Soñadoras y El Ultimo Rey de Escocia: Los negros del cine (¿o cine de negros?).
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 8 de Marzo de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Estrenos, Musical | Tiempo de Lectura: 6m 33s | Leido 400 veces.
La tentación de volver al tema del “cine negro” parece encaminada a escribir sobre una de las mejores películas de Martin Scorsese: Infiltrados; pero no es así, la única concesión al respecto es para deplorar el empleo de la oscuridad en una película tediosa coproducida por España y México: Kilómetro 31, una de las peores lecciones de cómo emplear los descubrimientos del expresionismo alemán respecto del empleo artificial de la luz, al realizare una obra oscura hasta la negritud y echar a perder un excelente libreto de misterio y terror.
Nuestro tema es Soñadoras y El último rey de escocia, representantes de la cultura de los negros actuales en su mayor expresión. Con Soñadoras Hill Condon recupera las crisis de la única cultura estadounidense original: la de los negros; en cambio Kevin McDonald atestigua el fenómeno del odio en los pueblos del África negra que les va orillando a la extinción con la amigable ayuda de los viejos colonialistas blancos.
Con la aparición del rock and roll en los cincuenta la cultura del mundo fue invadida por el beat y la polirritmia de la cultura neo africana, es un fenómeno que el cine ha seguido muy de cerca, especialmente desde la perspectiva de los blancos, desde las películas de Elvis Presley y de Bill Haley y sus cometas se establecería el esquema de lucha individualista hacia el triunfo de un progreso que se presumía cultural asumiendo un concepto de popular bastante discutible.
Solamente el cine documental llegó a darle importancia al sustrato cultural verdadero de esa música y del rock en tanto parte del desarrollo en el gran mundo del jazz, incluso la formación forzada de una “cultura popular” a partir de la compra de los medios de comunicación, especialmente el radio y la TV.
Clint Eastwood con su fantástica Bird nos adentró en la victimización del jazz en los años cincuenta para enriquecer el espectáculo a la manera de los blancos, es la escena cumbre en que Parker-Whitaker roba el saxofón para saber si está descompuesto en vista de que ni siquiera sacaban de él las notas sencillas de un rhythm and blues al interpretar un rock para adolescentes blancos. Quizá la continuidad de esta comprensión de la cultura negra se encuentra en la película Ray, donde Ray Charles-Jamie Foxx accede al estilo de los blancos y su música “country” para llegar a crear los mejores ejemplos de cultura “popular” en la música de rhythm and blues.
En Soñadoras el centro es el nacimiento y consagración de la música Soul, del sonido Detroit y, sobre todo, el desarrollo de Las Supremas y Diane Ross, pero no es un pretexto para la nostalgia, no se nos receta un manojo de aquella música inolvidable, sino que Condon tuvo a bien contratar a Henry Krieger y Tom Eyen para recrear con nuevas canciones y piezas que reflejan el espíritu de la época, pero también que sirven de medio para una reinvención del melodrama y la opereta.
La película es un análisis detrás de bambalinas en una lucha contra la desaparición de la identidad negro-americana por una sociedad convulsa en la crisis de valores. No se pierde en la denuncia realista sino se adentra en el espectáculo tomándolo a la vez como lenguaje de análisis, pero es el análisis de una corrupción soterrada e involuntaria, la de los negros que para establecerse dentro del “sueño americano” dejan atrás sus tradiciones para conquistar el mercado, que “blanquean” su cultura adentrándose en el público estadounidense en general, que participan en la compra de medios para lograr hacer competitivo su producto: la música negra.
Idi Amín Dadá estremeció a los países colonialistas que se negaron a abandonar el África y sus riquezas, en su tiempo como gobernante de Uganda se le acusó de toda clase de excesos, desde canibalismo hasta organizar sacrificios humanos entregando a sus enemigos a las fieras, pero su crimen mayor fue crear la organización de países africanos y no reconocer el régimen racista de Sudáfrica; pero su debacle fue por apoyar a los secuestradores de aviones palestinos, lo que obligó a la intervención del Mosad. Finalmente murió exiliado en Arabia Saudita. Este personaje es representado por Forrest Whitaker.
