Recomendación: Lea este artículo escuchando las canciones y cantantes de las cuales se hace mención, lo disfrutará más (iba a estar escrito en formato guión, pero ya era mucha sangronada).
Para comenzar…[1] esta es una de las películas que nunca he reseñado y más ganas de hacerlo había tenido por casi siete años. Además, es conclusión de un período semestral en el cual no escribí ni una carta a los Santos Reyes, mucho menos al Niño Dios (el mismo morro que nunca le trae ni madres a mi amigo Diego) y le quedé a deber bastante a mi legión de lectores de Crisol en Línea.
Hoy rompemos el encanto, hoy se acaba el silencio gráfico, continúo achatando mis huellas dactilares y borrando las letras del blanco teclado donde intento, si me lo permiten, hacerle homenaje a una de mis cintas favoritas por partida triple: primero, por tocar el tema de un jovenzuelo aspirante a periodista a quien todos los desdeñan y desprecian por su edad o aparente inexperiencia; segundo, por retratar una etapa cuasi romántica de la etapa posclásica del rock en inglés; y tercero, por su dirección y manufactura a partir de un melómano insuperable como lo es Cameron Crowe.
Este director de cine antes de serlo ya era una celebridad dentro del mundillo del espectáculo por su involucramiento con la música desde la icónica revista Rolling Stone, siendo ahi desde reportero a los 18 años a editor en jefe a finales de los años ochenta, Crowe rompió con muchos esquemas de género que la misma publicación le permitía y debutó como guionista en 1982 en la cinta “Fast Times at Ridgemont High” (No sé como demonios se llame en español, la he visto en varias versiones y siempre la titulan diferente), en la cual se comenzó a formar ciertos estereotipos juveniles que vendrían a completarse en las famosas cintas de John Hugues, principalmente en “El Club de los Cinco” (The Breakfast Club, 1985) y aquella inolvidable pieza “Don’t you forget about me” de Simple Minds. Desde entonces, las películas con intervención de Crowe contenían elementos constantes hasta su más reciente y última obra “Todo pasa en Elizabethtown” (2005).
Pero ¿Qué sucede en las cintas del buen Cameron? Siempre contendrán una carga muy alta de canciones perfectamente escogidas para decorar momentos de plena emotividad. A estas alturas es difícil olvidar a John Cusack cargando una grabadora tocando “In Your Eyes” de Peter Gabriel a todo volumen a manera de gallo mañanero de bajo presupuesto. O quizá Tom Cruise encontró uno de sus momentos más álgidos como estrella al cantar agitadamente “Free Fallin” de Tom Petty mientras manejaba su auto rentado por la avenida del fracaso. Qué decir también de los momentos de confusión en la secuencia final de “Vanilla Sky” ambientada con “Good Vibrations” de The Beach Boys o la banda y su peculiar crew cantando “Tiny Dancer” de Elton John a coro pelón en “Casi Famosos” mientras Doris los trasladaba a una tocada más. Sin embargo, su última cinta llega al punto de la exageración y autocomplacencia cuando repite varias veces este recurso y aún así, funciona adecuadamente cuando el primo perdedor del protagonista perdedor toca una calamitosa e incendiaria versión de “Free Bird” de los legendarios Lynyrd Skynyrd en el homenaje a uno de los hombres más queridos y arrebatados (por Susan Sarandon, eso si) del pueblo.
También se han acuñado frases que ya forman parte del lenguaje popular e ideario cultural contemporáneo como “Show me the money!” y “You’ve got me at Hello” en Jerry Maguire o “I’m Fine” y “I’m impossible to forget, but I’m hard to remember” en Elizabethtown.
También es digno destacar las grandes aportaciones musicales se refieren a haber impulsado el movimiento musical grunge de Seattle con la cinta “Singles” y haber inmortalizado una canción de Bruce Springsteen llamada “Secret Garden”, mejor conocida como el tema de amor de Jerry Maguire, y trazar una ruta musical por todo el sureste de Estados Unidos con piezas de U2, B.B. King y James Brown (qepd).
Otro logro, sino el más importante, es haber impulsado las carreras de muchos actores casi famosos a cuestas de los ya muy famosos. Su capacidad de representar lo más íntimo, cómico y sentimental en cada uno de sus personajes ha impulsado la carrera de actores que en su momento han sido casi famosos como Sean Penn, Judge Reinhold, Jennifer Jason Leigh, Phoebe Cates, Forest Whitaker, Eric Stoltz, Lea Thompson, Chris Penn, John Cusack (bueno, él ya era un poco más que famoso en “Que digan lo que quieran”), Bridget Fonda, Kyra Sedgwick, Renee Zellweeger, Jonathan Lipnicki (con un hijo así cualquier madre soltera agarra marido), Jay Mohr, Cuba Gooding Jr. (quien se ganó un Oscar interpretando al negativo y metalizado jugador de fútbol americano en Jerry Maguire), Billy Crudup, Kate Hudson (por siempre, Penny Lane), Jason Lee (de vocalista con baja autoestima a un hombre llamado Earl), Penélope Cruz (al menos en EEUU) y Noah Taylor. Al igual que hay actores consolidados como Tom Cruise, Orlando Bloom, Susan Sarandon, Brad Pitt (quien se ha quedado en la banca en dos proyectos de este realizador), Alec Baldwin, Jessica Biel, Cameron Diaz, Kurt Russell, Matt Dillon, Anna Paquin (ganó un Oscar cuando era niña, aunque nadie lo recuerde), Frances McDormand y Phillip Seymour Hoffman que le firman una aparición en un complicado proyecto sin tener el guión en la mano.
