Lo que el Viento se Llevó
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 12 de Marzo de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Epico, Melodrama, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 20m 4s | Leido 1420 veces.“El público generalmente no recuerda lo que ve en la pantalla sino lo que desea recordar, y esto, a su vez, determina lo que quiere ver. De ahí surgen las imágenes y se forman las leyendas”.
Alexander Walker
A pesar de que el nudo de la monumental versión cinematográfica de “Lo que el Viento se Llevó” (Gone With the Wind, 1939) esta en la narración de las vicisitudes del personaje de Scarlet O’Hara, actuado magistralmente por Vivien Leigh, en cuanto a sus interpretes ha quedado, en el imaginario colectivo de los espectadores, como la película non de Clark Gable en el rol de Rhett Butler, al grado que la trascendencia de ese papel determino, como lo señala Cecilia García: “su carrera posterior y su dimensión en la actualidad. Se acopló al personaje (o tal vez fue Rhett Butler quién se adecuó a él) como un guante. Se movió ante la cámara con autoridad y poderío, disfrutando en cada escena, vacilando y sacando de sus casillas a Scarlett O’Hara, irónico y exhibiendo el orgullo de la virilidad, para optar por un cambio de registro al final del metraje, encajando dignamente el desprecio de su amada y la tragedia”.
Esto lo podrán apreciar este lunes 12 cuando en el canal de TCM Classic Hollywood se pueda disfrutar de la cinta a partir de las 20.35 horas, aunque les recomendamos que si no quieren sufrir con el molesto doblaje consigan una copia en DVD de la misma. Tal y como nos lo señala Edgar Soberón Torcha en su libro “Un Siglo de Cine”: “Lo que el Viento se llevó consolida todos los mitos y sintetiza felizmente el modelo del producto hollywoodense –superespectacular e inspirado en la literatura popular- de esta primera etapa sonora”, vamos a ampliar el acercamiento a esta cinta, cuyo estreno de gala o Premiere Mundial se dio la noche del 15 de diciembre de 1939 en la ciudad de Atlanta, capital del estado de Georgia, en los Estados Unidos. Fue, durante muchos años, la más taquillera de las producciones de Hollywood, antes de que Steven Spielberg la desbancara con su “Tiburón”. Aunque muchos, haciendo análisis comparativos del valor del dólar en 1940 y en 1977, terminaban por concluir que la cinta de la MGM, salía vencedora. O sea que el “león de la Metro” se engullía al “escualo” de la Universal, según los expertos del “Box office”. En lo que no hay discusión es en que ha sido la que más público ha visto..
Margaret Mitchell tardó diez años en escribir su larga novela, sobre la saga de la Guerra Civil Norteamericana desde el punto de vista de los Confederados y sus secuelas en la sociedad del estado de Georgia, en que se ubica la acción de la historia, así como la lucha por sobrevivir, a pesar y en contra de todo, de su personaje principal: la indomable y ambiciosa “Scarlett O’Hara”, en la cual se centra la versión fílmica, ya que un primer borrador de guión en que se usaban casi todas las anécdotas de la novela daba para una película de más de 14 horas y en un momento se pensó que se podían hacer dos películas, con una duración de tres horas y media cada una de ellas para aprovechar lo más ampliamente el material de la novela.
El libro sigue conservando su gran vitalidad, en cuanto a la descripción de ambientes y una época bastante conocida por la autora, quién naciera en 1901, descendiente de una familia georgina que había sufrido en carne propia la guerra civil y que nos es narrada en forma tan vivida, que se antoja real o por lo menos cercana . Al tiempo que siguen estando muchos de los tipos y aspectos convencionales, que han permitido considerarla un folletón, a lo cual ha ayudado su extensión de más de 1,200 cuartillas. “. (Según unos analistas de la obra, nos señalan que la madre del Presidente Teddy Roosvelt fue la figura modélica que le sirvió de inspiración a la escritora para concebir a la protagonista, al igual que el personaje de Ashley Wilkins (Leslie Howard) tomo muchos rasgos de un primo suyo que combatió en la Guerra de Secesión).
