Con cierta frecuencia han estado exhibiendo en Cinecanal Classics la entrañable comedia romántica “La Princesa que Quería Vivir” (Roman Holiday, 1953), aunque en ese canal la anuncian con su título con que se estrenó en España de “Vacaciones en Roma” y su próxima proyección será este sábado 10 a las 21.10 hrs. (tiempo de México). Aunque si a usted no le gusta estar sujeto a los caprichosos horarios de la televisión, le comentamos que circula en el mercado en DVD.
La historia moderna de La Cenicienta que logra vivir dos inolvidables días de fuga en Roma, paseando con un periodista (Gregory Peck), que le ha ocultado su identidad a la princesa Ana (Audrey Hepburn), la cual está ansiosa de saber lo que es la vida sencilla, alejada de sus compromisos de representante de un pequeño reino, enclavado en algún lugar de Europa central y la cual se encuentra cansada y fastidiada de una tediosa gira de buena voluntad, por diferentes países, que la lleva, precisamente a “mandar al diablo” sus obligaciones fue sumamente popular en los años cincuenta, siendo, por lo regular, dos veces al año programada como la principal en los Jueves Sociales del Cine Encanto, en que la audiencia prácticamente se dividía en dos: por un lado las mujeres quedaban arrobadas con la galanura y caballerosidad de Gregory Peck, galán de moda de la época, mientras los varones éramos conquistados por la frescura y donaire juvenil de Audrey Hepburn, en un papel que originalmente estaba comprometido para Jean Simmons.
“La Princesa que Quería Vivir” le significó a Audrey Hepburn ganar el Oscar de Mejor Actriz en 1953, en su primera aparición estelar en el cine, ya que antes había hecho algunos insignificantes papeles en que había pasado desapercibida para el público, lo cual permitió a la Paramount hacer una campaña publicitaria, basada en que se trataba de su debut cinematográfico, quedando así en el imaginario de los aficionados y amantes de la trivia que esa era su primera película. Gregory Peck siempre tuvo un gran aprecio por Audrey Hepburn, invitándola a trabajar con su grupo de teatro de La Jolla, en donde le presento a su amigo y colaborador Mel Ferrer quién sería el primer esposo de la Hepburn.
En la noche de la entrega de los Oscar correspondientes a 1953 nadie subió al estrado a recoger el otorgado a Ian McLellan Hunter por Mejor Guión Original, ya que se trataba del seudónimo del guionista Dalton Trumbo, uno de los célebres miembros de los 10 de Hollywood, que fueron enviados a prisión por cometer desacato ante la Comisión de Actividades Antinorteamericanas, presidida por el inefable Joe Mccarthy. Y si bien Dalton Trumbo estaba en la “Lista Negra” de los que no podían trabajar en Hollywood, como los estudios no podían prescindir del talento de muchos de los allí incluidos, sobre todo los guionistas, entraban por la puerta trasera de los seudónimos, para seguir haciendo lo que sabían realizar bastante bien.
Obviamente como los actores tenían que dar la cara en su trabajo, fueron los más perjudicados en ese sentido, al no poderse ocultar su participación. En el DVD de “La Princesa que Quería Vivir” que esta disponibles en los sitios de renta, ya está incluido el crédito de Dalton Trumbo dentro de la película y en el apartado de material adicional viene un buen documental al respecto de estos malabarismos hipócritas de Hollywood, para burlar su Lista Negra, razón para rentarlo o comprarlo, al igual que poder disfrutar de esta comedia a la que el paso del tiempo no le ha quitado un ápice de su frescura, gracias a Audrey que con sus ojos enormes, sus largas piernas y su esbeltez aportaban un toque de elegancia y de fresca belleza a sus interpretaciones, aunado a ello una apariencia de jovialidad que la hacia encantadora, por lo que no es de extrañar que se convirtiera, gracias a “La Princesa que Quería Vivir” en un icono de glamour sutil. .
El escritor mexicano Carlos Fuentes en su texto “Retratos en el tiempo”, publicado en el diario La Jornada del 21 de abril de 1996 hace esta referencia sobre la actriz: “Cuando a los veinte años la vi en Roman Holiday, decidí allí mismo que aunque ella jamás se enterara, Audrey Hepbrun iba a ser siempre mi novia ideal. Cuarenta años más tarde, mi hijo, sin reconocer mi secreta pasión, decidió lo mismo: Audrey Hepburn sería la imagen misma de la novia eterna.
Hemos cotejado, mi hijo y yo, notas sobre actrices que nos gustan, por sensuales, por inteligentes, por graciosas, porque son o parecen de otra época, o la resumen; porque su belleza es fatal, icónica, irrepetible, distante, o porque es cercana, íntima, vivible todos los días. Pero sólo Audrey Hepburn permanece siempre en el plano ideal, enamorada sin tiempo, perfección encarnada, deseo inalcanzable y puro”.
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Tengo entendido que el personaje de Audrey fue inspirado en la princesa Margarita de Inglaterra, que posteriormente se casó con un fotógrafo. En aquellos tiempos, según me comentaron personas mayores, hasta se pidió que se suprimieran escenas donde el parecido de Audrey con Margarita era realmente notorio.
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