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Banderas y Ancestros

Escrito por Jaime Casillas-Ugarte | 13 de Febrero de 2007 | Categorias: Bélico, Cine Norteamericano, Estrenos | Tiempo de Lectura: 14m 38s | Leido 1428 veces.

Apuntes sobre “La Conquista del Honor” de Clint Eastwood y “Apocalypto” de Mel Gibson

collage.jpgNicolás Maquiavelo recomendó a su príncipe, (en aquel libro célebre de táctica política), que cuando sus ejércitos se encontraran golpeados, desmoralizados y desparramados, sólo había una salvación: “Ritornare al segno”. Es decir, “volver a la bandera”. Reagruparse bajo su vuelo y desde ahí, meditar la manera de alcanzar la victoria.

La historia y la leyenda nos enseñan, que en todos los tiempo y culturas, bajo el ondear de un pedazo de tela, se han construido historias de empuje mítico. Y pensemos un momento en esto y acordémonos de célebres banderas. Ya sé que están pensando en el cura Hidalgo y su estandarte de la Virgen de Guadalupe, y también en un cadete que voló enredado en la tricolor, alejándose de un castillo sentenciado a muerte.

Por ahí anda el territorio al que nos invita Clint Eastwood en su última película “La Conquista del Honor”, cuyo título en inglés introduce al espectador, de manera definitiva en la materia prima de su mitología: “Flags of our fathers”. Algo que yo traduciría como “Banderas de Nuestros Padres”.

La cinta está construida alrededor de una imagen muy conocida. Una fotografía tomada el 23 de Febrero de 1945, por el enviado de la agencia Associated Press, Joe Rosenthal, en la cima del monte Suribachi, en el fragor de la batalla por la isla de Iwo Jima. En su trazo poético, por supuesto en blanco y negro, Rosenthal captó un momento, una fracción, un grano del reloj de arena de la historia: un grupo de Marines estadounidenses, izan una bandera. Son seis soldados que con gran esfuerzo clavan una improvisada asta y la levantan al viento.

Gran momento. Bien tomado. Hay fuerza, empuje, esperanza y, sobre todo, conquista. Rosenthal se lamentó de no haber visto las caras de los soldados, pero el conjunto y el momento que detuvo, nos dicen que no necesitaba de ningún gesto lastimero, o una carita de compasión. Cuando alguien les hable del lenguaje del cuerpo, recuerden esta imagen. Sin un rostro, ni una palabra, está dicho todo. La batalla, sus despojos, la fuerza y la fiereza. La victoria y sus altos costos.

flags_of_our_fathers_xl_01.jpgLa imagen fue enseguida portada de periódicos y revistas. Fue admirada, reverenciada y convertida en un icono de manera instantánea. Es la imagen más reproducida en la historia de la humanidad y uno puede encontrarla convertida en casi lo que se imagine. Toallas, tazas, ceniceros, lapiceros, anillos, relojes, corbatas, bufandas, chamarras, encendedores, pitilleras y todos los etcéteras que varias hojas puedan contener.

La reflexión es válida y ya la trae usted en la cabeza. ¿De dónde todo este furor? ¿Por qué?

Eastwood toma como punto de partida a James Bradley y la investigación que hizo, para escribir un libro. Este, seguramente subyugado por la fotografía, quiso saber más de ella. Además resulta que uno de los seis soldados retratados, era precisamente su padre, el enfermero de campaña John “Doc” Bradley. Aquí comienza a caernos el veinte del porque del título “Banderas de Nuestros Padres”.

Así que la narración, de declarado corte acronológico, responde a las idas y venidas de un personaje bastante secundario en la anécdota, este investigador que va desentramando las marañas que una historia como esta puede generar.
Lo que vemos en pantalla y que ocupa la mayor parte de la cinta, son los hilos que se juntaron, enredaron y tejieron, para llegar hasta la toma de la fotografía y cómo ese momento impreso en un negativo de gelatina de plata, vino a cambiar por completo la vida de los involucrados. Entonces nos tenemos que enterar de quiénes eran los seis soldados, cómo llegaron a ese momento sublime, y qué fue de cada uno de ellos.

