Los Diablos del Aire: Angeles Sin Brillo
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 22 de Marzo de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Directores, Melodrama, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 9m 13s | Leido 750 veces.
“Los niños representan un mundo que está ocupado en mirar a otro que se degrada, y que aún no sabe si su suerte será la misma… La mirada de un niño es siempre fascinante, parece que diga: ¿es eso lo que la fatalidad me reserva”.
Douglas Sirk.
Los años han venido a revalorar la obra de Douglas Sirk: indiscutiblemente uno de los mejores realizadores centroeuropeos que han trabajado en Hollywood, quién naciera el 26 de abril de 1897 en Hamburgo, Alemania, aunque dentro del seno de una familia de origen judío-danés y murió el 14 de enero de 1987, en Lugano, Suiza.
Destacó en los años veinte en Alemania, llegándosele a considerar el mejor director teatral, abarcando su carrera en este medio un largo trayecto desde 1920 a 1937, al tiempo que en 1935 incursiona en el cine alemán llegando a realizar nueve films. En diciembre de 1937 se le autoriza a salir de Alemania para buscar locaciones para una película que supuestamente iba a filmar, en algún lugar de Africa, pero se queda en Roma, rompiendo con la Ufa y Alemania. Busca trabajo en Austria pero la invasión nazi, a este país el 11 de marzo, cancela dicha posibilidad. Trabaja un tiempo en París y en 1942 firma un contrato con la Columbia como guionista lo que le permite entrar en Estados Unidos. Para ese estudio llega a realizar varias películas, algunas de ellas interesantes de revisar. En 1950 llega a un acuerdo con la Universal, en donde rodaría 21 películas que lo convierten en el maestro del melodrama, algunas de ellas como “Palabras al Viento” (Written on the Wind, 1956) y “Lo que el cielo nos da” (All the heaven allows, 1955) dignas de estar en entre los diez mejores melodramas del cine norteamericano, siguiendo todas las pautas y exigencias del estudio y logra rodar, entre diciembre de 1956 y febrero de 1957, “Los Diablos del Aire” (The tarnished angeles) quizás su proyecto más personal y mejor logrado, en términos de cine de autor.
Toma como punto de partida, para este film, la novela “Pylon” de William Faulkner, en la cual se entrecruzan, en la obra, varias historias teniendo como centro tres días del carnaval Mardi-Grass, en Nueva Orleans, aunque la película solo se centra en una familia de aviadores y un reportero que busca hacer una historia de interés humano con ellos. Y si bien no es fiel a la historia original, en cuanto a la letra, si lo es al espíritu faukleriano, al grado de que el propio galardonado con el Nobel de literatura, la reconocía como una de las mejores, sino la mejor, de las películas realizadas a partir de una historia suya.
“Los Diablos del Aire” ha tenido diversas proyecciones en Cinecanal Classics en los últimos meses y este viernes 23 pasará a las 2.10 hrs. (tiempo de México), por lo que le recomendamos ponga a trabajar su maquina grabadora y después, en un horario más conveniente, disfrute de su visión.
En televisión pasa con el título de “Los ángeles caídos” el cual se acerca un tanto al original de “The tarnished angels”; al igual que el de “Angeles sin brillo” con que se exhibió en España, aunque otra propuesta de traducción del título original sería “Los ángeles manchados o empañados”, que nos acerca al sentido de lo que nos quiere decir Sirk con su historia de esos seres sin esperanza, aferrados a un mundo que desaparece, quienes buscan un refugio a su soledad, mientras persisten en ir en pos de la derrota, acordes con el mundo de Faulkner, en que uno de sus estudiosos (Royce) llegó a describir que muchos de los personajes de Faulkner eran “leales a una causa perdida más que a una victoriosa”. Algo que en gran medida nos aclara Douglas Sirk en el libro entrevista que hizo con Jon Halliday “Sirk on Sirk”, al referirse al sino del personaje de Robert Stack: “Aquello de los vuelos no era bueno. Simplemente iban tirando; de hecho estaban perdidos. Y luego por fin, Stack encuentra una causa: sacrificarse a sí mismo. Esto es lo que Royce quiere decir: hay más gente entregada a causas perdidas, a menudo apasionadamente entregada a ellas, de lo que generalmente se admite”.
La cita inicial sobre la mirada del niño es en relación al personaje Jack Schumann (Christopher Olsen), el hijo de Robert Stack y Dorothy Malone, con quién se abre el inicio del film y se concluye con él, en forma circular como el testigo de un mundo que se desmorona ante sus ojos, sin tener plena conciencia de ello, pero si para sufrirlo. Film amargo y en cierto sentido concebido como una tragedia, en tanto que ninguno de los personajes, puede evitar el tropezar con la misma piedra e insistir en un camino sin esperanza y futuro. Lo sombrío de su historia es quizás una de las razones para que la crítica convencional no la tenga entre los grandes melodramas del cine norteamericano, pero a nuestro gusto esta al mismo nivel que “Lo Que El Cielo Nos Da” y “Palabras al Viento”, en tanto muestras de la maestría de Douglas Sirk para el melodrama, un género tildado, por algunos, como propio para mujeres por la aparente vanalidad de sus historias o su cursilería, pero que en personas del talento de Sirk o Visconti, por mencionar sólo a ellos dos, se vuelven obras universales.
En relación al género Douglas Sirk decía: “El melodrama tiene que producir ante todo emociones, más que acciones. Sin embargo, la emoción es una suerte de acción, es una acción en el interior de una persona” y aunque sea desasosiego, la emoción que nos provoca la visión de “Los Diablos del Aire”, no podemos negar que estamos ante una gran película.
