De cine clubes y fanáticos de género.
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 7 de Mayo de 2007 | Categorias: Ciencia Ficción, Ensayo, Libros de Cine | Tiempo de Lectura: 9m 32s | Leido 327 veces.De toda la producción en cine que llena las salas, así sean grandes como electrónicas, siete de cada diez películas son de fantasía o ciencia-ficción, hasta el cine de festivales y el que persiguen los aficionados “cultos” tiene como tema central alguno de estos géneros como mayoría.
Esto podría no ser importante si continuamos utilizando el viejo criterio de restar importancia a la fantasía como forma de expresión, el mismo criterio irracional que dio origen al mercado de infancia y adolescencia al que son dedicados los productos de las grandes compañías y privilegian los sistemas de distribución (el público llamado extraoficialmente de “comedores de chicle”), ya que establecen que la fantasía es un medio de evasión inocuo para las mentes que no han alcanzado la madurez ( tal vez para retrazar su arribo mediante la falta de formas valiosas y como esperanza de que jamás lleguen a la tan sobada madurez).
Aquí es donde tiene un sitio los cine clubes, que para la mayoría de la población tienen solo dos funciones: pasar películas viejas (como nostalgia redituable o como educación histórica del cine), o servir como sitio de reunión para los esnobs y “culturereos” que constituyen el grupo marginal de todas las clases sociales y que alguna vez se convertirá el los intelectuales manipulables para la clase en el poder, esos a quienes Octavio paz llamaba “Intelectuales orgánicos”.
El cineclub ideal hace todo esto pero también es un centro de discusión y orientación sobre el sentido del cine como forma de expresión y en tanto medio de comunicación masiva, es decir, de modo informal de educación para la sociedad.
México Distrito Federal tiene una tradición vieja y rica en la organización y funcionamiento de cine clubes, solamente Guadalajara y Morelia compiten por cantidad y calidad en su movimiento fílmico, y también son los sitios donde el público es más exigente y afecta directamente la taquilla del cine llamado comercial. El problema es la decadencia del movimiento de cine clubes como actividad de la sociedad civil.
Quizá el cineclub más cercano a la idealidad fue el Cine Debate Popular, de la UNAM, al cual acudía el público no solamente por la calidad de su programación sino porque era el sitio donde podía escuchar a los mejores talentos de la crítica y el análisis, pero también era escuchado como participante en la discusión sobre las películas o temas abordados en cada sesión. Actualmente desapareció ante los cambios políticos de la institución y diferentes manipulaciones del estudiantado, pero ha sido sustituido por una sistema completo de cine clubes regidos bien por autoridades universitarias o por las organizaciones independientes del estudiantado y las diferentes Facultades, Escuelas e Institutos, el que resulta más interesante para el tema de lo fantástico es el que pertenece al museo de la ciencia Universum.
La importancia de este cineclub consiste en estar especializado en ciencia-ficción y forma parte de la Dirección de Divulgación de la Ciencia de la propia UNAM, con lo que se espera una garantía en referencia a la aproximación a las disciplinas del conocimiento según su tratamiento en el cine; al menos su lema de “veamos cine y hablemos de ciencia” alerta esa esperanza.
El problema comienza cuando al revisar su programación se encuentran títulos que no cuadran con el tema o que no corresponden a los utilizados por la cartelera al pasar originalmente en México, además no siempre hay concordancia en las películas que componen los ciclos y no hay promoción o difusión suficiente a sus funciones, a pesar de que tiene un público estable y constante que se expande cuando las películas son clásicos del género y es justamente en esto donde radica su debilidad.
En sí la ciencia-ficción es un género difícil de comprender y definir, además se comprende muy poco de su naturaleza y funciones dentro del arte, la comunicación y la formación social, especialmente en el cine. Como género ha sido estudiado con muchas deficiencias y por muy poca gente, solamente existen algunos cuantos tratados o ensayos que le aborden, de entre los cuales el más importante por extenso y preciso es el de Kingsley Amis, que repasa toda su historia desde el origen hasta el auge de su Edad de Oro, perro lo relaciona muy estrechamente con la afición al jazz y al pensamiento socialista del siglo XX.
Amis es un ensayista británico que prosigue la tradición de filología clásica aplicada a la literatura y aplica este método al análisis de las formas populares del siglo XX, pero sus textos no están clasificados así en la Biblioteca Nacional de México, donde de hecho había ya renunciado a encontrar la obra El universo de la ciencia-ficción que esclarece al detalle desde el absurdo guión que une su nombre hasta el origen y desarrollo de los grandes temas que forman su corpus literario, y que finalmente encontré por accidente catalogado como parte de los textos relativos al existencialismo.
Sin embargo no hay un equivalente para el cine, solamente algunas aproximaciones de estudiosos de los medios de comunicación interesados en la “cultura popular”, como Román Gubert, y aún ellos han dedicado algunas páginas al género pero sin ubicarlo como parte de los fenómenos generados por el cine en tanto expresión y comunicación. De hecho el fenómeno del cine de ciencia-ficción escapa a los autores de libros, los pocos textos que suelen abordar el tema se reducen a un recuento del gusto personal o a filmografías, cada vez más extensas, de películas que en algunos casos entran al ramo de los fantástico pero son muy difíciles de catalogar, como sucede con el caso del acerbo presente en el libro The Psychotrinic enciclopedia of film, de Michael Weldon,; pero igualmente es tan solo una compilación con un prólogo aclaratorio muy breve.
