Vivien Leigh: soy una actriz y detesto el cine
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 18 de Febrero de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Cine inglés | Tiempo de Lectura: 15m 39s | Leido 1197 veces.
Recordar a Vivien Leigh es evocar las imágenes, sobre todo de “Lo que el viento se llevó” y “Un tranvía llamado deseo”, en las cuales la actriz dio vida a la ambiciosa e indomable Scarlett O’Hara y a la frágil Blanche DuBois, perdida en sus fantasías de una belleza ya ida. Por ambos personajes recibió sendos “Oscar” de Mejor Actriz en 1939 y 1951, como testimonio a sus espléndidas caracterizaciones que han quedado grabadas en la memoria de todos los cinéfilos que hemos tenido la fortuna de disfrutar la visión de ambos filmes, los cuales serán proyectados en TCM Classic hollywood en su mes de 28 días dedicados a exhibir películas nominadas al Oscar. “Un Tranvía Llamado Deseo” pasó este míercoles 14 a las 19.00 hrs. y “Lo que el Viento se Llevó” el viernes 23 a las 15.15 hrs.
Vivien Leigh murió de tuberculosis en Londres, Inglaterra, el 8 de julio de 1967, a la edad de 54, pues la bella., talentosa y sensible actriz había nacido el 5 de noviembre de 1913, en Darjeeling, India, bajo el nombre de Vivian Mary Hartley.
Ernest Hartley, el padre de Vivian, era un agente de cambio para la firma Piggot & Champman, en Calcuta, quién se había rehusado a hacer caso a su esposa Gertrude de enviar a su hija a Inglaterra para su educación, pues consideraba que en la India, también podía hacerlo, pero a raíz del 6 de abril de 1919,
cuando Mohnadas Karamchand Gandhi pidió un día de luto y paralizó al país con el inicio de su movimiento pacifico, para exigir la salida de los ingleses de la India, Ernest vio con preocupación el futuro de esa colonia británica, así que decidió emprender un viaje a Inglaterra y en marzo de 1920, Gertrude, visitó a la madre superiora del Convento del Sagrado Corazón en Roehampton, haciendo los arreglos necesarios para que en septiembre, ya con siete años cumplidos Vivien, pudiera quedarse en el internado a estudiar, quedándose allí durante otros siete años, en que demostró su vocación por el teatro y ser actriz, al igual que daba muestras de su ambivalente comportamiento, en que lo mismo podía ser dulce y apacible un momento y tornarse agresiva e irritable en el siguiente. Síntomas de su situación de maníaco – depresiva, enfermedad que le aquejaría toda la vida, pero que en esos años amén de ser difícil de diagnosticar, era más equivocado su tratamiento, a través de electro shocks, que se le aplicaron a Vivien, en los años cincuenta, provocándole mas mal que bien. Un carácter inestable el cual era más sencillo atribuir a su condición temperamental de gran actriz, que a males congénitos.
En 1927 Ernest Hartley decidió que ya había hecho suficiente fortuna, por lo que decidió abandonar la India y en compañía de su esposa Gertrude y su hija Vivian se puso a viajar por Europa durante cuatro años, hasta que los efectos de la Gran Depresión económica y en 1931 tuvo que disminuir su tren de vida. En ese tiempo Vivian se había cultivado, siendo versada en historia del arte y literatura. Podía comunicarse perfectamente en alemán e italiano, aunque dominaba mejor el francés, al grado de que cuando sus películas se doblaron a este idioma para su explotación en Francia, ella misma se doblaba. Así que ante le necesidad de emprender una carrera o una profesión debido a la caída de los ingresos de la familia, Vivien decidió inscribirse en la Academia Real de Arte Dramático, llamando la atención, desde un principio, del director de la misma Sir Kenneth Barnes, encontrándola muy capacitada, aunque tenía que mejorar su voz que sonaba débil, deficiencia que en un principio la compensó con su deslumbrante belleza, pues con el tiempo sabría darle fuerza a su voz para hacerse escuchar en los escenarios.
Junto con sus estudios iniciados en mayo de 1932, se dio tiempo para hacer que se enamorara de ella el pudiente abogado Herbert Leigh Holman, con quién se casaría el 20 de diciembre de ese mismo año y aunque le había prometido dejar el teatro, Vivian se las ingenió para seguir estudiando a escondidas. El 12 de octubre de 1933 nació su única hija: Suzanne.
A regañadientes Leigh Holman terminó por darle permiso continuar abiertamente sus estudios, aunque en el fondo dudaba del talento de su mujer para la escena y esperaba que una vez que fracasara regresaría a sus brazos, aceptando su rol de abnegada esposa.
