Stanley Donen: cineasta agradable de comedias y musicales (parte III)
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 4 de Mayo de 2007 | Categorias: Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores, Musical | Tiempo de Lectura: 19m 29s | Leido 761 veces.“Siete Novias Para Siete Hermanos” (Seven brides for seven brothers, 1954) ocupa el lugar 21 en la lista de los 25
Grandes Musicales del American Film Institute y sigue siendo una delicia el verle en DVD por sus momentos de alegría pura y vivificante en los números de conjunto, cuya coreografía estuvo a cargo de Michael Kidd, frente a los un tanto aburridos cuando Jane Powell y Howard Keel nos atosigan con sus gorgoritos operísticos. El guión de Albert Hackett toma como base el texto “El Rapto de las Sabinas” de Stephen Vincent Benet. Siendo ya un lugar común el señalar que en el año de su realización la MGM tenía a “Brigadoon” y “Rose Marie” como sus proyectos A y “Siete Novias…” era una cinta B, de las consideradas de mantenimiento, al término de su corrida de estreno la última fue el musical más taquillero de la temporada, dejando muy abajo a los otros dos.
Pero como en esto de los gustos se rompen géneros Cesar Fontanela en su libro “El Musical Americano” nos manifiesta: “Para quién escribe estas líneas ‘Tres Chicas con Suerte’ (título con que se conoce en España ‘Yo Seré Estrella’), film ‘maldito’, supera al excesivamente alabado ‘Siete Novias Para Siete Hermanos’, que Donen realizaría a continuación. En ‘Siete Novias…’ en efecto, junto a excelentes números coreografiados por Michael Kidd, y entre los que destacan de modo absoluto el de la construcción de la cabaña, ‘Barnaruising ballet’ y, el del corte de leña, ‘Lament’, coexisten insufribles arias de Miss Powell o Mister Keel, entre las que se lleva la palma el ‘Wonderful, wonderful day’ de la primera, zarzuelero y al que ni un delirio de movimiento de grúa logra salvar de la teatralidad que empieza a conferirle el decorado”.
“La teatralidad es, en efecto, el peligro que en cada momento acecha al film, y del que no siempre Donen logra salvarlo. Por eso los mejores números son los que se desarrollan en exteriores auténticos o que al menos lo parecen”. Sin embargo con baches o sin baches en su ritmo, me imagino habrá espectadores a los cuales les resultan gratos los intermedios operísticos. “Siete Novias…” ya tiene ganada su reputación, en lo general, de ser uno de los grandes musicales, independientemente de los votos particulares de algunos críticos y, sobre todo, cuando la comparación gira en torno a otras cintas del propio Donen. . Para mayores datos sobre Miss Powell los remitimos a nuestro texto “La menudita Jane Powell: siempre adolescente” http://www.cineforever.com/?p=523
El biopic del compositor Sigmund Romberg titulado “Sinfonía del Corazón” (Deep in my heart, 1954) con José Ferrer en el rol principal y acompañado por un conjunto de estrellas en intervenciones especiales, interpretando determinadas composiciones de Romberg, el resultado es desigual, más bien mediocre y conforme a nuestras preferencias destacaremos un número sobre otro, ya sea el de Ann Miller (siempre luciendo sus esplendorosas piernas) o el de la no menos poseedora de dos piernas inigualables como lo es Cyd Charisse. Aunque también esta la curiosidad del número de los hermanos Fred y Gene Kelly, pero a la postre el film nunca rebasa el tope de regular.
“Siempre Hay un Día Feliz” (It Always Fair Weather, 1955) será el tercer y último film que codirigirán Gene Kelly y Stanley Donen. Ligeramente inferior a los dos anteriores se ha estimado que su tono de amargura y ácida reflexión sobre el reencuentro de tres camaradas, los cuales al ser dados de baja en el ejercito, toman el acuerdo de volverse a encontrar en el bar de Harry, en Nueva York diez años después, para descubrir que no son los mismos de antes, al ya no tener elementos comunes de identificación que los ligan, a excepción del pasado. Es un musical dramático que se adelanto a su época, cercano en el tono de los musicales críticos, con su velado sarcasmo como fueron los realizados por Bob Fosse: “Dulce Caridad” (Sweet Charity, 1969); Adiós Berlín (Cabaret, 1972) y “El Show Debe Seguir” (All That Jazz, 1979). Podría decirse que al musical en los cincuenta le venía mal la reflexión, así como excesiva la crítica a la secuencia de bailar Gene Kelly con patines en plena calle, al ser vista como un virtuosismo que daba muestras ya de agotamiento del género.