Siendo completamente honestos, el momento de Casi Famosos lleva a este eterno adolescente al momento más sólido de su carrera y es merecedor de un Oscar al guión que pasara directamente por los ojos de Steven Spielberg y le diera una luz verde total a cada palabra escrita en 172 páginas. Cinta que gusta comúnmente por su encanto descomunal para quienes el rock es como una religión. Pues cada momento es honesto y tiene vínculos con la realidad. Los pleitos dentro de la banda pasaron primero por los sentidos del autor y luego los masticó completos para escupirlos en una porosa banqueta como Stillwater. Agua calma, charco estático sin presente ni futuro. Simplemente sincrónica amalgama de los constancias y divergencias entre las múltiples convivencias. Por tanto Stillwater es un rompecabezas con trozos de Eagles, The Who, Led Zeppelin, The Allman Brothers, The Rolling Stones, Aerosmith, Deep Purple y Black Sabbath. Todos en uno, uno en todos, unos en todo.
Cada escena es un recuerdo congelado que recrea personajes, lugares y situaciones reales “off the record”, difíciles de verificar y muy fáciles de atribuir. Cada secuencia es sacada de una libreta con apuntes escritos con lápiz chato, calcomanías paliduchas y fotos pegadas más por el arraigo que por el pegamento.
Quién se imaginaría a un Ben Fong Torres apantallado con una máquina que manda 18 páginas en 24 horas de un punto extremo a otro cuando ahora conduce un popular podcast o un Jann Wenner joven y emocionado por los retazos de reportaje que mozalbete envía de manera intermitente, cuando representa a un pilar de la prensa industrializada moderna. La película menciona al alocado Hunter Thompson al momento de estar gestando casi espontáneamente su periodismo gonzo y sintiendo miedo y asco por la capital del vicio, al igual que Annie Leibowitz perseguía bandas de rock antes de perseguir ficticios aztecas en Teotihuacan o sonrientes chiquillas de enormes celebridades. Todos están ahí por un poco más de ciento veinte minutos y, a la vez, para la eternidad. El Pop se hace leyenda como una foto polaroid escaneada y retocada en Photoshop.
Para finalizar… Cada logro de Crowe se ve reflejado en cada fotograma que filma en su poco prolífica carrera cinematográfica, cada detalle habla de la importancia en cada pequeña derrota y la trascendencia al sobrevivirlas, fortalecerse y seguir siendo derrotado para sentir de verdad la vida.
Autobiográfico y melodramático, cursi y solidario, estilizado y desparpajado, emblemático y efímero. Esto es Cameron Crowe. Un cineasta famoso casi detrás de los casi famosos.
[1] En la escena final de “Casi Famosos”, el joven William Miller pregunta al guitarrista con mística Russell Hammond ¿Qué es lo que más ama de la música? Este le contesta: “To begín with… Everything” (Para comenzar… Todo). “To begin with…” es el nombre del álbum de la banda ficticia protagonista de dicho filme.
Para mi esta película representa aquella epoca tan maravillosa. Yo solo tengo 14 años , pero siempre digo yo he nacido en una epoca equivocada. no entiendo como la gente no a visto esta pelicula , te motiva , las canciones son especiales , para mi elegidas con mucho tacto , i tiene ese puento divertido derrepente pero sin dejar de mostrar lo que fue.
por los actores y actrices de esta pelicula .. yo estoi haciendo teatro y estudiare para ser actriz .. aspirare a ser como ellos .
Tengo 14 añoz, kazi 15 y mmm………No recuerdo kuando vi ezta pelikula, pero ez lo maz Kool k haya vizto.
Amo a Led Zeppelin y graciaz a ezta pelikula m guztaron maz.
Kreeo k debi haber nacido en el ´69 para konocerloz.
Pero bueno, ya k; amo ezta pelikula x k kreeo k m refleja a mi.
Zolo k yo zoy ona hippie.
Zon Kool
Atte: ZoSo
Les agradezco a Meri y Zofi que lean este texto. Es de verdad uno de los que más me gustan, de los mejores que me han quedado y de la película que más me ha gustado de esta extraña década.
Me encanta que siendo tan jovencitas sean tan rockeras y añoren vivir en una década donde los soñadores no estábamos devaluados o en crisis.
Inviten a sus amigos a leer el texto y siempre que tengan dudas, prendan una vela y escuchen la ópera Tommy de The Who… verán su futuro.