Venus, el oscar perdido de O’Toole.
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 16 de Mayo de 2007 | Categorias: Estrenos, Melodrama, Otros países | Tiempo de Lectura: 5m 10s | Leido 361 veces.Venus es un buen motivo para hacer una película, de hecho su existencia como diosa ha dado algunas cintas importantes como las de Otis Turner con sus historias de los dioses, o la hermosa comedia “Venus era una mujer”, de Seiter, y más cerca de nosotros el cine Euro nos entregó “Encuentro con Venus”, de Iztvan Szabó, . Pero también ella es un buen motivo de tragedia, como cuando dio su regalo a Paris y desató la guerra que separó Asia de Europa, y también es un motivo de obsesión e inspiración, como ha sucedido con escultores de la talla de Praxíteles y con el anciano actor Maurice (Peter O’Toole).Esta película del director de “Notting Hill”, parece más un homenaje al actor viejo que nunca ha sido reconocido en el sitio que le corresponde públicamente, ni desde su inolvidable Lawrence de Arabia o en su más grande actuación fílmica como el Príamo de Troya, para Wolfgang Petersen.

En realidad Venus es una película sin más pretensiones que formar parte del grupo de cintas que denuncian la insensibilidad de nuestra sociedad para entender a los ancianos: es una historia de nostalgias y sobrevivencia incomprensible en una civilización que no deja lugar para sus viejos ni puede aprovecharlos, de la incomprensión hacia el amor como un valor que rebasa con mucho la simple sexualidad y se finca en lo profundo del ser humano más allá de las urgencias físicas y hormonales.
La profesión de actor no es de las más apreciadas por las sociedades aparecidas con los Burgos, al menos desde el predominio de la vida en ciudades, solamente donde la religión impera hay sitio propicio para el actor, como un oficiante ritual, sea aceptado como ciudadano y hasta se dan casos como el de La India, donde hasta posiciones políticas están a su alcance; en nuestro mundo el actor es una figura reverenciada en tanto permanece en el escenario o los aparadores, pero como personas y profesionales sufren la ignorancia de los demás y, a veces, hasta de sus colegas. De esto habla “Venus”.
También del sentido especial que tiene la educación cuidadosa de quienes se van a dedicar a los otros, que comienza por la conciencia de sí y las diferencias entre necesidad y placer, de sus funciones en la existencia individual y, lo que es más importante, de cómo transmitirlo a través de la profesión; es así como la joven Cockney provinciana Jessie (Jodie Whitaker) se relaciona con él mientras el viejo la seduce con la gracia y el arte de los escenarios, pero también con la sabiduría del placer en todos los sentidos.
Maurice es un viejo que acepta como natural que la muchacha lo considere un viejo sucio y desagradable, a cambio de ello la introduce en las artes, los valores profundos que su mundo casi adolescente tiene ocultos tras el boato de las formas simplificadas, atrás de la facilidad engañosa que solo el viejo deshoja como una alcachofa, que encuentra y enseña a encontrar detrás de la comida chatarra y los espectáculos baratos una entrada al universo del olor y el paladar, de la fascinación de la forma y el color, del culto al cuerpo como un templo donde todos conocen la oración de su vida.

En pocas palabras le enseña que la privacidad es algo ajeno a los verdaderos placeres, que la conservación extrema de la individualidad está reñida con la convivencia, que el humano es más que individuos y se encuentra trascendido en las expresiones más dispares, que la sexualidad es un complemento y una culminación de relación, y no simplemente un acostón fácil y sin trascendencia, que su mundo casi-adolescente carece de profundidad y ésta se localiza en los demás, en tanto se aproxime a ellos en conciencia y ávida.
Porque de otra parte Maurice pretende ayudar a su viejo amigo Ian (Leslie Phillips) a ver menos fatigosa la vejez, a no esperar de los otros lo que nunca fue dado, a no esperar de la sobrina provinciana un amor que no ha sido cultivado, ni un cuidado que no recibe pago monetario o emocional. Es un acto de solidaridad con aquellos que tiene recuerdos y experiencias comunes, que están más allá de las conversaciones y en el silencio de las tardes, de la cercanía de la oscuridad, o de la muerte de otros amigos, no debe existir el miedo, sino la conciencia del dolor y de lo hecho, que el resto es Whisky Galore.

Pero en conjunto la película se inserta en el grupo de las que ya antes ha hecho O’Toole acerca de la imagen del actor, como Mi año favorito, y de la falsa percepción que tiene de sí mismo y como se refleja en la sociedad que lo rodea; de alguita manera es una obsesión de O’Toole explorada en casi todos sus papeles, incluso en el difícil del instructor Reginald Johnson, donde ha de comprender que su instrucción es también una educación de sí, un ejercicio de histrionismo fuera del escenario que parece haberlo perseguido toda su vida, dentro y fuera de los sets o las cámaras, es quizá esta la razón por la cual su papel de Maurice estuvo nominado al Óscar y la competencia fue ganada por alguien menos preocupado pero más visible.
Venus. D. Roger Michel. Con: Peter O’Toole, Leslie Phillips, Jodie Whittaker, Richard Griffith y Vanessa Redgrave. Guión: Hanif Kureish. GB. 2006.
La historia de Venus (Story of Venus, The), D. Otis Turner, protagonistas: Kathlyn Williams, Harold Lockwood. Guión: basado el la obra de J.O. Curwood, EUA, SELIG. 1910.
Venus era una mujer (One touch of Venus), director: William A. Seiter. Con: Robert Walker, Ava Gardner, Dick Haymes. EUA, Universal, 1948.
Encuentro con Venus. (Meeting Venus). D. Iztvan Szabó. Con: Glenn Close, Niel Aresup, Kiri Te Kanawa. Guión: Michel Hirst, I. Szabó. GB/JAP/EUA.1991.
Mi año favorito. (My favorite year): D. Richard Benjamin. Con: Peter O’Toole, Mark Linn-Baker, Jessica Harper. Guión: Dennis Palumbo. GB/EUA. 1982.










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