Doris Day: Siempre Virgen
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 4 de Abril de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 39m 58s | Leido 2861 veces.“Conocí a Doris Day antes de que fuera virgen”.
Oscar Levant.
La época de oro de Doris Day en el cine norteamericano, fue a finales de los cincuenta y la primera mitad
de la década de los sesenta, cuando protagonizo una serie de exitosas películas al lado de Jack Lemmon, Rock Hudson, David Niven, Cary Grant, James Garner y Rod Taylor, las cuales formaron parte de un ciclo de comedias sexuales a la americana, con dos vertientes la comedia sexual de solteros y la comedia sexual de casados, en que con su personaje de la virgen recalcitrante, se convirtió en la máxima representante femenina de dicho ciclo.
Doris Day nació en el seno de un hogar católico de ascendencia germana el 3 de abril de 1924, bajo el nombre de Doris Mary Ann Von Kappelhoff, en la ciudad de Cincinnati, Ohio. Su madre, Alma Sophia, que era muy aficionada al cine y al teatro le puso el nombre de Doris en homenaje a su actriz favorita Doris Kenyon. Su padre, Frederick Wilhelm Von Kappelhoff era maestro profesional de piano, violín y teoría de música clásica, así como organista de música sacra. La relación con su padre de carácter violento, fue muy difícil y bastante conflictiva, sobre todo en sus últimos años, cuando el progenitor se casó con Luvenia Williams, una mujer de color, lo cual le recordó a Doris el racismo de su familia y le dejó de hablar, al grado de que cuando murió a principios de los sesenta, se limitó a enviar un ramo de flores a su funeral, en Cincinnati.
Cuando a pesar de su origen religioso los padres decidieron divorciarse en 1936, Doris y su hermano Paul, tres años mayor
que ella, se quedaron a vivir con la madre, la cual siempre la alentó para que siguiera una carrera artística, inscribiéndola en diversas escuelas de danza y ballet. En una de esas escuelas coincidió con el joven Jerry Doherty, llegando al acuerdo, las madres de los dos adolescentes, que podían formar una pareja de baile de tap. El señor Doherty les consiguió realizar una tour, pero una noche, después de actuar en Hamilton, Ohio, tuvieron un accidente de tránsito y Doris, a los catorce años, sufrió una fractura doble en su pierna derecha, que le obligó a permanecer en tratamiento, durante poco más de un año, en el hospital, terminando así con su promisoria carrera de bailarina; aunque su madre, ni tarda, ni perezosa, revivió sus viejos sueños de cantante, enviando a Doris, que ya había dado muestras de su bella voz, a tomar clases de canto con Grace Raine, la cual la conectó con una emisora local, donde tuvo algunas presentaciones, en que si bien no le pagaban, le permitió darse a conocer. Consiguió trabajar en el Restaurante Chinese, donde le pagaban 25 dólares a la semana.
Cuando el director de orquesta Barney Rapp la escucho cantar “Day by Day” le ofreció un contrato similar de 25 dólares a la semana, para actuar en su orquesta, que tenía un cierto renombre en la región. En ese momento sólo tenía dieciséis años y parece ser que fue el mismo Barney, quién le puso el nombre artístico de Doris Day, por considerar que el de Kappelhoff, resultaba impronunciable en un escenario. En la misma orquesta actuaba el trombonista Albert Paul Jordan de 23 años, el cual pronto abandonó la orquesta para irse a trabajar en Nueva York con Gene Krupa. A su vez Doris dejo a Barney Rapp y a través del marido de Grace Raine consiguió una audición con Bob Crosby, quién la contrato para sus “Bobcats”. Al poco tiempo actuaron en Nueva York, donde a sus escasos 17 años Doris cantaría por primera vez allí. Al ser contratado para trabajar en el Strand Theater en Broadway, Crosby tuvo que despedir a Doris, porque sólo podía tener una cantante en la orquesta, aunque había hablado con Les Brown sobre ella. Entonces se fue con Brown, actuando en el Hotel Edison de Nueva Cork, llegando a ganar 500 dólares a la semana, lo cual era mucho en esa época, pero cuando iba camino al éxito, abandonó abruptamente a Les Brown, al aceptar la propuesta de matrimonio de Al Jordan, con quién se casaría en marzo de 1943. Al año siguiente, el 8 de febrero de 1942, nació su único hijo, al cual llamó Terry, por el personaje de su tira cómica favorita: “Terry and the Pirates”.

Pero Jordan resultó ser un hombre violento y celoso, rayando en lo patológico, golpeándola si llegaba a verla hablar con cualquier otro hombre. Harta del maltrato físico lo abandonó, regresando a Cincinnati para divorciarse. Consiguió trabajo en la radiodifusora WLW de su ciudad natal. Cuando se enteró Les Brown de su situación le volvió a ofrecer trabajo. Brown comentó sobre su comportamiento: “Encontró el amor demasiado fácilmente y cuando lo perdió sufrió mucho su corazón”. Y al regresar a su banda diría: “Ella regresó cambiada. Tenía las cicatrices de su corazón roto, por lo que cantaba con cierto encanto de tristeza”. Doris se marcho con Brwon y dejo a su hijo Terry, al cuidado de su madre en Cincinnati.
Doris grabó muchas canciones con Les Brown y su orquesta, pero el gran hit de ellos sería cuando tocaron en el Hotel Pennsylvania de Newark, New Jersey la canción ”Sentimental Journey”, la cual le ayudo Brown a escribir. La leyenda cuenta que cuando la interpretó, por primera vez, el público dejó de bailar, para escucharla y una vez que termino, la obligaron a repetirla varias veces, aplaudiendo en cada ocasión con gran entusiasmo. La canción se grabo en Okeh Records, siendo la más vendida de dicha casa. En 1975 fue nominada con todos los honores a estar en el Salón de la Fama de la Academy of Recording Arts and Sciences.
