¡Mi gusto es…!

Escrito por on ene 30th, 2007 y archivado en Cinefilia, Western. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Las diez mejores películas

Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA)Revisando mis archivos de comentarios de cine, me tope con uno que publique en la revista Espacios, que editaba el Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA) hace unos años, los cuales me invitaron en 1996, a propósito de los Cien Años del Cine, a que hiciera una lista con mis diez películas favoritas, así que entonces me puse a escribir y creo que aun tiene vigencia, por lo que considere prudente subirlo en este blog.

Debo confesar que no me cayó de sorpresa dicha invitación y no tanto porque estuviera ansioso o me considerara como alguien a quien debieran hacerle dicha pregunta, sino porque la ocasión es propicia para ello, aunque infinidad de veces, un poco por juego y otro tanto por ese afán reduccionista de tratar de encuadrar todo en “lo mejor”, con muchos y diversos amigos aficionados al cine, he intentado contestar a éste o similares cuestionamientos.
Lo único que me ha quedado claro, todas las veces en que he realizado este ejercicio de selección, es que mis preferencias cinematográficas se mueven como “acciones” en una hipotética “bolsa de valores de gusto cinematográfico”, en que según el entorno en que se da este cuestionamiento, influye para definir la respuesta.

Y no es que se trate de una volatilidad o el pretender dar “coba” a nuestros interlocutores, sino que las respuestas van a ser variadas o diversas a partir del enfoque o el sentido en que nos sea planteada dicha cuestión, o inclusive, el estado de ánimo en que nos encontremos en tal momento. También se da el caso de la irrupción en nuestro cerebro de fragmentos o imágenes de alguna cinta que vimos y sin ser necesariamente de nuestras favoritas, por ciertos avatares, se nos hace presente, al igual que recordamos pasajes de un libro o simplemente olores o una frase dicha en un momento de conversación, es pretexto o motivo suficiente para que en forma nítida viajemos al pasado y evoquemos en forma descontextualizada otros instantes y otras situaciones.

El ciudadano KaneMeditar sobre cuáles han sido “las 10 mejores películas que haya visto” me enfrenta a una lluvia de títulos e imágenes, en que me resulta imposible decidirme por algunas de ellas, pues mal encuentro razones para incluirla se me aparece otra con iguales o mejores merecimientos de gustos o simpatías, no necesariamente lógicas o mejor dicho apegadas al canon del “buen” cine, el cual no siempre resulta el mejor para recordar o tener ganas de volver a ver en repetidas ocasiones, cosa que si sucede con cintas aparentemente menos trascendentes, pero cuya visión logra provocarnos, en un momento dado, mayores gratificaciones. Puedo ponerme erudito y señalar títulos como El eclipse, El acorazado Potemkin, Alejandro Nevski, El ciudadano Kane, Luces de la ciudad, La quimera de oro, La strada, Los olvidados, 1900, Livia, El gatopardo, Ladrones de bicicletas, El general Della Rovere, El año pasado en Marienband, Blow up, Bella de día, La noche, La gran ilusión, Teorema, Nazarín, Avaricia, ¡Que verde era mi valle!, El gabinete del Dr. Caligari, Metrópolis, Nosferatu, Cantando en la lluvia, y por lo menos otras veinte o treinta de igual jaez, que nos aproximarían a lo que sería una selección de las “10 mejores películas de la historia del cine”; pero no necesariamente a las que más nos han gustado o acercado a la emoción primaria que el cine provoca en cualquier espectador, sea cual sea su grado de educación y conocimiento del fenómeno cinematográfico y es la de que todavía logre asombrarnos con su capacidad de ser una “fábrica de sueños”.

Prácticamente he visto cine toda mi vida, puesto que desde los cuatro años iba, primeramente, a las matinée de los domingos en el cine Encanto, acompañado por mis hermanas mayores, y después, conforme fui creciendo, llegué a convertirlo casi en una profesión, dado que en una etapa, cuando vivía en la ciudad de México, me representó una buena fuente de mis ingresos la crítica cinematográfica en lo particular y el conocimiento del cine en lo general, en mis trabajos en la televisión estatal y en compañías productoras, en calidad de gerente de postproducción principalmente.

Durante un buen tiempo llevé una especie de diario sobre las películas que veía, el cual lo dejé, hará unos veinte años, cuando estaban consignados, más o menos, siete mil títulos. Supongo que si estuviera al día aparecerían en dicho “memorial” otras cuatro mil quinientas películas por lo menos.

Aun conservo una serie de recuerdos de niñez que prevalecen diáfanos pese al tiempo transcurrido y el discurrir prolongado de imágenes en movimiento, los cuales me permiten aseverar que en esto de “lo mejor”, prefiero escabullirme y contestar lo que más me gusta del cine y que en este sentido, más allá de juicios de valor, prefiero quedarme, para empezar, en el señalamiento de que entre todos los géneros y escuelas cinematográficas, el western continua siendo para mí el género por excelencia y ante la tentación de tener que escoger para ver en la televisión a la misma hora entre una de vaqueros o una de las llamadas de “prestigio”, de diez ocasiones seguramente ocho o nueve de ellas ganará el “placer de ver cine” antes que el de “saber” de cine.

