Originalmente había comenzado este texto con un sentido reclamo a la academia, ya que estaba seguro de que le iban a cerrar la puerta en las narices a mi estimada serie de películas del Señor de los Anillos, cuando, oh sorpresa, sorpresota. Resulta que de once le dieron once, todo de todo, por lo que me vi en la necesidad de reconocer que mis pronósticos fallaron gacho y a replantear este comienzo a la luz de esta tremenda victoria para Peter Jackson (que ya se puede retirar si quiere), la gente de la producción y también, a todos los que nos gustan este tipo de historias, ya sea en papel o en celuloide. Una premiación masiva que no tardará en considerarse por la crítica experta como excesiva y condescendiente, a menos claro, que deseen que yo me vuelva a equivocar en mis pronósticos. La tremenda coronación de esta película de nueve horas, porque se está premiando eso, toda la serie, justifica más que nunca la necesidad de darle una revisadita, no sólo al filme en sí, sino a todo lo que está alrededor de esta magna obra, tanto de la literatura como de la cinematografía.
Supongo que sería desmedido, desproporcionado, exagerado, hiperbólico, insustentable, inverosímil y completamente hereje decir que “El retorno del Rey” (The Lord of the Rings, The Return of thre King, 2003) es la mejor película que se haya hecho en la historia. Así que no caeré en tal exceso y diré nada más que las tres películas constituyen lo mejor que se haya hecho en la historia del cine de fantasía, y que conforman, juntas, un magnífico relato, bastante digno del libro que los precede. (nota: estaba yo muy tentado en decir que ésta sería la mejor trilogía de la historia, pero me arrepentí, porque en rigor no es una trilogía, sino de una sola historia narrada en tres episodios, además está cañón meterse con El Padrino y con Star Wars).
Sobre la última película en sí, puedo contarles, con la plena seguridad de que ya la vieron, que es una chulada, este es el cine que hace que yo vaya a ver películas. El cine que te mueve, que te sacude, que te entretiene, simplemente la secuencia de la batalla de los campos de Pelennor, es brutal e impresionante, si el abismo de Helm había sido algo épico en serio, aquí se voló la barda el Sr. Jackson; el ataque de los Rohirrim; la secuencia de los Olifantes (en un homenaje claro a “El Imperio Contraataca”); la llegada del ejército fantasma; el asedio a Minas Tirith; la llegada de Grond, el tremendo ariete de Mordor, bueno, ustedes la vieron, así que qué les puedo contar.Tengo, sin embargo, la pequeña duda de si yo disfruté tanto todas las tres películas del Señor de los Anillos, porque ya conocía de antemano la historia y ello también me mueve a preguntarme si alguien que no había tenido todo el contexto del trabajo de Tolkien las podría haber disfrutado igual. Para mí representó casi un sueño hecho realidad, simplemente el hecho de ver Minas Tirith en tercera dimensión, algo que yo había imaginado tanto y tantas veces, colmó mis expectativas. Poder apreciar a los Ents también fue un regalo, en fin, ver caminando y actuando a los personajes con los que uno se encariñó desde la primera vez que capturó en sus manos uno de estos libros es suficiente como para que uno salga agradecido de las salas.
Claro que también por esta misma razón uno puede encontrarle detallitos por aquí y por allá al trabajo, por ejemplo, desde mi punto de vista, Liv Tayler y Cate Blanchet desmerecen por completo la imagen que me había formado de Arwen y Galadriel, ambas me parecen demasiado “humanas” para ser elfas y de las más bellas, de acuerdo al libro, pero es detalle de gustos nada más. De igual manera, sentí un poco forzada la entrada de todo el romance entre Arwen y Aragorn, que no tiene un peso tan relevante en el texto, y se extrañan a personajes bastante entrañables también, que no pudieron entrar, porque hubiera sido demasiado, Tom Bombadil en especial. Pero al final de cuentas, los pros superan a los contras, al menos desde mi posición como aficionado a Tolkien.
Pero quisiera no dejar la cosa así, me gustaría compartir, aunque fuera un poco más, ese mundo creado por el autor sudafricano, para poder extender más y mejor la comprensión de muchos detalles que quizás no se pudieron apreciar en toda su valía en la película. Por ejemplo, el final del Retorno del Rey, cuando Frodo y Bilbo parten desde los puertos grises, tiene toda una historia enorme detrás suyo, pero me estoy adelantado un poco, vayamos por el principio.
Lo primero que hay que comprender acerca del “Señor de los Anillos”, es que se trata tan sólo del capítulo final, un impresionante final sin lugar a dudas, de toda una construcción enorme y vasta que realizó Tolkien. Tolkien no sólo construyó el mejor relato épico del siglo XX, sino que construyó toda una mitología alrededor del mismo. Devoto y estudioso como lo fue el brillante anglo africano, tuvo siempre la ambición, que compartió con su compañero C.S. Lewis, de recrear las grandes sagas escandinavas, que no se limitaban a contar la historia de alguno de sus grandes héroes, como Beowulf o Sigfrid, sino que eran al mismo tiempo un compendio de toda una construcción mítica-religiosa, en este caso de la mitología nórdica, ya saben; Odín, Thor, Loki, los gigantes de Hielo, los Nibelungos, etcétera.