La obra apareció en los estantes de las librerías, en la primavera de 1936 y en su primer mes ya se habían vendido 176,000 ejemplares, que la convirtieron de inmediato en el “Best Seller” del año. En 1937 se le dio el Premio Pulitzer y para 1949, cuando murió la autora, la suma de ejemplares vendidos, solamente en los Estados Unidos, llegaba a 15 millones y había sido traducida a una veintena de idiomas y sigue estando en la actualidad en los catálogos de editoriales especializadas en “Clubs de lectores” o “Best Selleres de todos los tiempos”, etc.
.Los Grandes Estudios de Hollywood de inmediato mostraron su interés por adquirir los derechos para llevarla a la pantalla. Sin embargo la autora, con la misma rapidez que los Estudios hicieron ofertas, fijó el precio de 65,000 dólares por la cesión de los derechos, cuando por aquellos años ya era un “despilfarro” pagar más de 25,000 por los derechos de un libro. La Fox fue, de los Grandes, el que
más dinero ofreció: 35,000 dólares. Sin embargo fueron vendidos al independiente David O. Selznick en 50,000 dólares, marcándose con ello, el primero de muchos “records”, que iba a imponer en la industria cinematográfica ese film monumental, el cual entró en etapa de preparación en cuanto se compraron los derechos en ese año de 1936, ya que Selznick puso a trabajar a su amigo George Cukor en el análisis del libro para que lo dirigiera y a varios guionistas en la elaboración del libreto. Firmó a Walter Plunkett para que hiciera el diseño del vestuario por un máximo de 15 semanas, las cuales, finalmente, cuando se concluyó la filmación ya había sumado 162 semanas trabajadas en el filme.
También contrató a William Cameron Menzies para el diseño de los decorados. William Cameron Menzies, realizador de la interesante y barroca obra de ciencia ficción “Lo que Vendrá” (Thing to Come, 1935), la cual, junto con otras cintas suyas, le dieron merecida fama de hombre de gran talento, para visualizar y concebir, con gran sentido cinematográfico, decorados de un exquisito barroquismo. Menzies aparece con crédito de “Director de Producción”, que resulta muy limitado, dado que se sabe hizo labores de supervisión de decorados, maquetas y “sets”, al igual de ser el encargado del rodaje de secuencias, tan memorables como son aquellas en donde vemos a la heroína, en un movimiento gigantesco de grúa, irse desplazando por entre los cuerpos de miles de heridos. Al igual que el incendio y abandono de Atlanta, entre otras escenas de conjunto que dirigió. Todo el año de 1937 fueron de negociaciones y el rodaje formal inició a fines del otoño de 1938 concluyendo en la primavera de 1939.
David O. Selznick recién acababa de fundar, en los inicios de 1936, su pequeña compañía productora de películas, por lo que Henry Grinsberg, el vicepresidente y encargado de las finanzas de “Selznick Studios”, se fue, literalmente, de espaldas al leer la obra, dándose cuenta que nunca podrían filmarla ellos solos, así que de inmediato se puso en contacto con todos los Grandes Estudios, para ver quién se asociaba con ellos. El primero con que se habló fue con la M.G.M., sin llegar a interesarlos demasiado en un principio, pues todavía imperaba allí el criterio del “niño prodigio” de la producción: Irving Thalberg, quien consideraba el tema de la guerra civil como “veneno” para la taquilla.
.La Warner aceptaba financiar el proyecto, con la condición de que Bette Davis fuera “Scarlett O’Hara” y Errol Flynn: “Rhett Butler”. Sin embargo la propia Davis se encargó de boicotear a Errol Flynn, al considerarlo en ese 1937, apenas una “estrella” promisoria y no quería saber nada de él, punto en el que coincidía con Selznick, en cuanto al hecho de utilizar a Errol Flynn, rechanzando dicha oferta.
