Cyd Charisse: la de las piernas más bellas del cine.
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 8 de Marzo de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano, Musical | Tiempo de Lectura: 28m 21s | Leido 3348 veces.
“Sus larguísimas piernas, su cuerpo estatuario, la elegancia sin fallos de cada uno de sus movimientos hacen de ella una especie de felino sin parangón en la historia del musical”.
César Santos Fontanela.
El musical danzado de los años cuarenta y cincuenta fue dominado, en cuanto los hombres por Fred Astaire y Gene Kelly, mientras que por el lado de las damas Vera Ellen y Ann Millar brillaron con luz propia, pero es indiscutible que la reina fue Cyd Charisse. Esa gran danzarina, poseedora de unas larguísimas y bien torneadas piernas, a las cuales tuvo a bien calificar Fred Astaire como “beautiful dynamite” (dinamita bellísima).
Cuando nació el 8 de marzo de 1921, en Amarillo, Texas, sus padres tuvieron a bien bautizarla con el nombre de Tula Elice Finklea, pero pronto adquirió el diminutivo de Sid, en virtud de que su hermano menor no podía pronunciar correctamente su horrible nombre original. Al devenir en bailarina profesional lo cambió a Cyd por que denotaba más “glamour”.
Claro que para llegar a ser una profesionista tuvo que tomar clases de ballet. Tenía diez años cuando su padre decidió mudarse a Hollywood y allí la inscribieron en la Academia de Danza de Nico Charisse. A los 13 años ya era miembro del “Ballet Russe” y durante una gira por Europa se casó en Francia, el 12 de agosto de 1939, con su maestro Nico Charisse, al cual siempre le había impresionado su cabello negro y sus estilizadas maneras para interpretar la música.
A consecuencia de la guerra europea decidieron dar por terminada la gira y regresar a los Estados Unidos. En 1942 el coreógrafo David Lichine la presentó con el actor-empresario y director de origen ruso Gregory Ratoff, quien hizo que la Warner contratara a Cyd para un pequeño papel en la cinta “Misión en Moscú” (Mission to Moscow) y en su siguiente titulada “Ni con dinero” (Something to shout abut). En ambas usó el nombre de Lily Norwood.
Ya con el gusanillo del cine y la ambición de ser estrella de musicales buscó afanosamente la contratara algún estudio, ,el cual terminó siendo la Metro Goldwyn Meyer en 1944. El coreógrafo Robert Alton se la recomendó al gran productor de musicales Arthur Freed, quien le comenzó a dar oportunidad en algunas cintas, donde realizó pequeñas partes, como fue en “Nuevas Follies de Ziegfeld” (Ziegfield follies) ; “Las Chicas de Harvey” (The Harvey girls); “Three wise fools” “Cuando pasan las nubes” (Till the coulds roll); “Fiesta Brava” (Fiesta) y “La danza inconclusa” (The Unifinshed dance).
“Las Chicas Harvey” dirigida por George Sydney es un excelente western musical y en cierta forma una respuesta de la MGM al exitoso de “Oklahoma”, que se representaba en esa época en Broadway. El film esta al servicio de Judy Garland, pero es posible ver a Cyd Charisse, como parte de las amigas de la madre de Liza Minnelli, en varios de los números de conjunto, como el siempre recordado “On the Atchison, Topeka and the Santa Fe”, al arribar, en el tren, las chicas al pueblo de Sandrock, Nuevo México, para la apertura de un nuevo café de la cadena Harvey. Al igual que cuando cantan “It’s a Great Big World”, Judy, Virginia O’Brien y Cyd, aunque esta última fue doblada por Marion Doeenges. En rigor Cyd nunca cantó en el cine, pues cuando no fue la voz de Marion, se usó la de Carole Richards, Betty Wilson o India Adams, en esos segmentos. Cyd tiene un pequeño momento en que da muestra de su talento para la danza en el número “Wait and See” acompañada por Kenny Baker. Pero quizá lo más destacable en relación a Cyd, en su participación en “Las Chicas Harvey”, es que viéndola, el mes pasado por TCM, casi al mismo tiempo que su posterior “Muñeca de Seda” (Silk Stocking, 1957) en que hay una diferencia de 11 años, entre la realización de una y otra película, es posible notar los cambios que se hizo en su rostro, principalmente en la nariz.