Al poco tiempo fue contratada para trabajar durante veinte semanas en el “Young Hit Parade” en Nueva York. La cantante no conserva ninguna grabación de esta temporada, ya que en cierta forma no le gustaba realizar este tipo de programas de radio. En la orquesta de Les Brown conoció al joven saxofonista George Weidler, quién fungia de primer sax, al estar sustituyendo al titular que estaba dando su servicio en el ejército. Al terminar la Segunda Guerra Mundial y regresar este, George tuvo que abandonar la banda, no sin antes proponerle matrimonio a Doris., casándose el 30 de marzo de 1946. Decidieron marcharse a California, ya que George había conseguido trabajo en una banda en Los Angeles. Doris estuvo en el show de radio de Bob Sweeny y Hal March, que trasmitía la CBS. Los dos vivían en un trailer en Sepúlveda Boulevard. Recibió una gran oportunidad al ser contratada para el Billy Reed’s Little Club en Nueva York. George se negó a seguirla y al poco tiempo le envió una carta pidiéndole el divorcio. Rompió el contrato y regresó a Los Angeles, tratando de salvar su matrimonio; pero George estaba decidido a terminarlo, ya que se rehusaba en ser Mr. Doris Day, conciente de que la exitosa era su mujer, aunque el divorcio se formalizaría hasta el 31 de marzo de 1949.
Encontrándose sin trabajo había decidido regresar a Cincinnati con su hijo Terry, pero su agente Al Levy la convenció de tener una reunión con los compositores Jules Styne y Sammy Cahn, quienes le tocaron el tema de “Embreaceble You”, el cual habían escrito para ser cantado por Judy Garland en la comedia “Romance en Alta Mar” (Romance on the high seas, 1948), pero al negarse la MGM a prestar su estrella a la Warner, se encontraban sin protagonista, pidiéndole a Doris que cantara la canción. Convencidos de que tenían a la interprete ideal se la presentaron al director Michael Curtiz, quién estuvo dispuesto a hacerle una prueba, a la vez que persuadió a los directivos de la Warner en darle una oportunidad a Doris Day.
“Romance en Alta Mar” no es uno de los grandes musicales, pero le dio entrada al cine a Doris Day y si bien n
o se utilizó el tema de “Embraceable You” tuvo oportunidad de obtener un gran reconocimiento su interpretación de “It’s Magic”. Y como la Warner supuso que funcionaba la pareja de Doris Day y Jack Carson los volvió a incluir, una tras otra, en “Mi Sueño Eres Tú” (My dream is yours, 1949) y en “Dos Aventureros” (It’s a great feeling, 1949). Cabe hacer notar que desde estos musicales blancos de la Warner, Doris fue mostrada como “la vecina de al lado”, con su aura de pureza, a la cual era fácil de hacer sonrojar, con cualquier insinuación pecaminosa, tenía sexo, pero no era sexi. Siempre virtuosa, siempre virginal, desde la juventud a la madurez, fue encasillada en ese rol. Era rubia como Betty Grable, pero modosita y al no ser “devoradora” de hombres, resultaba la chica ideal para llevarla al altar, por lo que lograba la identificación con el público femenino, sin ser una competidora. Tenía una gran voz como Kathryn Grayson, pero, afortunadamente para ella, no se había dado a conocer como interprete de ópera, sino como cantante de jazz y swing, lo que le permitía entonar canciones de tonadas pegajosas, que era más fácil resultaran populares entre el público que las escuchaba en las películas y después compraban las grabaciones. Podemos adjetivar su imagen y tildarla de gazmoñería, pero no es posible negar que fue un ídolo del público de los años cincuenta y sesenta, al encarnar, en cierta forma, los sueños de una vida estable y hogareña de las espectadoras clase media, cuya meta final, sino única, era conseguir un buen matrimonio.
En su cuarto film “Música en el Alma” (Young man with a horn, 1950) se puede decir que recibió su primera gran oportunidad de mostrar sus dotes histriónicas como la vocalista Jo Jordan, la amiga abnegada del trompetista Rick Martin (Kirk Douglas) quién obsesionado por lograr el triunfo, no se da cuenta del amor de Jo por él y se lanza a los brazos de la caprichosa y neurótica heredera Amy North (Laureen Bacall), para la cual sólo era un trofeo, enviando al olvido a Jo. Al abandonarlo Amy comienza a tener disturbios mentales que le llevan a considerar que esta ya acabado para tocar la trompeta. Después de padecer una neumonía y caer en el alcoholismo serán Jo y su buen amigo Smoke (Hoagy Carmicheal), quiénes acudirán en su ayuda y rehabilitación, para ponerlo otra vez camino al éxito. Y aunque esta apresurada sinopsis nos da a entender que se trata de un melodrama, lo cierto es que “Música en el Alma” basada en la novela de Dorothy Baker “Young man with a horn”, es un excelente biopic, cuya visión recomendamos ampliamente y es fácil encontrar en DVD. La novelista se inspiró en la vida del célebre trompetista, de los años veinte, Bix Beiderbecke, para su personaje de Rick Martin. Cuando la adquirió en 1945 la Warner se pensó en John Garfield para el rol principal, el cual finalmente hiciera Kirk Douglas, logrando una de sus memorables caracterizaciones. Douglas fue doblado, brillantemente, en la trompeta por Harry James. En el plano de las interpretaciones musicales de Doris Day destacan las que hace de “I May Be Wrong (But I Think You’re Wonderful)”, “The Very Thought of You” y “Marvelous”.
Aparecería, en 1950, en otras tres cintas, las comedias “Te Para Dos” (Tea for two) y la “Invasión de West Point” (The West Point story), rutinarias comedias en donde comparte créditos con Gene Nelson y Gordon MacRae, que serían su pareja en otros musicales de la Warner y los cuales peleaban por llamar su atención. En tanto en el thriller “¿Acusaría Usted? (Storm warning), protagonizado por Ginger Rogers, Ronald Reagan y Steve Cochran, tenía oportunidad de hacer otro rol dramático, como la hermana menor de Ginger Rogers.