Y para que no extrañen va nuestra referencia al número de la idolatrada Cyd Charisse o sea “Baby, You Knock Me Out” con la bailarina rodeada de boxeadores, en donde nos muestra su destreza para la danza atlética con ejercicios boxísticos, es de cierta manera una réplica al de Jane Russell “Ain’t There Anyone Here for Love” interpretado en “Los Caballeros las Prefieren Rubias” (The gentleman prefer blondes, 1953), con sus ejercicios gimnásticos con el equipo de gimnasia de Estados Unidos, para una competencia atlética en Europa. Es obvio que a pesar de la fogosa y rebosante belleza de la Russell, en términos de concepción visual y coreografía es mucho más encomiable el de Cyd Charisse. Y si quieren acercarse más al trabajo de esta bailarina busquen en este blog el texto “Cyd Charisse: la de las piernas más bellas del cine”, en la dirección http://www.cineforever.com/?p=370
“Siempre Hay un Día Feliz” fue el último en que colaboraron Donen y Kelly, pues por esas fechas la relación se deterioró ya que Gene mantenía relaciones sentimentales con Jeanne Coyne, primera esposa de Stanley y con la cual se casaría el 6 de agosto de 1960, unión que terminaría el 10 mayo de 1973, cuando murió Jeanne, quién lo dejó viudo a Kelly con dos hijos. Hasta donde tengo entendido Donen y Kelly no volvieron a verse como amigos, desde el término de su tercer musical e inclusive hay quién afirma no se llegaron a dirigir la palabra nuevamente. Sin embargo, independientemente de ello, el tandem Kelly y Donen se mantendrá unido en la historia del film musical, pues sus dos primeras obras “Cantando Bajo la Lluvia” y “Un Día en Nueva York” ocupan el primero y el lugar diecinueve, respectivamente entre los 25 Grandes Musicales del American Film Institute y yo gustoso quitaría a alguno de los que esta en dicha lista, para incluir a “Siempre Hay un Día Feliz”, en que a pesar de su tono agridulce o, quizás por eso, lo tengo entre uno de mis favoritos. Y seguirá vigente la polémica sobre quién aportó más, a la vista de los resultados de cada uno de ellos en otros musicales realizados en solitario, cuya balanza pareciera inclinarse a favor de Donen, pero en el fondo se trata de una discusión bizantina.
En la decepcionante “Un Extraño en el Paraíso” (Kismet, 1955) suplió a Vincente Minnelli, en las últimas dos o tres semanas de rodaje, sin llevar crédito de co-director. Abandonó la MGM a consecuencia del fracaso económico del estreno de “Siempre Hay un Día Feliz” y en particular a su situación personal de tirantez con Kelly. Ya como agente libre acepto la oferta de la Paramount para realizar “La Cenicienta en París” (Funny Face, 1957) a partir de un guión de Leonard Gershe realizado varios años antes, en la década de los cuarenta, tomando como base al reputado e innovador fotógrafo de modas de la revista Harper’s Bazar Richard Avedon y su esposa Doe, una fugaz modelo descubierta por Avedon, quién fungió como el Pigmalion de esa chica reticente al mundo de las pasarelas.
Leonard Gershe vendió su guión, concebido como musical, al productor Roger Edens, consiguiendo la participación de Avedon participara en el proyecto como “title designer”, que vino a significar, en los hechos, algo así como asesor visual, aunque ya Avedon estaba separado de Doe desde 1949, pequeña minucia que no altero el final de un supuesto matrimonio feliz entre el fotógrafo Dick Avery (Fred Astaire) y la reticente modelo Jo Stockton (Audrey Hepburn) en la película, pues no debemos olvidar el ran axioma del musical que es la búsqueda y el encuentro de la felicidad en noventa minutos.