En cuanto a “Fiesta brava” recuerdo haberla visto hace un titipuchal de años en el cine dominical del “Colegio Margil” y que a Esther Williams, al final de la cinta, como clímax del drama, la empitonaba un toro (la otra palabra que está pensando no la uso para no ser acusado de pornógrafo y alguien me demande ¡No está el horno para bollos! En estos tiempos del yunque panista). Si se moría o no se moría la Williams, cual émula de “Juan Gallardo” en “Sangre y Arena” se ha quedado en la bruma de mi memoria.
Con relación a Cyd Charrisse y su participación en “Fiesta Brava”, el crítico Emilio García Riera en su libro “México visto por el cine extranjero” (Tomo III) consigna que ella hacia pareja con Ricardo Montalbán y ambos danzaban ‘La Bamba’ y una cosa algo andaluza ‘Fleming Flamingo’ (acompañados “por un conjunto cantante vasco. Los Bocheros), para probar una vez más la confusión hollywoodense entre lo mexicano y lo español”.
Durante el rodaje de “Las Chicas de Harvey” logró emocionar al compositor Harry Warren con su talento y éste le dijo a Arthur Fredd: “Pon mucho cuidado en esta chica”. Freed siguió el consejo y decidió darle una gran oportunidad, compartiendo créditos estelares, al lado de Fred Astaire y Judy Garland en “Intermezo Lírico” o “Desfile de Pascua” (Easter Parade, 1948), pero tuvo el infortunio de romperse una pierna al inicio del rodaje, siendo sustituida por la -también- talentosa Ann Miller.
Al reponerse de su accidente tuvo oportunidad de “cobrar venganza” de Ann Miller, al trabajar juntas en “Me besó un bandido”, en donde hay una memorable secuencia de baile: “La Danza de la Furia”, en la cual participan Ann Miller, Ricardo Montalbán y Cyd Charisse. La tal secuencia -prácticamente- se la “roba” la Charisse con su magistral forma de bailar. Por cierto que los roles
estelares de “Me besó un bandido” estuvieron a cargo de Frank Sinatra y Kathryn Grayson, pero en realidad nadie se acuerda de ellos, en virtud de que en las historias del musical lo consignado o destacado es la secuencia de “La Danza de la Furia”.
Antes de “Me besó un bandido” participa en la lacrimógena “La Danza Inconclusa” dirigida por Henry Koster constituyó todo un éxito para la adolescente Margaret O’Brien en su rol de Meg, que hace lo indecible para convertirse en una bailarina de ballet, siguiendo el ejemplo de su maestra Ariane Bouchett o sea Cyd Charisse. En la época de su estreno y durante varios años “La Danza Inconclusa” fascino a miles de niñas y adolescentes, que después de ver la cinta manifestaban su deseo de convertirse en profesionales del ballet o que por lo menos entraron a estudiarlo en alguna escuela. Lo cierto es que guardo un ligero recuerdo de este film, sobre todo que dedicado a mostrar fragmentos de ballets clásicos, me resultaba pesado, al preferir la libertad de movimiento del baile más fresco y popular que podíamos ver en los musicales de Gene Nelly, que eran un canto a la alegría de vivir, mientras que “La Danza Inconclusa” era una oda al aburrimiento o por lo menos así me lo parecía a mí en la época en que la vi, hace ya más de 45 años.