Ese mismo año de 1950 sería significativo para su carrera y vida personal al ser transferido su agente Al Levy a la matriz de Nueva York y hacerse cargo de sus asuntos Martin Melchr, quién no sólo se volvió su agente, sino que el 3 de abril de 1951, en su aniversario 27 de su nacimiento se casó con él. Martin adoptó a su hijo Terry que desde ese momento llevó el apellido de Melcher. Y mientras Doris, su hijo Terry y la madre de la actriz hablaron maravillas de Martin, fue igualmente cierto que este se encargo a plenitud de las emociones y la carrera de Doris, manipulándola a plenitud, durante los 17 años de su matrimonio, que acabo el día de la muerte del agente el 20 de abril de 1968. Sería solamente años más tarde cuando Doris reconocería la gran influencia que ejerció sobre ella y la poca libertad de acción que tuvo para decidir algo en torno a su carrera, ya que todo pasaba bajo la supervisión de Melcher, que en su descargo hay que decir que la convirtió en una de las estrellas más ricas de Hollywood.
Aunque el artesano David Butler no puede ser acusado de “autor cinematógráfico”, cabe reconocerle cierto buen gusto en sus musicales, así como eficacia en la dirección de los actores, debido a su experiencia teatral, lo cual se nota en la comedia musical “Feliz Engaño” (The Lullaby of Broadway, 1951) considerada entre las mejores que realizó en el género Doris Day. El engaño a que hace referencia el título con que pasó en México, se refiere a que Melinda (Doris Day) llega a Nueva York, procedente de Londresa buscar a su madre Jessica (Gladis George) a la cual cree una gran estrella, la cual vive en el anonimato, para terminar descubriendo que ella es quién tiene talento para convertirse en una estrella de Broadway. Y aunque de cierta manera los aciertos de “Feliz Engaño” están en la apropiación de coreografías de anteriores éxitos de la Warner, en particular de “Las Vampiresas” (Gold diggers of 1935) debida al gran Busbey Berkeley, el resultado es agradable para el público, no tan memorioso y quisquilloso, como algunos expertos que detectaron las fuentes de inspiración de Butler y sus coreógrafos.
“Bajo la Luz de la Luna” (On moonlight bay, 1951) y su secuela “La Luna de Plata” (By the silver light, 1953) con Gordon MacRae son dos de sus mejores comedias
, amén de ser exitosas en la taquilla, inspiradas un tanto en “La Rueda de la Fortuna” (Meet me in St. Louis, 1944) uno de los grandes filmes de Judy Garland. “Te Veré en mis Sueños” (I’ll see you in my dreams, 1951) es apenas regular y en “El Amor lo Vence Todo” (Starlift, 1951) se limita a tener una actuación especial, por lo cual pasamos a “Su Ultima Victoria” (The winning team, 1952) realizada por Lewis Seiler esta semi biografía del gran pitcher Grover Cleveland Alexander, miembro del Salón de la Fama, no se sale de los cartabones tipo “mi personaje inolvidable” del “Selecciones del Readers’ Digst”, pero que cualquier fanático del rey de los deportes –off course- el béisbol disfruta a plenitud esta historia de Alexander, tratando de salir de su alcoholismo, ayudado por su abnegada esposa Aimee (Doris Day), para regresar a la senda del triunfo en el béisbol. Grover Alexander estuvo en las Grandes Ligas de 1911 a 1930, jugando para los Filis de Filadelfia, Cachorros de Chicago y los Cardenales de San Luis y en 21 temporadas acumuló un record de 373 victorias por 208 derrotas, para un promedio de .642 en ganados y perdidos. Su fabuloso promedio de carreras limpias es de 2.56, participando en 696 juegos, 437 completos y 90 blanqueadas, razón para que este considerado uno de los grandes del béisbol y que en su biografía fílmica se hiciera omisión a que en rigor, después de retirarse, siguió teniendo problemas con la bebida; pero ya lo decíamos se trata de un film apologético, así que un poco de optimismo no esta mal.
Es poco lo que recuerdo de “París en Abril” (April in Paris, 1952) dirigida por David Butler, pero su biógrafo Christopher Young en “The Films of Doris Day” la considera un desastre completo, al no haber química entre Doris y el comediante Ray Bolger, catalogándola como su peor película.
Resulta exuberante y dominante la presencia de Doris Day en el western musical “La Liga de Oro” (Calamity Jane, 1953) desde que aparece al inicio del film, una vez terminados los créditos, a bordo de una diligencia cantando “The Deadwood Stage”, en la cual de plano hay que olvidarse del rigor histórico, en esta comedia de amores y desencuentros entre los legendarios mitos del far west Calamity Jane y ‘Wild’ Bill Hicock (Howard Keel) para disfrutarla a plenitud, aunque vista recientemente no logre explicarme porque la insulsa canción “Secret Love” de Sammy Fain y Paul Francis Webster, ganó el Oscar correspondiente en 1953. Las fotos de la época muestran a una Martha Jane Canary (verdadero nombre de Calamity poco atractiva, tirando a machorra, sino es que a lesbiana, más bien chaparra, nada que ver con Doris Day y su 1.70 de estatura, la cual no pierde su feminidad, enfundada en su traje de cuero color miel. Fue un gran éxito de Doris Day “La Liga de Oro” y a fuer de ser sinceros, resulta mucho más simpática que la “higado” de Betty Hutton en “La Reina del Circo” (Annie get your gun, 1950) el otro recordable western musical de los cincuenta.
Mediocre es el resultado de su siguiente comedia “La Dicha de Amar” (Lucky me,k 1954) dirigida por Jack Donahue, con Robert Cummings y Phil Silvers. Mientras que “Su Primer Desengaño” (Young heart, 1954), remake de la recordable “Cuatro hijas” (Four daughters, 1938) es uno de sus grandes musicales, entre comedia y drama, en el cual Barney Sloan (Frank Sinatra) es un pianista que llega a un pequeño pueblo de Connecticut a trabajar en una orquesta local, donde conoce al compositor Alex (Gig Young), quién a su vez lo lleva a la casa de huéspedes en donde vive, habitada por un viejo maestro de música (Robert Keith) que tiene tres encantadoras hijas: Laurie (Doris Day); Fran (Dorothy Malone) y Amy (Elizabeth Fraser). Obviamente el padre desconfía de Barney, pero a pesar de ello Laurie y Barney, no sin pasar ciertos contratiempos, terminarán casándose. Hay varios números musicales de Dory y Frank, pero sólo canta uno a duo: “You, my love”.
