El Mundo en sus Brazos: el placer de la aventura
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 18 de Abril de 2007 | Categorias: Aventuras, Cine Norteamericano, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 7m 29s | Leido 563 veces.Los canales de cine por televisión que están trasmitiendo cine clásico o antiguo, en una arbitraria separación para considerar como tal, a todas aquellas películas realizadas antes, más o menos, según el canal, de 1975,
nos permite a quienes, como suele decirse, ya pintamos canas, recuperar una serie de filmes, cuya grata visión guardamos de nuestras épocas en que existían las llamadas matinees, allá por los años cincuenta, con programas triples de películas de género, como eran los westerns, guerra, piratas, terror, ciencia ficción y aventuras, sobre todo, evitando los melodramas y las comedias musicales, que quedaban para otro tipo de sesiones, pues a las matinees había que ir al gozo pleno de la acción y la aventura, así en general, trasportándonos a mundos fascinantes, a través de la magia del cine.
Uno de esos filmes que había visto en reiteradas ocasiones durante mi infancia y adolescencia es precisamente “El Mundo en sus Brazos” (The world in his arms, 1952), el cual pude disfrutar el mes pasado en Cinecanal Classics y que será vuelto a programar en este mes de abril, el jueves 19 a las 21.35 hrs. (tiempo de México) y el viernes 27 a las 18.10 hrs.
Se que para los espectadores de ahora, pienso en particular en mis hijos, pueden tildarnos de ingenuos, cuando les cuento lo fascinados que estábamos con filmes como este, en que ahora es fácil descubrir la técnica del back projection o transparencias, para ubicar a los personajes principales en situaciones de peligro, cuando a ellos se les filmaba en el estudio y las bravías olas estaban atrás siendo proyectadas en una pantalla, sin que realmente los actores estuvieran inmersos en la zona de peligro, pero a este tipo de comentarios, hay que hacer un parangón con Bismark y decirles que si te emociono la película, es igual que cuando te gustan las salchichas, no preguntes como se hacen, disfrútalas.
Y efectivamente si algo tiene todavía “El Mundo en sus Brazos” es conservar su capacidad para entretenernos y hacernos creíbles la historia del Capitán Jonathan Clark (Gregory Peck) al mando del barco pesquero “El Peregrino”, cazador de focas en Alaska, durante la época de 1850, cuando ya se comenzaba a hablar de la pretensión de los Estados Unidos de comprarle a Rusia dicho territorio.
El film inicia con el arribo al puerto del capitán Clark, acompañado de su segundo de abordo Deacon (John McIntrie) y su contramaestre Ogeechuk (Bill Radovich) un simpático esquimal que siempre trae a su lado a una foca. Los tres rescatan a su tripulación que la tenía secuestrada la gente del Portugués (Anthony Quinn), otro hombre de mar, enfrentando, desde tiempo atrás a Clark, a quien también se le conoce como “el hombre de Boston”.
Clark se hospeda con su tripulación en un hotel, junto con su tripulación, a la espera de hacer los preparativos de realizar un nuevo viaje. Hasta ese lugar llega el Portugués a reclamarle, iniciándose una lucha campal entre los dos bandos, que termina ganando Clark.
Dirigida por Raoul Walsh es fácil concluir que gran parte del encanto de “•El Mundo en sus Brazos” esta precisamente en sus escenas de acción, como las luchas a puñetazos, en que hay varias a lo largo del film, al igual que la emocionante carrera en alta mar, entre el barco de Clark y el del Portugués en alcanzar llegar primero a las costas de Alaska, estando en juego la propiedad del barco del perdedor.
En el inter Clark ha tenido oportunidad de conocer y enamorarse en San Francisco de la condesa Marina Salanova (Ann Blyth), una rusa que ha huido a Estados Unidos, para escaparse de un matrimonio por obligación con el príncipe Semyon (Carl Esmond), quién llega por ella al puerto, para regresarla a la fuerza a Alaska.
Así que por una parte tenemos la rivalidad de los dos marinos, a lo cual agregamos la intriga amorosa entre Clark y la condesa, aderezada con el enfrentamiento a los rusos, pues no olvidemos que Clarek es uno de los impulsores de la idea de comprar Alaska a los odiosos rusos, pues el hábil guionista Borden Chase, se da tiempo de meter conceptos ecológicos en las razones para la apropiación del territorio de Alaska, ya que los nobles americanos sólo cazan a las focas machos, mientras los rusos hacen una matanza indiscriminada de hembras y machos, con el riesgo de exterminarlas. Al igual que otros comentarios, en que a pesar de estar ubicada la trama en 1850, reflejan más el sentir de la época de la “guerra fría”, con diálogos en que Clark le manifiesta a la Condesa el regocijo que le causa que una vez que se casen y sea americana, tendrá oportunidad de gozar la vida a plenitud y podrá reír en libertad. Mensajes, no tan subliminales, sino más bien directos de propaganda anticomunista, que es fácil detectar en casi todas las películas de esos años, en que apareciera un ruso, aunque la trama no tuviera nada que ver con el momento del advenimiento del comunismo en la Unión Soviética. Lo cierto es que nosotros, tanto en esos tiempos, como ahora lo que disfrutamos y recomendamos de “El Mundo en sus Brazos”, es la efectiva capacidad de Walsh, para lograr una entretenida cinta de acción y aventuras al por mayor, con una aceptable historia de amor, a la que se le agregan adecuadas dosis de comedia, haciendo tolerable el concebido happy end, entre Peck y Ann Blyth.
Cabe sólo señalar que buena parte del resultado exitoso del film, está en la labor de los actores secundarios, que logran una serie de entrañables caracterizaciones, como el es caso de Bill Radovich como Ogeechuck, al igual que de Anthony Quinn en que su Portugues, termina por resultar un villano bueno, con sus alardes expansivos de bonhomía y caballerosidad, en su enfrentamiento con el capitán de “El Pregrino”, con lo cual hace una buena contraparte con el estiramiento heroico de Gregory Peck y su habitual tendencia a mantenerse tenso y tener a momentos una sonrisa forzada. Otra de las buenas actuaciones es la de John McIntrie, en su rol de Deacon. Se trata de un actor secundario, imprescindible en casi todos los filmes de género de la Universal, en la década de los cincuenta, el cual en cuanto aparecía en su primera escena era una garantía de que se haría notar, merced a sus buenos oficios, para darle credibilidad a sus personajes, así solo tuvieran un tiempo efectivo en pantalla de entre 10 a 15 minutos.
Juan Carlos Rentero en su Guía del Espectador de Videocine la recomienda, bajo estos términos: “Con la compra de Alaska a los rusos como telón de fondo, Raoul Walsh supo darle un brío intenso a esta genial película de aventuras, recorrida por la rivalidad entre dos capitanes que siempre se miden para ver quién puede ir más rápido con su barco. Tripulaciones llenas de personajes entrañables, borrachines, pendencieros, pero de buen corazón, y una historia de amor entre Gregory Peck y Ann Blyth llegan para que la felicidad absoluta se posesione de los espectadores. Además, la fotografía en color de Russell Metty demuestra una vez más que fue uno de los grandes de la historia del cine, como también lo fue el realizador de la película”.
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