Stewart Granger: Aquel Galán Romántico y Aventurero
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 6 de Mayo de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 13m 40s | Leido 664 veces.“Spencer Tracy era una actor para actores. Todo el mundo lo consideraba un genio. Marlon Brando es un actor para actores… o lo era. También Richard Burton. ¿Stewart Granger? Fue una estrella con cierto éxito, pero no es un actor para actores”. Stewart Granger
En los años cuarenta, cincuenta -sobre todo- y parte de los sesenta, hubo un actor que gozó de gran fama por su apostura de
galán romántico, luciendo unas prematuras sienes plateadas, que lo hacían –según las damas -“interesante”; mientras para la chiquillería masculina, asidua a las matinees, era uno de los favoritos por sus inolvidables cintas de aventuras, matizadas de trasfondo histórico. Nació el 6 de mayo de 1913, en Londres, Inglaterra y murió, a los ochenta años, el 16 de agosto de 1993, a consecuencia de un cáncer, en Santa Mónica, California. Su verdadero nombre era James Lablanche Stewart, nieto del actor Luigi Lablanchel, durante sus inicios, en los años treinta, en los escenarios teatrales de su país usaba ese nombre, la creciente popularidad en Inglaterra del actor americano James Stewart, le obligó a cambiárselo, por razones obvias, en 1939 cuando recibió su primera oportunidad de importancia en el cine inglés, en la cinta “So This London”, en que tuvo su primer crédito en la pantalla como Stewart Granger, aunque ya había realizado labores de extra desde 1933.
A pesar del antecedente del abuelo, lo cierto es que Stewart no mostró en sus primeros años, una inclinación especial hacia la actuación. Se inscribió en el Epsom Collage para estudiar medicina, pero al destripar en el segundo grado, decidió entonces ingresar a la “Webber-Douglas Scholl of Dramtic Art”, en Londres, aunque sobre sus razones para dedicarse a la actuación las solía manifestar con cierta fantasía bajo este calibre: “De niño se me ponía la carne de gallina viendo a las hermanas Gish en “El Nacimiento de una Nación”, y a los veinte, cuando descubrí lo que Hollywood podía hacer con los escotes, mis venas hacían boing-boing. Más adelante conocí a un amigo que me dijo: ‘Lo que a ti te conviene es ser extra de cine. No sólo te pagan, sino además conoces chavas. Herederas que trabajan por gusto y cosas así’. Yo estaba entonces sin un centavo, pero la segunda posibilidad fue la que me ganó para el cine”.
Quizás no le daba mucha importancia a su vocación, debido a que nunca pasó de ser un actor limitado, el cual tuvo la fortuna de poseer un físico atractivo para las damas, con su 1.91 mts. de estatura y de presencia agradable, desenvuelto y con una natural simpatía que se proyectaba en la pantalla. Su carrera teatral la inició en la “Hull Repertory Company”, debutando en 1935 en “The Cardinal at Hull” y se mantuvo realizando pequeños roles en obras de teatro, hasta que en 1939 recibió una buena oportunidad en la pieza “Serena Blandish” al lado de Vivien Leigh, en el Old Vic, en funciones de matinee, volviéndose un ídolo de las adolescentes de la época.
Al comenzar la Segunda Guerra Mundial se encontraba trabajando en “Santa Juana” como Duonis, pero la tuvo que dejar para marchar al frente. Después de dos años de servicio y a consecuencia de una herida, que le dejó secuela de ulcera, fue dado de baja. Al poco tiempo consiguió una pequeña parte en el film “Secret Mission”, (1942) estelarizado por James Mason, con el cual trabajaría en otras cuatro películas, al igual que participaba en ella su amigo desde la adolescencia Michael Wilding y quién de alguna forma le había impulsado a seguir la carrera de actor.
James Mason fue originalmente escogido para ser el joven romántico héroe de “El Hombre de Gris” (The man in grey) en 1943, pero a la postre prefirió hacer el rol de villano, el cual le ofrecía mayores posibilidades de mostrar sus dotes histriónicas. Stewart Granger se encargó de ser el galán y la cinta resultó todo un éxito para ambos actores, al igual que para las estrellas femeninas que fueron Margaret Lockwood y Phyllis Calvert. Dado el impacto que tuvo su participación en “El Hombre de Gris” el productor J. Arthur Rank, le firmó un contrato de siete años. La cinta, al igual que todas las que filmó durante la guerra, vinieron a estrenarse en México a partir de mediados de 1946, cuando ya era un ídolo en su país de origen.