“¡Ámame o Déjame!” (Love me or leave me, 1955) es un esplendido biopic sobre la cantante Ruth Etting (Doris Day), a la cual ayudó a encumbrarse, en los años treinta, el gangster Martin “The Gymp” Zinder (James Cagney). Aquí tenemos una de las mejores actuaciones de la actriz, quién merecía haber sido nominada al Oscar, en un año en que otras dos lo fueron, por otras sendas biografías de cantantes: Susan Hayward como Lillian Roth en “Mañana Lloraré” (I’ll cry tomorrow, 1955) y Eleanor Parker como Marjorie Lawrence en “Melodía Interrumpida” (Interrupted melody, 1955). A la postre la triunfadora fue Anna Mangani por su interpretación en “La Rosa Tatuada” (The rose tattoo, 1955).
Francois Truffaut en su libro “Las Películas de mi Vida” se refiere a “¡Ámame o Déjame!” en estos términos: “Al salir de ‘Love me or leave me’, film americano, sicológico y musicak o, si lo prefieren, comedia drmática cantada, recuerdo la precisión de esta frase de Jean Rendir, espigada de no sé donde: ‘No hay realismo en el cine americano. Nada de realismo, sino algo que importa mucho más: una gran verdad’.
“En efecto, muy a menudo, las cintas americanas más convencionales contienen detalles llenos de verdad, observaciones realistas cuya autenticidad no se puede poner en duda. Aparecen, de improviso y con una enorme fuerza, en los géneros más dispares o en medio de alucinaciones o situaciones inverosímiles. Como si la carga de verdad fuera a veces más fuerte que el encuadre, el ambiente o el género que son ficticios, artificiales”.
“Love me or leave me’ es una biografía filmada y, en la verdad de ese material literario, reside quizás la superioridad de este film sobre otros muchos”.
“Se trata, en suma, como en las grandes obras de Eugene O’Neil, de una escena de vida en común repetida treinta veces. Esta vez entre una cantante, Doris Day, cuya presencia erótica es efectiva, y su protector convertido en amigo, luego en novio, más tarde, en marido, y por último, en ‘deber’: James Cagney, espléndido de vivacidad, de alegría, de convicción ingenua o simulada. ¡Que actor!”
“No es necesario hacer aquí el elogio del film musical americano, porque ya está hecho. Bajo la apariencia de levedad, el realismo se instala en él mucho más que en otro tipo de cine. Si recensionáramos las escenas más desgarradoras del cine, tendríamos que citar muchas comedias ‘cantadas’ de Hollywood. Tras unos cuantos compases y unos pasos de baile, una ruptura sentimental y dos o tres lágrimas cobran una gravedad insólita”.
“Love me or leave me’, una bonita película musical en cinemascope de Charles Vidor, no es la excepción a la regla. Nos ofrece una pintura francamente verosímil e inteligente, de una rara finura y sinceridad, acerca de la vida conyugal de una cantante y su empresario”.
Dilucidar en relación a “En Manos del Destino” (The man who knew too much, 1956), obra maestra del mago del suspenso Alfred Hitchcock, en tanto a que fuera la primera película que vi de Doris Day, es un tanto ocioso, pero si me permitirán que les señale que desde que disfrute su visión, por primera vez, en el Cine Encanto, cuando su estreno, salí impactado por la interpretación de la canción “Que Sera, Sera” de Jay Livingstone y Ray Evans, que al poco tiempo estaba comprando una grabación de la misma en un disco de los entonces populares de 45 rpm la cual repetía incesantemente, en el tocadiscos, hasta provocar el hartazgo de Pancha, la nana de mi hermana y, no se diga de mis hermanas mayores. Todavía hoy día, me sorprendo, frecuentemente, tratando de tararearla y no dejo de disfrutar de ver, con cierta frecuencia, “En Manos del Destino” en DVD, en una versión que respeta el formato original en Vista Vision y sin el insoportable doblaje al español, maravillándome el engranaje de Hitchcock, para hacernos verosímil su trama de espionaje y suspenso.
Cabe mencionar que antes de realizar “En Manos del Destino” había aceptado participar en el remake musical de la comedia “Mujeres” (The women, 1939) un éxito de George Cukor, con Norma Shearer, Joan Crawford y Rosalind Russell, ahora bajo el título de “El Sexo Opuesto” (The opposit sex, 1956) dirigido por David Miller, pero al empalmársele diferentes compromisos tuvo que dejarla, siendo sustituida por otra “virgen profesional”, un tanto menos agraciada que ella: June Allyson. Otro remake que le fue ofrecido y que no pudo realizar fue el de “Dos Corazones” (Love affair, 1939) melodrama inolvidable de Leo McCarey con Irene Dunne y el cual se hizo con Deborah Kerr y Cary Grant, dirigido, igualmente que la primera versión, por Leo McCarey, estamos hablando de “Algo Para Recordar” (An Affair to remember, 1957) considerado como uno de los diez mejores melodramas del cine norteamericano en el siglo XX y no especulemos con la conjugación del verbo hubiera, en el tiempo de los “idiotas”.
El rutinario thriller de suspenso “Julia” (Julie, 1956), fue resuelto con cierta solvencia por el director Andrew L. Stone, en este Julie (Doris Day) se ve amenazada de muerte, por su celoso marido Lyle Benton (Louis Jourdan), quién ya antes había eliminado a su primer esposo. Julie escapa de su casa, pero Lyle la persigue y logra encontrarla en su empleo de azafata, subiéndose al avión en que va ella, donde quiere matarla y provocar la caída de la nave. Lo destacable de “Julia” es que fue una producción de su esposo Martin Melcher, para la MGM, lo cual nos habla de que para esas fechas ya era un imán de taquilla, aunque en este caso se tratara de una película más bien de serie B.
