La bella sueca Ingrid Bergman ganadora en dos ocasiones del Oscar de Mejor Actriz, en 1944 por “Luz que agoniza” (Gaslight, 1944) y en 1956 por “Anastasia” estará presente en TCM Classic Hollywood, en este mes dedicado 28 días a proyectar cintas nominadas al Oscar, precisamente con “Luz que agoniza” que pasara este miércoles 7 a las 19.00 hrs. Igualmente será posible verla en otras de sus dos más populares cintas que son “Casablanca” el lunes 12 a las 20.35 y “El hombre y la bestia” el 15 de febrero a las 19.00 hrs. Por lo que habrá que prepararnos a verlas en TCM o buscarlas en DVD, pues existen copias en el mercado de las tres, con el ingrediente extra de disfrutarlas en su idioma original y no dobladas al español, en que se pierde parte del encanto de la Bergman, que era su voz.
Ingrid Bergman nació el 29 de agosto de 1915, en la ciudad de Estocolmo, Suecia y precisamente otro 29 de agosto, pero ahora de 1982, fue que falleció en Londres, Inglaterra. Su vocación artística la llevó a ingresar, desde pequeña, en la Escuela Real de Arte Dramático de Estocolmo, llegando a convertirse pronto en una figura del teatro de su país. En 1934 debutó en el cine sueco en la cinta “Munkbrogreven”. En 1936 bajo la dirección de Gustav Molander lograría su primer éxito internacional en la tierna historia de amor “Intermezzo”, al lado del galán Lars Hanson.
El productor David Selznick vio pronto la conveniencia de importar a esta nueva belleza sueca que podía competir, con bastante éxito, con Greta Garbo.
La primera película que realizó Ingrid Bergman en Hollywood, en el año de 1939 fue, precisamente, un remake de su “Intermezzo”, pero ahora dirigida por
Gregory Ratoff y acompañada de Leslie Howard. El público norteamericano la hizo inmediatamente una de sus favoritas y la encasilló en roles románticos, como su Ilsa de “Casablanca”, su Maria de “Por quién doblan las campanas” y con la cual obtuvo su primer nominación al Oscar en 1943. Su Paula de “Luz que agoniza” le permitió ganar en 1944 su primer Oscar. La hermana Sor María de “Las campanas de Santa María”, fue otro lacrimógeno personaje que le dio su tercera nominación al Oscar. Aunque su convincente caracterización de la hermana Sor María le traería años después , una serie de irónicas consecuencias, cuando su affair con el director Roberto Rossellini. Pues su público no podía creer que la angelical y dulce Ingrid Bergman de la pantalla, pudiera ser capaz de cometer adulterio y tener un hijo con otro hombre, sin estar legalmente separada de su marido.
Pero antes de esta historia real Ingrid Bergman tuvo otro momento de gran triunfo en 1946 al ser la actriz más taquillera en Estados Unidos, vía su Alicia de “Tuyo es mi corazón” (Notorius) de Alfred Hitchcock y con Cary Grant de galán. Todavía logró su cuarta nominación al Oscar en 1948 por su brillante interpretación de “Juana de Arco”, personaje que también operaría en su contra, cuando la hipocresía moralina invadió a Hollywood y la envió a la hoguera por su tórrido romance con Roberto Rossellini.
En 1948 cuando estaba filmando “Arco del triunfo”, Ingrid Bergman le envió una carta a Roberto Rossellini, en la cual más o menos le decía: “He visto sus filmes Roma: ciudad abierta y Paisa, y me han encantado bastante. Si usted necesita a una actriz sueca que hable inlgés muy bien, que no se ha olvidado el alemán, que se hace entender muy mal en francés, y que en italiano sólo sabe decir ti amo, yo estaré lista para ir a hacer un filme con usted”.
La respuesta de Rossellini no se hizo esperar mucho y durante el rodaje de “Bajo el signo de Capricornio”, en Londres en 1949, bajo la dirección de Alfred Hitchcock, la actriz acompañada de su marido el doctor Lindstrom, viajaba los fines de semana a París,a encontrarse con el director italiano para planear la realización del filme “Stromboli”.