Así, mientras Lewis escribía las “Crónicas de Narnia”, sagas épicas para adolescentes y niños, Tolkien creó por completo un mundo, desde su nacimiento hasta su “humanización”, esto es, desde que es creado por los dioses antiguos, hasta el momento en que se pone en manos de los hombres comunes, bueno, ni tanto. Si alguno de ustedes está en condición de adquirir “El Silmarillion” del propio Tolkien, hágalo sin dudar, ahí está todo el compendio de lo que es la Tierra Media, la historia de todas sus edades, las vicisitudes que cada edad enfrentó y la enorme y compleja historia de los elfos y los humanos, sus encuentros y desencuentros. “El Silmarillion” es una joya, como se descubre en su nombre al leerlo, es como si ustedes estuvieran leyendo el Popol Vuh o los Vedas, son ese conjunto de historias épicas y cosmogónicas que han construido las sociedades a lo largo del tiempo, lo terrorífico en este caso es que esta cosmología es creación de un sólo hombre.
Porque, como seguramente ya les habrán contado, Tolkien no sólo “reinventó” al pueblo de los elfos que ya era protagonista en el folklore nórdico, inventó también su lenguaje, de hecho debería decir sus lenguajes. Tolkien, experto en gramática, creo prácticamente todo el sistema para al menos cinco tipos distintos de lenguajes de los elfos: Quenya, la “noble lengua”; Sindarin, la “lengua antigua” (hablada por los elfos de la Tierras Imperecederas); Telerin, hablado por los elfos de los puertos; Doriathrin, usada por el pueblo de Lúthien (ah! Lúthien); y Nandorin usada por los elfos de los bosques. Claro que además está el Elfo Antiguo, la lengua madre de todos los demás idiomas.Y si eso no fuera poco, también está el lenguaje común de la Tierra Media, Westron, el de los hombres de Númenor , Adunaíc y las pistas esenciales para desarrollar el idioma de los Enanos y de los Ents. Asimismo el idioma de los grandes dioses, los Valar, y claro, la siniestra lengua de Mordor, que no pronunciaré aquí. Además hay que decir que no sólo creó los idiomas como tales, sino que diseñó al menos un par de alfabetos propios con los cuales escribirlos, de hecho, creo que reconocerán esta inscripción:
Ash nazg dubatuluk ash nazg gimbatul ash nazg thrakatuluk agh burzum-ishi krimpatul
“Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”
Por cierto, sin están interesados en conocer más a profundidad todo el trabajo de Tolkien en éstos idiomas y los trabajos posteriores sobre los mismos, tiene que visitar la página Ardalmabion.com, creada y mantenida por un notable noruego de nombre impronunciable: Helge Kåre Fauskanger. Van a encontrar más de lo que se imaginan.
Pero ahí no termina el asunto, Tolkien creó y diseñó los árboles genealógicos de todas las casas importantes de los Elfos, los Hombres, los Enanos y los Hobbits, esto es, creó un mundo por completo. El relato de la creación de Arda, no le pide nada a ningún mito de origen de cualquier religión en cualquier parte del mundo, como pocos autores, no sólo dio luz a un mundo, sino a todo un universo. La cantidad de trabajo, de amor invertido en esta empresa es en gran parte la responsable de que la historia cuente con tantos y tan fieles seguidores a nivel mundial, mas no es la única razón, vamos a meternos un poco bajo la piel del Señor de los Anillos.
¿De que trata entonces el Señor de los Anillos (las películas y los libros)? La primera lectura es, por supuesto, que se trata de la clásica batalla entre el bien y el mal, que no es sino la referencia básica del género épico, héroes en búsqueda, villanos amenazando a “todo lo que existe”, una fórmula tan sencilla que es infalible e inagotable, todo ello aderezado con inmensas batallas en donde sale a luz el valor y la fuerza de los héroes. De hecho la literatura épica, sobre todo si está asociada con lo fantástico tiene en términos generales un bajo nivel de reconocimiento, lo que comparte con el cine, regularmente encajonada en categoría “infantil”, lo que por supuesto quiere decir que no es seria ni digna de atención por parte de los eruditos, que prefieren historias complejas que hablen de la búsqueda del autoconocimiento y la frustración de la condición humana, o cosas por el estilo.
