Don Julio Bracho, el director más intelectual de nuestro cine.
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 26 de Abril de 2007 | Categorias: Biofilmografias, Cine Mexicano, Directores | Tiempo de Lectura: 4m 43s | Leido 492 veces.
El lugar común para definir de manera expedita y ambigua a Julio Bracho, es la de señalarlo como el director de cine más intelectual de la mal llamada “época de oro” de nuestro cine. Intelectual para unos significa pesadez y formalismo en la puesta en escena, para otros lucidez e inquietudes por realizar un cine digno.
Si bien no resulta fácil ponerse de acuerdo con la connotación que se le quiere dar a la palabra “intelectual” al hablar de Julio Bracho, sí es posible aceptar que fue uno de los directores más importantes de nuestro cine en los años cuarenta y cincuenta, con varias películas harto interesantes y algunas de ellas dignas de ser señaladas entre las mejores del cine mexicano.
Don Julio murió el 26 de abril de 1978 por lo que hemos querido hacer una pequeña evocación de su paso como cineasta por nuestro cine. Y digo de su personalidad de cineasta, porque fue un hombre sumamente inquieto, quién se inició en el
ambiente artístico como director de teatro, donde tuvo una gran trascendencia. Sobre todo, por ser uno de los primeros en hacer teatro experimental en México y promover la creación de diversos grupos teatrales en los años treinta. También mostró amplias facultades para la poesía, pero en realidad a ésta sólo se asomó en plan de veleidoso amante y tomándola más de pasatiempo, que de pasión creadora a la misma altura e importancia que sus actividades teatrales y cinematográficas.
Nació en Durango el 17 de julio de 1909 y fue el décimo de los doce hijos de don Julio Bracho y Zuloaga y Doña Luz Gavilán y Guerrero. Junto con sus hermanos Guadalupe (o sea la actriz Andrea Palma) y Jesús, uno de los mejores escenográfos, formo Don Julio la primera generación de los Bracho en el cine. La segunda ha sido representada de manera brillante por su hija Diana Bracho; mientras que a la tercera generación le ha correspondido representarla a Julio Bracho Castillo, nieto de Don Julio, siendo hijo de Jorge Bracho y la Sra. Ivi Elvira Castillo, el cual debutó en el cine en 1994 en la cinta “Bonita” dirigida por Raúl Araiza.
Don Julio debutó con el pie derecho en el cine, en 1941 con la estupenda comedia de nostalgia porfiriana “¡Ay que Tiempos Señor Don Simón!”, con Arturo de Cordova, Joaquín Pardavé y Mapy Cortés. Al año siguiente obtuvo otro éxito con “Historia de un Gran Amor”, estelarizada por esa pareja inolvidable de nuestro cine que fueron Jorge Mistral y Gloria Marín, a la cual el tiempo ha maltratado de manera inmisericorde, al grado de que Ayala Blanco la definió en su libro “La Aventura del Cine Mexicano” como un himno a la cursilería y al discurso pseudo literario”.
Su cuarto filme fue “Distinto Amanecer” en 1943 y se trata de la mejor cinta de Don Julio y la cual estuvo a punto de ser una verdadera obra maestra, si como decía Salvador Elizondo en su ensayo “Moral Sexual y Moraleja en el Cine Mexicano”: “…los personajes sucumbieran a la pasión amorosa tramada desde el principio”.
Su “Crepúsculo” subestimado por algunos críticos como un presuntuoso melodrama psicológico, es otra de las obras rescatables de la filmografía de don Julio. Así como “La Posesión” o el delirante melodrama “Paraíso Robado”. Al igual que “La Ausente”; “Rostros Olvidados” e inclusive su versión de la obra teatral de Luis G. Basurto“Cada Quién su Vida”, con Ana Luisa Peluffo y Kitty de Hoyos, luciendo su belleza y cachondería, con enorme esplendor, suficiente para justificar su visión.
Su amplia cultura y su fina sensibilidad, le dan otra dimensión al melodrama en nuestro cine. Desafortunadamente el descrédito en que se ha envuelto al género, hace que se actúe de manera prejuiciosa, sobre cualquier obra de este tipo. Pero no dudamos que una revisión sistematizada a la obra de Don Julio Bracho, echaría abajo algunos de los juicios apresurados, hechos al amparo de una teoría del cine de autor, que con “calzador” ha pretendido analizar a nuestro cine, sin querer observar que muchas de las inconsistencias e incongruencias de que se puede acusar fácilmente a nuestros directores, ellos sólo son las víctimas de un sistema de producción industrial.
Inclusive don Julio en su testimonio publicado en los “Cuadernos de la Cineteca Nacional” tomo 5, no deja de tener algo de razón al decir: “ojos, dedos, nariz, lengua y oídos…no son suficientes para los críticos, quienes juzgan con un criterio de 1960, 1965 o 1975 un cine que se hizo en treinta o cuarenta y tantos, en otras circunstancias y con otros objetivos”.
En 1960 en el Festival de Karlovy Vary, en Checoslovaquia, ganó el premio de Mejor Director con su película “La Sombra del Caudillo”, realizada ese mismo año, a la que don Julio consideraba su mejor obra. Desafortunadamente las sinrazones políticas que la llevaron a su “congelamiento”, han hecho difícil el conocimiento de este film.
En cuanto a sus últimos filmes que logró realizar como la biografía oficialista de José Clemente Orozco “En Busca de un Muro”(1973); el melodrama seudoviscontiano de “Espejismo de la Ciudad” (1975), con su historia de una familia provinciana que llega a pasar penurias en la gran ciudad y el cuento “El Soplador de Vidrios”, perteneciente a la película “Los Amantes Fríos” (1977) es mejor guardar un prudente silencio, ante el inconmensurable recuerdo de su “Distinto Amanecer”, motivo más que suficiente para considerarlo uno de los inmortales creadores del cine mexicano del siglo XX.
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