Se llegó a considerar a Gary Cooper en el rol de “Rhett Butler” , como aportación de la Paramount, al igual que a Ronald Colman, cuando se negociaba con la Fox. Sin embargo, para no hacer el cuento largo, una vez que la M.G.M., ya muerto Irving Thalberg se decidió a participar en el proyecto, Selznick retomó su idea original de ofrecerle a Gable el rol de “Rhett”, a quién hubo que convencer con un dinero extra, dado que no le gustaba ese personaje. Sin embargo, como andaba urgido de efectivo para divorciarse de su esposa Rhea Langham y poderse casar con Carole Lombard, terminó por persuadirse de las posibilidades histriónicas de “Rhett Butler”.
Alexander Walker en un ensayo sobre Gable nos hace la siguiente reflexión. “Resulta irónico retrospectivamente que Gable se resistiese al principio a interpretar el papel de Rhett Butler. El papel iba a ser la culminación de su carrera, pero en aquel momento le colocaba en una curiosa crisis. Porque algunas estrellas descubren repentinamente que la popularidad de un recién llegado, o incluso su apariencia, es tan parecida a la suya que perjudica su singularidad y puede eclipsar su popularidad. La publicación del libro Gone With the Wind planteó a Gable un tipo de problema semejante. A pesar de que Margaret Mitchell negaba que hubiera basado en él su personaje de Rhett Butler, la gente identificaba tan estrechamente el personaje de la ficción con Gable que llegó a ser algo así como una cuestión de importancia nacional que Gable interpretara a Rhett Butler en la película. Gable experimentó entonces la incómoda sensación de que su imagen de la pantalla se había separado de él en la forma de protagonista de una obra de ficción. Tendría que entrar virtualmente en competencia consigo mismo”.
.“David Selznick, el productor de la película, tuvo que insistir mucho antes de que Gable exclamara mientras aceptaba: No me he podido escapar de él (Rhett Butler). Cuando se vio la película, por supuesto, esta disociación de identidad resultó ser un temor infundado. Gable y Rhett se ajustan tan maravillosamente porque las características cinematográficas del primero, que el último había confiscado en la mente del público, le llegaban ahora devueltas como una
corriente de alta tensión, con toda la fuerza acumulada por la amplificación en la ficción. La impresión de acabado que ello añade a la extraordinaria interpretación de Gable, hace que contemplara sea una permanente satisfacción”.
Con todo y lo que se ha mitificado, en torno a la búsqueda de la actriz, para encarnar a “Scarlett O’Hara”, no resulta exagerado señalar que se llegaron a considerar en forma seria, a más de 100 candidatas y se realizaron pruebas a más de una veintena de actrices, como: Joan Fontaine, Norma Shearer, Loretta Young, Miriam Hopkins, Paulette Goddard, Susan Hayward, Katherine Hepburn, Lana Turner y Joan Bennett, entre otras. Finalmente la escogida fue Vivien Leigh, quien fue presentada a Selznick el 10 de diciembre de 1938, cuando ya la “segunda unidad” filmaba escenas de conjuntos y ambientación. La actriz llegó cuando William Cameron Menzies rodaba la célebre secuencia del incendio de Atlanta.
La leyenda nos dice que David O. Selznick quedó de inmediato “flechado” por la inglesa y en ese mismo instante la contrató para la película. En rigor las cosas fueron más prosaicas. La bella Vivien había llegado a Hollywood, como “compañera” de Laurence Olivier, contratado por Samuel Goldwyn para la realización de “Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights, 1939). El productor Goldwyn y Myron Selznick, quien, aparte de ser hermano de David, era el representante de Olivier, buscaron conseguirle “chamba” a Vivien, con el objeto de justificar su presencia en Hollywood, para de esa manera, la esposa legítima del actor inglés, no cumpliera sus amenazas de hacerle un escándalo en Inglaterra, acusándolo de adulterio, por haberse ido tan bien acompañado a los Estados Unidos. Y con lo cual quedaría inhabilitado, según las leyes inglesas, para poderse casar con la Leigh, si se le comprobaba el ilícito. Otro motivo es que el presupuesto de “Lo que el Viento se Llevó”, ya se había disparado tanto, que el ahorro que implicaba contratar a una desconocida, fue ampliamente justificado por Selznick y su asociado Goldwyn. Inclusive esto le permitió a Selznick convencer a Oliver se quedara más tiempo y participara en su cinta “Rebeca”, que estaba preparando Alfred Hitchcock y cuya realización se iniciaría a finales de 1939. Sin embargo hay que admitir que la presencia de Vivien Leigh es otro de los grandes aciertos de la película.