Flags of our FathersPorque, (y aquí comienza a funcionar el haber empezado esta colaboración con Maquiavelo y para que vean que no fue una puntada pedante de quien esto escribe), según lo que cuenta la película, la imagen de Rosenthal vino a representar, para las huestes norteamericanas, una gráfica, explícita, inconmensurablemente exacta representación de “Ritornare al segno”. Pinta Eastwood en la película, un panorama negro para los ejércitos norteamericanos en su campaña por el Pacífico Sur, precisamente en las fechas de finales del 44 y principios del 45. Encarnizada había sido la lucha contra los japoneses. Encarnizada y con magros resultados. Pero esto parece revertirlo, a los ojos de los millones de ciudadanos norteamericanos, la imagen gloriosa de la victoria en Iwo Jima. Así que con la fotografía de ariete, comienza una campaña publicitaria de éxito atronador.

Y de la mano de Maquiavelo vamos más allá, porque a algún político se le ocurre traer a los soldados héroes de Iwo Jima y ponerlos a la cabeza de la campaña de venta de bonos de guerra, furiosa cooperacha en la que los ciudadanos ponían su dinero ayudando al esfuerzo bélico. El presidente Roosevelt ordena entonces la repatriación de tan insignes combatientes, con lo que da comienzo la fabricación maquiavélica, metódica y concienzuda de héroes que se venden como productos, para el ávido consumidor norteamericano, deseoso de victoria.

Conocemos entonces los avatares de John Bradley, Ira Hayes y Rene Gagnon, tres pobres soldados enfrentados al manipuleo de la historia, a la poderosa maquinaria propagandística, a una mentira más.

Llegamos al corazón de la película, que se mueve entre las necesidades de la patria, y de los patrioteros, y la reacción de los combatientes, ante un hecho inmoral. Porque estos héroes, que fueron paseados frente a muchedumbres hambrientas de victorias, nos venimos a enterar que, por ejemplo, en el caso concreto de Gagnon, ni siquiera había sido del grupo original que había izado la bandera, sino un simple espectador. Tampoco un soldado que hubiera luchado con fiereza, sino un simple mensajero.

ryan_phillippe1.jpgY el conflicto se establece cuando los héroes de todo un pueblo, se sienten ante ellos mismos, como poco menos que unos impostores. Aquí el dilema moral sobre el que reflexiona Eastwood. Aquí la construcción dramática modelado bajo las premisas de los anti-héroes, en el más estricto de sus sentidos. Tres hombres que rechazan el dictado fraudulento de la historia y que simplemente no quieren hacer eso que les obligan a hacer.

Y aquí también el momento débil de la cinta, cuando no conocemos profundamente las razones por las cuales los héroes se niegan a serlo. Eastwood pasa por esta parte de la historia, como si lo que estuviera diciendo fuera tan obvio que no necesita contarse. Yo salí del cine preguntándome qué había dentro de Ira Hayes que lo obligaba a beber como demonio y añorar el drama de batalla. Qué había en “doc” Bradley que lo torturaba con gritos y lamentos y lo llevaba a la menor provocación a recordar las agonías de Iwo Jima.

eastwood-lac2-f.jpgFinalmente y en el largo aliento de la historia, Eastwood no puede escapar de la pretensión Holywoodense de construir héroes, y sus personajes se vienen a convertir en esto, ¡precisamente por haberse negado a ser héroes!, aunque sus motivos no queden del todo claros.

Y para que vean que sí soy pedante y que me gusta citar a distintos autores, recordar lo que Bertold Brecht, célebre dramaturgo alemán del siglo XX, dijo en una de sus hoy muy vituperadas obras. Concretamente en “Galileo Galilei” en la escena 13. Dice ahí Galilei: “Desgraciada la tierra que necesita de héroes”.

Y esta frase lapidaria, cierra perfecto la manera cómo piensa Eastwood y nos lleva a reflexionar en otra película. Dejemos un momento a Eastwood y sus banderas y vayamos a otras dimensiones. La que nos propone el chico Mel en su polémica “Apocalypto”.

ApocalyptoMel Gibson, como Clint Eastwood, comenzó en el cine como actor. Se dio a conocer en la cinematografía Australiana y con sus ojos tristes y su pinta de buen muchacho, arrulló en sus brazo a unas bellas, e hizo morder el polvo a bastantes malos. Mel actuaba en películas de aventuras, de policías y ladrones, perdón, la moda ahora es de policías y sicóticos. Tal vez Mel inauguró una veta, un subgénero dentro del género de cintas policíacas, que podríamos catalogar como sicóticos contra sicóticos. ¿Se acuerdan de su exitosa serie de “Arma Mortal”? Cuatro divertimentos que dirigió Richard Dooner entre 1987 (la primera) y 1998 (la última), donde Mel interpretaba a un loquito convertido en policía.