En todo caso merced a su aportación al kitsch y al camp resulta un tanto más disfrutable “En una isla contigo” (On a island with you, 1948) musical rutinario dirigido por el poco inspirado Richard Torpe, con Esther Williams como la estrella de cine Rosalynd Reynolds, que esta filmando una película en Hawai, acompañada de su coestrella y novio Ricardo Montez (Ricardo Montalbán), al tiempo que el teniente de la armada Larry (Peter Lawford) asesor militar en el film, decide confesarle su amor, desde que Rosalynd, durante la guerra le dio un beso en una de sus actuaciones para la Marina, en el Pacífico. Peter logra llevarla a esa isla y Rosalynd se termina enamorando del teniente, al tiempo que Ricardo, termina por descubrir que la otra coestrella Ivonne Torro (Cyd Charisse) de origen español, está más cerca de su idiosincrasia, asi que un “clavo saca a otro clavo” y todos contentos. Hay varios ballets acuáticos a cargo de Esther Williams, en unos acompañada por Ricardo Montalbán y en otros por Peter Lawford, pero lo que hace “camp” a “En una isla contigo” es, sobre todo, los números “The Pagan Mask” con Cyd Charisse haciendo una danza ritual de nativos, en que se mezclan atavíos de indígenas aztecas con otros de estilo polinesio, en que lo rescatable es el lucimiento del escultural cuerpo de la bailarina, mientras que el otro número es un “danza nativa”, a cargo de Ricardo Montalbán y Cyd Charisse, aunque su duración es muy breve, pues no hay que olvidar que Ricardo y Cyd, solo eran acompañantes de la estrella principal Esther Williams. También participa en el film Jimmy Durante con algunas de sus típicas interpretaciones musicales tan del gusto de los norteamericanos, pero que en rigor nunca fue un comediante popular entre nosotros.
Después de “Me besó un bandido” la MGM la quiso probar en roles dramáticos y actuó en “Mundos Opuestos” (East Side, West Side) al lado de Bárbara Stanwyck y Van Helfin, donde hacía de una fría y ambiciosa modelo bastante chic. Un crítico opinó: “Si uno no olvida que ella es actualmente una danzarina haciendo su primer rol dramático, puede afirmar que se ve adorable”.
A “Mundos Opuestos “ le siguió ser la mujer que trata de consolar a Richard Basheret , después de que este ha asesinado a su mujer Audrey Totter y cambiado de personalidad en “Tensión” (Tension, 1950), una obra menor de cine negro dirigida por John Berry.
Gene Kelly la consideró apropiada para que fuera su compañera en “Sinfonía de París” (An American in Paris) y la firmó. Pero una vez más el destino le puso un pequeño alto en su búsqueda de la fama. Resulta que Cyd se divorció en 1947 de Nico Charisse y al año siguiente, el 15 de mayo de 1948 se casó con el actor y cantante Tony Martín (ex-marido de Alice Faye) quien tuvo a bien embarazarla de su primer hijo Tony, el cual nació el 28 de agosto de 1950, en pleno rodaje de “Sinfonía de París” y por ello debutó en el cine americano la francesa Leslie Caron, convirtiéndose en estrella de la noche a la mañana.
Después de tener a su hijo participo en un peculiar western musical titulado “La Marca del Renegado” (Mark of the Renegade, 1951) dirigido por Hugo Fregonese, donde Ricardo Montalban era una especie de “El Zorro”,
en la California de principios del siglo XIX, aunque no recuerdo si usaba máscara y ella la aristócrata que se enamora. Hay una secuencia de danza, entre Cyd y Montalban considerada de las mas sensuales que interpretaron ambos, en el cine.
Cabe señalar que Cyd tuvo un segundo hijo de nombre Nicky y que permanecen aún casados ella y Tony Martin, siendo uno de los matrimonios más duraderos de parejas de “estrellas” de Hollywood. Tony acaba de cumplir 94 años, el pasado 25 de diciembre, ya que nació en 1912, en San Francisco, California, este popular cantante, que iniciará su exitosa carrera a mediados de los años treinta.