La historia de un militar de origen humilde encumbrado al poder como marioneta británica, pero que se abre ante la conciencia del poder político y económico por lo que decide aprovecharlo con la ayuda de un joven médico escocés que desprecia a los británicos y busca aventuras de juventud ayudando al pueblo, dan la trama para una de las mejores explicaciones del populismo jamás filmadas.
Porque el tema real de El último rey de Escocia es la naturaleza del populismo y sus agentes: el dirigente inflado para su manipulación y los agentes del poderío trasnacional que una y otra vez entronizan marionetas cuya mente y ambiciones se vuelven incontrolables (desde Fidel castro y Osama Bin Laden hasta Vladimir Puttin pueden atestiguarlo) y después desatan la furia de los medios para cambiar la imagen positiva que formaron.
Una trama sentimental mantiene la línea de narración en ambas cintas, pero lo importante radica en las actuaciones, especialmente las de Jaime Foxx, Eddie Murphy y Forrest Whitaker; el primero como el ambicioso que encuentra su sitio social en el mundo del mercado aunque eso anule sus posibilidades de identidad negra y lo hunda en la angustia, en tanto Murphy encarna al cantante paradigmático del ánima afro americana y ha de ser sacrificado en aras del mercado. Pero Whitaker resulta especial.
Su Amin es la imagen del populista encumbrado, del hombre atrapado en los avatares del gobierno y en la duda absoluta de todo y de todos, humaniza al monstruo creado por los medios como un recuerdo de la verdadera amenaza que es la condición humana ante las tentaciones del poder. Su representación del negro africano es la de un ser en camino a la extinción, parte por su naturaleza primitiva y prístina que contrasta con el desenvolvimiento del mundo más allá de las selvas y desiertos del continente negro, especialmente por la contumacia de mantenerse fieles a sí, tanto como el propio Franz Fanon vaticinó, y con la misma furia destructiva y fratricida que describió alguna vez el pensador argelino.
Este cine marca una forma diferente de ver y presentar a los negros en Hollywood, no está muy separado de cintas como Malcolm X o la obra completa de Spike Lee, que revalúan la historia contemporánea en cuanto la abordan desde la perspectiva del pueblo negro, pero que también participan de la autocrítica en una perspectiva de la cultura democrática suficientemente clara.
FILMOGRAFÍA:
ÚLTIMO REY DE ESCOCIA, El. (Last king of Scotland). D. Kevin McDonald. Con: Forest Whitaker, James McAvoy, Kerry Washington, Gillian Anderson. Guión: Jeremy Block y Giles Foden, basados en la novela de éste. EUA/GB. 2006.
Soñadoras. (Dream gilrs). D. Hill Condon. Con: Jamie Foxx, Beyoncé Knowles, Eddie Murphy, Danny Glover. Guión: Tom Eyen y B. Condon, basados en el musical de Broadway. EUA. 2006.
Kilómetro 31. D. Rigoberto Castañeda. Con: Iliana Fox, Adrià Collao, Raúl Mendez, Luisa Huertas. Guión: R. Castañeda. MEX/ESPÑ. 2006.
Bird. D. Clint Esatwood. Con: Forest Whitaker, Diane Venora, Michael Zelnicker. Guión: Joel Oliansky. EUA. 1988.
Malcolm X. D. Spike Lee. Con: Denzell Washington, Angela Bassett, Albert Hall. Guión: Alex Aley, basado en el libro de Malcolm X. EUA. 1992.
Ray, D. Taylor Hackford. Con: Jaime Foxx, Kerry Washington, Regina King. Guión: T. Hackford y James L. White. EUA. 2004.
Infiltrados. (The departed). D. Martin Scorsese. Con: Leonardo Di Caprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Martin Sheen. Guión: William Monahan, Sui Fai Mak. EUA. 2006.
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