la acción en el territorio de Arizona en 1870, donde un clima de intolerancia y racismo, solo llevaban a que esa lucha terminaría en el exterminio de uno de los rivales y que como todos sabemos, en términos históricos, a la postre ese fue el destino de todas las tribus indias en la vecina nación del norte. Otra de las virtudes de esta cinta fue el esfuerzo que realizó Delmer Daves por lograr la máxima autenticidad, casi documental, en la presentación de las costumbres de los apaches chiricahuas, quedando por ello como el máximo exponente de los “westerns” pro-indios.

Por su parte John Ford tomó al frágil y dubitativo de James Stewart, para contrastarlo con la fuerza y violencia al servicio del orden, representada por el personaje de una sola pieza que era el hombre del oeste prototípico de John Wayne, para lograr una de sus obras maestras “Un Tiro en la Noche” (The man who shoot Liberty Valance, 1962). Estupendo “western” crepuscular que es una profunda reflexión sobre el fin de una época y el advenimiento del “progreso” en el viejo oeste.
Junto con Frank Capra, Anthony Mann y John Ford hubo un cuarto director que supo aprovechar las cualidades histriónicas y la presencia de James Stewart, para con quién realizaría cuatro cintas básicas en su filmografía. Es obvio que nos estamos refiriendo a Alfred Hitchcock el cual dirigió a James Stewart en “La Soga” (Rope,1948); “La Ventana Indiscreta” (The Rear Window, 1954); “En Manos del Destino” (The Man Who Knew Too Much, 1956) y “De Entre los Muertos” (Vertigo, 1958). Si bien "La Soga" es la más "floja" de las cuatro, es indiscutible que las otras tres son importantes en las filmografías, tanto del director inglés como del actor, en particular "De Entre los Muertos" que ha llegado a convertirse en un filme de culto entre los cinéfilos, en donde la fragilidad humana de Stewart es puesta a prueba por la turbadora presencia erótica de Kim Novak, cuya apariencia de debilidad, hace caer en la trampa a ese expolicía, cuyo miedo a las alturas, lo lleva a no poder impedir el crimen que han fraguado esa chica y su viejo compañero de escuela.
Quizás solo se nos quedan en el tintero de su extensa filmografía, algunos títulos rescatables como “Anatomía de un Asesinato” (Anatomy of a Murder, 1959) de Otto Premminger; “Yo Creo en Ti” (Call northside 777) de Henry Hathaway; “Retorna el Campeón” (The Stratton stury, 1949) de Sam Wood; “Llévatela, es mía” (Take her, she’s moine, 1964); “Paríso Robado” (Shenandoah, 1965) de Andrew V. McLaglen; “El Vuelo del Fénix” (The flight of the Phoenix, 1966) de Robert Aldrich; “Los Aventureros de Cheyenne” (The Cheyenne Social Club, 1970) de Gene Kelly y “Gatillero” (The shootist, 1976) de Don Siegel para agotar este breve repaso de la filmografía de James Stewart quién ayudado por un físico enjuto y elegante, supo darle fuerza interior a sus personajes y proyectar en ellos lo mejor del “hombre común” con lo que los hizo “humanos” a la vez que se ganó un sitio en la historia de la cinematografía norteamericana y la mundial inclusive, al participar en una docena de filmes, que encasillados en cada uno de sus géneros, están entre los diez o los quince mejores de todos los tiempos. La revista cultural británica en el 2001 sacó su lista de los 10 mejores actores del mundo en el Siglo Veinte (por favor entiendan por “mundo” al cine norteamericano e inglés)quedando James Stewart en el tercer lugar, sólo superado por Paul Newman y Tom Hanks.

Finalmente resta consignar que se casó a los 41 años con Gloria McLean, la cual tenía ya dos hijos de un matrimonio anterior y que en 1951 tuvieron dos hijas gemelas. Habiéndose mantenido unidos hasta 1994 cuando murió su esposa. Y si bien James Stewart en el aspecto sentimental no dio motivo a muchos escándalos, no por ello dejo de tener uno que otro “affair”, habiendo trascendido, en particular, el que sostuvo con Kim Novak, su compañera en “De Entre los Muertos” y la magnífica comedia “Sortilegio de Amor” (Bell, Book and Candle, 1958); pero la prensa amarillista de su país lo manejo discretamente, porque no era fácil destruir la fama de hombre bueno y ciudadano honesto, laborioso y demócrata, que se fincó por su labor en “Caballero sin Espada” y que el público no estaba dispuesto a que un “resbalón” destruyeran esa imagen mítica de su actor favorito que todas las navidades entra a sus hogares para recordarles “¡Que Bello es Vivir!”.
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