Su debut cinematográfico fue en 1934 en la intrascendente cinta inglesa “Thing are locking up”, aunque logró llamar la atención de John Gliddon, quién al fracasar como actor, se había dedicado al periodismo y a ser agente artístico, labor que desempeño para Vivian, a la cual convenció de usar el nombre de su marido como su apellido artístico. Ante ello Holman se limitó a señalar que el teatro no solamente le había quitado a su mujer, sino también su nombre.
Gliddon la presentó con el productor Alexander Korda, pero en ese primer contacto, a pesar de haber quedado impresionado por su físico, su inteligencia y su aureola mágica, se consideró incapaz de encontrarle algún papel que le quedara.
Y antes de que el fracaso la destrozara Gliddeon le encontró trabajo en la película “Gentleman’s agreement” y el papel principal femenino en la obra “The green sash”, la cual a pesar de durar solo una semana en cartelera, en febrero de 1935, fue suficiente para que el crítico del Times escribiera: “El personaje de Giusta es tan débil e inconsistente que miss Leigh no encuentra muchas ocasiones para darle vida. Sin embargo, hay en ella tanta precisión y ligereza que esperamos que pronto represente un papel en que pueda mostrar su verdadero talento”. A partir de allí comenzó a escalar los peldaños de la fama, llegándole su primer gran oportunidad en mayo de 1935 con la representación de “The Mask of Virtue” en el Ambassadors Theatre.
Alexander Korda la contrató en exclusiva para la London Films, aunque la mantuvo inactiva bastante tiempo, dejándole solo su trabajo en el teatro. A la postre Vivian tuvo un breve , “affair” con el productor, quedando en claro a lo largo de su relación profesional, que uno y otro se utilizaron y supieron sacar provecho mutuo del otro.
En el otoño de 1934 Vivian estuvo en el Lyric, en la representación de la comedia “Teatro Real”, dirigida por Noel Coward y protagonizada por Laurence Olivier. La actriz aceptó que vio la obra durante unas ocho o nueve ocasiones prendada del porte varonil del actor, a quién ardía en deseos de conocer y alimentando una pasión secreta por él, para estar a su lado.
Su primer encuentro con Olivier fue casual, en el restaurante Savoy. El actor estaba acompañado por su esposa Jill Esmond y Vivian por un amigo. Intercambiaron unos breves saludos y Olivier le dijo que Korda estaba pensando en que hicieran una película juntos.
Este encuentro fortuito le permitió a Vivian invitar a los Olivier a pasar un fin de semana en su casa de campo. Y finalmente para mediados de 1936 logró que fueran amantes. Enterado Korda de esa relación y al tener a los dos bajo contrato de inmediato anunció que Laurence Olivier y Vivian Leigh encabezarían el reparto de “Fuego Sobre Inglaterra” (Fire over England) historia de amor, en que se tiene de fondo la epopeya de la Armada Invencible.
Si bien Korda les toleraba su relación extra matrimonial, también se encargó de que fueran cuidadosos y no la hicieran pública, puesto que en pleno rodaje de la cinta en agosto, nació un hijo de Olivier con su esposa Jill Esmond y si estallaba un escándalo podría ser perjudicial para los dos y la película, la cual a la postre fue un éxito de crítica y taquilla.
Después de “Fuego Sobre Inglaterra” Vivian actuaría en la cintas “Dark Journey”, “Store in a teacup”, “21 days together”, “A yank at Oxford” y “Sidewalks of London” las cuales ayudaron a conferirle una aura de heroína romántica que comenzó a interesar a algunos estudios de Hollywood.
Korda aceptó prestar a Merle Oberon a Samuel Goldwyn para su película “Cumbres borrascosas” (Wuthering Heights) viendo en ello una oportunidad para también proponer a Olivier para el rol de Heathcliff. Cuando el productor americano aceptó Korda se dio a la tarea de convencer a Olivier, quién no quería saber nada de Hollywood, pero después de arduas negociaciones decidió marchar a Estados Unidos a realizar el filme, alcanzándolo a los pocos días Vivian, con la esperanza de participar en la película, sin embargo Goldwyn no pudo cumplir con su promesa, ya que el papel que le interesaba a Vivian, ya se le había dado a Merle Oyeron, sin embargo como David Selznick estaba preparando el rodaje de “Lo que el viento se llevó” y tenía ya más de dos años buscando la actriz ideal para Scarlett O’Hara , Goldwyn, que también era socio de esa productora, junto con el agente de Olivier y de Vivian que era Marius, el hermano del productor David, se la llevaron a presentar al tycoon Selznick, que según la leyenda quedo impresionado con Vivian y de inmediato le ofreció el rol de Scarlett.