Aunque se usó el título, la música y las canciones del éxito de Broadway en 1927 “Funny Face”, debido a la inspiración de George e Ira Gershwin, en el cual actuó Fred Astaire, al lado de su hermana Adele, el argumento de la versión cinematográfica de 1957 es distinto, al referirse a los empeños del fotógrafo Dick, quién en su búsqueda de un rostro diferente de modelo, que se salga de los ya trillados y profesionales, se topa con la ingenua vendedora de libros Jo Stockton, la cual le inspira con su inocencia y gracia, una motivación especial, para reclutarla, convenciendo a Maggie Prescott (Kay Thompson) la editora de la revista de modas, para contratarla como la modelo ideal, para el reportaje especial del siguiente número del magazine, cuya realización la harán en París. Con los previsibles momentos de intentos de seducción de Dick y los rechazos de Jo, que como es previsible están condenados al fracaso, vamos a tener una serie de números musicales concebidos con elegancia y sofisticación, acordes al mundo de la moda y en particular al estilo de Avedon, con sus fondos en blanco. Números como “Bonjour Paris” cantado y danzado por Astaire, Hepburn y Kay Thomspon; “Clap Yo’ Hands” interpretado y bailado magníficamente por Astaire y Thompson, con su dosis de sátira a las posturas filosóficas del existencialismo de Jean Paul Sartre con su teoría del “emphateticalist”; “He loves and she loves” cantado y bailado por Asatire y Hepburn; al igual que “S Wonderful”, entre cantado y bailado por Fred y Audrey. Digno d emención es también el “solo” de Kay Thomspon titulado “Think pink”.
En un principio el rol de Jo fue ofrecido a Cyd Charisse, pero su agente lo rechazó, sin quedar claro si fue porque la MGM no le dio permiso a la actriz o a esta no le gustó el papel, ya que la coreografía corría a cargo de Fred Astaire y en cierta manera se trataba de un musical MGM, pero realizado en la Paramount, en virtud de los talentos reunidos en el proyecto. Dado mi incondicional admiración a Cyd siempre diré que lamento su ausencia, aunque se que mi amigo el ingeniero químico José Luis Esparza, fanático del género, coincide con César Santos Fontenla en su ya citado libro, con este aserto: “Contra lo que podía esperarse, y que suele ocurrir con frecuencia, el hecho de situar nada menos que junto a Astaire a una actriz no especializada en el género, no un crea choque, ni limita las posibilidades del actor. Audrey Hepburn, que parece que en esta ocasión cantó con su propia voz –y no con la de Marni Dixon, como lo hiciera más tarde en “Mi Bella Dama”- se defiende admirablemente incluso cuando baila. Y está deliciosa como actriz, además de dar, como ninguna otra del momento podría haberlo hecho, exactamente el tipo requerido”.