Pero Gene Kelly que la admiraba mucho, no cejó en su empeño de tenerla en una de sus películas, al grado de que le prometió que pasara lo que pasara, ella iría en su siguiente que hiciera después de “Sinfonía de París”. Y entonces Cyd Charisse pudo poner de manera firme y categórica su impronta en la historia del musical, gracias al empeño de Kelly, ya que nadie se puede olvidar de ese espléndido momento, durante la secuencia del número “Melodía de Broadway”, cuando por un instante cesa la música y Gene Kelly arrodillado, empieza a buscar su sombrerito y al levantar la vista del suelo, tanto Gene, como la cámara, descubren, admiran (el Ing. José Luis Esparza agregaría que la cámara la acaricia, la cachondea y…) y se quedan embelesados con las largas y bien extendidas piernas de Cyd Charisse. La música vuelve a oírse y entonces Cyd y Gene bailan en forma tan extraordinaria e indescriptible que se antoja, nomás de acordarnos, volver a ver “Cantando en la lluvia” (Singing in the rain)
Gene Kelly nunca escatimó sus elogios con relación a Cyd, su gran capacidad de concentración y energía, para poder guardar el mismo tono, ritmo y “tiempo”, en el momento de filmar sus escenas en forma fragmentada, que sin embargo al momento de realizar la edición o montaje de la misma, dan la apariencia de haber sido rodadas en forma continua, tal y como si el número musical se hubiera realizado de “corridito” en forma total de principio a fin y no a intervalos.
Ese mismo año de 1952 volvió a hacer el rol de mestiza, mitad india, mitad blanca, en el filme de aventuras “Locura Blanca” (The Wild North) que sucedía en la parte alta de Canadá, haciendo de pareja de Stewart Granger, el cual era perseguido por un crimen que no cometió, por un terco oficial de la Policía Montada interpretado por Wendell Corey. Este filme fue muy popular aquí en Aguascalientes, pues reiteradamente era presentando, junto con “Todos los hermanos eran valientes” en que actuaban Stewart Granger y Robert Taylor, en los añorados “Jueves sociales” del Cine Encanto. Claro que en “Locura Blanca” Cyd no bailaba, pues pertenecía a los filmes en que se buscaba que la danzarina mostrara sus dotes artísticas, en un empeño de la MGM por no encasillarla como mera “estrella de musicales”.
En cierto sentido la historia del musical se divide, en cuanto a sus intérpretes que lo dominaron, en Gene Kelly y Fred Astaire o . Fred Astaire y Gene Kelly. Para unos el mejor representante del género fue Kelly; para otros, claro está, Fred Astaire. Y según la óptica de cada crítico o historiador, las mejores películas serán las de uno u otro; sin embargo donde no hay discusión en cuanto a cual fue la mejor pareja de ambos, brillando con luz propia es Cyd Charisse.
Ya habíamos mencionado que en “Intermezo lírico” Cyd sería la tercera en discordia, luchando contra Judy Garland por las atenciones de Fred Astaire, pero un accidente le impidió terminar la cinta, así que sería hasta en ese otro gran clásico del género musical que es: “Brindis al Amor” (The Band Wagon, 1953) cuya realización corrió a cargo de Vincente Minnelli, considerado por muchos el mejor director de comedias musicales, en que se dio la primera participación de Fred Astaire y Cyd Charisse, en que bailaron juntos en una película..
Líneas arriba mencionábamos el número “Melodía de Broadway” de “Cantando en la Lluvia” y en particular la parte paródica en donde Cyd y Gene hacen un homenaje a las películas de gángsters, sobre todo a “Cara Cortada” (Scarface) de Howard Hawks, como digno de estar en una antología. Otro tanto cabe señalar del llamado “Dancing in the Dark” interpretado, dentro de los cánones del virtuosismo clásico del género, por Cyd y Fred en “Brindis al Amor”. En realidad la antología ya se realizó pues ambos están en “Erase una vez en Hollywood” (That’s entertainment, 1974). Fred consideraba a Cyd: “…tan fabulosa como Ginger Rogers, pero no más. Cyd era más perfeccionista; Ginger más espontánea. Ambas eran geniales y fantásticas compañeras. Me resulta imposible destacar a una sobre la otra”.