Lo cierto es que los costos de “Lo que el viento se llevó”, se habían ido a las nubes para esas fechas, en que ya se había iniciado el rodaje de las escenas de conjuntos, por lo que Selznick apurado ya en definir a la protagonista de Scarlett O’Hara , vio la oportunidad de lanzar a una nueva actriz –prácticamente desconocida por el público en Estados Unidos-, la cual sólo había hecho 9 películas en Gran Bretaña, que no eran tan conocidas por el público americano, aunque Korda se había encargado de enviarle una copia de ellas a Selznick, para que viera a Vivian, por lo que la historia del súbito“flechazo” inspirador tiene más de mito que de verdad, pero que otra cosa se puede esperar de la “fábrica de sueños” que es el cine.
La elección fue acertada y Vivian Leigh hizó una inolvidable Scarlett, como si realmente ella fuera una auténtica sureña de Estados Unidos y no una refinada dama inglesa. En esos momentos la Leigh tenía 26 años y se convirtió de la noche a la mañana, en la actriz más popular del mundo.
Curiosamente después de ese clásico Vivien Leigh sólo volvería a trabajar en otros 9 filmes, lo que hace un total de 19 películas en toda su vida.
Si trabajó poco en el cine, fue porque en un principio le dedicó mayor tiempo a su carrera en los escenarios teatrales de Londres y porque los productores al saberla casada con Laurence Olivier, “el gran actor inglés”, supusieron que ella sólo aceptaría trabajar en roles que tuvieran una gran intensidad dramática, que le permitieran demostrar que ella era “la gran actriz inglesa”.
En 1940 hizo al lado Robert Taylor un espléndido melodrama que fue “El puente de Waterloo”, en donde era una bailarina de ballet, que en medio de la Primera Guerra Mundial, encontraba el amor en los brazos de un apuesto soldado, pero que a causa de un error, cree que éste ha muerto y en su desesperación y abandono se deja caer en la prostitución y, al volverlo a encontrar, se suicida antes que tener que confesarle que lo ha deshonrado.
En 1941 sería una sobria “Lady Hamilton”, en la cinta de Alexander Korda, con ese mismo título y en la cual Lawrence Olivier era Lord Nelson, el gran amor adultero de Lady Hamilton. En 1946 fue la irresistible reina egipcia, en la versión cinematográfica que dirigió Gabriel Pascal, basada en la obra de Bernard Shaw. “Cesar y Cleoptara”, resultando una mediocre cinta, sin el menor lucimiento de Vivian Leigh.
Otro personaje que le vino como anillo al dedo, en su engarce de mujeres envueltas en tragedias amorosas fue “Ana Karenina”, en 1948, en una aceptable versión dirigida por Julien Duvivier.
El 3 de diciembre de 1947 se marca un hito en la historia del teatro norteamericano cuando en Nueva York, bajo la dirección de Elia Kazan, Jessica Tandy, Kim Hunter, Kart Malden y Marlon Brando obtienen un resonante triunfo con la representación de la controvertida obra de Tennesse Williams “Un Tranvía Llamado Deseo” y la cual Vivian Leigh conoció su texto por recomendación de su amigo Cecil Benton De inmediato se sintió atraída por el personaje de Blanche Dubois y Hugo Beaumont quién tenía los derechos de la obra para Inglaterra, estuvo dispuesto a que quedaran libres de sus compromisos los Olivier, para representarla en Londres, bajo la dirección de Laurence y Vivian en el rol de Blanche.
Después de varias dudas sobre la obra Laurence se encargó de la dirección y se estreno el 11 de octubre de 1949. En 1982 Olivier le declaró aun periodista “Mi pobre mujer, Vivian, se metía demasiado en la piel de los personajes que interpretaba”, lo cual parece ser que sucedió sobre todo en el caso de Blanche Dubois o que a causa de la enfermedad maniaco-depresiva que le carcomía y no le era correctamente diagnosticada, sus arrebatos de desequilibrio emocional se le atribuían a su trabajo de construir un personaje, en que como dice Serge Mafioly en su libro “El alma de Scarlett: Vivian Leigh”. “…prefería sacar a relucir el drama de una mujer vulnerable, herida por la vida y el amor que, tras la promiscuidad, encuentra en la locura un refugio para su miedo a l vejez y la muerte”.
