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Cartas desde Iwo-Jima o Banderas de nuestros padres, dedicatoria al cine como medio.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 6 de Marzo de 2007 | Categorias: Bélico, Cine Norteamericano, Directores, Estrenos | Tiempo de Lectura: 7m 6s | Leido 824 veces.

Cartas desde Iwo-JimaPara el cine uno de sus mayores obstáculos en tanto forma de expresión ha sido su vínculo indisoluble con el mundo del espectáculo, de hecho el aparato propagandístico ha dañado seriamente a muchas películas por exceso u omisión y el cine de guerra en particular ha sido el que más ha sufrido, tal vez por su parte viva en el aparato.

Las artes visuales deben mucho a los tiempos de guerra: impulsaron la creación de cámaras manuales para filmar en pleno combate desde la primera Guerra Mundial, aceleraron la creación de película más rápida y eficiente para registrar la imagen y de esta manera impulsaron al género bélico para que fuera el primer consentido de la Academia Estadounidense (con Alas y Sin novedad en el frente) y generó los mejores estereotipos humanos y de imagen fija acerca del heroísmo, una de ellas es el tema central de la película de Eastwood.

Hacia el final de la campaña contra los japoneses en el Pacífico dos batallas particularmente sanguinarias en Midway e Iwo-Jima decidieron el final de la contienda inclinada hacia los Estados Unidos; la primera casi acaba con la aviación naval y la segunda casi aniquila el personal de los infantes de marina. La historia de lo acontecido en Midway sigue siendo motivo de investigaciones (y de una película mediocre dirigida por Jack Smight) pero todavía se considera un hito táctico en la guerra moderna, a cambio Iwo-Jima dio la imagen necesaria para devolver la esperanza a los estadounidenses agobiados por loa prolongado de la contienda: la fotografía de una elevación de bandera en la colina Siribachi.
Cartas desde Iwo-Jima Con la realización de El último héroe, Delbert Mann hizo la primera llamada de atención acerca del engaño gubernamental involucrado en el sostenimiento de una guerra, solo que centró su atención en acusar al fotógrafo Joe Rosenthal de “fabricar” una instantánea heroica y en mostrar la tragedia del indio piel roja (Ira Hayes- Tony Curtis: “Chief”) orillado a la bebida por la presión oficial; Clint Eastwood va mucho más lejos.

Tras la época del gobierno de Eisenhower Delbert Mann parecía hacer un llamado de atención al público estadounidense sobre la supremacía que habían logrado los militares en el poder político de su país, así como de la maquinaria deshumanizada que introducían en la sociedad civil; Eastwood retoma la estafeta justo a tiempo para establecer su disgusto hacia el régimen de George W. Bush.

El director escoge la narrativa por asociación, reconstruye la campaña de Iwo-Jima a través del testimonio de los participantes, confronta la coherencia entre versiones y así hay un panorama histórico humanizado que no se reduce al instante de toma de la foto, sino al camino que siguió cada uno de los reclutados para levantar el asta por segunda vez para las cámaras, la bandera en la cumbre más visible de la isla, pero también la de quienes sobrevivieron al combate para caer víctimas de la propaganda oficial.

cartas3.jpgCon una imagen anodina el director transmite la profunda decepción de aquel momento cuando el soldado René Gagnon (Jesse Bradford) habla teniendo como fondo la fotografía ya rotulada con el lema “hagámoslo todos juntos”, el mismo lema con que el presidente Bush Jr. Ha pretendido motivar la continuidad de la invasión a Irak hasta en los partidos de fútbol americano profesional; su personaje de película es un hombre convencido del engaño al público, de que él es el único que no debe estar ahí, solamente lo sostiene la esperanza e tener ventaja al final de la contienda… Pero eso no sucederá-Es el trasfondo de la obra de Eastwood, la decepción constante ante el sistema que privilegia los objetivos estratégicos sobre el bienestar de los individuos; es una deuda pendiente que el director tiene con su público desde que salió como parte de la invasión a Grenada en Heartbreak Ridge y en Zorro de fuego, en busca de una obra que alcanzase el significado profundo que nos entregó William Wyler con Los mejores años de nuestra vida, opero sobre todo es una crítica a la génesis de la mediocracia que manipula imágenes y vidas personales a favor de esa visión estratégica contraria a la comunidad.

