Anastasia: la Princesa Vagabunda

Escrito por on abr 22nd, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Cine Norteamericano, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Oficialmente se supo que en algún momento de la noche del 16 para amanecer el 17 de julio de 1918, en Ekaterimburgo, Siberia, había sido fusilado el Zar Nicolás II, junto a su esposa y sus hijos. Más tarde trascendió que un soldado de nombre Tschaikovsky, había rescatado a la más pequeña de las hijas Anastasia Nicolaeivna Romanov-Oldenburg-Holstein-Gottorp y von Hessen, llevándosela a Rumania, en donde le curó sus heridas, a la princesa que naciera el 18 de junio de 1901.

El 17 de febrero de 1920 un policía rescató de las aguas de un canal en Berlín, a una joven veinteañera quedando registrada como Fraülein Unbekannt (“Señorita desconocida”) al no poder dar datos sobre su identidad. Se le mandó a un hospital siquiátrico, al diagnosticársele “una enfermedad mental de carácter depresivo”. Más tarde le confesó a una enfermera ser la gran duquesa Anastasia. Esta mujer a la cual se le conoció como Anna Tschaikovska Anderson, no fue la única que en esos años afirmó ser la hija menor del Zar, pues muchas más aparecieron aseverando lo mismo, aunque parece ser que Anna Anderson fue la que dio mas verosimilitud, en determinado momento, a su versión, aunque con el tiempo, la familia real que había logrado exiliarse de Rusia la terminaron por rechazar por impostora, aunque la chica hasta que murió, en 1984 a la edad de 83 años, seguía afirmando ser Anastasia Romanota.

Tomando como base, preferentemente, la historia de Anna Anderson, el dramaturgo Marcelle Maurette y Guy Bolton, escribieron una obra que fue representada, con gran éxito de público y crítica, a mediados de los años cincuenta en Broadway, dándole el nombre de Anna Koreff a su personaje. La Fox compró los derechos para llevarla al cine, bajo la dirección de Anatole Livak; pero dejemos a la actriz Ingrid Bergman que nos cuente su versión, tal y como la publica en su libro “Ingrid Bergman: Mi Vida”, escrito en colaboración con Alan Burgess: “Mi vieja amiga Kay Brown estaba decidida a levantarme del fondo y devolverme a la cinematografía estadounidense. Me había hecho leer, cierto tiempo antes, el drama “Anastasia”. La Twentieth Century-Fox había adquirido los derechos de filmación por una cantidad exorbitante de dólares y Anatole Litvak la dirigiría. Yo ignoraba entonces la condición impuesta por Anatole: no se encargaría de la dirección si yo no trabajaba en la película”.

“Nos habíamos tratado en Hollywood y quiso que colaborase con él en la película titulada “Nido de Víboras” (The snake pit, 1948), que no me gustó. La interpretó Olivia de Havilland, que obtuvo un Oscar como premio a su magnifica labor. Y Anatole reiteraba:”

“-Fíjate en lo que has desaprovechado”.

“-Lo sé perfectamente -le respondía-. Ocurría todo en el interior de un manicomio, y no podía soportar eso. Era un papel excelente, pero no me hubieran concedido el Oscar si hubiera encarnado a la protagonista”.

“Estando en París, una amiga canadiense, Elaine Kennedy, me preguntó por teléfono si podía reunirme con Anatole Litvak en el bar del hotel Plaza Athénée. Se trataba de un asunto importante”.

“”Anatole y yo nos acomodamos en una esquina del bar y hablamos de “Anastasia”.

“-Me interesa saber si trabajarías conmigo en caso de que convenza a los otros- indicó el director”.

“Los ‘otros’, gente de la Fox, me acusaban de ser un peligro para la taquilla. Cualquier cinta en que yo interviniese sería destruida, censurada y proscrita en los Estados Unidos. El film se produciría en Inglaterra. ¿Me interesaba? Sí, me interesaba. Era un papel estupendo. La Fox se opuso durante largo tiempo hasta que, al fin, me envió un telegrama de aceptación. La empresa estaba dispuesta a arriesgarse”.