Su siguiente film sería la considerada estupenda y clásica comedia musical de cierto contenido de crítica social, por abordar la situación de un grupo de obreras en “Juego de Pijamas” (The pajama game, 1957) dirigida por George Abbott y Stanley Donen y coreografía del gran Bob Fosse. Recuerdo que había una serie de escenas de conjuntos, pero sólo la vi en dos ocasiones en los años sesenta y antes de que memoria me traicione, mejor recurro a Cesar Santos Fontela y su libro “El Musical Americano”: ‘Juego de Pijamas’ es lo que pudiera calificarse de musical ‘social’, ya que está centrado en la huelga de los obreros de una fábrica de pijamas, que pretenden conseguir un aumento en sus salarios de siete centavos y medio. Doris Day, liberada de la rutina a que solían someterla sus directores habituales, y ayudada por una dirección inteligente y una no menos inteligente coreografía de Bob Fosse, resulta, por una vez, una actriz fresca y espontánea”.
Clark Gable logró verse bien en la comedia “Enseñame a Querer” (Teacher’s Pet, 1958) en donde es un veterano periodista, forjado en la batalla diaria de los linotipos y la mesa de redacción, el cual se burla de tener que admitir en su periódico a mozalbetes presuntuosos egresados de escuelas de periodismo. Dispuesto a demostrar la inutilidad de la precarrera de Periodismo que ahora conocemos como licenciatura en Medios Masivos de Comunicación, se inscribe en un curso nocturno, para probarle a la maestra, interpretada por Doris Day, que el periodista nace y no se hace. Los diálogos chispeantes, ingeniosos e inteligentes de los guionistas Fay y Michael Kanin, conducen por buen camino el enfrentamiento entre las dos visiones del aprendizaje y, como toda buena comedia, en que también se da la batalla de los sexos, se culmina con el enamoramiento de los personajes. Fue la décima ocasión en que Gable interpretaba a un periodista, siendo la profesión que más “ejerció” en el cine. Las otras nueve fueron en “Seis Misterios”, “Sucedió una Noche”, “After Office Hours”, “Amor a Toda Maquina”, “El Irresistible”, “Camarada X”, “Reportaje Sensacional”, “Mercader de Ilusiones”, y “Nunca me Abandones”.A su vez, la canción tema “Teacher’s Pet”, fue un gran éxito de la cantante y actriz Doris Day en esa época y de la cual Julissa nos ofreció en México su versión en español “La Consentida del Profesor”.
A pesar de su solvencia como actor dramático, resulta un tanto difícil aceptar, en plan de comediante a Richard Widmark, como pareja de Doris Day en “El Tunel del Amor” (The túnel of love, 1958) dirigida por Gene Kelly, sobre los agobios de un matrimonio que después de cinco años de casados y no poder tener familia deciden adoptar un niño, sin saber en las complicaciones a que se van a enfrentar, al estar seleccionando al prospecto. Al final, en esta floja comedia, la pareja termina por lograr embarazarse, terminando por tener a su propio hijo, por su cuenta.
Hoy es fácil advertir que a finales de los años cincuenta se comienzan a dar un ciclo de comedias basadas en conductas sexuales. Los ciclos, sobre todo en los géneros clásicos, van y vienen en diferentes periodos. E n el caso de este sobre la conducta sexual, en los veinte Cecil B. de Mille hizo popular este tipo de cintas con Clara Bow y Gloria Swanson. En los treinta apareció uno que se denominó “comedia sexual sofisticada”, en el cual Katherine Hepburn, Irene Dunne, Myrna Loy, William Powell y Cary Grant fueron los mayores exponentes, como lo señala I.C. Jarvie en su libro “El Cine Como Crítica Social”, quién nos advierte de la mayor liberalidad en el tratamiento del sexo, en los veinte y treinta, para después ocultarse en los cuarenta, para que en los cincuenta, comenzara a emerger, con cierto trasfondo de la emancipación femenina que se estaba incubando en esos momentos y que aflorará en los sesenta, haciendo hincapié en que, desde un punto de vista sociológico, en las cintas de género, ya sea el western, el musical, el terror, los gangsters, llegamos a encontrar que están repletas de significados sobre el contexto y el momento histórico en que se realizaron, aunque no lo percibamos así en el momento de su estreno, apareciendo una serie de juicios y prejuicios que dominaban en esa época, aunque nos advierte Jarvie de que “después de todo no necesariamente existe una relación entre el disfrute consciente de las películas y su significado inconsciente”.
En “La Viudita Indomable” (It happened to Jane, 1959) dirigida por Richard Quine, ya es muy notable el tópico de Doris Day, la cual es asediada por dos galanes: Jack Lemmon y Steve Forrest, en que a pesar de su estado de viudez y ser madre de un niño de diez años, se comporta, guante el cortejo, como una virginal adolescente, la cual solo estará dispuesta a tener relaciones sexuales, con quien se case con ella. Y esto será más obvio en su siguiente film, primero de la trilogía en que tuvo de pareja a Rock Hudson “Problemas de Alcoba” (Pillow talk, 1959), así como en “Vuelve Amor Mío” (Lover come back, 1961) en los cuales participa como guionista Stanley Shapiro. La tercera es “No Me Manden Flores” (Send me no flower, 1964).
Alexander Walker en su libro “El Sacrificio del Celuloide: Aspectos del sexo en el cine” en el capítulo: “La Ultima Matanza Americana: Rock Hudson & Cia”, nos maneja en relación a este ciclo lo siguiente: “Las comedias sexuales pueden dividirse en dos clases. Pueden llamarse ‘comedias sexuales de solteros’ y ‘comedias sexuales de casados’. En ambos casos, los protagonistas nunca son menos de dos, raramente más de cuatro y, con la mayor frecuencia, precisamente tres. En las de la primera clase intervienen el galán, la chica soltera y el mejor amigo del protagonista; en las de la segunda clase intervienen el marido, la esposa y la otra mujer o el otro hombre. El tema de la primera es la seducción, el de la segunda es el matrimonio. En las comedias de seducción el hombre trata de llevar a la mujer al lugar que le corresponde, que es su cama; en las comedias de matrimonio, la mujer trata de poner al hombre en el lugar que le corresponde, que es bajo su dominio. En ambos casos, gana la mujer. Es decir, que en las comedias de soltero sólo se deja seducir después del matrimonio, mientras que en las comedias de casado sólo se deja seducir por el hombre que ya es su marido. En una comedia sexual todos los hombres piensan que las mujeres sólo existen para el sexo; éste es su error. En una comedia sexual todas las mujeres saben que existen para el matrimonio; ésta es su fuerza. La razón de ello se hace más evidente por la forma en que se considera el acto sexual en todas las comedias procedentes de Hollywood, en la época de este ciclo. Como dice un personaje de “Un Favor muy Especial” (A very special favor, 1965): ‘En América no tienen relaciones sexuales; las cometen’. A veces incluso, cuando la esposa esta interpretada por Doris Day, cuya imagen cinematográfica es la de la edificante chica americana, las espectadoras pueden mantener su ilusión de que jamás ha realizado el acto sexual, ni antes ni después del matrimonio, a despecho de la presencia de niños.”
