Gunga Din: el placer de la aventura
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 31 de Marzo de 2007 | Categorias: Aventuras, Cine Mexicano, Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Otros países | Tiempo de Lectura: 5m 43s | Leido 849 veces.
Cuando escribí, hace unos días, en relación a “King Kong” mencioné que la primera vez que la vi, fue junto con “Gunga Din” así que me ha parecido buen pretexto referirme a ella, ahora que la he vuelto a ver en DVD y que les podemos recomendar que lo adquieran, ya que es un título que debe de estar en la estantería de un cinéfilo que se respete de tal.
Para nadie es un secreto que este filme fue de los clásicos de las matinées del Cine Colonial y el Encanto en los años cuarenta y cincuenta, sobre la epopeya del aguador hindú “Gunga Din”. La cinta fue dirigida por George Stevens en 1939 encabezando el reparto Cary Grant, Douglas Fairbanks Jr. Victor McLaglen, Sam Jaffe (Gunga Din) y la entonces jovencísima Joan Fontaine.
En los años treinta floreció dentro del género del “Cine de Aventuras” el dedicado a la epopeya colonial, cuando todavía se podía hablar, sin grandes cargos de conciencia, de la misión civilizadora occidental y de la cual el novelista inglés Rudyard Kipling, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1907, fuera uno de sus mas preclaros juglares a través de su vasta obra literaria, llevada algunas de ellas en varias ocasiones al cine, como es el caso de “El Libro de la Selva” en 1940 con Sabu y en 1967 por Walt Disney en dibujos animados, a la que han seguido otras versiones, al igual que “Capitanes Intrépidos” en 1937 en la versión siempre recordable con Spencer Tracy en el rol de “Manuel, el portugués” (el cual le valió ganar el Oscar de Mejor Actor en ese año) encargado de enseñar a valorar la vida al petulante jovencito “Harvey” (Freddie Barthlomew), aunque quizás las generaciones actuales conozcan la versión de “Hallmark” para televisión de 1996 con Robert Ulrich o que decir de “Kim de la India” en su memorable versión de 1950 con Errol Flynn y Dean Stockwell, pero por encima de todas ellas y las que no hemos mencionado de otras basadas en historias de Kipling, sobresale “Gunga Din” inspirada en un breve poema del escritor, por lo que vale hablar de una versión harto libre, debida a la pluma de Ben Hecht y Charles MacArthur, encargados de escribir la historia y de los guionistas Joel Sayre y Fred Guiol. Aunque cabe aclarar que Hecht y McArthur las libertades que se tomaron para alargar la epopeya del aguador “Gunga Din” y en particular la de los tres sargentos camaradas, fue saqueando otras obras de Kipling, como sería el caso de “Tres Soldados”, “El Hombre que Sería Rey” y “Wee Willie Winkle” todas llevadas en otro momento al cine. Las dos primeras conocidas en México con el título en español que ya les dimos y la última como “El Idolo del Regimiento”.
En rigor el ciclo del subgénero de aventuras coloniales lo inició el filme “Tres Lanceros de Bengala” realizada en 1935 por Henry Hathaway, con Gary Cooper, como el emblema de la pureza colonialista, rol que repetiría en otros dos filmes, para quedar fijado como personaje-tipo del cine colonialista. Estamos hablando de “La Ultima Frontera” (The real glory) dirigido, también, por Hathaway en 1939, pero sobre todo “Beau Geste” de ese mismo año y realizada magistralmente por William Wellman, siendo una lástima que no hayamos conseguido aún una copia en DVD de estos tres filmes para revisarlos, pues es poco lo que recordamos de ellas, aunque las tres constituyen, junto con “Gunga Din” la mejor muestra de dicho género, que hiciera las delicias del público de aquellos años y que influyera tanto en cineastas como Steven Spielberg, George Lucas o John Milius, realizadores de la serie de “Indiana Jones”, “La Guerra de las Galaxias” y de “El Viento y el León”, en las cuales resulta fácil, encontrar en ellas el origen de su fascinación por las aventuras exóticas.
Para gozar a plenitud “Gunga Din”, reitero, debemos de hacer marginación de sus componentes ideológicos y aceptar que el rol de los rebeldes tungs, adoradores de la vengativa diosa Kahli, están en la misma densidad que los indios de los westerns, en la mayoría de ellos, como elementos perturbadores que justifican las hazañas guerreras de los blancos, para disfrute del lunetario, que en el momento culminante del asedio al fuerte o a la diligencia, aplaudía a rabiar al escucharse en la lejanía la trompeta que anunciaba la llegada del salvador regimiento de la caballería o, en el caso de “Gunga Din” el sonido de la gaita escocesa, advirtiendo que se acerca, inocentemente, el regimiento británico, al templo de la diosa, guarida de los tungs, quienes los aguardan emboscados, listos para masacrarlos, para en el último momento el aguador “Gunga Din”, en un heroico gesto, toque el clarín para advertirles el peligro, quién se sacrifica por la civilización occidental, para berrinche de los politizados espectadores “tercer mundistas” que siempre hemos visto en esa conducta una mentalidad entregista, pero más allá de eso o antes que nada, lo que encontramos en “Gunga Din” es una muestra de un cine de aventuras, tan regocijante ayer como hoy, con esa actitud tan pragmática y deportiva de los tres sargentos, al vivir sus alocadas aventuras, en la peligrosa India del siglo diecinueve, dominada por la bota de las huestes de la reina Victoria.
Quim Casas en el dossier “Cine de aventuras” publicado en la revista “Dirigido” de España, número 127 y hablando de la importancia de Kipling para el género nos señala: “Gunga Din está inspirada en uno de sus poemas, de la misma forma que sirve de plataforma para “El libro de la selva” (The jungle book, 1942) de Zoltan Korda y Robert Flaherty, y “Kim de la India” (Kim, 1950), de Victor Saville, pero no se trata solamente de la adaptación de sus textos, sino del espíritu que poseían los mismos, que fue recorriendo la mayor parte de la producción cinematográfica centrada en la epopeya colonial. La relación entre indígenas y europeos, la valoración del escenario físico, el concepto romántico del heroísmo como fuente de vida, fueron pasando de las páginas de Kipling a la cámara de Hathaway o Stevens. Siguiendo, pues, esa fuente inspiratoria, las películas citadas se abstraían de su espacio real y delimitaban la aventura en estado puro a través de situaciones muchas veces agobiantes –el fuerte desierto o semidestruido sobre el que se asienta el brillante entramado dramático y la hábil construcción narrativa de ‘Beau Geste’; el constante asedio al fortín de ‘La Ultima Frontera’; la sesión de tortura de ‘Tres Lanceros de Bengala’ o bien tratados elementales sobre la amistad y el aprendizaje en ‘Gunga Din’ con una clara definición de principios sobre el heroísmo y la cobardía”.
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