Alan Burgess señala: “Era un papel magnífico e Ingrid, que lo conocía, no quería perderlo. Encarno a Anna, joven desastrada y confusa, a quién la policía había salvado, en 1920, de un intento de suicidio perpetrado en un canal de Berlín. ¿Quién era? ¿Una desorientada aldeana polaca o la gran duquesa Anastasia, la hija menor del zar Nicolás II, única superviviente de la matanza en que pereció la familia real rusa? ¿Había sido salvada por dos hermanos combatientes del Ejército Rojo y llevada de matute a Alemania? ¿La cicatriz de la palma de su mano era recuerdo del espantoso asesinato?

“Yul Brynner personificó al cruel y dominante coronel Bournine, que aleccionó a Anna para que encarnase a Anastasia, con el fin de apoderarse de una inmensa fortuna y que, poco a poco, comenzó a pensar que tal vez se tratase de la auténtica heredera real. Helen Hayes fue la emperatriz viuda de todas las Rusias, cuya aprobación debía conquistar Anna para que la aceptasen como Anastasia”.

Ingrid Bergman en Anastasia

La película “Anastasia” (Anastasia, 1956) fue estrenada el 13 de diciembre en la Unión Americana, marcándose así el regreso de Ingrid Bergman al cine norteamericano, después de siete años de alejamiento a causa de su relación amorosa con el director Roberto Rosellini, con el cual tuvo en 1950 un hijo de nombre Roberto Ingmar Rossellini, estando todavía, oficialmente, casada con el Dr. Peter Lindstrom, por lo que la flagrante prueba de su adulterio fue motivo de un gran escándalo en la época, siendo acusada de todo por la jerarquía eclesiástica y los medios de comunicación que se rompieron las vestiduras, más que nada por no entender la diferencia entre los personajes cinematográficos representados por la actriz y su vida real. Independientemente de cuan convincente fuera como la monja Mary Benedict de “Las Campanas de Santa María” (The bells of St. Mary, 1945) o la angelical doncella de Orleáns en “Juana de Arco” (Joan of Arc, 1948) es evidente que Ingrid Bergman no era una santa, pero tampoco el demonio mismo, como se le quiso tildar, en esos tiempos de histeria colectiva de desagarre de vestiduras, que hicieron temer a los timoratos de la Fox, que podrían suscitarse llamados a boicotear la asistencia a los cines en que se proyectará cualquier film en que participara la bella actriz de origen sueco. Para más información sobre la trayectoria de la actriz, puede consultar en este mismo blog el texto: “La encantadora y “condenada” Ingrid Bergman”.

Desde la misma semana de su estreno de la película que también se llegó a conocer aquí como “Anastasia: la Princesa Vagabunda” se convirtió en un éxito de taquilla y de crítica. Bosley Crowther en el “The New York Times” escribió: “La actuación de la señorita Bergman debe considerarse soberbia. Su índole extraordinaria la hace merecedora de un Academy Award (un Oscar)”. Alton Cook, del New York World Telegram manifestó: “La señorita Bergman conserva el mismo torrente de ardor apasionado e impulsivo que poseía antes de renunciar a los filmes americanos hace siete años”. Y así por el estilo fueron las críticas, todas elogiosas a la labor de Ingrid Bergman.

La adaptación de la obra es magnífica y nos meten, desde el inicio, en esa historia de la necesidad de creer, que esa muchacha de conducta errática y momentos de extravío es realmente la Princesa Anastasia. Unos por la ambición de cobrar la herencia depositada en el Banco de Inglaterra, otros por aferrase a un pasado como la gran duquesa Olga, que en algún momento dudo sobre la identidad de la chica, merced, seguramente, al sentimiento de recuperar ha parte de su familia. O como ella misma lo explicaba cuando conoció a Anna Anderson en 1923 en un hospital de Berlín, donde la muchacha se recuperaba de un fuerte ataque de tuberculosis. Al despedirse, Anna rompió en llanto y la gran duquesa la besó en las mejillas, prometiendo escribirle. “Mi razón no puede aceptarlo”, dijo Olga a un acompañante, “pero mi corazón me dice que la pequeña es Anastasia”. Obviamente en la obra y la película esto nos es narrado de otra manera. Igualmente la propia Anna se vio urgida de encontrar una identidad, sin saber si primero urdió el plan para suplantarla y después confundió la realidad y se creía, efectivamente, la princesa Anna o, las cosas sucedieron al revés. Lo cierto es que en cuanto a la película, poco importa lo real, sino lo verosímil y la manera de acercarnos a estos personajes, atrapados en su red de ambiciones económicas y necesidades de identidad, en que se mezcla adecuadamente, el melodrama, el misterio, la locura y la verdad histórica, haciendo recomendable su visión, ya que ha estado pasando en TCM Classic Hollywood, durante este mes de abril en diversas ocasiones, estando todavía prevista su proyección este lunes 23 a las 20.00 hrs. (Tiempo de México) y el martes 24 a las 14.30 hrs.