En tanto que “Cantando en la Lluvia” es una parodia de los inicios del sonoro; “Brindis al Amor” es una apología del mundo del espectáculo… del show business. Pero para recordarla vamos a citar a César Santos Fontenela, autor del libro “El Musical Americano” quién señala: “Más que un hermoso espectáculo es “Brindis al Amor”, uno de los mejores musicales de todos los tiempos, el mejor, sin duda, de los situados en el mundo del ’show business’. Como de “Un Día en Nueva York”, puede decirse que en el film prácticamente, todo es perfecto, y que la inferior calidad respecto a los demás de un número como “Louisiana hayride’ es un lunar imperceptible en la belleza del conjunto. Adaptación de un viejo espectáculo teatral que en Broadway presentaran los Astaire -Fred y Adele- el film ha tomado de él sólo algunos elementos de base y unas pocas canciones, para reestructurarlo totalmente. Astaire, que se encontraba en un momento difícil de su carrera, no tuvo inconveniente en hacer un poco su propio papel de estrella en declive, lo que le valió un nuevo reverdecimiento de sus laureles; en el fondo, el film tiene mucho de reflexión sobre sí mismo, ya que los personajes encarnados por Nanette Fabray y Oscar Lavant no son sino las contrafigura de los guionistas, Betty Comden y Adolph Green. Reflexión, pues, sobre sí mismo, el film lo es también sobre el mundo del espectáculo, y en concreto sobre el espectáculo musical. Los números, excelentes todos con excepción del ya citado “Louisiana hayride”, transcurren indistintamente en el escenario o insertos en la acción. En ambos casos la coreografía de Michael Kidd es igualmente feliz. Si inolvidable es el “Dancing in the Dark”, cuya acción se sitúa en el neoyorkino Central Park, no lo es menos el “The Girl Hunt”, que se supone forma parte de la representación teatral que ofrecen los personajes del film. ¿Y qué decir de “A Shine in Your Shoes”, con reminiscencias del principio del número titular de “La Calle 42″, o de “Triplets”, fabuloso número cómico que interpretan Fred, Nanette Fabray y Jack Buchanan vestidos de bebés y bailando con las rodillas?. En cuanto a “That’s Entertainment”, en el que participan los cinco protagonistas, es toda una declaración de principios. Vaya, para terminar, la aseveración de que Cyd Charisse -con la excepción quizá de su intervención en “Cantando en la Lluvia” - jamás estuvo tan bella, jamás danzó tan bien, jamás irradió tal erotismo”.
El libro de César Santos Fontenela fue publicado en 1973 y en virtud de ello no hace referencia a “Un Gran Final” (A Chorus Line) y en particular a “El Show Debe Seguir” (All that Jazz) de Bob Fosse que, en tanto que es una amarga y lucida reflexión sobre el mundo del espectáculo, cabría compararla con “Brindis al Amor”, pero como esto es en rigor motivo para otra Cinefilia, dejamos nada más señalada la “amenaza” de que volveremos a tomar el tema de los musicales, en otra ocasión.
Después de “Brindis al Amor” filmó “México de mis amores” (Sombrero, 1953) dirigida por Norman Foster, en la cual también trabajaron Ricardo Montalbán, Pier Angeli e Yvonne de Carlo. De esta cinta García Riera, en su libro ya citado, nos dice lo siguiente: “La formaban tres historias mexicanas, y en una de ellas, el bailarín español José Greco interpretaba a un torero, Gitano de Torrano” el cual se oponía a la boda de su hermana Lola (Cyd Charisse), y ella, hembra ardiente, claro, provocaba la muerte del torero en el ruedo y se ‘purificaba’ después con una danza en plena tormenta y ante un ídolo más o menos ‘azteca’ que parecía robado de la peor tienda de mexican curios”.
Volvió a actuar -en 1954- al lado de Gene Kelly, en la versión cinematográfica del primer gran éxito en Broadway, de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe que fuera “Brigadoon”. El virtuoso Vincente Minnelli estuvo a cargo de la dirección. Mas sin embargo, a pesar de todos los talentos reunidos en ella, quedó como una obra fallida.
En rigor “Brigadon” no es una mala película, aunque algo presuntosa. Incluso su trama de cuento de hadas, con reminiscencias al Shangari-lai de “Horizontes perdidos” resulta, con cierta buena voluntad, agradable, al grado de aceptar, más o menos con buena voluntad, esa historia de “amor imposible” de un hombre que perdido en las montañas de Escocia, encuentra el amor de su vida, encarnado en una muchacha que vive en un pueblo “fantasma” el cual sólo cobra vida un día cada año.