En cierto sentido la película que lo popularizó en nuestro país fue “La Madona de las Siete Lunas” (Madonna of the seven moons, 1945), en la cual era el villano: un gitano italiano, que buscaba aprovecharse de la esquizofrénica Phyllis Calvert, con la cual haría varias cintas, formando una de las parejas populares del cine británico de los años cuarenta.
Su “Apolonio” al lado de Vivien Leigh en la adaptación cinematográfica del “César y Cleopatra” (Caesar and Cleopatra, 1945) de George Bernard Shaw, es de los roles recordables en su etapa en el cine británico. Al igual que su arrebatada caracterización del músico Paganini en “El Violín Mágico” (The magic bow, 1946) pasando grandes sufrimientos por su pobre situación económica y buscar el amor de una dama de la nobleza, interpretada por Pyillis Calvert, cuya relación estaba condenada al fracaso pero que provocó inmensos suspiros y tenues lagrimas en las espectadoras. Sucediendo otro tanto “Sepulcro para un amor” (Saraband for a dead lovers, 1948), donde hacía del cínico aventurero el Conde de Konigsmark, quien era redimido por el amor de la princesa Sofía Dorotea (Joan Greenwood), esposa del rey Jorge I de Inglaterra. La trágica relación de ambos amantes y la convicción que puso Stewart Granger en su personaje, solidificó su tipificación en esa clase de personajes: hombres osados y simpáticos, que ocultan su romanticismo, bajo el tenue disfraz de la ironía y el cinismo.
En 1948 hizo la comedia “Adán y … ella” (Adam and Evelyn) al lado de Jean Simmons, a la cual había conocido en 1943 cuando Jean, joven estudiante de ballet, empezó a hacer algunos bits en los estudios Rank. Durante el rodaje se enamoraron, acelerando Stewart el trámite de su divorcio con Elspeth March, con la cual tenía dos hijos (Jaime y Lindsay). La señora March había sido un factor importante para introducir al actor en los sitios adecuados, con la gente precisa que podía ayudarlo a empujar su carrera. A consumarse la separación –en 1948- hizo público su romance con Jean Simmons, con la cual, en cierto sentido, asumió el papel de su mentor… de su Pigmalión.
Por cierto el actor trató de disuadir a Jean Simmons para que no realizara el papel de “Ofelia” en 1948, en el “Hamlet” de Laurence Olivier, ya que la consideraba aún inexperta para Shakespeare. Al fin de cuentas Olivier se impuso. La Simmons ganó fama internacional y el estrellato por su “Ofelia”.
Con “Adán y… ella” terminó su contrato con la Rank y aceptó uno de siete años con la Metro Goldwayn Mayer, a partir de 1949 con el rodaje de “Las Minas del Rey Salomón” (King Solomon’s Mines,1950), en el papel del guía y aventurero cazador Allan Quartamain, el cual acepta llevara a la imperturbable Elizabeth Curtiss (Deborah Kerr) a buscar a su esposo, en territorio inexplorado del Africa, en donde se supone s encuentran las míticas minas del Rey salomón. La cinta fue dirigida por Compton Bennett y Andrew Marton y se trata de una buena adaptación de la popular novela de H. Ridder Haggard, llevada a la pantalla en varias ocasiones, siendo la de Stewart Granger la más lograda de las realizadas, hasta la fecha. Se encuentra disponible en DVD siendo bastante fácil, por ello, poder disfrutar de la visión de este clásico del género de aventuras
La RKO contrató en exclusiva a Jean Simmons y la familia de la actriz -que se había opuesto a su relación con Granger- aceptó, finalmente, el matrimonio de Jean y Stewart, el cual se realizó, en cuanto ella arribó a Hollywood, el 20 de diciembre de 1950, pues seguramente había que evitar las murmuraciones de las columnistas insidiosas como Hedda Hopper. Stewart siempre se vanaglorió de que junto con Jean Simmons, demandaron a Howard Hughes, mandamás de la RKO, por incumplimiento de contrato, el cual se litigo en los tribunales, terminando por ganarlo los actores, obligando a Hughes a pagar 250,000 dólares de indemnización y 35,000 más para el pago de los abogados. Siendo una de las poquísimas victorias legales de unos actores contra un capitoste de la industria cinematográfica. Otro de los orgullos de Granger era poseer un rancho ganadero en Arizona, productor de Charolais, cuya carne importaba a Francia, durante la década de los cincuenta.