Básicamente el tema de la película es evidenciar a los medios de comunicación como fuente de ruido y desinformación, de su sometimiento al poder en sus formas autoritarias y deshumanizadoras conforme se alejan de la esencia de la historia como hecho humano y paulatinamente la asumen como instrumento de mantener la imagen de un presente perpetuo conforme los dictados del poder, como hacen cintas del tipo Rescatando al soldado Ryan, Pearl Harbor, entre el amor y el fuego, o Lágrimas del Sol.

cartas4.jpgEl caso es que Eastwood no se conformó con esto, la crítica mayor fue hacia su productor, Steven Spielberg, y nos entrega la versión contraria a su aproximación histórica: la de los japoneses, y la realiza en lengua nipona, pero también se desliza en su intento de objetividad la inevitable rama en el ojo propio: al denunciar el régimen militarista y semi-feudal del ejército y la marina niponas, Eastwood aborda un enfoque marxista, tal vez sin pretenderlo, con análisis de clase al interpretar los fenómenos que presenta.No es que el enfoque marxista sea defectuoso o inadecuado, solo que en la defensa del ideal liberal y democrático a la manea estadounidense, las contradicciones son tantas que resulta difícil que los miembros de la Academia de Artes y ciencias de Hollywood dispensen el insulto. Por otra parte es de esperarse que ante la incapacidad del liberalismo en tanto método de análisis para enfocar el problema social y de la organización de castas entre los militares del Japón imperial, el único modo de entender el conflicto interno entre los nipones sea la lucha de clases, que puede ser llamada de otra manera, pero Marx ya trabajó mucho al respecto (y lo mismo los marxistas de toda clase).

La virtud principal de esta Segunda parte de Eastwood es su humanidad, su consistencia con el estilo fílmico del estadounidense, el empleo de una perspectiva odiada por sus paisanos no le hace ni comunista (a menos que lo juzgue un macartysta) ni ingenuo, simplemente resulta una búsqueda válida para comprender los conflictos entre el individuo y su comunidad.

Además su trabajo dirigiendo a gente tan compleja de expresión como Ken Watanabe, nos permite aproximarnos a la concepción que de la cultura oriental tienen los estadounidenses no iletrados (es decir, la minoría), y deja de ver cierta reticencia a entender las partes sublimes de una cultura que se basa en un concepto del Honor que entre los occidentales está mejor denominado como del deber, solo que la modalidad nipona implica necesariamente involucrar los sentimiento más profundos del individuo y la colectividad.

Quizá la falla fílmica consiste en haber realizado la cinta como simultánea con la anterior, la trama del guión no puede ajustarse a los diferentes tiempos subjetivos de los personajes, o al menos no lo hicieron así los guionistas (James Bradley y Ron Powers e Iris Yamashita)y para nosotros pobres espectadores se nos queda en expectación la coincidencia entre los hechos de los gringos y los de los japoneses, se hace ruido en nuestra mente cuando no coinciden los momentos bélicos de una película con los de la otra. Fuera de eso, individualmente cada una de ellas es magnífica, pero no creo que tenga mucho que hacer ante Los infiltrados, de Scorsese.

FILMOGRAFÍA:
Cartas desde Iwo Jima. (Letters from Iwo Jima). D. Clint Eastwood. Con: Ken Watanabe, Kasunari Nimomiya, Tsuyoshi Ihara. Guión: Iris Yamashita. EUA./JAP. WB/DREAMWORKS. 2006.
Conquista del honor, La. (Flags of our fathers). D. Clint Eastwood. Con: C. Eastwood, Jesse Bradford, Adam Beach. Guión: William Broyles Jr. y Paul Haggis, basados en el libro de James Bradley y Ron Powers. EUA. WB/DREAMWORKS. 2006.
Hearthbreak Ridge. D. Clint Eastwood. Con: C. Eastwood, Marsha mason, Everett McGill. EUA. 1986.
Lágrimas del Sol (Tears of the Sun). D.Anine Fuqua. Con: Bruce Willis, Monica Bellucci, Tom Skerrit, Cole Hauser, Nick Chinlund. Guión: Alex Lasker y Parrick Cirillo. UA/FRAN. Columbia. 2002.
Último héroe, El. (The outsider). D. Delbert Mann. Con: Tony Curtis, James Franciscus, Bruce Bennett. Guión: William Bradford Huie y Stewart Stern. EUA. UNIVERSAL. 1961.

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