El 2 de febrero de 1969 –hace treinta y ocho años- murió Boris Karloff, uno de los villanos más famosos del cine norteamericano, el cual debió su fama a su caracterización del monstruo Frankenstein, en la cinta del mismo título y la cual, por cierto tuvimos oportunidad de volver a ver, hace unos días, en el canal de TCM Classic Hollywood, al igual que “El hijo de Frankensetin”, manteniéndose como dos excelentes muestras del género del horror de los años treinta del siglo pasado.
Boris Karloff nació el 23 de noviembre de 1887 en la ciudad de Londres. Debutó en el cine en 1916 en “The dumb girl of portici”, aunque realmente fue hasta 1925 en “Forbbiden cargo”, cuando comenzó a trabajar de manera continuada en el medio, haciendo papeles secundarios de villano en varios westerns clase “z” y uno que otro filme de gangsters como “The criminal code” (1931) de Howard Hawks. Pero sería con “Frankenstein”, de James Whale, realizado en 1931, el filme con el cual ascendería al estrellato, convirtiéndose en el sucesor de Los Chaney, en los Estudios Universal, productora especialista en los años treinta y cuarenta en las películas de horror y terror.
Fue tal el impacto que causó entre el público la presencia del extraño ser creado en el laboratorio con miembros de cadáveres por el doctor Frankenstein, personaje debido a la inspiración de la brillante escritora Mary W. Shelly, que terminó por ser identificado con el nombre de su “creador” y pasó a ser Frankenstein, el monstruo.
En realidad, el verdadero artífice de Frankenstein, junto con Boris, fue el maquillista Jack Pierce. Mientras él les proporcionaba presencia “terrorífica” a los monstruos interpretados por Karloff, éste les insuflaba vida, con su gran capacidad histriónica. Bástenos recordar la primera mirada de odio que el hombre artificial lanzaba al sabio Frankenstein, cuando abrió los ojos a la vida, después de la exitosa operación. Y, en contraste tenemos la mirada de ternura a la niña en el bosque, el único ser viviente que no le muestra miedo a la creatura en la película. En realidad Boris Karloff fue siempre un actor con una gran presencia, dignidad e inteligencia, que le permitían darle el toque de credibilidad necesaria al sin fin de personajes que le tocó interpretar en una serie de filmes de horror y terror, con historias absurdas y disparatadas que su sola aparición hacía visibles, o mejor dicho verosímiles.
Encontramos además en su filmografía junto con “Frankenstein”, excelentes filmes de terror como “La novia de Frankenstein” (1935); “La momia” (1932); “La máscara de Fu Manchu” (1932); “El gato negro” (1934); “El cuervo” (1935);”La isla del diablo” (1939); “Profanadores de tumbas” (The body snatcher, 1945); “La guarida de Frankenstein; “El castillo negro” (1952) y “Míralos Morir” (Target, 1968), lista incompleta pues se trata de una selección apresurada entre sus 199 filmes realizados durante toda su carrera.
Karloff se fue logrando una fama de imprescindible en los filmes de terror de la Universal, y lo fuimos viendo transformarse de monstruo a momia, de muerto que resucitaba, hasta terminar de científico creador de monstruos, para cerrar un imaginario y simbólico círculo, iniciado con “Frankensetin”.
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