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Tres Tristes Films

Escrito por Jaime Casillas-Ugarte | 21 de Febrero de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Escritores | Tiempo de Lectura: 8m 46s | Leido 422 veces.

In memoriam
Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante. Su nombre tiene la musicalidad que se asocia al nombre de un baile, de una canción caliente y guapachosa. Los ojos le bizqueaban detrás de las antiparras, tenía una barbita de chivo apretando una bemba hecha para sonreír. Fue un gran escritor y, seguramente, un mejor conversador. Fue, también, un apasionado amante del cine y de los cines.

cabrera_infante.jpgSi nos atenemos lo que su literatura nos muestra, la experiencia de Cabrera Infante adentro de una sala de cine era una experiencia total y totalizadora, donde la aventura comenzaba desde la manera en la que se conseguía el dinero para entrar en la sala. Evidentemente que dentro de ella, había personajes en la pantalla y en el patio de butacas. Y había una película corriendo apretada en las paredes del recinto, al tiempo de aquella que se desparramaba desde las alturas, en el chorro polvoso del proyector.
Y fue en tantas tardes de cine que Cabrera Infante fraguó el humus de su literatura.

Lo esencial del lenguaje cinematográfico no es la imagen. La sintaxis fílmica surge, en la mente del espectador, al hacer colisionar dos imágenes frente a sus ojos. Quien lea “Tres Tristes Tigres” o “La Habana para un Infante Difunto” verá como chocan personajes, atmósferas, emociones, ambientes. Pero también será testigo de como la célula principal, la palabra, es sometida a golpes y presiones, a violentos encuentros en los que se recrea una suerte de lenguaje donde todos nos reconocemos. El escritor, acumulando elementos, va construyendo un carrusel. Un acontecer que gira atrapando todo a su paso. Lo que está adentro del libro, lo que está en el patio de butacas. Voces dispersas ya forman frases indelebles y el hombre que se sienta a contemplarlas, sin darse cuenta, ya se ve girando al compás de su música.

Oportuno es decir que fue un lúcido crítico cinematográfico y, en los principios del gobierno revolucionario en Cuba, ocupó algún puesto relacionado con la cinematografía. Sus problemas con el régimen trestristes.jpg comenzaron, precisamente, por una película que había sido dirigida por su hermano, un divertimento sobre el baile en Cuba, que fue vista como contrarrevolucionaria por el régimen.

A su salida de Cuba pensó en ganarse la vida escribiendo para el cine y su agente logró colocarlo en algunos proyectos que no se hicieron.

Todo esto porque murió hace ya dos años, 21 de Febrero de 2005, con una escasa pero muy interesante filmografía. Curiosamente tres películas. “Wonderwall” producción inglesa de 1968. “Vanishing Point” (Richard Sarafin, 1971) que se estrenó en nuestro país con el título de “Carrera Contra el Destino”. Un remake de ese mismo guión para televisión en 1997 y “Lost City” película que se estrenará este año, bajo la dirección del actor Andy García.

Parece increíble que un hombre que amó tanto el cine tenga una filmografía de tres tristes filmes. Pero las contradicciones no acaban ahí.

la_habana.jpg“Vanishing Point” era una película que Cabrera Infante hizo para ganar un dinero y para demostrar lo que podía hacer con un guión cinematográfico. Era una cinta simple, dirigida a un público muy específico y con pretensiones comerciales muy definidas. Era una historia de persecuciones de autos, una especie de subgénero del cine de acción, que por aquellas épocas había recibido un empujón gracias al incomprensible éxito de películas como “Busco mi Destino” (Easy Rider, 1968 de Dennis Hooper).

“Vanishing Point” fue producida por la compañía inglesa “Cupid Films”, para la “Twenty Century Fox” que dirigía el todopoderoso Richard Zanuck. En el momento de su estreno fue un fracaso total y salió de las carteleras a la segunda semana. La película estaba condenada al basurero del celuloide, hasta que a alguien se le ocurrió hacer una corrida de esta cinta, buscando al público juvenil que iba a los auto cinemas. En esta segunda oportunidad “Vanishing Point” se reveló como un éxito extraordinario. Multitudes de adolescentes en toda la unión americana acudieron al llamado de la cinta. Se le programó junto con otras películas similares como “La Fuga del Loco y la Sucia” anunciándose como “tres horas de feroces persecuciones”. Podemos imaginar a aquellos rubios pecosos, encaramados en sus chevys, contemplando fascinados los derrapones, las maniobras a alta velocidad, los espectaculares choques. Pero claro que si “Vanishing Point” hubiera sido solo eso, no estaríamos ocupándonos aquí de una película que es más recordada en publicaciones como “Muscle Car Magazine” que en las especializadas en el medio cinematográfico.