Su siguiente cinta fue “La Espada Bengalí” (Soldiers theree,1950) con David Niven y Robert Newton, dirigida por Tay Garnett, con su habitual eficacia para los filmes de aventuras. Aunque no se aceptó oficialmente que era un “remeke” de la celebérrima “Gunga Din”, son tanto los puntos de contacto, que se hace natural la comparación. Por circunstancias de edad y programación vi primero “La Espada Bengalí” pareciéndome harto divertida, pero como diría Guillermo Cabrera Infante caí en el axioma que todos los espectadores debemos tener presente: “los que no recuerdan las viejas películas están condenados a ver refritos”; así que cuando unos dos años más tarde disfrute de “Gunga Din”, de inmediato bajo muchos puntos “La Espada Bengalí” en mi ranking de favoritas.
“El Milagro del Cuadro” (The light touch, 1952) dirigida por Richard Brooks, fue una entretenida comedia sobre dos ladrones de pinturas renacentistas (Stewart Granger y George Sanders) que cosuman el robo de un cuadro en una iglesia de Sicilia, los cuales pretenden engañarse mutuamente y para ello Stewart pide la ayuda de una joven pintora Pier Angeli, para que falsifique la pintura. A la postre se enamoran y decide regresar el cuadro a la iglesia, para así justificar el título que le dieron a este film en el mercado hispano. Brooks realizó el guión pensando en Cary Grant, pero al final el protagonista fue Stewart Granger, lo más recordable es la lozana belleza de la juvenil Pier Angeli.
La que se conserva inconmovible entre las superpreferidas es “Scaramouche” (Scaramouche, 1952) con su extraordinaria secuencia del duelo final a espadazos entre Stewart Granger y Mel Ferrer, con sus emotivos siete minutos de duración. Al igual que es digna de recordarse la agresiva y atractiva presencia de Eleanor Parker, la cual nunca lució más bella que en esta adaptación de la gustada novela de Rafael Sabatini. Con justa razón en las antologías de las películas de “capa y espada” aparece en los primeros lugares “Scaramouche”
En la entrevista mencionada anteriormente y realizada a Stewart Granger por Joe Coreri, a parincipios de los ochenta, el actor se expresa en forma bastante agria de su profesión: “La cosa ésta de actuar es terrible. No hay nada más espantoso que un hombre de 60 años preocupándose por su apariencia, pero si uno es actor tiene que hacerlo. Constantemente le ponen espejos enfrente para revisar el maquillaje. Actuar es una tortura. Un hombre que se gana la vida trabajando con las manos sabe que hace un trabajo de hombre, en un mundo de hombres. Pero ese no es el caso de los actores. En el mío mucho me temo, siempre ha sido cuestión de ¿cuánto pagan?. ¿Por cuánto tiempo?. ¿Y cuándo empezamos?”.
“Ciertos actores no actúan para halagar al público sino para impresionar a sus colegas. Se les llama actores para actores. Quieren que otro actor se les acerque y diga: Estuviste maravilloso en ese papel -explica Granger-. Cuando un público dice: “Nos gustó usted mucho en ese papel”, no lo están criticando a uno como actor. Le cayó bien el personaje. Scaramouche, el cazador de “Las Minas del Rey Salomón”, “El Prisionero de Zenda”.
“No creo haber hecho nunca película de la que otros actores hayan ido a decirme: “Allí estuviste sensacional”.
“Spencer Trayce era una actor para actores. Todo el mundo lo consideraba un genio. Marlon Brando es un actor para actores… o lo era. También Richard Burton. ¿Stewart Granger? Fue una estrella con cierto éxito, pero no es un actor para actores”.
Posiblemente Granger tenga razón en eso de que el público, en rigor, lo que juzga es si el actor le cae bien o mal en determinado papel. Pero es indudable que muchos cinéfilos recuerdan con agrado su intervención en filmes como: “Locura Blanca” (The Wild North, 1952) excitante cinta de aventuras en Alaska con su avalancha y ataque de lobos, en la cual también actuaba Cyd Charisse y Wendell Corey.