El primer director al cual llamó David O. Selznick, como ya señalamos antes, fue a George Cukor, quien ya había hechos varios trabajos
para el productor. Por su parte George Cukor, durante sus diez y nueve días de rodaje efectivo, dejó la celebrada secuencia del baile de caridad, en Atlanta. Al igual que la escena de la discusión sobre el corsé, entre “Scarlett” y “Mammy”. Junto con la otra en que “Rhett” le regala el sombrero verde, a la compungida viuda “Scarlett”. En rigor, en pantalla, no pasa de ser el 5% del total de la duración de la película, lo filmado por Cukor, pero sin embargo toda su influencia previa para estructurar el guión en torno a las figuras femeninas, quedó inmerso en el resultado final de “Lo que el Viento Se Llevó”. Y fue precisamente la importancia a los personajes femeninos lo que impulsó a Clark Gable exigir el cambio de Cukor, por uno de sus directores favoritos que resultó ser Víctor Fleming.
Abundando en el despido de George Cukor nos encontramos la siguiente versión, sobre el sonado conflicto entre el director de mujeres y Gable, en la biografía de Patrick McGilligan “George Cukor”: “Gable se sentía totalmente a sus anchas con Fleming y manifiestamente incómodo con Cukor. No sólo era Fleming el más íntimo amigo de Gable entre los directores, sino que además compartían muchas aficiones como la caza y el motociclismo, ello sin mencionar las mismas creencias y los mismos prejuicios,
‘Él y Victor Fleming eran muy machotes y tenían grandes intolerancias –explica Marcella Rabwin-. Una de las intolerancias era la de los gays y otra la de los judíos. Hablaban del señor Selznick y del señor Cukor en términos muy malsonantes. Siempre se referían a David Selznick como “ese chico judío que hay ahí” y Cukor era “aquel marica”.’
“Ésta es una parte de la saga que nunca ha sido explicada. Ni Cukor habló nunca, abiertamente sobre este aspecto de las diferencias entre él y Gable”.
.“A finales de enero comenzó oficialmente el rodaje. Cukor empezó algunas escenas interpretadas exclusivamente por mujeres, pacotilla para Gable, que se quejó de que Cukor estaba poniendo la película en manos de ellas. La atención de Cukor en lo referente a vestidos y peinados, le preocupaba. La intensa vigilancia del director, detrás de la cámara, al rodarse las escenas, también le preocupaba. Y su hábito inveterado de llamar ‘cariño’ a sus actores y actrices preocupaban más a Gable”.
“Hubo conferencias con Selznick y llamadas telefónicas de Gable a su agente y Louis B. Mayer, pero nada se resolvió. Selznick parecía ambivalente, como si estuviera esperando que Gable hiciera el movimiento decisivo”.
“Hubo un factor adicional del que nunca se ha hablado. Gable había sido uno de los ‘ligues’ de Bill Haines una noche, muchos años antes, remontándose su encuentro a las fechas en que Gable era uno más de un filme mudo de Haines en los años veinte. Entre los veteranos circulan versiones de esta historia, pero sólo Gable y Haines conocían las circunstancias exactas. No obstante, amigos de Cukor decían que Gable no era ‘comerciable’ y que todo fue un momento de embriaguez. Entre Haines y él hubo sexo una sola y única vez”. ( Según el New Dictionary of American Slang, ‘trade’ o ‘comerciable’ tiene varias connotaciones sexuales, incluida la de ‘una persona considerada meramente como pareja sexual’, y entre homosexuales varones específicamente, ‘un hombre, usualmente heterosexual, que obtiene gratificación de homosexuales sin reciprocidad, identificación, etcétera, un hombre de constitución masculina atractivo para los homosexuales’…”).
