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Eragon: Lecciones mal aprendidas

Escrito por Dario Zepeda Galvan | 9 de Febrero de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Cinefobia, Fantástico | Tiempo de Lectura: 5m 2s | Leido 444 veces.

EragonA veces uno no escarmienta, a pesar de los años y las malas experiencias, vuelve uno a tropezarse con la misma piedra. Esto es tremendamente cierto en el caso de la película de Eragon, que reunía todas las características necesarias para ser evitada, y con todo, mi terquedad y debilidad por ver dragones en la pantalla de un cine, me condujeron a presenciar esta crónica de un fraude anunciado.

Habrá que hacer aquí el paréntesis para apuntar que, a pesar de estar tentado en varias ocasiones, no he leído la novela que, se supone, es la base para esta película, pero también para avisar que ello no interesa mucho para los propósitos de este artículo, ya que no pienso ponerla en comparación con aquella (comparación de la que, según los que saben, tampoco sale bien librada) sino que pretendo revisarla dentro de los límites de este poco reconocido arte de la cinefobia.

Retornando al punto inicial de esta incipiente crítica, decía que desde su anuncio Eragon estaba plagada de malos presagios, entre los que destacaban tener a un ilustre desconocido en el papel principal y, paradójicamente, el tener a Jeremy Irons en el reparto. Lo sé, parece ser un contrasentido, regularmente uno espera que el Sr. Irons pueda salvar a sus desprestigiados o insulsos protagonistas de ellos mismos (duro de matar 3, el hombre de la máscara de hierro), pero por alguna extraña razón, cuando se trata de una película de fantasía, todos sus esfuerzos resultan en vano, como fue demostrado ampliamente en la inmensamente mala “calabozos y dragones”. ¿Qué? ¿no la han visto? No se preocupen, es más, no la vean, evítenla como la peste, de hecho, si la llegan a ver en un vídeo club, salgan corriendo de allí y demanden al encargado por atentar contra el séptimo arte. Así de mala es, con todo y el gran Jeremy Irons.

poster-eragon.jpgY ahora aquí está de nuevo, de segundón en una película de fantasía. Debí haberme hecho caso y ahorrarme el dinero, pero en mi descargo diré que también estaba anunciado John Malkovich y que eso (y, claro, ¡el dragón!) terminó por doblar mi justificado escepticismo. El resultado, como ya imaginarán, fue desastroso. La película es, de malita a muy mala, aún en los términos tan laxos de apreciación cinematográfica que yo poseo, en donde basta para que una película sea buena, que contenga una estupenda escena de pelea, o una gran persecución, o efectos especiales bien hechos o, para ser más específico, que logre hacer que me emocione con los protagonistas o la historia.

Y la película en cuestión falla en todos los casos, desperdicia de manera inverosímil tanto a Irons como a Malkovich (que tiene, si acaso, tres escenas), utiliza mal y poco los efectos especiales, y lo peor de todo, fracasa estrepitosamente al tratar de contar la historia del alumno y el maestro. Siguiendo las historias de héroes a lo largo y ancho de la literatura y la cinematografía, existen ciertos pasos que son necesarios para que esta versión del héroe como discípulo funcione. El héroe se va de casa, lo toma un viejo medio loco que es en realidad un gran mentor, el alumno reniega del duro entrenamiento pero aprende, al final, regularmente el mentor muere y el alumno regresa triunfal para vengarlo. La fórmula funciona tanto en Drunken master de Jacky Chan como en la guerra de las galaxias, en sencilla, es emocionante y es efectiva. Pues ni así la pudieron hacer bien en Eragon.

El alumno en cuestión nunca aprende, esto es, nunca sufre para adquirir su conocimiento, de buenas a primeras tiene un dragón, que (en una escena que hace que uno se quiera salir del cine) crece en cuestión de segundos para desarrollarse por completo, sin ningún proceso de por medio. De igual manera pasa con sus poderes mágicos, que usa sin ningún problema a los dos días de estar con su tutor, no hay que ser, esta bien que los cinéfobos toleramos bastante, pero hasta Luke Skywalker tuvo que esperar una película y media para poder pelear como Jedi, siennaguillory.jpgde hecho, no usa su sable sino hasta el Imperio Contraataca, y aquí me quieren hacer creer que de la noche a la mañana un niño adquiere el conocimiento cabal para usar su magia, no, es que ni siquiera en Harry Potter lo hicieron tan mal.

Y la lista apenas empieza ahí, las tomas de los protagonistas a caballo están copiadas, casi calcadas del señor de los anillos; el vestuario es malísimo, sobre todo en el caso de los tipos que son de la resistencia (cuyo nombre, afortunadamente, ya no recuerdo) parece un híbrido malvado de friso persa y el chaleco de gorila del sr. Burns, la elfa (porque resulta que era una elfa) no lo parece en lo más mínimo, los efectos especiales van de lo discreto a lo chafa (la “visión de dragón” es una copia, bastante menos espectacular de la de Depredador).

Pero lo verdaderamente terrible es el dragón. Y no me refiero al hecho de que resulte ser dragona, no, el problema es que durante toda la película, el dragón actúa más como un “fiel corcel” que como un auténtico dragón. Cualquiera que haya leído tantito así de literatura fantástica sabrá que los dragones no son ni perros ni caballos, son una cosa aparte, tienen que ser criaturas indescifrables y peligrosas, no perritos falderos. En comparación con esta dragona, el dragón amable que tenía la voz de Sean Connery en Corazón de Dragón era un monstruo impresionante. Vaya, que esta dragona es a sus demás congéneres, lo mismo que Barney el dinosaurio es para el resto de los Tiranosaurios Rex, lo salvaje vuelto lindo. Y eso, damas y caballeros, es horrendo.

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