Gary Cooper: Quijote del Oeste Americano
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 14 de Mayo de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano, Western | Tiempo de Lectura: 6m 33s | Leido 1100 veces.“No hay, indudablemente, malas interpretaciones de Gary Cooper, sino malas películas interpretadas por él”.
Manuel Villegas López
“Dos hombres jugaban al poker en el saloon. Trampas, el villano, se mostraba impaciente ante el joven virginiano, quién se tomaba su tiempo antes de decidir entre llamar a sus amigos, levantarse de la silla o sacar su pistola. Luego Trampas habló: ‘Te toca apostar o morir, hijo de tal por cual?. El Virginiano sacó su pistola y la colocó sobre la mesa manteniendo su mano cerca de ella, y con una voz tan suave como siempre, aquella voz que sonaba casi como una caricia pero que ahora tenía extraños tonos amenazadores, dio su orden al villano llamado Trampas: ‘¡Sonríe cuando me llames así!’ y miró a Trampas a través de la mesa. Sí, la voz era suave y amable. Pero en los oídos del otro sonaba como la grave campana de la muerte; y el silencio, como un bloque de piedra, cayó en la estancia…”
Este pequeño fragmento del capítulo II de la novela “El Virginiano” de Owen Wister y que fue llevada a la pantalla en 1929 con Gary Cooper en el papel protagónico de “El Virginiano” nos muestra claramente la simbiosis entre el actor y el personaje. Pues si no hemos visto la cinta “El Virginiano” que fuera dirigida por Victor Fleming, pero si conozcamos otros filmes de Cooper, la sola descripción anterior del personaje creado por Wister, nos haría exclamar: ¡allí hay un papel para Gary Cooper!.
La lentitud en el hablar, como arrastrando las palabras y midiendo lo que se dice. La sobriedad en el tono. La simplicidad o la llaneza para plantear las cosas en su justa dimensión, para que a pesar de la suavidad de la voz, está sonara amenazadora o simplemente firme si era necesario, se confunden, se mezclan y se cruzan, entre la imagen literaria de la quinta esencia del cowboy heroico y legendario del Virginiano y la personalidad cinematográfica de Gary Cooper, quinta esencia del prototipo del norteamericano medio y encarnación de los ideales del mismo, a través de su quijotesca figura del imperturbable hombre del oeste.
Como la mayoría de las grandes estrellas de Hollywood, de la época del “star-system”, Gary Cooper más que ser un gran actor, era alguien con una fuerte personalidad, que supo imponerla como arquetipo para el espectador medio, ávido de identificarse con los actores de cine. Gary Cooper en su mejor momento expresó el pensamiento o los sentimientos del típico ciudadano norteamericano, prolongando su imagen del hombre del “far west” de “El Virginiano” a todos sus personajes.

El público no iba a ver a Gary Cooper en el papel de… sino a ver que hacía el prototipo-actor Gary Cooper en una situación determinada como la del soldado romántico de “Adiós a las Armas” (A Farewell to Arms); el hombre sin patria de la legión francesa de “Marruecos” (Morocco); al ciudadano liberal de “El Secreto de Vivir” (Mr. Deads go town); el aventurero de “Tres Lanceros de Bengala” (The lives of bengal lancer); el pacifista convertido en soldado heroico en “El Sargento York” (Seargent York); el guerrillero de “Por Quién Doblan las Campanas” (For whom the bells tolls) y el sheriff solitario de “A la Hora Señalada” (High noon) todos son Gary Cooper, respondiendo en su momento a una determinada situación de la sociedad norteamericana, que quisiera encontrar la respuesta a sus problemas o inquietudes a través de Cooper o mejor dicho como resolvería él tal situación. En cierta medida y de acuerdo a lo que han dicho algunos sociólogos como I.C. Jarvie, el actor encarnó la conciencia o el alter ego de lo que Richard Nixon llamara acertadamente “la mayoría silenciosa” de su país.
Gary Cooper nació el 7 de mayo de 1901, en Helena, Montana, en el seno de una familia de emigrantes ingleses, la cual rápidamente se adaptó a las costumbres del “Nuevo Mundo” y el pintoresquismo del Far West. Desde su infancia Cooper aprendió a ser un consumado jinete, lo que le permitió iniciar su carrera de “extra” en el cine mudo, en las películas de vaqueros, antes de que llegara su gran oportunidad en 1926 en la película “Flor del Desierto” (The winning of Barbara Worth) y la cual lo convirtió de la noche a la mañana en una estrella del cine, hasta el 13 de mayo de 1961, den que murió a causa de un cáncer en el estomago.
Por espacio de 35 años fue uno de los ídolos favoritos del público. Cooper es quizá el mejor ejemplo de actor de cine al estilo de Hollywood, en el sentido de la aparente dicotomía irresuelta, entre el Cooper actor y el Gary persona, en que ambas personalidades se confunden tanto en la pantalla, como en la vida real. Por lo que más que un actor Gary Cooper fue una presencia cinematográfica.

