La Posada de la Sexta Felicidad: biografía de una misionera en China
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 16 de Abril de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Cine Norteamericano, Melodrama, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 7m 25s | Leido 1104 veces.
“Tengo entendido que el film contiene una escena de amor. No he tenido una escena de amor en mi vida”.
Gladys Alyward
A pesar de su tufo de biografía inspirada en “mi personaje inolvidable”, al estilo más cursi del Selecciones del Readers Digest, el melodrama “La Posada de la Sexta Felicidad” ( The inn of the sixth happiness, 1958) dirigida por Mark Robson, se logra soportar, sobre todo, a la esplendida actuación de Ingrid Bergman, como la misionera Gladys Alyward y la del veterano Robert Donat, en su última aparición en la pantalla como El Mandarín Yang Cheng, quién fallecería ese mismo año del rodaje, el 9 de junio de 1958, en Londres, Inglaterra.
También hay que reconocer que la guionista Isabel Lennart, supo realizar una adaptación equilibrada del libro biográfico “The Small Woman”, debido al escritor Alan Burgess, evitando resbalar por la pendiente, precisamente de la cursilería y la identificación con el personaje por su simple bondad, como puede constatarse viendo “La Posada de la Sexta Felicidad” en el canal de TCM Classica Hollywood, durante este mes de abril en que esta programada para pasar en diversas fechas, como este lunes 16 a las 20.00 hrs. (tiempo de México) y el martes 17 a las 15.25 hrs.
“La Posada de la Sexta Felicidad” respeta más o menos la vida de Gladys Alywad (Ingrid Bergman) quién naciera cerca de Londres en 1902. Según le contó a Burgess a los 18 años escuchó a un predicador que la convenció de dedicar su vida a propagar la palabra de Dios, convenciéndose con el tiempo de que lo debería hacer en China y no en cualquier otro país. Alos 26 años fue rechazada por la oficina de la Misión en Londres,
para ser enviada a China, debido a su limitada preparación académica. A pesar del rechazo ahorró el suficiente dinero para trasladarse a China, a través de un accidentado viaje en el tren Transiberiano, que la dejó en Vladivostok en el costa este de Siberia. De allí en barco fue a Japón y luego por diversos medios, camión, mulas y a pie llego a Yangchen, en la provincia montañosa de Shansi, al sur de Pekín (Beijing), en donde tenía que encontrarse con la anciana misionera Jeannie Lawson (Athene Seyler), a la cual le había escrito y ella aceptado que se integrara a su labor, en esa región, en donde como manera de acercarse a los conductores de caravanas de mulas y poder predicar el Evangelio, erigieron un mesón, para dar servicio a la comunidad.
Poco a poco Gladys fue ganándose la confianza de los moradores de las diversas aldeas de la región y del Mandarín Yang Cheen (Robert Donat) quién la llegó a nombrar inspectora del gobierno chino, con el objeto de hacer que se cumpliese la ley de que las niñas anduvieran con los pies descalzos, para erradicar la costumbre ancestral de achicar los pies de las mujeres. Más tarde le compró una niña a una limosnera que la usaba como gancho para mendigar, hasta que termino por tener un orfanatorio y que al estallar la guerra de Japón con China, cuando estaban bombardeando la región de Yangchen y amenazaban con su ocupación, logró que la ayudara un oficial del ejercito chino Capitán Lin Nan (Curt Jurgens) a salvar a cerca de 100 niños, llevándolos por las montañas y el río Amarillo, hasta un lugar seguro. Hasta aquí llega la película, aunque después cuando China cayó en manos del ejército rojo de Mao, se trasladó a la isla de Formosa donde fundó un orfanto y murió allí el murió el 3 de enero de 1970.
Alan Burgess conoció a Ingrid Bergman cuando compraron los derechos de su libro “The Small Woman”, estableciendo una relación que lo llevó a escribir junto con la actriz el libro”Ingrid Bergman: Mi vida” en el cual, en relación a este film, encontramos la siguiente nota: “Mark Robson, el canadiense que se encargó de la dirección de la película informó al productor ejecutivo, Buddy Adler, de que Ingrid Bergman era la única actriz adecuada para encarnar a Gladys Alyward, la camarera londinense que, en 1930, fue a China como misionera y que durante la guerra chino-japonesa, llevó a un centenar de niños chinos a un lugar seguro a través de las montañas de Shansi”.