Su siguiente film sería “Juego de Pijamas” (The pajama game, 1957) considerada una estupenda y clásica comedia musical de cierto contenido de crítica social, por abordar la situación de un grupo de obreras en una fábrica de pijamas en Cedar Rapids, Iowa, que se van a la huelga al demandar un aumento de salario de 75 centavos al día en su salario. “Juego de Pijamas” había sido un éxito teatral en 1954, al grado de que en la película se utilizó al 40% del reparto original de Nueva York. Donen la produjo y co-dirigió con George Abbott, quién había estado a cargo de la dirección de la obra en Broadway, al igual Bob Fosse realizó la coreografía. Janis Paige que había hecho toda una caracterización de “Babe” Williams en las tablas fue remplazada por razones de taquilla en el cine al necesitar a alguien conocido como la pecosa Doris Day, que supo sacarle partido al personaje. Recuerdo que me gusto y que había una serie de escenas de conjuntos, pero sólo la vi, en dos ocasiones en los años sesenta, esta cinta cuya música y letra de las canciones se debe a Richard Adler y Jerry Ross, mientras que el guión es de George Abbot y Richard Bissell, así que antes de que la memoria me traicione dejo aquí el comentario a “Juego de Pijamas”, en espera de que la consigamos en DVD y podamos revisarla. En cuanto a mas información de la estrella de la película pueden consultar mi texto Doris Day: Siempre Virgen en la dirección http://www.cineforever.com/2007/04/04/doris-day-siempre-virgen/
Floja resultó la comedia “El Beso del Adiós” (Kiss them for me, 1957) sobre tres pilotos de la marina, que han sido condecorados por un acto de heroísmo en el Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, los cuales, aprovechándose de lo anterior, consiguen mañosamente un permiso para pasar cuatro días de licencia en San Francisco, convenciendo a un inexperto de relaciones públicas, encargado de pasearlos en la ciudad, para promoción de su heroísmo, que los hospede en una lujosa suite de un hotel, donde los tres, encabezados por Cary Grant se dedican a organizar una fenomenal fiesta, que los lleva a conocer a varias chicas entre las cuales están Jayne Mansfield y Suzy Parker, armando tremendo jaleo. Parece ser que Stanley Donen llegó de rebote al proyecto, cuando ya estaba casi listo para iniciar el rodaje, aunque alcanzó a lograr meter en el reparto a la elegante modelo Suzy Parker, favorita de Richard Avedon, quién la había sugerido para el estelar de “La Cenicienta en París” (Funny Face), que terminó protagonizando Audrey Hepburn. Suzy tuvo una pequeña intervención en dicho film, sin crédito, durante el número de “Think Pink”. Parece que Suzy entró en lugar de Deborah Kerr, que era una opción de Grant. Por su parte Jayne Mansfield tiene algunos momentos divertidos en su rol de la rubia tonta pero bien abastecida de dos exuberantes pechugonas, pero en rigor no tuvo mucha química con Cary Grant. (Por cierto Jayne Mansfield es la madre de la excelente actriz Mariska Hargitay, la detective Olivia Benson, en la serie “La Ley y el orden” (Law & order: Special victims unit). “El Beso del Adiós” aparentemente tenía una serie de elementos para que resultara una excelente comedia, sin embargo resultó una obra fallida, con algunos buenos momentos, tal y como el propio Donen, con cierta complacencia, lo señalo en una entrevista: “No me disgusta, pero no es tan buena como podía haber sido”.
Cary Grant y Stanley Donen hicieron buenas migas durante el rodaje de “El Beso del Adiós”, creando la compañía “Grandon Production”, la cual se encargó de producir la siguiente comedia de ellos que fue “La Indiscreta” (Indiscret, 1958) filmada en Inglaterra, a partir de una exitosa obra de Norman Krasna, sobre la famosa actriz Anna Kalman (Ingrid Bergman), rica y cuarentona, la cual encuentra el amor de su vida en la figura del diplomático estadounidense Philip Adams (Cary Grant), encantador seductor, acostumbrado a alejarse de sus “víctimas”, cuando se han vuelto comprometedoras las relaciones, una vez que las ha enamorado, aduciendo que es casado y su esposa, debido a sus creencias religiosas le niega el divorcio. Anna descubre, antes que Philip se lo diga, que se ha inventado ese matrimonio, para poder escabullirse de sus compromisos, sin saber que en esta ocasión se ha enamorado verdaderamente y todo se le complica al ser descubierta su mentira.
“La Indiscreta” es una encantadora y fina comedia sin mayores complicaciones, pero diálogos ingeniosos, pensada para ser interpretada por dos actores maduros, con un buen cartel, sobre todo en teatro, con la cual se pueden lucir a plenitud. Hoy en día podría realizarse el remake con Harrison Ford; Richard Gere, Warren Beatty, Michael Douglas o George Clooney en el rol de Philip y como Anna sería ideal para Michelle Pfeiffer; Helen Hunt; Annette Bening; Meryl Streep o a quién se le ocurra al posible productor, que seguramente no está esperando nuestro consejo.
