James Cagney: Hombre Duro de la Warner

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Mar 30th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

“Resultaba curioso comprobar cómo funcionaba una regla de oro en Hollywood: nadie debía matar nunca a un Gable o un Flynn o un Cooper o un Peck, pero ‘matar’ a Cagney o Bogart funcionaba”.

Raoul Walsh

James CagneyHasta donde la memoria me lo permite, me parece que las dos primera cintas que vi de James Cagney fueron los westerns “Sendas Amargas” (Run for Cover, 1955) y “Ser malo Fue Su Destino” (Tribute to a bad man, 1956), resultándome algo chocante la presencia de este hiperactivo y versátil actor, que en “Sendas Amargas”era un duro sheriff que terminaba por matar a su hijo putativo John Derek, quién era una especie de rebelde sin causa del oeste, pues no olvidemos que el director de este interesante western era Nicholas Ray, mientras que en “Ser Malo Fue Su Destino” era un tozudo ganadero, dispuesto a aplicar la expedita ley de “mátalos en caliente” a los ladrones de ganado, aunque fuera alguien cercano a él, como su capataz, al tiempo que hacía sufrir a Irene Papas, una típica mala-buena mujer, con pasado de cantante de un saloon en Nueva Orleans, casi equiparable a prostituta, pero muy dispuesta a la regeneración y abnegación a través del amor.

Sin embargo James Cagney era uno de los actoresJames Cagney favoritos de mi padre, precisamente por ser uno de los duros de la Warner, en los tiempos clásicos –los años treinta- de los filmes de gangster, así que cuando programaban alguna de sus películas viejas en la matinee de los domingos y, se lo comentaba a mi progenitor, me respondía con alguna remembranza que me motivaba a ir a ver la cinta en cuestión, terminándome de convencer –Cagney- de su gran cualidad interpretativa al verle en la excelente muestra de “cine negro” “Alma Negra” (White Heat, 1949) de Raoul Walsh en su insuperable rol del sicótico malhechor Arthur “Cody” Jarret, con su escena cumbre en el final cuando se sube a lo alto de la refinería y hace explotar uno de los tanques, al tiempo que exclamaba: “Estoy en la cima del mundo”, aunque antes ya nos había dado otra muestra de su talento del timing interpretativo, cuando en el comedor de la prisión es informado de la muerte de su madre y nos hace sentir con gran fuerza su desequilibrio emocional. Dos escenas que se mantienen vivas en el recuerdo de cualquier cinéfilo que las haya visto.

En relación a esta habilidad Andrew Sarris en su libro “El Cine Norteamericano”, en su apartado sobre la obra de Raoul Walsh nos señala: “El cronista de Time que se ocupó de “Alma Negra” observó con agudeza que Raoul Walsh es el único director de Hollywood que pudo salir airoso de una toma de James Cagney sentado en el regazo de su madre. Aquí opera el principio del contrapunto. Sólo el director más viril puede proyectar con eficacia una vulnerabilidad femenina en sus personajes”. Claro que contaba con un actor que sabía tomar riesgos y salir airoso de ellos, con gran eficacia.

James Francis Cagney nació el 17 de julio de 1889 en Nueva York, lugar en el que igualmente murió el 30 de marzo de 1986 a consecuencia de un ataque al corazón, provocado por la diabetes. Desde muy chico tuvo que trabajar para sostener a su madre y sus hermanos. Su ingreso al ambiente artístico seJames Cagney debió a un gesto de audacia de él, de acuerdo a como lo cuenta, ya que se encontraba trabajando en un almacén neoyorquino ganando 16 dólares a la semana y, exagerando sus habilidades como cantante y bailarín logró el empleo de 35 dólares semanales. Ese trabajo le permitió aprender perfectamente a bailar e ir forjándose una carrera dentro del teatro. Por cierto que en el primer espectáculo musical en que participo conoció a una chica de nombre Frances, quién también trabajaba en el show y con la cual se casaría en 28 de septiembre de 1922, permaneciendo juntos, por especio de 64 años, algo inusitado en Hollywood hasta el día de la muerte del actor, habiendo tenido dos hijos adoptivos.

Gracias al éxito en Broadway de la comedia “Penny arcade” llegó a Hollywod; a la Warner para filmar la versión de esta obra, que en cine tuvo el título de “Sinner´s holiday”. Aunque la película sólo dura 60 minutos y se trata de un típico producto de mantenimiento fue más que suficiente para que tanto el público, la crítica y los jefes del estudio se dieran cuenta del potencial de Cagney, quien había llegado a la Warner con un contrato de tres semanas y por una sola película. Pero inmediatamente se le dio otro contrato para “Puerta al Infierno” (The doorway to hell, 1930) y otras dos en plan de actor secundario, siendo una de ellas la intrascendente “Mujeres de Otros Hombres” (Other’s men woman) dirigida por William Wellman, causándole buena impresión al director, al igual que al escritor Kubec Glasmon y al guionista John Bright, lo cual fue importante para Cagney cuando el estudio le aviso que tenía un papel secundario en “El Enemigo Público” (The public enemy, 1931), ya que el estelar lo iba a hacer Lew Ayeres o Edward Woods, pero entre los tres convencieron a los ejecutivos de la Warner de que estaban equivocados en la forma en que habían repartido los papeles, solicitando Wellman que le permitieran hacerle una prueba a Cagney. Finalmente Edward Woods hizo el del “muchacho bueno” y James Cagney el del gangster Tommy Powers.

