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Sucedió Una Noche: una de las grandes comedias del Siglo XX

Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 18 de Mayo de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Comedia | Tiempo de Lectura: 11m 48s | Leido 630 veces.

Aunque circula desde hace varios años en los Vidos Clubs y en el mercado del DVD, siempre resulta grato revisar una de las grandes comedias del cine norteamericano como lo es “Sucedió Una Noche (It happened one night, 1934) dirigida por el poco reconocido, en ese momento, Frank Capra. “Sucedió una Noche” esta, en todas las antologías de las comedias, catalogada como una de las 10 mejores de la historia del cine americano y podríamos decir que del cine mismo, cuando se hace una selección, más o menos amplia de unos 150 a 200 títulos de los mejores filmes de la historia del cine es prácticamente imposible que no esté incluida dicha comedia.

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La MGM accedió a prestar, a mediados de 1933, a su gran estrella Clark Gable, a la Columbia, considerado un estudio de segunda en esa época, para que trabajara en la comedia, como una forma de castigo a ciertas muestras de rebeldía que había dado el actor, que se había quejado de el exceso de malos filmes que lo estaban obligando a hacer. A regañadientes Gable se fue a la Columbia, sin saber que el castigo se tornaría en un premio.

Cuando su estreno en febrero de 1934, los críticos a duras penas la trataron más o menos bien y la productora Columbia Pictures, no esperaba que se convirtiera en el éxito de taquilla de la temporada, pues tal y como lo señala Lewis Jacobs en su libro “La Azarosa Historia del Cine Americano”: “Su éxito desconcertó a Hollywood. En contra de los sólidos axiomas de Hollywood, el film ofrecía muy pocos de los atractivos considerados normalmente de primera necesidad: alto costo de producción, espectacularidad, vestidos lujosos. Poseía otras cualidades: Historia bien construida, basada en sencillos sentimientos humanos, atractiva ambientación, diálogo ocurrente, atmósfera íntima, ausencia de formalismos y, sobre todo, carecía de la habitual afectación hollywoodiana. Su éxito despertó en Hollywood un notable interés por los sentimientos auténticos y alcanzó, en la producción contemporánea, una influencia comparable, casi, a la de los viejos films alemanes y rusos en la época del mundo”.

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Fue tal la sensación que causó en aquellos años que, en la entrega de los Oscar correspondientes a 1934, “Sucedió una Noche “, arrasó con los cinco premios principales. A saber: Mejor película”; mejor director Frank Capra; mejor actriz: Claudette Colbert; mejor actor: Clark Gable y mejor guión Robert Riskin. Sería hasta la entrega de los premios correspondientes al año 1975, en que volvería a darse el caso de que una cinta lograra similar récord: Atrapado sin salida” ” (One Flew Over the Cuckoo’s Nest), en donde el de mejor director fue para el checoslovaco Milos Forman, mejor actor: Jack Nicholson, mejor actriz: Louise Fletcher y mejor guión: Lawrence Habuen.

El propio Frank Capra en una entrevista con el historiador Donald W. McCaffrey y que se encuentra incluida en el libro “Antología del Cine Norteamericano” de Donald E. Staples nos dice: “Siento un gran cariño por ‘Sucedió una Noche’, no sólo por los cinco premios más importantes que nos otorgó la Academia, sino porque mientras la filmábamos no creíamos que era tan buena y tuvimos muchas dificultades durante el rodaje. No pudimos contratar a todo el elenco en que habíamos pensado, de modo que surgieron muchos problemas. Y cuando tuvo tanto éxito fue una sorpresa, incluso una sorpresa para mí”. En un principio se solicitó a la MGM el préstamo de Robert Montgomery, pero la productora se negó y propuso en su lugar a Clark Gable, con cuyo cambio no tuvo muchas objeciones el director. En todo caso mantuvo más contratiempos para conseguir a la actriz que encarnara a la caprichosa heredera Ellie. Originalmente quería a Myrna Loy, quién rechazó la oferta, al igual que Miriam Hopkins, Margaret Sullivan, Constance Bennet y Bette Davis, quién, esta última, fue la más claridosa en dar las razones, que las otras solo lo pensaban, en cuanto a rehusarse a trabajar con un director de segunda en un estudio de segunda, en una comedia tonta. Así que cuando la Paramount aceptó ceder a Claudette Colbert se pudo iniciar el rodaje de “Sucedió una Noche” considerada como la clásica del subgénero “screwball” o comedia disparatada, nombre con que se le conoció aquí en México a ese tipo de películas, al hacer la traducción de ese célebre término que en el beisbol sirve para designar un tipo de curva que Fernando Valenzuela popularizara hasta la saciedad entre nosotros.

