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Muertos Vivientes

Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 28 de Febrero de 2007 | Categorias: Ciencia Ficción, Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Fantástico | Tiempo de Lectura: 5m 60s | Leido 609 veces.

Invasión of the body snatchers, 1956“Muertos Vivientes” (Invasion of the body snatchers, 1956) y “El Hombre Increíble” (The incredible shrsinking man, 1957) las vi por primera vez juntas, formando un extraordinario programa doble de ciencia ficción y horror, allá por 1958, cuanto tenía apenas unos once años, sin estar conciente de que con el paso del tiempo se tornarían en dos films de culto.

Desde entonces, aunque he visto una infinidad de cintas pertenecientes a esos géneros, estas dos se han mantenido como las que mas me han impactado y causado, en lo inmediato, en aquellos infantiles años, angustia y terror durante su visión, al grado de que todavía recuerdo que una vez terminada su proyección, me mantuve varios minutos pegado en la butaca, esperando a serenarme y poder salir de la sala, para dirigirme a mi casa.

A pesar de que durante varios días tuve pesadillas recurrentes, que trastornaban mi sueño, no me atreví a decirle a mis padres la razón de mi zozobra, porque era mayor el temor que, por ese motivo, dejarán de darme permiso de ir al cine solo, sin que me acompañara uno de mis hermanos mayores a ese tipo de películas y que se hiciera extensivo a todas.

body-snatchers.jpgComo señalaba antes, con el transcurrir del tiempo las cintas se convirtieron en clásicas y lo que fue un impacto, o diríamos respuesta visceral a la angustia pura que me provoco la visión de estos filmes, conforme los volví a ver en matinées y ahora en DVD, es obvio que los significados e interpretaciones de las mismas han ido creciendo y consolidándose el aprecio por estas obras maestras de la ciencia ficción y el horror.

“Muertos vivientes” fue realizada en 1956 por Don Siegel, con muy bajo presupuesto y contando con la participación de actores segundones de la calidad de Kevin McCarthy y Dana Wynter, que no había podido dar el estirón al estrellato, pero que tenía un cierto nombre, como para encabezar por lo menos el reparto de un filme clase “B” y que sólo serviría de complemento de alguna película importante.

Pero el talento de Siegel y la circunstancia política del momento en Estados Unidos con la tensión de la guerra fría y el macartismo, hicieron que “Muertos vivientes” tuviera un éxito inusitado, pues esa invasión espacial, que venía de quién sabe dónde y que en la pantalla cobraba la forma de una pesadilla con la lucida atmósfera de una historia de Kafka, de la cual uno no puede despertar y con la angustiosa persecución del protagonista, se logró que la famosa frase de la campaña del nefasto Eugene McCarthy tuviera forma y la gente creyera realmente que “el enemigo estaba adentro”, siendo punto menos que imposible descubrirlo, ya no combatirlo, pues hasta los propios hermanos o esposas podían formar parte de esa conspiración o en el caso del filme de una invasión espacial.

Muertos VivientesEsa circunstancia política hizo que “Muertos vivientes” no pasara desapercibida, aparte de que el filme se puede sostener por sí sólo como uno de los más terroríficos que usted haya podido ver, con todo y su rancia parábola anticomunista, salvable si la percibimos como un canto contra el totalitarismo, en cualquiera de sus manifestaciones…

Gerard Lenne en su libro “El cine fantástico” y sus mitologías” tiene un interesante comentario sobre el filme que vale la pena reproducir: “Como su nombre lo índica, los “body snatchers” de Don Stegel, larvas informes que repasan sobre extraños capullos, se aposentan en el cuerpo de los humanos, a quienes matan para introducirse y llevar a buen término su afán de conquista. El procedimiento (evidentemente significante) les asegura una rápida proliferación, puesto que figuran como dobles de los cadáveres que habitan, sino que no se pueden hacer exteriormente diferencia alguna; simplemente, carecen de sentimientos; la analogía con el vampirismo resulta bien clara (exceptuando el erotismo, ya que el único móvil de los monstruos radica en dominar el globo terrestre). La obra es indisociable de la fantasmagoría arraigada en la conciencia americana para la cual fue elaborado: rara vez un filme habrá puesto en crisis el sentimiento de seguridad tan hábilmente; un sentimiento que les es indispensable para sobrevivir y, de este modo el filme pone de relieve una vulnerabilidad insospechada y traumatizante. Los imperceptibles progresos de la invasión, el descubrimiento por parte de los héroes, de que quienes conviven con ellos, y con quienes contaban para luchar, están ya transformados, el espectáculo de esa aldea –vulgar y tranquila- caída por entero bajo las garras de una potencia desconocida y terrorífica, todo ello está hecho para doblegar una fe íntima, establecida desde la infancia en el espectador americano medio. Filme hollywoodiano, y por tanto macarthista, la inquietud que produce no es ciertamente de naturaleza subversiva, sino que más bien señala la necesidad de la defensa, induce a la fortaleza: de ahí la conclusión que da al traste con la apoteosis del mal”.

“Muertos vivientes” debe verse como la narración de una angustiosa pesadilla, que se nos repite de manera constante y que a pesar de tener una noción semiconsciente durante el sueño, no podemos hacer nada para alejarla de nuestra mente, causándonos un verdadero estado de terror y horror, ante la posibilidad de perder nuestra identidad, ante la invasión de esos clones, carentes de emoción y sentimientos, que los identifiquen a los seres humanos, a unos de otros.

carolynjones13.jpgEn 1978 el director Philip Kauffman, con la colaboración en los roles protagónicos Donald Sutherland, Brooke Adams, Leonard Nimory, así como en breves apariciones (cameos) Kevin McCarthy y Don Siegel, realizo el remake que en México pasó con el título de “Los Usurpadores de Cuerpos” (Invasión of the body snatchers, 1978) en que a pesar de contra con un amplio presupuesto y recursos técnicos, así como color, se quedó un tanto debajo de la original, concebida como un producto “B”, a la cual el talento de Siegel y la coyuntura de la oportunidad de la atmósfera de inseguridad ante el futuro que se vivía en plena guerra fría, fueron resortes inconscientes, los cuales no debemos desdeñar en su contribución para que nos pareciera verosímil la posibilidad de que un ente, ya fuera extraterrestre o de este planeta se pudiera apropiar, no solamente de nuestra voluntad, sino de duplicarnos, sin alma, por así decirlo para convertirnos en unos “Muertos Vivientes”, pues por una de esas raras ocasiones me parece que resulta más afortunado, sugerente y poético el título con que se distribuyó en México que el de la traducción literal de “Usurpadores de Cuerpos”, para esta extraordinaria cinta, que ha quedado como una de las grandes representantes de la ciencia ficción y horror de los años cincuenta.

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Hay un comentario

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