“Buddy Adler opinó que sería imposible contratar a la estrella. Mark Robson tomó el avión a París y se dirigió directamente al Hotel Raphael donde vivía Ingrid. Así que entró en sus habitaciones, reparó en el ejemplar de “La Pequeña Mujer” que la sucursal de Londres de FOX había enviado a Ingrid por indicación suya. Sí, le gustaba el papel. Lo representaría”.
“Cuando empezó el rodaje, Ingrid escribió una carta a Formosa, donde vivía Gladys Alyward, mientras proyectaba fundar otro orfanato para niños chinos gracias a su porcentaje de los derechos de publicación y filmación”.
“Querida señorita Aylward –escribió Ingrid-. ‘Casi sorprende que sea usted de carne y hueso, en lugar de una criatura imaginaria a la que yo deba debo dar vida con mis palabras y sentimientos. Esto resulta difícil, puesto que no la conozco. Siento muy de veras que no fuésemos a Formosa y me viese privada de su ayuda. (Como sabrá, pensaron al principio hacer el film en esa isla). Confíe, no obstante, aunque le extrañe muchas veces por qué modificamos lo de acá y lo de acullá, en nuestra absoluta honradez, y que nuestro esfuerzo tiene siempre como mira el mayor afecto y consideración hacía su persona. Pero, en esencia, es una película, y hay que tomarse ciertas libertades pensando en los espectadores. Mi admiración personal a su persona y a su obra es ilimitada, y ansió que la cinta sea digna de usted. Con mis saludos más cordiales’, terminaba la misiva de la Bergman.
“Gladys Alyward no respondió a pesar de haber recibido la carta. Tuvo sobrado motivo, desde su punto de vista, para no hacerlo”.
“Mark Robson y los técnicos de la Twentieth Cenbtury-Fox fueron a Formosa al principio de la primavera de 1958. Los paisajes de la isla resultaban adecuados y habían obtenido la colaboración de Gladys Aylward. Un entusiasmado ayudante de producción le pidió que alistase a sus amigos para confeccionar los sombreros y vestidos necesarios. Más tarde, actuarían como comparsas”.
“El gobierno nacionalista, refugiado en Formosa, exigió la presentación de una copia del guión de “La Posada de la Sexta Felicidad”. Su lectura provocó la airada protesta del gobierno, ya que la pobreza, el atraso, el hambre y la desigualdad, no
habían existido en la China nacionalista. En ella habían sido moneda corriente, antes de la imposición comunista, la alegría, la abundancia y la benevolencia. La película sufriría muchos tropiezos si el guión no se enmendaba”.
“Mark Robson se decidió en un abrir y cerrar de ojos. La FOX desapareció de Formosa de la noche a la mañana. ¡Nadie se acordó de avisar a Gladys Alyward! Se encontró frente a docenas de furiosos formoseños que reclamaban el pago de sus servicios o de las prendas de vestir encargadas. Una vez casi la arrancaron del rickshaw en que iba. Por consiguiente, consideró, comprensiblemente, con repugnancia la cinta y nunca accedió a verla”.
“Se eligió la región montañosa de Snowdon, en Gales, en sustitución de Shansi, y se edificó la ciudad amurallada de Yangcheng, donde Gladys Alyward había vivido, en lo alto de una cima galesa. Las lavanderías y restaurantes de Cardiff, Londres y Liverpool suministraron niños chinos –que hablaban con fuerte acento cockney o londinense-, y sus padres y otras personas, procedentes de China, se incorporaron a la película”.
La misionera nunca aceptó haber visto la película y basándose en lo que, supuestamente personas de su confianza, le contaron, se manifestó molesta con las libertades e inexactitudes que por razones dramáticas, se le hicieron a su biografía, en busca de interesar a los espectadores en su historia, en particular le encolerizaba que había una escena en que se daban un beso, hasta cierto grado casto, Ingrid Bergman y Curt Jurgens, alegando que ella nunca había tenido ese tipo de deslices, al estar toda su vida consagrada a Dios. Parece que el intento de humanizar al personaje no le gustó; pero si usted ve “La Posada de la Sexta Felicidad” ya sea ahora en TCM o en DVD, pues hay copia en el mercado, verá que hasta resulta lógica, en el contexto de la trama, dicha escena, en un sólido melodrama basado en la vida de una extraordinaria mujer. Para más información sobre la trayectoria de la actriz, puede consultar en este mismo blog el texto: “La encantadora y “condenada” Ingrid Bergman”.










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