La película fue una adaptación de la novela “Night Bus” de Samuel Hopkins Adams en la cual se aprovechaba la “última moda americana” de los viajes en autobús y los campings turísticos, para hilvanar una divertida historia romántica. Aunque lo cierto es que el guionista Robert Riskin aprovechó muy poco de la novela y terminó por escribir un argumento ya muy conocido en la época y el cual había sido tema ya de varias cintas, pero sin embargo cabe reconocer que “Sucedió una Noche” perfiló como arquetipo a esos personajes del periodista viril, cínico, seguro de sí mismo y sin ningún centavo en su bolsillo, el cual persigue a una rica heredera, caprichosa, fatua y dominadora, la cual a toda costa quiere salirse con la suya.

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Capra, en 1931, realizó la que se considera su primer éxito “La Jaula de Oro” también conocida como “La Rubia Platino” (Platinum Blonde) con un tema similar, en la cual el periodista Robert Williams se enamoraba de una sofisticada y caprichosa chica de sociedad, interpretada por Jean Harlow, la pareja se casaba, pero al poco tiempo el hombre se daba cuenta de su error, al pretender acceder a un mundo de apariencia y boato que no era el suyo, por lo que se divorciaba y regresaba con su abnegada novia, una reportera interpretada por Loretta Young; pero de ninguna manera “Sucedió una Noche” es un remake, en todo caso se trata de una reescritura del tema, ya que en esta ocasión la heredera se escapa del yate de su padre -anclado en Miami- buscando trasladarse a Nueva York en autobús, para lograr juntarse con un novio snob y tonto, al cual no acepta como yerno su progenitor. Al abordar el autobús Clark Gable, como el cínico reportero, la identifica, así que la sigue en búsqueda de la nota y lo que encuentra es un accidentado viaje que vendrá a ser el nudo central del film, con el constante pleito entre la muchacha berrinchuda y altiva, en confrontación con el hombre resuelto a dominarla y quedarse a vivir con ella, matrimonio de por medio, en una nueva lectura del inmortal y saqueado tema shakespereano de “La Fierecilla Domada”.

Aunque ya han transcurrido más de 70 años del estreno de “Sucedió una Noche” y, a pesar de que muchos de sus gags originales los hemos visto, en otras comedias posteriores, es indudable que la fresca caracterización de Clark Gable y Claudette Colbert, siguen manteniendo vigente a la película. Todavía provocan nuestras risas escenas como la del célebre fracaso de Gable al querer conseguir “aventón” levantando solamente su pulgar, y el previsible triunfo de Claudette Colbert al enseñar una pierna. Al igual aquel diálogo entre Gable y el padre de Colbert tratando de convencerlo que se case con ella y que culmina así: “¿Quiere usted a mi hija? y la respuesta “Sí. Pero no esgrima ese argumento en contra mía. Yo también estoy un poco chiflado”. O la secuencia de la división del cuarto del motel, con el levantamiento de las murallas de Jericó, simbolizadas por la manta colgada entre las dos camas de la habitación. El que hubiera camas separadas era una imposición que acababa de exigir la mojigata censura del Código Hays, el cual prohibía que apareciera una cama matrimonial en las escenas íntimas. Era claro que podía insinuarse que una pareja dormía en el mismo cuarto, pero sin llegar al extremo de evidenciar que hacían algo más, como se podía denotar con la inclusión de una cama matrimonial: símbolo pecaminoso de relaciones sexuales. La prohibición no diferenciaba entre parejas ocasionales o casadas de acuerdo con los cánones de la ley civil y religiosa. Al final de cuentas ya sabemos que todo lo que implique sexo es pecado, conforme a los mojigatos censores.

El director Frank Capra con su habilidad y sano sentido del humor, logró burlarse de los censores, consiguiendo una secuencia bastante picante y sugestiva sin necesidad de que sus actores enseñaran algo… Perdón, me estoy equivocando puesto que en esa secuencia del motel, Clark Gable al despojarse de su ropa, para ponerse la pijama, al quitarse la camisa se queda desnudo de la mitad para arriba, ya que no traía camiseta.