Bueno, cada quien sus clásicos, a mi me encanta “El Señor de los Anillos”, y no deja de parecerme curioso que una de las maneras más comunes para deslegitimar este tipo de trabajos es etiquetarlos como fantasías “escapistas”, que no tienen contacto con la realidad y que evitan a los lectores pensar en el mundo en que tienen que vivir a diario. En fin, sabemos por lo demás que todas las grandes obras de la literatura universal han tenido siempre un claro sesgo naturalista y realista en ellas, como el Quijote de Cervantes, digo, como la Divina Comedia de Dante, mmh, mejor dicho como Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, o ¿me creerían la Metamorfosis de Kafka?, ¿La Tempestad de Shakespeare? ¿Cien Años de Soledad? ¿La Biblia? Ups, mejor ahí le paro.
Pero bueno, concedamos que uno no ve a diario Balrogs (que bueno) ni Hobbits, ni Elfas (que malo) y sin embargo, ¿realmente está tan lejos el Señor de los Anillos de nuestro mundo? Me parece que no, es más me temo que está mucho más cerca de lo que se pudiera creer. Tolkien retrató en las diferentes razas de la Tierra Media distintas facetas, diversas actitudes, características definidas de una sola: la raza humana. Así, los Elfos representan la parte “espiritual” del ser humano, las artes, la nobleza, la belleza, la armonía, ubicados temporalmente, podríamos arriesgarnos quizás a conectar a los Elfos con los clásicos, con esa edad dorada, que según Cioran, nunca existió realmente (pero ya sabemos que Cioran no era muy alegre). Así como los Elfos son lo espiritual, los enanos representan al hombre materialista en extremo, Elrond los describe bien “no hacen sino cavar para buscar tesoros”, ¿no se parecen un poco a los conquistadores? A la etapa en que la humanidad (en el caso de Tolkien, como de casi todos los que fueron educados del otro lado del charco, humanidad significa Europa) dejaba todo para ir en búsqueda de tesoros, está además claro que la confrontación es más clara con los Elfos en cuanto a sus costumbres; los Elfos son grecorromanos (arte, belleza), los Enanos son los bárbaros (cerveza y carne directo del hueso, que más se puede pedir?).
Están, claro, los Ents, el ideal ecologista del hombre como guardián de la naturaleza, este si es tan lejano y distante, que posiblemente nunca haya existido, quizás por eso son tan poco los Ents que quedan. En contraposición a ellos están Saruman y sus orcos, con sus mentes de engranes y máquinas, la crítica a lo industrial es tan clara que no necesito comentarla de más. Los hombres son, por supuesto, gente del medioevo, algo brutos, muy ambiciosos, pero valientes sobre cualquier cosa. Son, como lo fueran los caballeros en la Edad Media, guardianes de lo puro contra las tinieblas, los Eldar, el linaje de Aragorn, son los monjes guerreros que en nuestro mundo representaban los Templarios (¿cómo le harán los mugres Templarios para siempre aparecer en todos lados?)
Si recapitulamos históricamente, tenemos un improbable pasado de dicha bucólica en que el hombre era sólo el guardián de la naturaleza (¿el jardín del edén?, quizás demasiado), seguiría el esplendor clásico, ya venido a menos, de los Elfos, que conviven con la rudeza mineral de los Enanos. Estarían luego los Hombres, que tomarían el relevo, aunque sin la inmortalidad de los clásicos y se las verían contra la brujería industrial de Saruman. ¿se va pareciendo o no a la historia idealizada del mundo occidental? Y claro, finalmente estarían los hobbits, recién invitados a ser parte de los grandes cuentos y que no son sino representaciones menudas del hombre común del día de hoy. Tabaco, cerveza, bailes, cosechas, fuegos artificiales, casas bajo tierra, gran apetito, poco interés o conocimiento en general por “las grandes cosas del mundo”. No sé si habrá sido de manera conciente, pero lo que hizo Tolkien fue meter a unos cuantos ciudadanos rurales británicos de no hace mucho tiempo, en una situación totalmente fuera de sus contextos cotidianos, y vaya que le resultó.
Y resultó porque al final de cuentas, las aventuras épicas ciertamente no nos cuentan el mundo como es, pero nos dicen como podría llegar a ser y no me refiero a los seres fantásticos o las batallas gloriosas, me refiero a la actitud de los personajes, en especial a una; la misma que une a Legolas y Gimli, a Sam y Frodo, a Merry y Pippin, a Aragorn y Eómer (que desafortunadamente no se desarrolla completa en la película) e incluso a los de Rohan con los de Gondor, un sentimiento compartido de obligación y voluntad de permanecer con la otra persona, simplemente porque es lo correcto y se tiene que hacer lo correcto. ¿me preguntan de que trata el Señor de los Anillos? Trata de dos cosas, de Lealtad y de Amistad.
¿o ustedes como la ven?
¡ah¡ casi lo olvido, desde los puertos grises, los Elfos parten con rumbo a las Tierras Imperecederas, la versión Tolkiana del paraíso, es donde viven los dioses y a donde sólo a los Elfos se les está permitido ir. Por eso es tan notorio que a Frodo y a Bilbo les hayan permitido marchar con ellos, es como si los hubieran subido al cielo sin necesidad de morir.
Favor de dejar sus olifantes, lembas, mearas y anillos (sin albur).