“En privado, Cukor juraba la veracidad de esta historia de su amigo Haines perteneciente a su círculo de íntimos, y quienes conocían a Haines sabían que este tampoco mentiría respecto a una cosa como ésta”.
.“En cualquier caso, dicha historia era como un evangelio entre los pocos privilegiados que la conocían en el círculo de Cukor, y formaba parte de la misma el hecho de que una noche Anderson Lawler observara en voz alta, en una fiesta bien concurrida: ‘¡Vaya, George está dirigiendo a uno de los antiguos planes de Billy!’. Este comentario circuló por Hollywood en un instante y enfureció a Gable, el cual fue en busca de Bill Haines y le dijo que si volvía a oír aquello otra vez le pegaría una paliza que le dejaría medio muerto”.
“Y entonces ocurrió una cosa de lo más lamentable. Poco más tarde, el director se encontraba en el plató preparando unas tomas, después de una serie de momentos de tensión con Gable. También estaba presente Selznick, como siempre. De pronto, Gable murmuró audiblemente:”
“-No puedo hacerlo…No puedo rodar esta escena…”
“Todos se sintieron confundidos, porque aparte de lo que pudiera ser en otros aspectos, Gable era un absoluto profesional.
Alguien le preguntó:”
“-¿Qué te ocurre hoy?”
“Y de repente Gable explotó:”
“-¡No puedo continuar con esta película! ¡A mi no me dirige un marica! ¡Yo tengo que trabajar con un hombre de verdad!”
“La atmósfera se hizo más densa que el silencio. Se oyeron ecos de pisadas en el estudio. Cukor se alejaba. Estaba vencido. Ésta era una historia que Cukor narraba en raras ocasiones, a puerta cerrada y contra su voluntad”.
“El día siguiente, Gable no se presentó a trabajar. Ni siquiera se dejó ver”.
.Tal parece que otro motivo de distanciamiento entre el actor y el director era que en una ocasión Cukor corrió de su casa a Carole Lombard, la cual en completo estado de ebriedad estaba siendo impertinente con sus invitados, a pesar de que a dicha fiesta había sido llevada por Anderson Lawler y Tom Douglas, dos de los amigos “gay’s” del círculo exclusivo de Cukor. A partir de ese incidente, ambos destilaban veneno, uno del otro, en los cotilleos de Hollywood. Carole no cuidaba las formas en ninguna reunión, en esa época, para ponderar las virtudes de director de Fleming, sobre la supuesta incompetencia de Cukor, manifestada en la lentitud con que preparaba las escenas a rodar. Poco importaba que tanto de cierto fuera lo anterior, lo que importaba era cobrarle la afrenta a Cukor..
Por su parte el crítico cinematográfico y escritor de origen cubano Guillermo Cabrera Infante, en su libro “Cine o Sardina”, en el capítulo dedicado a George Cukor una vez que da una versión similar del despido agrega: “Por cierto persiste el rumor de que Cukor no conoció a Gable en la Metro sino en una casa non sancta sólo para varones en los L.A. a principios de los treinta”. El director nunca perdonó a su amigo David Selznick que enviara a su empleado Henry Ginsberg a negociar su “salida” de la película, ya que era más fácil encontrar otro director que una estrella que sustituyera a Gable. A partir de entonces, prácticamente, nunca volvió a dirigirle la palabra al controvertido productor.
Victor Fleming, el gran amigo de borracheras y cacerías de Gable que lo había dirigido en “Tierra de Pasión” a la postre también fue sustituido por el artesano y poco inspirado Sam Wood. Este sujeto es mas bien recordado en las historias del cine americano por su rabioso anticomunismo, que lo llevó, durante la triste y negra etapa del “Macartismo”, a denunciar, en forma vil y cobarde, a varios de sus compañeros. Algo que pinta de cuerpo entero su enajenada tontería, es su actitud en el lecho de muerte, cuando hizo su testamento dejándole a su hija la mayor parte de su finca…, siempre y cuando no resultara ser comunista.
