Hay obras cinematográficas que son perdurables y cuyo mensaje no se va disminuyendo por el paso de los años y, se pueden ver hoy como ayer con la misma intemporalidad, en tanto que su tema sigue siendo universal y vigente, así como sus virtudes cinematográficas continúan frescas, este es el caso de “Tiempos modernos”, realizada en 1936 por Charles Chaplin y la cual es posible encontrar en el mercado del DVD, como parte de la Colección de películas de Chaplin, que permiten a las actuales generaciones conocer a este cómico del cine mudo y los primeros años del sonoro.
Aún hoy en día puede verse como parte de nuestra vida el enfrentamiento del hombre y la máquina; el desplazamiento que ésta hace del hombre y la enajenación que produce en los individuos el trabajo mecanizado y rutinario, que en un momento llega a ver a éste, como una mera máquina o simple instrumento de trabajo; como en ese genial momento en que Chaplin, ya completamente enajenado de su labor llega al enloquecimiento y sin ton ni son, se pone a atornillar, incontroladamente, todo lo que encuentra a su paso, hasta llegar a los botones del vestido de una dama, que le parecen tuercas.
La cinta conserva también el tono de folletón melodramático tan unido a Chaplin del romance con la desvalida vagabunda y con ese final lleno de esperanza, que en cierto sentido parece falso después del despiadado ataque que ha hecho Chaplin, a lo largo de “Tiempos modernos”, a todos los conceptos de valor de la sociedad contemporánea, en cuanto a la forma de ver al hombre, como un esclavo moderno de las grandes factorías.
“Tiempos modernos” fue prohibida en la Italia fascista y en la Alemania nazi y cuando se enteró de ello Chaplin dijo: “los dictadores parecen creer que el filme es comunista. Es absolutamente falso. En vista de los recientes sucesos, no me sorprende la prohibición. Pero nuestro único propósito era divertir. Es sólo mi viejo personaje Charly en las circunstancias de 1936. Como actor no tengo objetivos políticos. El filme comenzó desde una idea abstracta, un impulso por decir algo sobre la forma en que la vida es manipulada y canalizada y en que los hombres se transforman en máquinas. Sabía que eso era lo que yo quería hacer, antes de haber pensado ninguno de los detalles”.
El crítico Homero Alsina Thavent en su libro “Chaplin, todo sobre un mito” opina: “lo que se transparenta de Tiempos modernos no es por cierto que Chaplin se oponga a la industria (sin la cual no tendría siquiera una cámara para filmar); sino que ve el peligro de que el ser humano sólo tenga una vida ‘manipulada y canalizada’, que lo convierte en otro engranaje de la máquina. Como siempre fue un individuo, como siempre se opuso a la reglamentación y a la consigna, aprovechó las complejas maquinarias modernas para recordar que no hay que perderse en ellas. Quién quiera leer más en esas escenas podría deducir que la Unión Soviética no sería un paraíso para Chaplin ni para su personaje”.
Para el crítico Francisco Pina, que siempre tuvo una mirada complaciente hacia la obra de Chaplin, en su libro biográfico sobre el genial cómico nos señala: “el final de Tiempos modernos es relativamente optimista; el vagabundo no va solo esta vez, y la mujer que le acompaña ha demostrado ser leal y valerosa. Son dos seres acorralados por la vida, duramente vapuleados por unas circunstancias adversas por un ardiente deseo de seguir viviendo, a pesar de todo. Entre ellos puede surgir un amor destinado a perdurar porque no tendrá tiempo de marchitarse en el aburrimiento y la molicia de una vacía vida burguesa”.
“¿Es Tiempos modernos una película de tendencia política? Yo creo que es una película de tendencia humana, profundamente humana, realizada amorosamente por un hombre de buena voluntad”.
Y es cierto, que en la medida que uno puede revisar la filmografía de Charles Chaplin, resulta difícil no estar de acuerdo con Pina, en el sentido de estar ante la obra de un artista individualista, incapaz de amoldarse a los cánones de un sistema político determinado. Una especie de anarquista solidario, cuyo ataque a la sociedad se da buscando la sustancia humana en todas las situaciones que satiriza, desde una óptica de buena voluntad, alejada de todo compromiso político, de alguien que no cree en huelgas, comunismo, capitalismo o máquinas y que por todo ello puede llegar a ser tachado de ingenuo en cuanto a los planteamientos ideológicos, que se desprenden de sus obras.
Pero Charles Chaplin es ante todo un genio del cine, un artista del medio, con un gran sentido de la comicidad, que seguirá siendo lo más rescatable de esta extraordinaria, aguda y violenta sátira contra el maquinismo que es “Tiempos modernos”.