Pero ese no es el punto. Mel, vamos a decirlo en buen plan, un actor carismático, pero muy poco dotado técnicamente, un día emigró a la dirección. Con tan buena suerte que su segunda película tuvo un éxito inesperado y hasta arrasó en la entrega de los óscares del año de su producción, 1995. ¿Se acuerdan de “Corazón Valiente”? El cielo era poca cosa para Mel.

Como director su siguiente película fue otro éxito rotundo, “La Pasión de Cristo” de 2004.

Ahora nos receta “Apocalypto”, una ardua batalla entre mayas despiadados, y con ella la polémica encarnizada.

Quisimos hablar de estas dos películas juntas porque creemos que tienen muchas similitudes. Dos actores entrados en la dirección. Es más, dos actores convertidos en estrellas por esos atributos que nadie entiende y que no tienen nada que ver con el talento histriónico. Claro, dos personalidades cinematográficas agradables y bonachonas. ¿A quién no le cae bien Clint Eastwood y sus vaqueros? ¿A quien no le cae bien Mel? (Bueno posiblemente a William Shakespeare después de lo que hizo con su más inmortal personaje. ¿Se acuerdan del “Hamlet” que asesinó Mel en complicidad con Franco Zeffirelli en 1990?).

apocalypto.gifY en lo que respecta a estas dos películas, son tan diametralmente opuestas que vienen a ser un perfecto ejemplo de los dos extremos que finalmente se tocan.

En “La Conquista del Honor” vemos a un grupo de personajes al que las circunstancias empujan para convertirlos en héroes y ellos se resisten. En “Apocalypto” vemos el relato de una comunidad que tiene que engendrar un héroe para resarcir las injusticias de las que ha sido objeto.

Apocalypto” es una historia de sobrevivencia en el más puro estilo de tanta aventuras propuestas por el cine norteamericano. Sobrevivencia pueril y barriobajera que es el pretexto para aventuras y persecuciones. Por cierto aventuras bobaliconas y persecuciones plagadas de cosas sinsentido. Claro que todas girando alrededor del héroe. El hombre que tiene que sublimarse para sobrevivir y acabar con la amenaza a la que se enfrenta.

flagb46gk.jpgLo curioso es que Mel se equivoca totalmente al ubicar esta historia en un universo mítico, el de los Mayas, que no tiene héroes. El mundo prehispánico en México carece completamente de esta categoría, muy occidental por cierto. Yo no soy un estudioso del tema, pero podemos observar que los antiguos mexicanos, en su literatura y en su historia, no manifiestan ese culto a la individualidad de un ser. En los pocos ejemplos de que disponemos, no hay héroes como tales.

“Apocalypto” es una historia de aventuras, que se pudo haber ubicado en la Grecia clásica, en las llanuras de Nuevo México, en la Francia del siglo XVI, en los territorios de las Cruzadas. Pudo haber sido western, odisea de Ciencia Ficción, película de caballería. No sabemos a qué respondió la intención de ubicarla en el mundo Maya. Posiblemente para darle un ambiente exótico y poco explorado. Posiblemente para jugar al universo multicultural, tan efectivo mercadotécnicamente hablando, en los últimos tiempos.

200701121150-1-apocalipto2.jpgNosotros nos desgarramos las vestiduras ante las inexactitudes históricas y lo mal retratado que está el mundo de nuestros ancestros, pero sinceramente me parece darle más importancia de la que se merece un divertimento como “Apocalypto”. Porque, finalmente, la película no pretende ser una acuciosa reconstrucción histórica. Quiere ser una aventura y como tal, está plagada de los males de este tipo de cine. Cosas ilógicas, exageraciones y eternos segmentos consagrados al trompón, el descontón, la cuchillada trapera y muchas tonterías. Eso si, adoradas por un segmento muy amplio de la gente que asiste al cine.

Aquí sólo quiero informarles que al momento de escribir esto, la película había recaudado a nivel mundial, más de 105 millones de dólares. Si tomamos en cuenta que costó 40 millones, ya nos podemos imaginar que más allá de lo que digamos, la cinta es un éxito de taquilla. Como lo han sido tantas cintas de acción, urdidas con manos torpes y realizadas con múltiples concesiones.

Y ya que hablamos de realización, hay que decir que la de Eastwood, en el plano de su factura, es una película impecable. Una fotografía de prodigio que le saca la vuelta de manera inteligente a “Salvando al Soldado Ryan” (Saving Private Ryan, Steven Spilverg, 1998), que desde el día de su estreno se ha erigido como la referencia obligada para el mundo visual y de montaje, en lo que a cine de guerra se refiere. Aquí también hay una fotografía con colores desaturados, también los contrastes muy pronunciados gracias al proceso llamado “Silver retain”, pero no maneja el obturador cerrado y sus estroboscópicos resultados. Tampoco ese gratuito gran espectáculo, que un despliegue de montaje pirotécnico, suele aportar a las secuencias. Lo más admirable en el trabajo del director, es la economía de medios y la sobriedad, sin que por esto desmerezca en lo mínimo lo contado.