Hay que decir que gracias a las buenas cantidades de dinero que el escritor recibió por concepto de regalías, pudo dedicarse con tranquilidad a la literatura y no volver a manejar un coche en su vida. Hay que decir que además del éxito comercial, “Vanishing Point” se erigió como una película de culto. La pregunta es ¿qué vieron aquellos muchachos en la historia tramada por Cabrera Infante?

vanishing_point.jpgLa línea argumental es muy simple: Kowalzky recibe el encargo de transportar un auto de Denver a San Francisco. Es un precioso Charger RT supercargado de color blanco. Antes de salir busca a su “dealer”. Necesita “speed” para manejar toda la noche. Con él, establece una apuesta. Llegará a San Francisco antes de 13 horas. Es inevitable que Kowalzky maneje muy rápido. Es inevitable que un par de motociclistas lo intenten parar. El resultado ya lo estás imaginando. Kowalzky conduce con maestría y después de elegantes y supersónicas cabriolas, la emboscada fracasa. Kowalzky sigue de largo y los policías muerden el polvo, literalmente. A partir de este momento Kowalzky es perseguido por todas las patrullas de caminos del estado.

Hasta aquí todo como lo dice el manual. Principio y establecimiento, presentación del personaje principal (Kowalzky) y de su antagonista (la policía estatal). Lo que quiere el personaje principal (llegar a San Francisco en 13 horas) y lo que quiere la fuerza que se le opone (atraparlo y hacerle pagar la afrenta de haberse burlado de dos de sus miembros). Con estos ingredientes hubiéramos tenido para derrapones para rato, pero Cabrera Infante revuelve la historia y le encuentra caminos y elementos distintivos. Escuchando con un radio pirata la línea de la policía, un locutor de radio llamado “Super Soul”, ciego y de color, se entera de la persecución y decide pasar a formar parte de los que ayudan al personaje principal. Usando las ondas hertzianas, por medio de su estación de radio, advierte a Kowalzky de la persecución que se desata tras él y le va diciendo por dónde puede burlar el cerco policiaco. De esta manera entre rola y rola, los radioescuchas se enteran que hay un loco retando a la policía, cabalgando indómito por el oeste americano. Y claro que para un urdidor de historias como Cabrera Infante lo importante no es el qué, si no el cómo. Para muestra las palabras de “Súper Soul”: “Los autos del malvado escuadrón de tráfico van tras nuestro piloto solitario, el último héroe americano, el centauro eléctrico, el semi dios, el súper piloto del dorado oeste. Dos despreciables autos nazis están detrás del hermoso piloto solitario… están a punto de atacar, lo van a alcanzar, a golpear, a violar la última alma libre del planeta. Pero, está escrito, si el espíritu del mal arma al tigre con garras, Brahmán le da alas a la paloma. Así habló el súper gurú.” Claro que detrás de estos diálogos retumba el Mississipi y se escuchan los ecos bíblicos de Faulkner. Pero lo que logra “Súper Soul” es darle una estatura bíblica a Kowalzky, crear una mitología de aquel muchacho que lo único que quería era ganar su apuesta, y que de pronto y sin saberlo, se ve convertido en una celebridad mediática que acapara la atención de la nación entera, mientras corre veloz en busca de ¿la libertad?

La cinta está plagada del espíritu de la época. La banda sonora rebosa de rock contestatario y en la trama deambulan personajes que no comprenderíamos sin conocer lo que fue la generación del “Flower Power”. De hecho, y es evidente, el gran aroma que desprende ésta película corresponde a la decepción post 68.

Estos elementos fueron los que hicieron que la cinta comunicara muy bien con su público. Los jóvenes veían las carreras bobaliconas, pero también a otro como ellos que se negaba a aceptar un destino gris, como el que se cernía a su alrededor.

posterlostcity.jpgY este fue el golpe genial de Cabrera Infante, meter al público en la película al hacerlo sentir que estaba siendo testigo de un hecho que estaba sucediendo y en el que tenía que tomar partido. La estructura de la historia y los elementos documentales que utilizó, convirtieron a los espectadores de la cinta, en los espectadores del hecho en sí. Como en su literatura, la perspectiva que adopta ante lo contado, hace que la historia transcurra muy cerca de nosotros. Y como en sus libros, nos atrapó ese carnaval donde no se sabe de qué lado está la pantalla y qué personajes son los de la película y cuáles los que pagaron el boleto para verla.

Debido a sus buenas hechuras de guionista, Cabrera Infante recibió algunos otros encargos. Del que más se ha hablado fue de su adaptación de la novela de Malcolm Lowry “Bajo el Volcán”, proyecto en el que trabajó para el director Joseph Losey y que jamás se concretó en película. Se corre el rumor de que el guión era extraordinario. Por ahí, Douglas Day, riguroso biógrafo de Lowry, y uno de los pocos que tuvieron la dicha de leer el guión, dijo que era mejor que la novela. Evidentemente eso nunca lo sabremos.

Lo que si sabemos es que terminado el guión Cabrera Infante se volvió loco y necesitó una fuerte terapia de electroshocks. Esta, según dice, se llevó su memoria y le dejó una depresión clínica de la que no logró curarse jamás.

Amaba el cine tanto, que perdió la cabeza por él. Y una filmografía que prometía, quedo solamente en tres tristes filmes.

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