Su doble papel en “El Prisionero de Zenda” con Deborah Kerr y James Mason en plan de villano. En cuanto a la ridícula “Salomé” mejor guardemos piadoso silencio. No así de “La Reina Virgen” con una guapa Jean Simmons en el papel de la nada agraciada reina Isabel I de Inglaterra, Deborah Kerr en el rol de Catherine Parr y Stewart Granger como Thomas Seymour, el cual supuestamente prefirió enamorarse de Catherine que de Isabel, lo cual hacía en parte el conflicto amoroso de este estimable film de época. . Por cierto existe el rumor de que Granger y Deborah, vivieron tórrido romance adultero, fuera de pantalla, durante algún tiempo.
También favorita de los míticos “Jueves sociales” del Cine Encanto es “Todos los Hermanos Eran Valientes” (All the brothers were valient, 1953) con Robert Taylor y Ann Blyth. Al igual que “Beau Brummel” con una guapísima Elizabeth Taylor que estaba entonces como quería. El western antirracista “La Ultima Cacería” (The last hunt, 1955) con Robert Taylor, Debra Paget y Lloyd Nolan, dirigido con especial maestría por Richard Brooks es como película, para mi gusto, la mejor de todas las de su filmografía, aunque no la más popular.
Por cierto que Richard Brooks le dio “baje” con Jean Simmons, cuando ésta trabajó con Brooks en “Ni Bendito Ni Maldito” (Elmer Grantry). En un principio el actor se mostró muy dolido con el rompimiento y habló pestes de la Simmons; pero pronto le buscó remedio a su soltería y se casó en 1964 con Caroline Lecerf, quien había sido “Miss Bélgica” en 1962. Así que ya pueden imaginarse que tal estaba Caroline, la cual sólo tenía 22 años el día de su boda y el actor 51.
Y ya que andamos de chismosos la columnista Hedda Hopper en su libro “The Whole Truth and Nothing Bit”, en el primer capítulo dedicado a la vida de Elizabeth Taylor, tuvo a bien insinuar una relación homosexual entre Granger y Michael Wilding, esposo de la Taylor y padre de uno de los hijos de la actriz, basándose en el hecho de que Wilding, al divorciarse de Elizabeth se fue a vivir a la casa de Jean y Stewart, en el cuarto de huéspedes. La hipócrita y venenosa Hopper se vio prudente al no especular con una “menage a trois”
Michel Wilding y Stewart Granger eran amigos desde su adolescencia, cuando estuvieron juntos en el “Epsom College”. Wilding demandó a la Hopper por difamación y logró ganar el juicio, haciendo que la columnista se retractara y le pagara 100,000 dólares de indemnización. Por su parte Granger en una entrevista para la televisión se limitó a decir al respecto: “Mi Dios, he estado casado tres veces y tengo cuatro hijos”.
Con Ava Gardner trabajó en dos ocasiones en el estimable drama interracial y político “Destinos Cruzados” (Bhowani Junction, 1956) y el entretenido vodevil “La Cabaña” (The little hunt, 1957), pero la mencionamos para sacar a colación la anécdota de Ava, contada en su autobiografía, que estando en locación en Pakistán, para el rodaje de “Destinos Cruzados”, por más insinuaciones que le hizo a Stewart para que tuvieran un rato de agasajo juntos, este la rechazó, arguyendo que tenía que serle fiel a su mujercita Jean Simmons, aunque esta, según Ava, ya le ponía los cuernos con Brooks
Ya para terminar algunos otros títulos de filmes recordables del actor en la década de los cincuenta son “El Tesoro de Barba Roja” (Moonfleet, 1955); “La Ley de los Valientes” (Gun Glory, 1957) “El Devorador de Hombres” (Harry Black, 1958); “Furia de Alaska” (North to Alaska, 1960. En los sesenta se fue a refugiar a Europa, trabajando en algunas cintas en Italia y termkinar realizando en Alemania una serie de westerns, a partir de las novelas de Karl May, con sus personajes del cazador Old Surehand y su amigo el guerrero indio Winnetou. Los últimos años de refugió en la televisión, pues sus mejores años en el cine ya habían pasado, pero para los fanáticos del cine de capa y espada, permanecerá siempre en el recuerdo como el gran “Scaramouche”.
Otras referencias al actor y sus películas en el blog son:
Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código
Mis padres trabajaron en casa de Stewart Granger y con su mujer Caroline.
Tienen muy buenos recuerdos
La Ferreiro:
Quizás sería bueno que nos compartieras algunos de los recuerdos de tus padres, en realación con Stewart Granger, independientemente que sean más de aspectos de su trato en lo cotidiano, que en el aspecto cinematográfico.