Con claras reminiscencias en el éxito de 1942 de Spencer Tracy y Katherine Hepburn “La Mujer del Año” (Woman of the Year), sin ser exactamente un “remake”, Gregory Peck filmó en otoño de 1956 “Designios de Mujer” (Designing Woman) bajo las órdenes de Vincente Minnelli, la cual pasara este viernes 16 a las 15.10 hrs. (tiempo de México) por el canal de TCM Classic Hollywood.
Mike Hagen (Gregory Peck) es un cronista de deportes, el cual después de asistir a un torneo de golf en Los Angeles, agarra la “jarra” en la fiesta de entrega de los premios, allí conoce a Marilla Brown (Lauren Bacall), una sofisticada neoyorquina, que lo ayuda a escribir su nota final, inician una relación que a los cinco días termina en matrimonio, empezando así las complicaciones al regresar a Nueva York e ir descubriendo sus diferentes ambientes de trabajo y amistades. Hagen es un desinhibido periodista, amante de los deportes y de denunciar las corruptelas del boxeo, mientras Marilla, es una diseñadora de modas de alta costura, acostumbrada a desenvolverse en un mundo chic y snob. Las cosas se complican entre la pareja al entrar en escena Lori Shannon (Dolores Grey) que actúa en la comedia musical, cuyo diseño de vestuario hace Marilla, quién sospecha que Lori y Mike se conocen de antes y aparecen los celos… “Designios de Mujer” es una excelente comedia muy en el estilo del buen gusto, con su apariencia frívola y superficial que caracteriza al cine de Minnelli, sobre todo en sus mejores trabajos, en que el tiempo pareciera no afectarles, resultando siempre disfrutable su visión. Como atractivo extra de “Designios de Mujer” esta, para las damas, el desfile de vestidos, a la última moda de la época a cargo de Lauren Bacall y Dolores Grey a lo largo de toda la película, ya que en rigor no repiten una sola prenda cuando se cambia de escena o secuencia.
Enrique Alberich en su ensayo “El Compromiso del Artista: Vincente Minnelli” publicado en los números 139 y 140 de la revista española Dirigido afirma: “A mi manera de ver, supone no sólo la mejor comedia no musical de su autor sino también una de sus mejores películas tout court: “Mi Desconfiada Esposa” (ese fue el título con que pasó en España “Designios de Mujer”). La relación entre Mike Hagen (Gregory Peck), un conocido cronista deportivo, y Marilla Hagen (Lauren Bacall), su esposa dedicada al diseño de modas, le sirve a Minnelli para efectuar una personalísima revisión en clave de comedia de sus temas fundamentales que acaba conformándose, de hecho, como una auténtica declaración de principios. Mike y Marilla componen un matrimonio un tanto sorpresivo que representa la convivencia siempre difícil y quebradiza –no se
olvide que ambos permanecerán separados durante buena parte del metraje por culpa de un divertido equívoco acerca de las relaciones entre Mike y Lori Shannon (Dolores Gray)-, no ya de dos vocaciones y profesiones opuestas, sino de dos concepciones vitales que el realizador entiende y presenta como totalmente enfrentadas. Si para Minnelli el personaje de Mike encarna la brutalidad de la afición hacia el deporte de masas y de cierta vulgaridad inherente en él (‘manchado’, como está, por sus relaciones con el mundo boxístico), Marilla es el personaje que encarna la estética, el buen gusto, la belleza civilizada. Como tantas veces en Minnelli, los personajes vienen claramente definidos por el decorado, y si a la figura del personaje masculino se asocian los ambientes pugilísticos y periodísticos, Marilla moldea el apartamento de ambos a base de lujo y sofisticación, bajo unos criterios estéticos que su marido dista mucho de entender y aceptar de buen grado. La antológica escena en que ella ofrece un party a su círculo de amistades mientras en una habitación contigua del mismo apartamento Mike juega a las cartas con sus amigos adquiere, así las cosas, unos tintes simbólicos absolutamente diáfanos, reforzados por las actitudes –contenidas, pero no por ello menos expresivas- de los distintos personajes sobre la convivencia de lo disímil. Bien ilustrativo de ello es la secuencia final, resuelta coreográficamente y en la que el bailarín que durante todo el film había sido el blanco de las ironías de Mike y sus compinches logra, gracias a su proverbial habilidad danzante y física, acabar con una pandilla de gangsters. Minnelli reivindica de este modo la figura del bailarín y la capacidad del arte como fuerza más convincente, rindiendo de paso un sincero homenaje a ese género musical al que tanto tiempo dedicó. No está de más recalcar que, con todo, y en una última paradoja, el improvisado ballet de golpes que ejecuta el bailarín tiene a su vez algo de ‘deportivo’… Quede claro, sin embargo, que si “Mi Desconfiada Esposa” me parece una obra maestra, ello no se debe a la circunstancia en sí de que se trate de una cristalina reafirmación autoral –ya hemos comprobado que son bastantes las oportunidades en que esto ocurre en su filmografía, pero no siempre con el mismo acierto ni la misma intensidad-, sino por la brillantez de su eficaz puesta en imágenes, lo preciso de su construcción y, claro está, por lo hilarante de sus gags y situaciones, prueba de fuego de toda comedia que se precie. Mención especial, en este aspecto, merece Mickey Shaughnessy, el actor que incorpora al inolvidable Maxie Stultz, el boxeador que duerme con los ojos abiertos y que es sin duda merecedor a un lugar destacado en la imaginaria galería de honor de personajes secundarios que la comedia norteamericana nos ha deparado en cualquier época”.
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