Igualmente Selznick y otros directores que sería largo enumerar también empuñaron el megáfono, en la llamada “segunda unidad” encargada de filmar las escenas de conjunto. La edición final de los 225,000 pies de película “impresa”, estuvo a cargo de Hal Kern y de David O. Selznick, quien no dejaba que sus directores intervinieran en esta parte del proceso. La duración final de 3 horas con 50 minutos equivale a 20,300 pies de película.
Por todo esto, a la luz de la teoría del “Cine de Autor”, resulta, prácticamente imposible atribuirle la autoría de “Lo que el Viento se Llevó” a uno de sus múltiples directores, aunque Roland Flamini, en su documentado libro: “Scarlett, Rhett, and a Cast of Thousands”, da elementos suficientes para inclinarse más, en este sentido, a favor de George Cukor, William Cameron Menzies y David O. Selznick. Lo cierto es que la mayoría de los críticos han terminado por considerarla una película de Productor antes que de Director.
También tuvo sus problemas de censura, con los timoratos de la época. Para la censura era una aberración y un gran crimen a las buenas costumbres, la última línea de “Rhett”: “Frankly, my dear, I don’t give a damn”. La palabra “damn” esta considerada en los Estados Unidos por los Puritanos y los miembros de otras sectas como una blasfemia. La frase aquí se tradujo en los subtítulos como: “Me importa un bledo, lo que hagas querida”, pero tratando de respetar la fuerza y el contexto en que se pronuncia debió quedar, más o menos así: “Francamente querida, me importa madre lo que hagas”. Selznick dio una tremenda batalla para demostrar que “damn” no era una blasfemia y quitarla de la cinta sería restarle fuerza dramática a su final. A cambio de conservarla aceptó eliminar diálogos, en los cuales se usaba la palabra pecaminosa de adulterio y quedara solamente insinuada, en un plano aparentemente platónico, la relación de Ashley (Leslie Howard) y Scarlett, aunque en el libro se narra explícitamente la infidelidad. A la luz de los diálogos que se escuchan hoy en las películas y la televisión, todo esto resulta ridículo, no así “Lo que el Viento se Llevó” la cual a pesar de los sesenta y tantos años transcurridos de su estreno, se mantiene vigente y bastante entretenida su visión, ya sea en cine o en videocassette.
Hay dos créditos que siempre han sido cuestionados, en esta película: uno de ellos es el del guión para Sidney Howard, pues se sabe que más de una docena de escritores, trabajaron y revisaron el guión infinidad de veces, así como el hecho de que el rodaje se iniciara usando directamente como guía, el propio texto de la novela, sin trabajo previo de adaptación. Esto explica en parte la fidelidad a la trama de la obra de Margaret Mitchell, al igual que ciertos baches en la fluidez de la narración y el uso de varias citas textuales, en algunos pasajes de la película, para explicarnos el paso del tiempo en la acción. Todo esto, sin embargo no impidió a Sidney Howard recoger, orgullosamente, su “Oscar” de Mejor Adaptación Cinematográfica, en la entrega de 1940, ya que oficialmente el Sindicato de Guionistas aceptó que el crédito era suyo por haber sido quién mayor número de cuartillas del guión (no más de un 15%) escribió.
El crédito y el “Oscar” de mejor director, por “Lo que el Viento se Llevó” fueron otorgados, en forma exclusiva, a Víctor Fleming, el cual, más allá de un cierto estilo academicista en la composición de sus escenas, resulta harto difícil encontrar, entre las películas que firmó, otro tipo de impronta, que nos haga hablar de un “autor cinematográfico”, según el leal saber y entender de los críticos del “Cahiers du Cinema”. Algunas de sus películas son: “Tierra de Pasión”; “La Hermana Blanca”; “Polvorilla”; “Capitanes Intrépidos” (recordable por la actuación de Spencer Tracy); “El Mago de Oz”; “El Hombre y la Bestia” y “Juana de Arco”.










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