Pero la realización de Minnelli y la coreografía de Kelly buscaron tan “conscientemente” darle un tono poético a su narración, que terminaron cayendo en un excesivo empalagamiento sentimental, en aras de su malograda búsqueda de “buen gusto”, el cual terminó revirtiéndose en contra del filme, pues resulta harto cursi y pueril el número de danza “The Heater on the Hill”, entre Cyd y Kelly que uno rápido “olvida” haberlo visto, para mejor recordar el de “The Chase”, cuya espectacularidad y excitante música de Loewe, resulta harto gratificante. El número de conjunto “I’ll Go Home with Bonnie Jean” con Gene Kelly y Van Johnson, acompañados por un grupo de los hombres del pueblo de Brigadoon, en al plaza, es para nuestro gusto el más logrado del filme. ( En cuanto a Cyd, quizás nunca estuvo más fuera de papel (miscast) que en el rol de Fiona Cambell en “Brigadón”).
En la biografía fílmica de Sigmundo Romberg “Sinfonía del Corazón” tendría una breve aparición especial, sin mayor trascendencia, danzando la canción “One Alone” de la obra “The Desert Song” acompañada por James Mitchell y doblada por Carole Richards, en la interpretación de la mencionada canmción.
En donde trasciende su participación es en “Siempre Hay un Día Feliz” (It’s Always Fair Weather”) dirigido por Gene Kelly y Stanley Donen en 1955. Pero dejemos a César Santos Fontenela que nos hable del filme: “Siempre Hay un Día Feliz” tuvo menor fortuna que “Cantando en la Lluvia”, aunque apenas le sea ligeramente inferior. De nuevo parten Kelly y Donen de un guión de Comden y Green, que en esta ocasión y al contrario que en “Un día…” y “Cantando…”, prescinden de todo optimismo para dar rienda suelta a una amargura, a una acidez que posiblemente, fue la causa del fracaso -económico, no artístico- del film, ante un público acostumbrado a que en el musical predominara la comedia sobre todo lo demás. Se trata de tres hombres que han hecho juntos la guerra y que quedan en encontrarse exactamente diez años después de su separación; cuando llegan a la cita se encuentran con que, tras haberse considerado inseparables, no tienen nada que decir. El número “Once Upon a Time”, cantado en “off”, es realmente patético. Como patético es, en su aparente alegría, “March, March”. La alegría de vivir está únicamente presente en el número de Cyd Charisse “Baby, You Knock Me Out”, mientras los de Dolores Gray, en particular “Thank a Lot But no Thank”, están teñidos de un velado sarcasmo. Es cierto, en lo que se refiere a la partitura, que la que André Previn compuso para el film no tiene la extraordinaria calidad de las de Bernstein para “Un día…” o Nacio Herb Brown para “Cantando…”, pero la coreografía, siempre de Kelly y Donen, es excelente en su deshojamiento, y la interpretación del propio Kelly, Dan Dailey y Michael Kidd admirable, como lo es la actuación de sus compañeras. “Siempre Hay un Día Feliz es obra originalísima, digna de otros musicales dramáticos como pueden ser “Nace una estrella” o “Adiós Berlín” (Cabaret), e incluso superior en ocasiones. Obra que, como tantas otras, necesitará una reposición para ser comprendida en su exacto alcance. Obra, en suma, maestra, como las dos anteriores de sus autores”.
El numero de “Baby, You Knock Me Out” con Cyd Charisse rodeada de boxeadores, en donde nos muestra su destreza para la danza atlética con ejercicios boxísticos, es de cierta manera una réplica al de Jane Russell “Ain’t There Anyone Here for Love” interpretado en “Los Caballeros las Prefieren Rubias” (The gentleman prefer blondes, 1953), con sus ejercicios gimnásticos con el equipo de gimnasia de Estados Unidos, para una competencia atlética en Europa. Es obvio que a pesar de la fogosa y rebosante belleza de la Russell, en términos de concepción visual y coreografía es mucho mejor el de Cyd Charisse.