Regreso a la comedia musical con otro éxito de George Abbott en Broadway de 1955 “Damn Yankees!” que aquí paso como “Lo que la Lola Quiere”, cuya coreografía corrió nuevamente a cargo de Bob Foose, en esta cinta en la cual el diablo (Ray Walston) hace un pacto con el fanático de los “Senadores de Washingnton” Joe Hardy (Tab Hunter), comprometiéndose a hacerlo un gran jugador que llegará a hacer campeón a su equipo favorito -no olvidemos que en esa época era célebre el estribillo “Washington: primero en la guerra; primero en la paz; pero los últimos en la Liga Americana”- para entender en el contexto de los Estados Unidos y en particular del mundo del béisbol, la verosimilitud del pacto faustiano, pues sólo así podrían llegar a ser campeones los Senadores. Pero ya sabemos que El Chamuco es tramposo, por lo que envía a la voluptuosa Lola (Gwen Verdon) a tentar a Joe, engañando a su fiel esposa con esta chica, para hacerlo perder su alma y no tener que cumplir con su compromiso.
El inexpresivo y desangelado Tab Hunter remplazó en la película a Stephen Douglas, quién había estado bien en Broadway como Joe, siendo su presencia un handicap en contra de “Damn Yankees!; pero afortunadamente Ray Walston está genial como El Diablo y Gwen Verdon, en ese tiempo esposa de Bob Fosse, luce estupenda como Lola sobre todo en los números “Whatever Lola Wants” y “A Little Brains, a Little Talent.”, escritas las canciones precisamente para ella y no se diga de la estupenda coreografía diseñada por su entonces amante marido. Por cierto que el también recordable número “Who’s Got the Pain?” resulta memorable al ser interpretado por Gwen Verdon y Bob Fosse, precisamente.
Lo más recordable de “Otra Vez Con Amor” (Once more, with feeling!, 1960) es la presencia de Kay Kendall, toda ella irradiando una gracia, chispa y torrente de alegría, que la hacían una gran comediante, sin que pudiéramos percibir que durante el rodaje ya estaba gravemente enferma de leucemia, muriendo el 6 de septiembre de 1959. Kay Kendall conoció a Rex Harrison en 1955 cuando trabajaron juntos en la pieza “The Constant Husband”, teniendo un affair durante dos años, pero cuando se enteró por el doctor de la actriz que tenía leucemia, apresuró su divorcio de Lili Palmer y casarse de inmediato con Kay el 22 de junio de 1957, advirtiendo al médico que no le dijera a Kay, la razón de la prisa para el matrimonio, pues esperaba que tuviera una vida feliz, grata y despreocupada el resto de los pocos días que le quedaban. Tenía 33 años cuando murió y había sido una de nuestras comediantes favoritas desde que la descubrimos en la cinta “La Corona y la Espada” (Quentin Durward,1955), a la cual siguió “Les Girls” (Les girls,1957) espléndido musical y que decir de la hilarante comedia “La Rebelde Debutante” (The reluctant debutante, 1958) terminando con “Otra Vez Con Amor”, en la cual era Dolly Fabian, una concertista de arpa decidida a abandonar a su esposo, el director de orquesta Victor Fabian (Yul Brynner), harta de sus infidelidades y su egocentrismo. Pero Victor, obligado por los patrocinadores de la orquesta, se ve obligado a buscar el perdón de Dolly, ya que sin ella no seguirán adelante con los conciertos programados. Y al igual que con “La Indiscreta” estamos ante una cinta basada en una obra de teatro de Harry Kurnitz, plagada de ingeniosos diálogos y divertidas peleas de los temperamentales esposos y de las cuales es testigo su agente Maxwell Archer, interpretado brillantemente por Gregory Ratoff, un buen director de comedias, que algunas ocasiones incursionó con cierta fortuna en la actuación, como fue en el caso de “Otra Vez Con Amor”. Se dice que Yul Brynner era un “hígado” lleno de ego y pedantería en la vida real, razón por la cual, posiblemente, se ve tan natural en su rol de Victor Fabian, en esta fluida comedia, en donde va in crescendo el conflicto de los amantes, notándose la sutil mano de Stanley Donen, para que el ritmo y las carcajadas no decaigan de situación en situación, resueltas en un ambiente de elegancia y sofisticación, tan caro y común en el director.