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¿Y entonces qué pasó? Simplemente que la multicitada secuencia armó todo un escándalo. Resulta que los obtusos represores, tan prestos con sus tijeras para evitar que nuestros castos ojos disfruten de las dones naturales de las damas, estimaron inofensivo el semidesnudo de Gable. Y no lo fue… ya que para el público femenino resultó bastante atractivo que el galán cinematográfico no trajera camiseta y les empezaron a exigir a sus “peor es nada” olvidarse de esa prenda interior, ya que resultaba un signo de virilidad no usarla. ¿Pues quién armó el escándalo? Se preguntarán ustedes. Los fabricantes de camisetas quienes pusieron el grito en el cielo al desplomárseles las ventas de dicha indumentaria. Y como el dinero es un caballero muy influyente, en eso de imponer censuras, lograron convencer a Hollywood para que el “chistecito” no se repitiera; al grado de que la Columbia Pictures llegó a reeditarla, reduciéndola al mínimo necesario, para que la escena no perdiera sentido cuando tuvo que imprimir nuevas copias. Por lo que en esto de la censura, como en casi todas las cosas, el “mal pensar” en la posibilidad de que pueda haber obscuros intereses económicos, en aparentes actitudes de intachable moralidad, no es una idea tan descabellada, pues a la postre a la mejor nos clarifica muchas cosas, no muy honestas que digamos, en campañas masivas de llamados a la moralidad pública.

El episodio de la camiseta suele ser esgrimido por los críticos apocalípticos, para sus argumentos satanizadores de los medios, a causa de su “poderosa” influencia en los espectadores. Sin embargo es obvio que esos críticos se olvidan de la dialéctica, al negarse a reconocer que, si el cine y la televisión -por mencionar a los dos medios más cuestionados y temidos- influyen en forma negativa, también estaría entonces demostrado que lo hacen en forma positiva. La cultura cristiana engendró a un Torquemada, pero también dio luz a un Giordano Bruno. En uno vemos el fanatismo enajenante, en el otro el pensamiento liberador, que da aliento a la esperanza de que lo humano puede devenir en divino.
Bajándonos de las alturas y cayendo en lo pedestre de la televisión, al tiempo que podemos toparnos con las “inmorales” telenovelas o el “Big Brother” , contamos también con los programas de “Discovery” o “People and Arts”, u otros de contenido documental y cultural que no son enajenantes, todo es cuestión de atrevernos a explorar las posibilidades del dial del televisor.

¡Híjole! ¡ahora sí para tremebundo “rollazo” en el que me he metido!. ¿Alguien podrá creerme que solamente quería hacer un comentario laudatorio a esa recomendable y divertida joya de la cinematografía mundial que es “Sucedió una Noche”

Y para terminar con el “affaire” de la falta de camiseta, cabe consignar que si la leyenda dice que el consumo de dicha prenda descendió hasta un 90%, por su parte no hay constancia de hubiera aumentado la compra de pijamas hombres para mujeres que era la prenda portada por Claudette Colbert, en la multicitada y célebre escena del motel.

Una de las comedias en que es muy claro el “fusil” es “La Novia Cayó del Cielo” (The bride came to C.O.D, 1941.) producida por la Warner Brothers con las actuaciones de Bette Davis y James Cagney, dirigidos por William Keighley. La trama solo tenía leves cambios para diferenciarla de la protagonizada por Clark Gable y Claudette Colbert, con el agravante de no encontrar mucha química entre la Davis y Cagney. A la primera le sentaban mejor los melodramas y el segundo lucía primordialmente en los roles de hombre duro y violento en los filmes de gangsters. En el cine mexicano la secuencia de la división del cuarto, por medio de una sabana, la encontramos explotada en “Viva el Amor”, con Silvia Pinal, Christianne Martell, Emilio Tuero y Carlos Baena.

Resta consignar que en 1956 bajo el sello de la Columbia Pictures, el productor y director Dick Powell se lanzó a la aventura de filmar el “remake” musical de “Sucedió una Noche” con el título de “El Idilio del Año” (You Can’t Run Away From It) con la participación de June Allyson y Jack Lemmon, confirmándose, como casi siempre, que el quid del éxito de una cinta no esta exclusivamente en contar con una buena historia o guión, sino en una serie de elementos, los cuales en un momento se conjugan y armonizan, sin poder determinar con exactitud hasta donde el factor fue el reparto, el director, la música, el guión o la fotografía, por mencionar algunos, sobre todo cuando, como en el caso de “Sucedió una Noche” se vuelve a filmar la misma historia y no pasa nada con ella, mientras la versión de Capra se mantiene fresca, lo cual es fácil comprobar acudiendo a su video favorito que maneje material clásico, para gozar de una comedia jovial, a la que el tiempo no le ha hecho mella.

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