Donde también luciría espléndida Cyd sería en “Casino de Placer” (Meet Me in Las Vegas), en la cual compartiría los créditos estelares con Dan Dailey. La dirección corrió a cargo del artesano Roy Rowland, para quien “Casino de placer” resultó su mejor musical, aunque en rigor Rowland es un director del montón en el género.
En “Casino de placer” María Corvier (Cyd Charisse) es una bailarina de ballet clásico, con un contrato sui generis, para lo que se estila en Las Vegas, para tener un show. María solo ha tenido tiempo para su carrera, sin tener otro tipo de experiencias y casualmente conoce a Chuck Rodwell (Dan Dailey) un palurdo vaquero que todos los años va a Las Vegas, a jugar y perder su dinero que le sobra de sus negocios campiranos. Chuck le pide María que le permita tomarle su mano, para que le trasmita su suerte, al lanzar los dados. Chuck, insólitamente, gana y comienza a perseguir a María, por el casino, hasta que terminan enamorándose, ya que María nunca se había dado tiempo para tener relaciones amorosas, pues estaba obsesivamente consagrada a su carrera de diva de la danza clásica. El contraste entre ambos permitía una serie de situaciones chuscas, entre la visión de “la mujer de alta cultura” y el provincialismo del ranchero. Claro, como dirían las feministas, al final de cuentas haría su aparición el chauvinismo machista, con su sobada tesis de que en el fondo de cada mujer de mundo, anida en su corazón el ferviente deseo de convertirse en una abnegada esposa… Pero antes de que Dailey domara a la bravía Cyd, ella nos deleita con uno de sus mejores números musicales en el escenario del casino de Las Vegas, en que trabaja, los cuales son dos fragmentos del ballet “La Bella Durmiente”. Hay un número de baile y canto de conjunto, bastante logrado, en una fiesta en el rancho de Chuck titulado “The Gal with the Yaller Shoes”, con la participación de Dan Dailey y Cyd Charisse. Dentro de los atractivos de “Casino de Placer” esta una serie de números especiales, a cargo de estrellas invitadas como Lerna Horne, Cara Williams, Jerry Colonna, la niña Mitsuko Sawamura, Frankie Lane y “The Four Aces”, en este aceptable musical, en el cual, por cierto, podemos descubrir a George Chakiris como uno de los figurantes, en los bailes de conjunto, antes de que cobrara fama en el cine por su participación en “Amor Sin Barreras” (West side store, 1961).
Se suponía que Cyd participaría en “La Cenicienta en París” (Funny Face, 1957) que dirigió Stanley Donen, en que actuaría al lado de Fred Astaire, pero a última hora declinó hacerla, siendo sustituida por Audrey Hepburn y aunque “La Cenicienta en París” es un excelente y sofisticado musical sobre el mundo de la moda, al salir Cyd del proyecto y lo poco dotada de Audrey para el género, toda la carga de la danza recayó en Astaire, es inútil especular sobre lo que habría sido “La Cenicienta en París”con Cyd, más allá de que habría sido diferente el resultado.
Su último musical para la MGM fue “Muñeca de Seda” (Silk Stocking, 1957) dirigida por el sensible Rouben Mamoulian, cuyo refinamiento y buen gusto, fueron factor importante para hacer de “Muñeca de seda” uno de los musicales más finos y elegantes del género.
“Muñeca de seda” fue un “remake” de la divertida sátira anticomunista “Ninotchka” que realizara en 1939 Ernest Lubitsch y la cual fuera el último gran éxito de la siempre bella y hermosa Greta Garbo. Son tan entretenidas y logradas las dos cintas, que puede uno muy bien verlas en una misma sesión y no aburrirse, con esa historia de la camarada Ninotchka y su difícil misión en París, para hacer volver al buen camino a tres agentes soviéticos, que han sido “tentados” por un comerciante norteamericano y las virtudes del capitalismo. Con esto de la caída del Muro de Berlín y la situación actual de la otrora Unión Soviética mucho de la historia parecerá anacrónico, pero la realización de las cintas sigue siendo inmejorable.