Desafortunadamente no puede decirse lo mismo de la siguiente colaboración entre Yul Brynner y Stanley Donen en la comedia “Paquete de Sorpresas” (Surprise pakage, 1960) a partir de un guión de Harry Kurnitz y Art Buchwald, sobre el gangster Nico March, que es deportado de los Estados Unidos y enviado a una isla de su natal Grecia, hasta donde sus excompinches, que se han quedado con su botín, solo le mandan un paquete, para su consuelo, al tratarse de la bailarina de cabaret y amante suya Gabby Rogers (Mitzy Gaynor). Nico, con la ayuda del único miembro fiel que le queda de su banda y con Gabby, trata de organizar una nueva pandilla en la isla, que le permita volver por sus fueros de gran gangster como en América. Vista hoy día “Paquete de Sorpresas” resulta un tanto tediosa, con baches de ritmo, plagada de un sinfín de referencias al contexto mundial de su filmación, sobre la guerra fría y la situación, en particular, de los Estados Unidos, que a un espectador actual, poco o nada le dicen esos “chistes” debidos, seguramente, a Art Buchwald, popular columnista satírico de temas de política, en esos años. Lo cierto es que Yul Brynner se ve fuera de papel y en todo caso lo rescatable y disfrutable es la presencia de Mitzy Gaynor, con dos números musicales escritos por Jimmy Van Heusen y Sammy Cahn, uno de los cuales es el que lleva el título del film.
Viendo un repartazo integrado por Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum y Jean Simmons en “La Mujer que Quiso Pecar” (The grass is greener, 1960) no falta quién diga que es demasiado grande, para una simple comedia de salón sobre el juego del adulterio y la fidelidad conyugal, visto desde la muy particular óptica inglesa. Uno de ellos es el propio director de la cinta o sea Stanley Donen “No fue un éxito colosal, pero no podría llamarse un fracaso. Uno de los problemas fue el reparto, demasiado extenso, demasiado importante. Acababa desperdiciándose. La gente pensaba que iba a ver algo como ‘Horizontes de Grandeza’ (The big country, 1958), no una película sin importancia. Cuando uno ve estos cuatro nombres tan famosos, piensa que son demasiado importantes para esta obra. Creo que es muy teatral. No parece una película”.
Tiene algo de razón Donen en cuanto a no perder su raíz teatral la adaptación cinematográfica de la obra de Hugh Williams y Maragret Vyner, pero una revisión actual de “La Mujer que Quiso Pecar” nos confirma lo agradable y entretenida la visión de esta sátira sobre el adulterio, resuelta con la sutileza y elegancia afín a Donen, en la cual Grant es un lord inglés que dada su situación económica se ve obligado a abrir su castillo, en donde vive con su esposa Deborah Kerr, a la visita de los turistas, como el texano Robert Mitchum, quién en lugar de interesarse en las antigüedades del sitio, le echa el ojo a la mujer ajena o sea Deborah; mientras hace su aparición Jean Simmons, una antigua amante de Grant, quién ve la oportunidad de volver a echar arder las cenizas que han quedado de la relación. Abundan las frases inteligentes y las referencias profundas sobre los sentimientos amorosos, en un tono de aparente superficialidad, llevado todo en un frenético ritmo de diálogos ingeniosos y divertidas situaciones, resueltas, algunas de ellas con elipsis precisas y de buen gusto, como el cerrar de una puerta de un cuarto en que están Kerr y Mitchum, nos llega a decir mucho más, que si se nos mostrara una escena de sexo, al estilo de las que abundan hoy día, sin aportar algo más al desarrollo de la trama. Inclusive el convencional final termina por resultar convincente y apropiado a los argumentos esgrimidos a lo largo del film, sobre la relación y permanencia de las parejas. En cierta forma mucho del substrato argumentativo de “La Mujer Que Quiso Pecar”, lo veremos desarrollarse a plenitud en esa obra maestra de Donen que es “Un Camino Para Dos”.
(Continuará)
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