En la entrega de los Oscar llevada a cabo en abril de 1957 y correspondiente a los premios de 1956, efectivamente, tal y como lo pronosticó Bosley Crowther Ingrid Bergman se llevó la preciada estatuilla por su creación de Anna Koreff en “Anastasia”, un tanto por mérito propio y otro por el sentimentalismo de su regreso, como un respaldo de la comunidad de Hollywood a la actriz, en un mensaje de “borrón y cuenta nueva”, sin poder clarificar que fue más importante si lo primero o lo segundo, para dejar en la carrera, por lo menos a Deborah Kerr en su rol de la institutriz Anna Leonowens, en “El Rey y yo” o a Carroll Baker por su seductora adolescente Baby Doll Meighan en la cinta “Muñeca de Carne” (Baby Doll), que a nuestro parecer también merecían el Oscar, por encima de las otras dos nominadas que fueron Catherine Hpeburn por su solterona en “El Farsante” (The rainmaker) y Nancy Kelly por “La Mala Semilla” (The bad seed).

En cuanto a Anna Anderson nos encontramos lo siguiente en la página http://www.phistoria.net/content/view/66/39/“Después de morir, Anna Anderson, se empezó a investigar la posibilidad científica de que ella fuera la autentica hija del zar Nicolás II. Un grupo de científicos, espeólogos, geólogos, genéticos y otros expertos de la medicina hallaron los restos de la familia imperial en 1991. En 1998 y gracias a las pruebas demostradas con el ADN se supo que todos los cadáveres encontrados pertenecían a la familia imperial. Los siete componentes eran sin dudarlo, el Zar Nicolás II, su esposa y todos sus hijos. Para la confirmación pidieron muestras de ADN a diferentes miembros de la realeza europea más cercana a los Romanov, a miembros de las casas reales danesa, británica y a la griega Se cree que también a los duques alemanes de Essen”.

“Los análisis y muestras de ADN de Anna Anderson que pudieron ser rescatados, gracias a una prueba que se le hicieron en vida durante una operación en 1979 en el Hospital Martha Jefferson, fueron comprobados y la resolución demostró que aquella mujer que en los años 20 y hasta el final de su vida defendía su identidad como Anastasia Romanov, no era la auténtica”.

“Mucha gente había creído en su palabra pero también hubo gente que nunca la creyó. Ahora descansa bajo una lápida que dice: Anastasia Manahan 1901-1984”.

“Su genética fue comparada con las familias de una lista de desaparecidos entre 1918 y 1920 y se halló que Anna Anderson no era quien decía y que su auténtica identidad era otra. Su nombre bautismal era el de Franziska Schanzkowska, nacida en Pomerania (Polonia) el 16 de diciembre de 1896 y desaparecida en marzo de 1920, perdió la memoria cuando trabajaba en una fabrica de Berlín y al encontrarla cerca de un puente de aquella ciudad, asumió los relatos de Anastasia que su marido le contara como si fuera de su propia vida. Estuvo casada con el soldado Tschaikovsky (ruso-polaco) que estuvo presente en la matanza a los Romanov en 1918”.

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5 comentarios en “Anastasia: la Princesa Vagabunda”

  1. paty dice:

    porque se critica tanto a la pobre anastasia .dejarla descansar empaz . lo de su muerte y la de su familia fue una tragedia rusa

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  2. Elena dice:

    En mi opinion con todas las cosas que he leido y todas las pruebas que aporto en su momento opino de distinta manera pienso que Anna era la hija del zar Nicolas y que por suerte sobrevivio a aquella masacre aunque la vida que le toco vivir despues fue un tanto dura sabiendo quien era realmente y que la rechazasen por el dinero… pobre Anastasia Romanov.Franciska era mas alta que Ana media metro setenta y Ana no llegaba al metro sesenta.

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  3. kathia dice:

    hayyy kierooo e cuento d ela princesa anastasia pero n encuentrooo :(

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  4. [...] 1956.- Elena et les hommes (LAS EXTRAÑAS COSAS DE PARIS) Elena Sokorowska [...]

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