A partir de “Problemas de Alcoba”, salvo tres películas, las otras nueve van a caer en cualquiera de las dos variantes que hemos mencionado, líneas arriba: de solteros o matrimonio. Vayamos entonces a las excepciones “Encaje de Medianoche” (Midnight lance, 1960) dirigida por David Miller, con Rex Harrison, Doris Day y John Gavin es un estupendo thriller de suspenso del tipo de “La Sospecha” (Suspicion) de Alfred Hitchcock y de “Luz que Agoniza” (Gaslight, 1944), por mencionar a dos de las mas representativas de este sub género, en el cual la esposa tiene la ligera idea de que su marido la quiere eliminar, viviendo en la angustia de la duda. “Jumbo” (Billy Rose’s Jumbo, 1962) dirigida por Charles Walters, fue una comedia musical ambientada en el mundo del circo, fracasando sonoramente en taquilla, a tal grado fue un sonoro fracaso de taquilla, al grado de que la MGM, consideró que ya el público no la quería ver en comedias musicales, por lo cual la dejó fuera del reparto de “La Inconquistable Molly Brown” (The unsinkable Molly Brown, 1964), cinta que ya estaba en preparación, dándole el papel protagónico a Debbie Reynolds. Igualmente la Fox y Robert Wise desistieron de sostener la oferta de darle el papel de María en “La Novicia Rebelde” (The sound of the music, 1964), prefiriendo arriesgarse con Julie Andrews. La otra cinta fue “Josie, la Indomable” (The ballad of Josie, 1968) un western dirigido por Andrew V. McLaglen, sobre una viuda, con un niño de ocho años, acusada de haber matado a su marido, con una bola de billar después de regresar borracho a su casa y aunque el jurado la absuelve, su suegro insiste en quitarle la custodia del nieto; al tiempo que Josie se dedica a liderar a un grupo de mujeres sufragistas. No la he podido ver, pero las críticas que conozco no son muy halagüeñas, sobre todo tratándose de un filme a cargo del irregular Andrew V. McLaglen.
En “Problemas de Alcoba” la decoradora de interiores Jan Morrow (Doris Day), comparte su línea telefónica con el compositor tenorio Brad Allen (Rock Hudson), quién se pasa todo el día hablando con sus chicas, para cantarles la canción que les ha compuesto (la misma para todas) “Inspiration”. Jan denuncia sus filtreos a la compañía de teléfonos para que les pongan una línea a cada uno de ellos, pero al no haber una emergencia, ya que ella no esta embarazada, no le solucionan el conflicto. Brad la comienza a fastidiar, suponiendo que se trata de una vieja solterona; pero al conocerla, por accidente, en un restaurante, decide seducirla haciéndose pasar por un ingenuo texano de paseo por Nueva York. Al tiempo que su amigo, el millonario Jonathan, también pretende a Jan. Brad, con engaños, logra convencerla de acompañarla a pasar un fin de semana, en una casa de campo y antes de que logre hacerla suya, llega Jonathan a rescatar a la virtuosa chica, descubriendo la verdadera personalidad de Brad. Como un intento desesperado de recuperar a la chica, la contrata para que decore su departamento, la cual lo diseña como un lupanar, digno de un Casanova empedernido, según ella. Al final, matrimonio de por medio, se arreglan las cosas entre ellos.
La cinta fue un gran éxito y están estupendos Tony Randall y Thelma Ritter en su rol de la sirvienta de Jan. Rock Hudson rechazó por tres ocasiones el guión de la película por lo riesgoso de algunas partes de su personaje, en particular en lo referente al texano y su conducta lindando con un comportamiento homosexual, dado que en aquella época Hudson no había salido del “closet” y temía lo que sus fans femeninas pudieran suponer. Al final de cuentas Hudson le dio a su texano una faceta cercana al estereotipado “mariquita”.
La característica principal del comportamiento de los hombres, en la comedia de solteros, es de que siempre inician con una escena en que proclaman su actitud a favor del celibato. Mantienen relaciones con por lo menos dos mujeres al mismo tiempo. En algún momento logran que ellas hagan un pago por ellos, vendiéndoselos como un privilegio y, casi siempre, su departamento esta concebido como una “trampa” para las chicas, pues basta pulsar un botón, para que suene una música romántica, se pongan las lámparas a media luz, el sofá se torne en una acogedora cama y todo sea propicio para un tierno momento de lascivia. O sea la fantasía sexual de un adolescente, con todo y su temor a la castración, representada por el matrimonio.
En cuanto a la chica, en un principio, es anti relaciones sexuales, porque nunca las ha tenido o es una especie de virgen a medias, que lo intentó pero algo falló que no le gustó. Por lo regular esta casada con su profesión. Viste con soltura, está al borde o por lo menos se siente solterona y, sobre todo, a pesar de tener éxito en el trabajo, se siente, en el fondo, menos por no tener una pareja. Lo que al final de cuentas significa que la plena realización de la mujer, por encima de cualquier emancipación, esta en el matrimonio.