“El Enemigo Público” resultó una de las mejores cintas de gangsters de la época a la altura de “La Ley del Hampa” (Underworld, 1928) de Josef Von Sternberg y “El Pequeño Cesar” (Little Caesar, 1931) de Mervyn LeRoy, la cual se estrenó en México con el título de “Sentenciado a Muerte”, pero cuando se volvió a reestrenar se hizo con el título de
“El Pequeño Cesar”, aunque en España la conocen como “Hampa Dorada”.enemigo_publico.jpg

Kubec Glasmon y John Bright además de hacer un acercamiento a la naturaleza del gangster y a las condiciones sociales que lo crearon, como lo veíamos en las dos anteriores, fueron más lejos en “El Enemigo Público”, al no solamente presentar el retrato psicológico de un criminal profesional, sino la forma en que la mentalidad de éste iba configurándose desde la infancia.

En cuanto a la repercusión personal para James Cagney, la famosa escena del desayuno con su amante (Mea Clarke) que termina cuando Cagney le restriega en su rostro a la chica una media toronja, significó el éxito para él, cuando el público la aceptó como una de las pruebas más crueles y reveladoras del carácter de ese gangster, despiadado y asesino, sin que perjudicara a la imagen del actor, como temían los jefes del estudio. Pues en aquella época se tenía el prejuicio en Hollywood, de que los espectadores rechazarían a cualquiera que se atreviera a tratar groseramente a una mujer. James Cagney abrió en ese sentido el camino, que encontraría su cumbre e la personalidad arrogante y machista de Clark Gable, quién se hiciera también celebre por abofetear a Norma Schearer en “Un Alma Libre” (A free soul, 1931).

A partir de allí todo fue miel sobre hojuelas, en la carrera de James Cagney, quien se convirtió en uno de los hombres duros de la Warner combinando sus psing.jpgersonajes gangsteriles en cintas como “Rubias y Dinero” (Smart Money) “El Asesino de la Octava Avenida” (Taxi), “Angeles con caras sucias” y “Héroes olvidados” (The roaring twenties) entre otras, al igual que la excelente “Agentes federales” (G Man) aunque en esta estaba al lado de la justicia, como un oficial del FBI; mientras que también aparecía en comedias al estilo de “Ruge la multitud” (The croawd roars); “El Caballero Audaz” (Lady Killer); “Sueño de una noche de verano” y “La novia cayó del cielo”, sin olvidarse de que su llegada a Hollywood se debió a sus extraordinarias facultades de bailarín, dotado de cierta gracia y estilo singular para el baile, junto con una voz vivaz, que le dio una característica especial y distinción a su forma de hablar, por lo que exigió estar en comedias musicales de la talla de “Gente Viva” (Blonde Crazy) al lado de Joan Blondell; “Las Deliciosas” también conocida como “Desfile de bellezas” (Footlight parade), nuevamente con Joan Blondell y Ruby Keeler; “Ritmo de Amor” (Something to sing about) con Evelyn Daw, pero sobre todo “El Canto de la Victoria” (Yankee doodley dando) por cuya actuación obtuvo el Oscar de mejor actor en 1942, al caracterizar al célebre compositor, cantante, letrista y bailarín George M. Cohan, toda una institución en el vaudeville americano de finales del siglo XIX y principios del XX.
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Entre sus más de 60 películas realizadas a lo largo de 31 años de permanencia en Hollywood, que culminó con la espléndida “Ragtime” de Milos Foreman en 1981, aunque todavía realizo una para la televisión “Terrible Joe Moran” (1984), que llegó a ofrecerse aquí en renta en los video clubs a finales de los ochenta, nos encontramos varios títulos recordables y rescatables, aparte de los ya mencionados, tenemos un western curioso “La Ciudad del Terror” (The Oklahoma Kid) con la participación de villano de Humphrey Bogart en su único film de vaqueros; al igual que el thriller de suspenso “13 Rue Madeleine”man_of_a_thousand_faces_film_poster.jpg (13 Rue Madeleine, 1947) sobre la búsqueda de un agente doble durante la Segunda Guerra Mundial, compartiendo créditos con Anabelle de una belleza enigmática y aunque “El Precio de la Gloria” (What Price Glory, 1952) no es una de los mejores trabajos de John Ford, no deja de tener su impronta y resultar grata la visión de este film de competencia fraterna entre dos soldados del mismo batallón, por una bella mujer francesa, durante la Primera Guerra Mundial. El musical biográfico “¡Amáme o Déjame!” (Love me or leave me) de la cantante Ruth Etting interpretada por Doris Day, la cual debió su carrera al padrinazgo del gangster Marty Sydney (James Cagney) es otra de las cintas rescatables del actor, al igual que su interpretación de Lon Chaney en el film biografico “El Hombre de las Mil Caras” ) (Man of a thousand faces) y no se diga de la estupenda comedia de Billy Wilder “Uno, Dos, Tres” (One, two, three) sobre un alto ejecutivo de un refresco de cola, tratando de hacer negocios con los alemanes comunistas, en Berlín, en plena guerra fría. Cagney siempre supo ir en sus registros interpretativos más allá de los topicos de los gangsters fílmicos de los años treinta, de allí, en gran medida, su capacidad para hacer una larga carrera en Hollywood, haciendo interesantes a sus personajes, alejándolos del esterotipo pues como lo dijera en una ocasión: “Un malo puede resultar al mismo tiempo un tipo interesante y que le caiga bien al público. (…) Durante todos los años que interpreté ese tipo de personajes aproveché cualquier oportunidad que se presentase para humanizarlos un poco. Creo que así se consigue una mejor interpretación.” Y agregaríamos trascender en el animo del público, que lo convirtió en uno de sus favoritos en los tiempos del cine clásico de Hollywood de la primera parte del siglo XX.

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