Como apéndice a este texto reproducimos, en una traducción de Jorge Ayala Blanco, parte de un ensayo que publicó el director director Rainer Werner Fassbinder en la revista “Fernshen and fil” (febrero de 1971) sobre seis películas de Douglas Sirk, limitándonos sólo a sus comentarios en relación a “Los Diablos del Aire”.
“Los Diablos del Aire” (The Tarnished angeles, 1958) es la única película de Sirk en blanco y negro que he podido ver. Es la película en que tuvo más libertad. Una película increíblemente pesimista. Se basa en una novela de Faulkner que desafortunadamente no conozco. Aparentemente Sirk la profanó, lo cual le sienta muy bien”. (La novela es “Pylon”).
“La película, como “La Strada”, muestra una profesión moribunda, sólo que no de una manera tan horriblemente pretenciosa. Robert Snack sirvió como piloto en la Primera Guerra Mundial. Nunca ha querido hacer otra cosa que volar; por eso ahora participa en un espectáculo aéreo dando vueltas entre obstáculos. Dorothy Malone es su esposa; hace pruebas de salto en paracaídas. Apenas pueden ganarse la vida. Robert es valiente, pero no sabe de máquinas; así que tiene un mecánico, Jiggs, tercero del equipo, que está enamorado de Dorothy. Robert y Dorothy tienen un Hijo. Rock Hudson lo conoce cuando lo estaban encarneciendo otros competidores: ‘¿Quién es tu papi, chico? ¿Jiggs o…?’ Rock Hudson es un periodista que quiere escribir un reportaje sensacional sobre ese grupo de gitanos del aire que, en vez de sangre, tiene gasolina en las venas. Sucede que los Schumann no tienen donde alojarse; así que Hudson los invita a su casa. En el transcurso de la noche Dorothy y Rock se llegan a conocer mutuamente. Tenemos la impresión de que los dos tiene todavía mucho que decirse. Rock pierde su empleo, uno de los competidores se estrella en la carrera aérea, se sugiere que Dorothy se ha tenido que prostituira causa de un avión que averió Robert. Resulta, además, que Rock y Dorothy no tenían tanto que decirse después de todo, que Jiggs repara un avión averiado y que Robert se eleva y se mata”.
“Solo derrotas. La película no es más que una acumulación de derrotas. Dorothy está enamorada de Robert. Robert está enamorado del vuelo, y Jiggs esta enamorado de Robert ¿o de Dorothy, o de Rock?. Rock no esta enamorado de Dorothy, ni Dorothy está enamorada de Rock. Cuando la película por un instante, hace a uno creer que están enamorados, es una gran mentira; ellos mismos sólo llegan a creerlo por un par de segundos. ¿Quizá sí…? Luego, ya al final, Robert le dice a Dorothy que después de la carrera va a dejar de volar. Por supuesto lo ha dicho cuando ya estaba a punto de matarse. Sería inconcebible que Robert pudiera estar realmente involucrado con Dorothy, en vez de estarlo con la muerte”.
“La cámara siempre está en movimiento. A semejanza de los personajes va de un lado a otro, pretendiendo que algo va a suceder realmente. Todo está de hecho tan completamente acabado que todos los elementos deberían desistir y enterrarse de una vez. Incluyendo los travellings, los movimientos de grúa y las panorámicas. Douglas Sirk mira a estos cadáveres con tal ternura y esplendor que empezamos a sospechar que alguien tiene la culpa de que estos personajes estén tan mal y pueden ser, no obstante tan agradables. La culpa la tienen el miedo y la soledad. Pocas veces he sentido tanto miedo y tanta soledad como en esta película. Los espectadores se sienten en el cine como el niño de los Schumann en el tiovivo: vemos lo que sucede, queremos avalanzarnos y ayudar, pero pensándolo bien, ¿Qué puede hacer un chavo en contra de una catástrofe aérea? Todos están allí para lamentar la muerte de Robert. A eso se debe, en última instancia, que Dorothy Malone esté tan histérica. Es que ella sabe. Y Rock Hudson, que quiere ganar la noticia. Apenas la consigue se pone a gritonearla a sus colegas. Y Jiggs, que no debería haber reparado el avión, se sienta a preguntar: ‘¿Dónde están todos?’ Está muy mal eso de que nunca se hubiera dado cuenta de que, en realidad, nunca ha habido nadie. El verdadero tema de esta película es la manera en que la gente se engaña a si misma. Y la razón de que te engañes a ti mismo. Dorothy vi por primera vez a Robert en imagen, en un poster que lo exhibía como un osado piloto; y se enamoró de él. Por supuesto, Robert nada tenía que ver con su imagen. ¿Qué te queda? Engañarte a ti mismo. No hay de otra. Nos decimos a nostros mismo, y quisiéramos podérselo decir a Dorothy, que sólo se trataba de un acto compulsivo, que su amor por Robert nunca fue verdadero. ¿De que serviría? La soledad es más fácil de soportar si guardas intactas tus ilusiones”.
“En esas estás. Pienso que la película es a demostración de que nada es como lo ves. Sirk a hecho una película en la que hay una acción continua, en la que siempre está pasando algo, y en la que la cámara está moviéndose todo el tiempo; y comprendemos que es la soledad y cómo nos obliga a mentir. Y lo equivocados que estamos al mentir, y lo tontos que somos”.










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