En esta vertiente de la comedia de solteros también se ubica “Vuelve, Amor Mío” (Lover come back, 1962),en la cual Doris Day y Rock Hudson son agentes de publicidad, para diferentes compañías, que entran en antagonismo a causa de su manera de enfocar su negocio. Doris cree que los clientes se ganan, haciendo el mejor diseño para lanzar su producto. Rock utiliza el eficaz argumento de agasajarlos, compartiendo una buena cena, prodiga en bebidas y acompañada por comprensivas chicas, dispuestas a no solamente mostrar sus encantos. Nuevamente Rock se hace pasar por otra persona, para lograr seducir a Doris, que al descubrir el engaño quiere destruirlo. Al final, después de una tórrida noche, Doris despierta toda cruda, sin acordarse de lo que paso, acostada al lado de Rock. Lo arroja de su lado, pero convenientemente se nos muestra, que al calor de las copas, tuvieron tiempo para buscar un juez de paz, que sancionó su relación, lo cual hace que ella pida el divorcio; pero nueve meses después, con el convincente argumento de que va a dar a luz, acepta perdonar a Rock y casarse nuevamente con él.
La comedia “Abajo el Amor” (Down with love) realizada en el 2003, por el director Peyton Reed, con Renée Zellweger y Ewan McGregor, buscó sin mucha fortuna ser un remake homenaje a “Vuelve Amor Mío”, incluyendo al estupendo comediante Tony Randall, que fuera el amigo fiel de Rock en las tres de la serie que hicieron con Doris Day. Por cierto que cuando mis hijos Hernán y Alejandra regresaron del cine divertidos de haber visto “Abajo el Amor”, los pude convencer de que vieran conmigo “Problemas de Alcoba” y “Vuelve Amor Mío”, que tengo en mi colección de DVD’s, las cuales se habían negado a hacerlo por “antiguas”, al explicarles que habían servido como base para “Abajo el Amor”, aceptaron a regañadientes, para terminar quedando convencidos de que eran más simpáticos Rock Hudson y Doris Day, que Renée Zellweger y Ewan McGregor recordando entonces el axioma de Guillermo Cabrera Infante para los espectadores: “los que no recuerdan las viejas películas están condenados a ver refritos”. Después de esta experiencia mis hijos, en particular Hernán, han terminado por escuchar, cuando sale una nueva película inspirada en una anterior, mi “rollo” referencial, con un poco más de atención y no descartar de antemano a la original.
Sin alcanzar la gran virulencia y el ingenio de “Problemas de Alcoba” y “Vuelve Amor Mío”, el guionista Stanley Shapiro logró una entretenida comedia con su historia de “Amor al Vuelo” (That touch of mink, 1962), aunque menor en intensidad a sus dos anteriores guiones, en la cual Cary Grant era un rico playboy quién con su automóvil, al pasar por un charco lleno de agua, al salpicar moja a Doris Day, que esta en una parada de autobus, estropeándole su vestido. Se baja a ayudarla y comienza a interesarse en ella. Para lograr sus propósitos de seducción, la convence de que la acompañe un fin de semana a Las Bermudas, donde tiene que arreglar unos negocios. Doris se las ingenia para frustrar sus aviesas intenciones, cada noche que pasan en el hotel, al grado de que en una de ellas, después de que se ha puesto borracha, lo cual alienta a Cary de que ahora si cederá a sus caricias, pero el alcohol le provoca una alergia, saliéndole manchas en su cuerpo. Una vez que Cary ha sucumbido aceptando casarse con ella, regresan a Las Bermudas, pero no es posible consumar el matrimonio, ya que ahora es a Cary, ante la angustia de la perdida de su soltería, le aparecen manchas en su cuerpo.
A pesar de estar dirigidas por Frank Tashlin las comedias “Una Espía por Error” (The glass bottom boat, 1965) y “Caprice” (Caprice, 1967) ubicadas en el mundo del espionaje: la primera en el robo de una fórmula para los viajes espaciales y la segunda en el industrial, sobre robos de fórmulas para perfumes, dieron muestras fehacientes del agotamiento del personaje de Doris Day, evitando los lances amorosos de sus galanes, en este caso de Rod Taylor en la primera y de Richard Harris en la segunda. Y no se diga de su última película “Hay un Hombre en el Lecho de Mamá” (With six you get egg roll, 1968) donde es una viuda con tres adorables hijos, a la cual su hermana Maxine (Pat Carroll) esta empeñada en buscarle un nuevo marido que se haga cargo de ella y después de varios prospectos la selección recae en Brian Keith, padre de un niño de 10 años y sin llegar a los extremos de la protagonizada por Henry Fonda y Lucille Ball “Los Tuyos, los Míos y los Nuestros” (Yours, mine and ours, 1968), la de Day y Keith se va por los derroteros en donde los niños son un buen pretexto para evitar las relaciones sexuales, antes del consabido papel sancionador de un juez de paz.
En el caso de Doris Day y sus comedias sexuales de casado todas ellas giran, a excepción de “No Me Manden Flores” en impedir que su marido la engañe con otra o simplemente lo intente. En “Eramos Tan Felices” (Please don’t eat the daisies, 1960) Kate (Doris Day) convence a su esposo Larry (David Niven) que es crítico teatral de que dejen su apartamento y se vayan a vivir con sus tres hijos, su perro y su ama de llaves, a una casa de los suburbios. Debido a su trabajo Larry tiene que regresar ya noche a su casa, después de elaborar sus críticas de los estrenos, lo cual propicia que alguna actriz como Deborah (Janis Paige) intente seducirlo, mientras que Doris que ha buscado adaptarlo a la vida campestre, tiene que salir al rescate del marido, en esta divertida comedia.
En “La Salsa de la Vida” la agraciada ama de casa Beverly (Doris Day) es convencida, por el suegro de Mrs. Fraleigh (Arlene Francis), una paciente de su marido el ginecólogo Gerald (James Garner), para que acepte, merced a su imagen de típica esposa de clase media, que haga los comerciales de la sopa que produce. Beverly alcanza un gran éxito, con lo cual se produce el distanciamiento con su esposo, pero afortunadamente después de una serie de peripecias, en que termina estando presente en el parto de Mrs. Fraleigh, Beverly se convence de que es más importante para su felicidad, aceptar ser una simple esposa, dispuesta a embarazarse y que el único exitoso de la familia sea su esposo Gerald. La película fue dirigida por Norman Jewison, aportando una gran inventiva en la puesta en escena, pero creo que los aciertos de fina ironía, en cuanto al papel de la mujer en el matrimonio, se deben al guión de Carl Reiner, quién puso más acento en mostrar los temores de los hombres para reconocer el éxito de la mujer casada, fuera del hogar, sin preocuparse mucho por la imagen de virgen recalcitrante de Doris Day, aun estando casada. Y a pesar del supuesto final feliz, con la mujer aceptando su rol de esposa abnegada, nos queda la sensación de haber visto una mordaz sátira sobre los pilares del matrimonio burgués, aunque quizás más de alguna crítica feminista no lo considere suficiente, al no ir hasta sus últimas consecuencias, pero no debemos de olvidar que se trataba de películas, hechas antes que nada, para entretener al público y no para hacer la emancipación femenina.