Su médico Alan Dent había buscado que no interpretara a Blanche, temeroso de que le causara problemas en su raquítico equilibrio emocional y parece que acertó, pues su relación con Olivier, tenía ya varios años en que parecía mas la de dos hermanos, que la de amantes o maridos, pues en 1940 se casaron formalmente. Vivian empezó a buscar, sin recato alguno, al igual que Blanche, la compañía de otros hombres con desesperación, como fue el caso del australiano Peter Finch.
Cuando Hollywood decido llevar a la pantalla “Un Tranvía Llamado Deseo” se mantuvo el reparto original de Nueva York Kart malden, Kim Hunter y Marlon Brando, a excepción de Jessica Tandy, que hacía de Blanche y se prefirió a Vivian Leigh, ya que según el dicho del productor, se necesitaba un nombre que le dijera algo a los espectadores de cine. Más allá de cual fuera la razón lo cierto es que Vivian Leigh estuvo brillante como Blanche Dubois y según los críticos que vieron la representación de Nueva York, Brando no lograba relegarla a un segundo plano, como a Jessica Tandy, pues en la versión fílmica la obra no giraba en torno a Brando y su interpretación brutal de Kowalsky, sino que tenía enfrente de si a alguien que también estaba magistral en su papel. Y es mejor declarar un empate salomónico entre Brando y Vivian, antes que decidirse por uno de los dos, aunque los miembros de la Academia si lo hicieron, ya que aunque Vivian Leigh obtuvo su Oscar de mejor Actriz en 1951, al igual que Kim Hunter y Kart Malden lo obtuvieron de Mejor Co-Actriz y Mejor Co-Actor respectivamente, Marlon Brando, ha pesar de estar nominado, vio como la presea de Mejor Actor fue para Humphrey Bogart, por su labor en “La Reina Africana”. Pero independientemente de los premios, si algo mantiene vigente a “Un Tranvía Llamado Deseo” en su versión fílmica es el conjunto de sus interpretaciones, así como la gran capacidad de Kazan, para manejar con gran sutileza, e intensidad los contenidos simbólicos de la obra.
La vida personal de la actriz se fue desquiciando poco a poco más, con intervalos de cierta lucidez, pero con una inestabilidad tal, que cada vez le fue más difícil conseguir trabajar, pues a su desequilibrio emocional, se le juntó su exceso en el consumo de alcohol, razón por la cual abandonó el rodaje de “La Furia de Ceylan” (Elephant Walk, 1953), en 1952 siendo sustituida por Elizabeth Taylor.
En 1955 realizo “The Deep Blue Sea” junto a Kenneth More, bajo la dirección de Alexander Korda, pero sería a través de la adaptación de otra obra de Tennesse Williams que volvería a brillar en 1961 en “Primavera Romana” (The Roman Spring of Mrs. Stone) en que a sus 48 años mostraba una belleza madura, que hacía encantadora su actuación. Su último film fue “La Nave del mal” (Ship of Fools).
Separada de Laurence Olivier desde 1960, se paso sus últimos años en cierto aislamiento y sufriendo los estragos del tratamiento de electro – shocks que en nada la aliviaron de su enfermedad maniaco-depresiva, muriendo, a consecuencia de la tuberculosis el 8 de julio de 1967 y si bien en alguna ocasión declaró con intransigencia “Nunca digan que soy una estrella de cine. Soy una actriz y detesto el cine”, fue este medio el que le permitió el reconocimiento mundial y la admiración de los cinéfilos que siempre la recordarán por su Scarlett O’Hara y Blanche Dubois, personajes a los cuales en mi selección personal, agregaría la trágica Myra Lester de “El Puente de Waterloo” y a Karen Stone de “Primavera Romana”, que por cierto por esos avatares del destino cinéfilo, la viera cuando su estreno en Aguascalientes en 1962, un mes después de una reposición de “Lo que el Viento se Llevó”, produciéndose en mí una extraña fascinación por la actriz a la cual acababa de ver en su lozana belleza ejerciendo una enorme atracción erótica que contrataba con su belleza de porcelana a los 26 años y en “Primavera Romana” como dijo José Quintero, el director del filme, se nos aparecía “resplandeciente como una orquídea” siendo capaz de motivar sueños eróticos en un adolescente de quince años que la miraba arrobado en la pantalla o como confesara a José Quintero: “De hecho, lo que yo tenía era un esplendor que iluminaba el cielo por un instante y que la gente confundía con el talento. Pero tenía más que ver con belleza y la juventud, y tu sabes cuán halagadoras pueden ser la juventud y la belleza”. Esplendor que conservó hasta su madurez y que la hiciera una de las actrices inolvidables del cine del Siglo XX.
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