El escándalo de los amores clandestinos y ostentosamente públicos, entre Rosellini y la Bergman estalló en 1950 en Estados Unidos, e inmediatamente, gracias a una insidiosa campaña moralista de la revista “Life” y otros magazines dedicados al espectáculo en Hollywood, el público norteamericano, azuzado por asociaciones religiosas, sobre todo de matriz católica, repudiaron las películas protagonizadas por Ingrid Bergman.
De 1950 a 1955 Ingrid Bergman sólo trabajó para su “marido· Roberto Rossellini en seis películas que fueron “Stromboli”; “Su gran amor” (Europa ’51); “Somos mujeres” (Siamo donne); “Te querré siempre” (Viaggio in Italia); “Giovanna D’Arco al rogo”y “Angustia (Angst).
Sus relaciones con Rossellini se fueron deteriorando y el productor Daryl Zanuck vio la oportunidad de un retorno triunfal a Hollywood de Ingrid Bergman a través de la cinta “Anastasia”. Zanuck señalo en un memorándum que el público norteamericano sabría perdonar a la actriz, ya que ella tenía el coraje suficiente para hacer el papel de una sufrida mujer que había sacrificado todo por amor.
Zanuck no se equivocó y “Anastasia” trajo para Ingrid Bergman su segundo Oscar y el “perdón” de sus admiradores. El publicista Hill Davidson llegó a reconocer su “culpa” en la formación de la imagen e santidad de Ingrid ante el público. Y, la actrz en una entrevista efectuada en 1968, cuando ya no tenía ninguna importancia su “affair” con Rossellini dijo: “La gente no quería aceptar que yo podía tener emociones al igual que cualquier mujer”.
Los tiempos que corren nos hacen ver con sonrisa burlona las actividades de Hollywood y el público norteamericano sobre la vida privada de Ingrid Bergman, pero aunque esta historia tuvo un final feliz, bastante melodramático, por cierto, la verdad es que el caso de Ingrid Bergman es uno de los más claros ejemplos de la capacidad de un medio, para hacer creer al público que la imagen cinematográfica de la actriz debería de ser su imagen de la vida real.
Su segundo Oscar le permitió reanudar su carrera cinematografica, logrando algunos éxitos como en “La posada de la sexta felicidad” (The inn of the sixth apiñes, 1958). En el drama “Otra vez adios” (Aimez-vouz Brahms, 1961) basada en la obra de Francoise Sagan “Le gusta Brahms”, dirigida por Anatole Litvak, con Yves Montand y Anthony Perkins, buscando el amor de Ingrid Bergman. Así como en “La Visita” al lado de Anthony Quinn, donde era una mujer que regresaba a su pueblo natal, a cobrar venganza del hombre que la había violado y arrojado a la prostitución. En 1974 conseguiría su tercer Oscar, aunque en esta ocasión en la categoría de Mejor Actriz Secundaria, por su participación en “Asesinato en el Expresso Oriente”. Pero para nuestro gusto donde luciría, nuevamente, su gran talento interpretativo sería en la esplendida “Sonata de Otoño” (Autumn Sonata, 1978) dirigida por su paisano Ingmar Bergman y en la cual tendría un gran duelo con Liv Ullman, quién hacía el papel de su hija, que le reclama el abandono en que la había tenido a lo largo de su vida. Historia dolorosa de sentimientos encontrados, realizada en forma magistral por el director Ingmar Bergman y que le permitiría a Ingrid conseguir su septima nominación al Oscar.
La última película de Ingrid Bergman fue para la televisión, una biografía sobre Golda Meir, la ex primer ministro de Israel y otra mujer, que al igual que ella, tuvo que levantarse de las censuras e incomprensión de sus contemporáneos para lograr triunfar, merced a su férreo carácter y determinación.
Ingrid Bergman es uno de los rostros inolvidables del cine y de la cual nos quedan en el celuloide una serie de grandes actuaciones, que nos hacen obligado verlas una y otra vez, como es el caso, en esta ocasión de las tres cintas que podrán ver los cinéfilos en TCM este mes.
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