Lo curioso es que el género en literatura es un ejemplo de crecimiento en cierto tipo de “democracia” editorial, puesto que los autores y editores del género se nutrieron de su público, en vista de que las revistas especializadas, siempre tuvieron una sección para discusiones acerca de los artículos, temas y relatos incluidos en cada número, lo cual sucedió desde las revistas pioneras para la juventud rusa anterior a la revolución bolchevique (y aún luego de ella) y continuó hasta la época de oro en que surgen los grandes autores y las obras cruciales. Esta ha sido la promesa del cineclub de Universum en términos de cine, al menos pensando en lo que alguna vez fue el Cine Debate Popular.
Si embargo el público actual de la ciencia-ficción es muy amplio pero tiene características nuevas muy complejas: la mayoría es de espectadores de la televisión, acostumbrados a la novedad constante, su forma de recordar las películas es a través del coleccionismo y el culto a elementos icónicos o de sonido promovidos por asociación con las películas, pero no con su temática o en profundidad de sus proposiciones dramáticas o artísticas. Esto hace que el cine proyectado esté lejos de participar de los códigos particulares para comprender lo fantástico y lo científico según propone el género mismo tanto en literatura como en el cine.
Contra estas riadas de incomunicación el cineclub de Universum cumple cinco años de ser vehículo para unir la comprensión de la ciencia y el cine, curiosamente esto sucede cuando se aceran los ciento dos años del fallecimiento de Jules Verne (el jueves 24 de mayo), el inventor de las “aventuras científicas” que se convertirán en la ciencia-ficción gracias a Hugo Gernsback, y parece una oportunidad magnífica para hacer un repaso del género y promover un encuentro con especialistas que aborden el tema de la excelente programación que ha comprendido hasta ahora Metrópolis y Una mujer en la luna, de Fritz Lang, El hombre invisible, de James Whale, La Amenaza de Andrómeda, de Robert Wise, 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, y Blade Runner de Riddley Scout.
Una programación que no se detiene en estos clásicos, sino que para Mayo comprende al Anime japonés en las obras La máquina de Vapor, de Casuhiro Otobo, Fantasma en el caparazón, de Mamoru Oshi, Metrópolis, de Kiritaro, obras de Jentaro Miyosay y la Final Fantasy VII, de Tetsuo Nombra y Takeshi Nuzue, y compromete al biólogo José Manuel garcía Ortega y al comunicólogo Rolando Ísita, encargados del cineclub, para confirmar e impulsar la función que ha tenido al menos desde que estuvo a cargo de la astrónoma Julieta Fierro.
El asunto es que siendo un cineclub con un público estable y ávido parece indispensable tener una aproximación al género más acuciosa, pero el género no tiene publicada una guía adecuada para considerarlo en su función cultural, porque su tema central no es en sí la ciencia y su difusión, a pesar de que el inventor de su nombre, Hugo Gernsback, pretendía que fuese así; el asunto es que el trasfondo regular de la ciencia-ficción es la crítica a quienes la crean o la aplican, es un género artístico cuya intención es la reflexión acerca del ser humano enfrentado a situaciones inusitadas como las del desarrollo científico y tecnológico, es también, en cuanto al cine, un testimonio de los cambios de conducta y mentalidad en el hombre que ya ha sufrido los efectos de esos cambios (por ejemplo las películas actuales como Matrix, Enemigo Público, El pago, y algunas otras), pero en la literatura ha cambiado sus derroteros para no coincidir con las artes visuales y confundir la realidad objetiva con la temática ficticia, así que la nueva horneada de autores se dedica a la creación de un mundo en el cual todo comienza de nuevo, replant4ean los rumbos para el desarrollo del pensamiento, de la tecnología, de las ciencias en general, para replantear la naturaleza humana desde una perspectiva nueva, aunque la adquisición de estos textos en español es casi imposible.
Como crítico hay un placer casi insano en participar en este cineclub, en abrir nuevas ventanas a la mentalidad de los asistentes a casos como el de Blade Runner y la obra de Philip K. Dick, a plantear las incógnitas de 2001, odisea del espacio como bromas de Kubrick, a guiarlos para que ensayen leer a Arthur C. Clarke, a descubrirles la liga de la magia y la ciencia en la obra de Fritz Lang, y este aniversario va a ser mejor al confrontarlos con la visión caótica del manga japonés en el cine, como se ha planteado para este mayo en honor a quien iniciara el género formalmente en la última mitad del siglo XIX.
El asunto es que también se confronta la mentalidad de los nuevos fanáticos de la fantasía, esos que merced a la Internet Y los juegos de vides no distinguen entre el avance tecnológico y la realidad de la aplicación científica, que se3 dejan guiar por la cultura de Discovery Channel para creer lo que los medios dicen acerca de la ciencia y cuando mucho se dedican a involucrarse en los miedos ante la tecnología que insuflan Green Peace y otras organizaciones. El sitio es, pues, una oportunidad única para establecer un puente entre los científicos y los espectadores de cine, pero también entre una parte del arte visual que siempre es despreciada por incomprensión e ignorancia.
Bibliografía mínima indispensable.
Films of science-fiction and Fantasy. Por Baird Searle.
The Psychotronic encyclopedia of Film. Por Michael Weldon.
Mensajes icónicos en la cultura de masas. Por Roman Gubern.
El universo de la ciencia-ficción. Por Kingsley Amis.










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