20061206_flacn_971942.jpgPor su parte Mel, nos ofrece una visión atroz. Una fotografía espantosa, gracias a cámaras digitales que no han superado un problema técnico que se tiene desde que nació la cinematografía digital. La pésima respuesta de este tipo de cámaras para capturar el movimiento, o el Dinamic Range, como dicen los expertos en la materia. Y como Mel, fiel a la manera de hacer las películas de acción, tiene que mover la cámara de manera frenética para retratar sus persecuciones y peleas, la imagen que nos ofrece suele ser un rayón de formas difusas. Y claro, una cobertura de las secuencias, con la cámara brincando de un punto a otro sin ton ni son, más acorde a los videos musicales.

En estas diferencias fundamentales, también podemos encontrar los extremos que se tocan. Eastwood, un veterano maestro de la economía y la mesura, Gibson un alocado artesano de la narración desaforada.

Pero los dos nos proponen la formula de la tierra que necesita de héroes. Para Gibson en una lucha de sobrevivencia, para Eastwood en una maniobra mercadotécnica.

Quizá mi última reflexión tenga que ver con la película de Eastwood. Sinceramente a mi no me convence, como parece haber convencido a legiones de críticos, su postura. Lo que quiere decir es, en medio de esta guerra hicimos muchas inmoralidades y una fue inventar héroes e intentar manipular la historia. El gobierno de Estados Unidos puede sentirse avergonzado. Sinceramente creo que esa posición es bastante infantil y a la que se le puede replicar de manera Maquiavélica, con una máxima de este pensador que ha venido acompañando nuestras elucubraciones: “El fin justifica los medios”. Y perdóneme señor Eastwood, pero si para vencer a los japoneses había que manipular a los ciudadanos norteamericanos para que compraran bonos de guerra, me parece perfecto que lo hicieran. Porque esa era una guerra moralmente intachable. Estaban atacando a los demonios del Pacífico, los aliados de Hitler, los que habían sembrado muerte y destrucción en aquella zona y habían agredido arteramente a los Estados Unidos y a muchos otros países. (remember Pearl Harbor?).

collage2.jpg“El fin justifica los medios”, cuando el fin está moralmente justificado. ¿Por qué nos deberíamos escandalizar ante el manipuleo de un hecho como el que nos cuenta “La conquista del Honor”? La verdad me parece un pecado, pero un pecado muy menor. Escandalizados estamos ante el manipuleo de información que ha sido la guerra de Irak y la campaña de Afganistán. Ahí el fin no justifica los medios, porque se trata de guerras totalmente inmorales e injustificadas. En el que ni siquiera han podido inventar ninguna victoria. Ninguna fotografía que signifique conquista, a no ser por el lastimero espectáculo de la ejecución de Sadam.

Yo recuerdo que la Segunda Guerra Mundial terminó, en su fase Pacífico, con una exhibición de fuerza por parte de los norteamericanos. Dos bombas atómicas que destruyeron sendas ciudades habitadas principalmente por población civil, Hiroshima y Nagazaki. Fue un hecho atroz. Dos ciudades, de civiles, borradas del mapa. El veredicto de la historia parece haber sido: el fin justifica los medios. Para acabar con esa guerra y ya no seguir matando gente, teníamos que matar a un montón de un trancazo. Bueno, más estrictamente, de dos trancazos. ¿Es esto moralmente aceptable? Y haga el lector sus reflexiones.

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Hay 2 comentarios

  1. Ver cine y analizarlo son cosas distintas, antes de Eastwood ya se ha hecho una película con el tema de los soldados explotados por el sistema para propaganda, y justamente con los mismos soldados y contándonos la historia de uno de ellos, un piel roja (Tony Curtis), que fallece víctima de la incomprensión propia y ajena ante la botella de licor; Eastwood sabe que los amantes del cine ya sabemos de qué se trata. Y en cuanto a los héroes, no hay sociedad sin ellos, ni cine, y los Mayas nos cuentan de su historia solamente la cronología de los suyos, en cuanto gobernantes, así que no veop sitio para las objeciones, sería mejor ller a Gazapo respecto de esto, Dobn Gus lo tiene.

  2. interesantes comentarios de interesantes
    películas.

    Saludos.