Claro que otro de los factores que contribuyeron a que “Muñeca de seda”, resultara uno de los mejores musicales de la historia del genero, fue la presencia de Fred Astaire, como la contraparte masculina de Cyd y con el cual ejecuta dos espléndidos números: “All of You” y “Fated to be Mated”.
“It’s a Chemical Reaction” y “Silk Stockings” son dos “solos” espléndidos de Cyd en que luce bellísima y el de “Red Blues” con Peter Lorre, Joseph Buloff, Jules Munshin, yWim Sonneveld acompañándola, es otro de los recordables números de “Muñeca de Seda”
Al ser interrogada en una ocasión sobre a quién prefería de pareja entre Fred Astaire y Gene Kelly la actriz respondió con gran habilidad, escurriéndole al bulto: “It’s like comparing apples and oranges. They’re both delicious. (Sería tratar de comparar manzanas con naranjas. Las dos son deliciosas).
Después de “Muñeca de Seda” haría en “La Rosa del Hampa” el rol de la vedette “Vicky Gaye”, amante de un jefe de la mafia de Chicago (Lee J. Cobb) al cual traiciona, en un afán por reconstruir su vida, ayudada por un abogado corrupto (Robert Taylor) quién también entra en su fase de arrepentimiento. La sólida dirección de Nicholas Ray permite salir a flote a esta cinta, cuyo sintético resumen haría pensar en una historia más de gangsters. “La Rosa del Hampa” también es digna de destacarse, en la filmografía de Cyd, precisamente por que la Charisse nunca estuvo mejor en un papel dramático, actuación a la cual hay que agregar un insinuante streeptease en el cual se mostraba a plenitud super sensual, con una ardiente carga de erotismo como no había podido desplegar en los tradicionales musicales de la MGM, hechos para toda la familia.
Compartió créditos con Rock Hudson en un melodrama titulado “Crepúsculo de los Dioses” (Twilight for the gods,1958), con reminiscencias a la historia “Lluvia” de W. Somerset Maugham, llevada al cine en 1928 con Gloria Swanson como la prostituta “Sadie Thompson”; en 1932 el rol lo hizo Joan Crawford y los cinéfilos cincuentones recordarán a Rita Hayworth, en “La Mujer de Satanás” (Sadie Thompson, 1953). Lo cierto es que la pareja Hudson-Charisse no funciono muy bien que digamos o que simplemente el rutinario director Joseph Pevney no supo hacer aflorar el potencial voluptuoso de Cyd.
Vendrían después algunas olvidables cintas en Europa, antes de que Vincente Minnelli le diera el rol de la ninfómana “Carlota” en el excelente drama “Dos Semanas en Otra Ciudad” (Two Weeks in another city, 1962). Cinta en que tanto el director Vincente Minnelli como el actor Kirk Douglas dieron “otra vuelta de tuerca” al tema del interior del mundo del cine, tal y como lo habían ya hecho en “Cautivos del Mal” (The Bad and the Beutiful, 1953), aunque en esta ocasión la historia estaba más centrada en el conflicto individual de la realización personal de un director de cine, en un bache de creación artística, a causa de su alcoholismo, más que en una visión panorámica de Hollywood. Si bien Cyd no desentona, es fácil imaginar que Irwin Shaw, autor de la novela, tuvo como base del personaje de “Carlota” al modelo real de Ava Gardner, pero parece ser que la actriz no estuvo disponible para este film.
Para “El Agente Secreto Matt Helm” (The Silencers, 1966) Cyd haría un bit o sea una actuación especial, interpretado un seductor streeptease. Después haría otras cinco o seis cintas, algunas de ellas para televisión, sin la menor trascendencia; aunque estaría vigente en el animo del público gracias a las tres o cuatro antologías que sobre el musical se realizaron en los años setenta y ochenta, en los cuales siempre esta inserto alguno de sus grandes números, en que además de bailar con gracia y donaire, lucía sus esplendentes extremidades inferiores esas que los publicistas de la MGM con gran tino bautizaron como: las piernas mas bellas del cine y las cuales en 1952 fueron aseguradas en 5 millones de dólares, siendo el record para estos aseguramientos, según el Guiness.
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