Se volvió a emparejar con James Garner en “Yo, Ella y la Otra” (Move over darling, 1963) dirigida por Michael Gordon, remake de la exitosa comedia de Leo McCarey “Mi Mujer Favorita” (My favorite wife, 1940) con Irene Dunne, Cary Grant y Randolph Scott. Por cierto que esta era la película que estaba filmando Marilyn Monroe con el título de “Something’s got to give”, cuando fue suspendida por la Fox, se mantuvo el guión y el equipo técnico, al igual que los decorados, pero al negarse el director George Cukor y Dean Martin en continuar con el proyecto sin Marilyn, se optó por Michale Gordon y James Garener en sustituirlos al igual que la otra ya no fue Cyd Charisse, sino Polly Bergen.
Al ser declarada oficialmente muerta Ellen (Doris Day), la primer esposa de Nick (James Garner), que despareció hace cinco años, al estrellarse el avión en que iba, le permite a Nick casarse con Bianca (Pollo Bergen), pero cuando esta en su luna de miel, aparece Ellen, que ha sido rescatada al encontrársele viva en una isla perdida del Pacifico. Ellen se entera por sus hijos, que ya no la reconocen, del nuevo matrimonio de su esposo, por lo que va al hotel en que se hospeda, para su nueva luna de miel, con la intención de que no se consuma el matrimonio y recuperar a Nick. Sin necesidad de pretender decir que “Yo, Ella y la Otra” sea superior a “Mi Mujer Favorita”, digamos simplemente que ambas son dos estupendas e hilarantes comedias, con un ritmo frenético, en cuanto a ir de una situación complicada a otra, sin que cese la risa de los espectadores, en donde para variar Doris termina por convencer a James que durante su permanencia en la isla se mantuvo casta, esperando el rencuentro con él.
El hipocondríaco de George (Rock Hudson) da por supuesto que tiene una enfermedad terminal, por lo cual decide buscarle a su esposa Judy (Doris Day), antes de morir, un nuevo marido adecuado para ella, en la entretenida comedia “No Me Manden Flores” (Send me no flowers, 1964) dirigida por Norman Jewison, en la cual ella sospecha, dada su extraña conducta de estarla empujando a conocer nuevos galanes, que George tiene una aventura amorosa y que busca pretextos para divorciarse y no de que este planeado su propia muerte y el futuro de Judy. No esta a la altura de “Problemas de Alcoba” y “Vuelve Amor Mío”, pero la pareja de Rock y Doris mostraron que todavía funcionaban en la pantalla grande, claro que acompañados por el estupendo comediante Tony Randall, el amigo confidente de Rock.
De cierta manera, a partir de “Por Favor No Molestar” (Do not disturb, 1965) estrenada en el invierno de 1965 es factible percibir un agotamiento en el personaje de Doris Day, el cual se fue reflejando, poco a poco, en los ingresos de taquilla de sus películas a partir de ésta, en la cual ella esta casada con Rod Taylor, que es un ejecutivo, al cual trasladan a las oficinas de Londres. Doris se encarga de buscar un hogar en los suburbios de Londres, pero la vida se va haciendo aburrida para Doris, al no conocer a nadie en su nuevo entorno y su marido estar constantemente ausente del hogar, debido a su trabajo. La comienza a asediar un italiano (Sergio Fantoni) aceptando tener una aventurilla, la cual no puede ser culminada satisfactoriamente, al perder Doris el conocimiento, a causa de emborracharse para darse valor. Pero el marido no lo cree así, entonces tiene que seguirlo a una convención, en que después de andarse metiendo en cuartos equivocados, termina por encontrar a Rod y todo arreglarse, salvo la comedia, en que las situaciones resultan harto trilladas y poco divertidas.
Otro tanto puede decirse de “¿Qué Hacías Cuando se Fue la Luz?” (Where were you when the lights went out?, 1968) en la cual tomando como pretexto el apagón del 9 de noviembre de 1965, en Nueva York, que duró varias horas, se hacía una pretendida comedia de enredos, al sospechar Doris que su esposo Patrick O’Neal, la engaña con la reportera Lola Albright, sin embargo la poco inspirada dirección de Hy Averback, la hacen una de las comedias mas sosas de Doris Day.
Antes del estreno de “¿Qué Hacías Cuando se Fue la Luz” (junio) y “Hay un Hombre en el Lecho de Mama” (agosto) había muerto ese año, el día 20 de abril su esposo Marty Melcher, lo cual motivo su retiro del cine, debido a la depresión que le aquejó durante varios meses, aparte de verse envuelta en un lío financiero que la llevo a declarase en bancarrota, aunque al final de cuentas, después de varios años, aunque parece ser que logró salvar 22 millones de dólares en el litigio. Cumplió con sus compromisos en la televisión, que ya había firmado antes su marido, pero lo cierto es que se fue alejando de los escenarios. Volvió a casarse en 1976 con Barry Comden del cual se divorció en 1981. En el 2004 a los 62 años murió su hijo Terry. Doris vive ahora dedicada a su casa y la atención de una asociación protectora de animales, en Camel, California, esta mujer que lleno toda una época de la comedia sexual americana, con su personaje de la virgen recalcitrante, que sabía conquistar a los hombres sin necesidad de exagerar en sus artimañas sexuales, con una imagen de chica modosita, lo cual la hacía compatible con la espectadora mujer normal, antes y después del matrimonio.
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