Abundando en lo anterior Manuel Villegas López dice lo siguiente: “El personaje de Gary Cooper hereda las cualidades del héroe británico del siglo XIX para hacerlas arraigar en el nuevo arte que es el cine: su hidalguía, su caballerosidad, su ingenuidad, su serenidad, su leve humor, su excentricidad… Y a la vez, su rudeza, su audacia, su simplicidad popular, su utilitarismo de aventurero… Con aquel inglés, héroe del siglo XIX y este norteamericano del oeste, héroe del siglo XX, se ha hecho este arquetipo del héroe cinematográfico de nuestro siglo que es Gary Cooper y en ambos una gran dosis de quijotismo –los ingleses redescubren el Quijote, mientras constituyen uno de los grandes imperios de la historia”.
“Gary Cooper es también una idealización de la realidad típica norteamericana. Y desde lo norteamericano, la idealización del hombre medio mundial. Esta metamorfosis de lo nacional norteamericano a o mundial de nuestra época domina la figura y la obra de Gary Cooper. Siempre está presente esa duplicidad del cowboy, el hombre del oeste, que pasa a ciudadano de americana y de frac y por extensión cualquier otro personaje, actual o de época, civil o soldado, hombre de acción, soñador perdido en el mundo, galán romántico o don Juan casi a pesar suyo. Todos son traducidos a Cooper, aquel inglés victoriano del siglo XIX trasplantado al Far West americano”.
Vista a la distancia su figura, nos resulta un poco difícil aceptar que alguien de manera tan simple, hubiera llegado a adquirir dimensiones tan grandes de arquetipo o prototipo de una sociedad entera. Y que todos los problemas y angustias del norteamericano medio se pudieran reducir a la visión esquemática e idealizada de un actor llamado Gary Cooper, pero de alguna forma así fue a lo largo de más de 36 años y a través de poco más de 90 películas.

Algunas de sus otras películas recordables, además de las anteriormente mencionadas son: “Una Mujer Para Dos” (Design for living); “Ahora y Siempre” (Now and forever); “Deseo” (Desire); “Jornada Trágica” (The plainsman); “Beau Geste” (Beau Geste); “El Caballero del Desierto” (The westerner); “Mandamiento Supremo” (Meet John Doe); “Idolo, Amante y Héroe” (biografía lacrimógena de Lou Ghering); “Los Inconquistables” (Unconquered); “Veracruz” (Vera Cruz); “Jardín del Mal” (Garden of evil) ; “La Gran Tentación”; (The friendly persuasión); “Amor en la Tarde” (Love in the afternoon); “Hombre del Oeste” (Man of the west) y “El Arbol de la Horca” (The hanging tree), entre otras, que lo llevaron a ser uno de los grandes actores de Hollywood, en el siglo pasado.
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