Bend of the riverSiempre que hurgo en mis recuerdos y precisamente de la época en que comencé a ir a las matinées vienen a mi memoria imágenes de Tierra y esperanza (Bend of the river) de Anthony Mann, protagonizado por James Stewart, que es uno de mis favoritos junto con Winchester 73; El precio de un hombre (The naked spur), Sin miedo y sin tacha (The far country) y Hambre de venganza (The man from Laramie) que forman los cinco westerns que realizaron juntos y cuyo tema común era la obsesión de venganza del protagonista, parco, irritable y arisco antihéroe, mejor moldeado que su similar de Randolph Scott, que nos presentó Budd Boettichear en otra serie de westerns, de los llamados menores que, sin embargo, son dignos de recordar por cualquier aficionado al “género por excelencia”. Boettichear y Scott realizaron juntos siete westerns destacando Los cautivos (The tall T), El secreto del jinete (Rides lonesome) y Estación Comanche (Comanche station). Quizás lo interesante y memorable de ambos ciclos es la capacidad de los dos cineastas y sus actores-personaje para realizar ese sinfín de “vueltas de tuerca” a un mismo tema (la venganza) y encontrarle multitud de aristas y facetas sin agotarse o perderse el interés por la “nueva” forma de asumir el argumento.

Tierra y esperanza no es la primera película que ví pero, cada ocasión en que me planto ante el televisor y pongo el DVD, desde que aparecen los créditos iniciales, se amontonan en mi mente una serie de recuerdos en torno a la cinta; a las diversas épocas en que disfrute de su visión en el cine, al tiempo de irse hilando las imágenes de otros westerns que han entrado al “archivo” de favoritos.

The naked spurHéroe de matinée es indudablemente Audie Murphy con Su último cartucho (The Cimarron Kid) de Budd Boettichear, en la cual “el soldado más condecorado de la II Guerra Mundial” (su autobiografía bélica fue llevada a la pantalla con él mismo de protagonista y pasó en México con el título de Regreso del infierno); hacía una especie de Billy the Kid, aunque su mejor western es la extraordinaria joya de serie “B” Bala sin nombre de Jack Arnold; sin embargo, me temo que no me perdí ninguna de sus 33 aportaciones al género, pasando por Honor y venganza (Destry, 1954) que era un remake de Mujer o demonio (Destry rides again, 1939) realizadas ambas por George Marshall, aunque la que ha trascendido en la historia del western es la primer versión y con toda justicia, principalmente por las estupendas actuaciones de James Stewart y Marlene Dietrich, cinta que sólo llegue a ver hasta la década de los setenta, en un ciclo dedicado al western en la Cineteca Nacional, lo cual me permite hacer la disgregación de que como todos los cinéfilos que se respeten, primero acudía al cine atraído por el refulgir de las “estrellas” y más tarde aprendí a apreciar a los directores, guionistas y a las películas en sí, pero curiosamente descubrí que pocas ocasiones había contradicción entre lo que me gustaba, sin mayores elementos de juicio, y lo que en un ahondamiento del medio me llevó a considerar lo mejor del medio o del género en lo particular, coincidiendo con lo afirmado por los grandes estudiosos de la cinematografía.

Primero disfruté cintas como La flecha rota (Broken arrow), Toque de tambores, El hombre pacífico (Jubal), La última carreta, El tren de las 3.10 a Yuma, Cowboy. Los malvados de Yuma, y El árbol de la horca, para terminar por descubrir que a todas las unía el nombre de Delmer Daves como su director, y así con otros, como es el caso de John Sturges y Mares de arena (The walking hills), Hombres o bestias (Escape from Fort Bravo), Conspiración del silencio (Bad day at Black Rock), Cinco tumbas (Blacklash), El tesoro del ahorcado (The law and Jack Wade), El último tren (The last train from Gun Hill), Tres sargentos (Sargent three), Como casi se perdió el oeste (The hallelujah trail) La hora de las pistolas , Joe Kidd, El Chino (Valdez horses), pero sobre todo Duelo de titanes (Gunfight at O.K. Corral) con Burt Lancaster de Wyatt Earp y Kirk Douglas de Doc Holliday, y Siete hombres y un destino (The magnificent seven) con Yul Brynner y Steve Moqueen, las cuales por lo menos habré visto unas veinte veces en el cine, sin parar mientes en las revisiones caseras por televisión.

Colorado territoryOtro gran héroe de matinée es Errol Flynn y su célebre caracterización del general Custer en Murieron con las botas puestas de Raoul Walsh; o también Joel MacRea con su serie de cintas para la Universal, aunque la más destacada, antes de Pistoleros al atardecer de Sam Peckinpah, fuera Juntos hasta la muerte (Colorado territory) dirigida por el ya mencionado Raoul Walsh, otro de los grandes directores del género, a quién también se debe Los viajeros (Along the great divide) con Kirk Douglas, y aunque Clint Eastwood apareció cuando ya la matinée era cosa del pasado, encuadra perfectamente en esa categoría con sus westerns El bueno, el malo y el feo, El jinete pálido y sobre todo Lo imperdonable. Y como olvidar al hierático de Gary Cooper en El caballero del desierto (The westerner), Eco de tambores (Distant drums); en la supervalorada A la hora señalada (High Noon); en Hombre del oeste y en particular esa obra maestra de Robert Aldrich: Veracruz, director que tiene su merecido lugar entre los grandes del género con Apache y La venganza de Ulzana, en los cuales también participó Burt Lancaster. Como dato chauvinista mencionamos que Robert Aldrich fue el director de Ultimo atradecer, filmada aquí en la región, allá por 1960, en la cual trabajaron, entre otros, Rock Hudson, Kirk Douglas, Dorothy Malone, Jospeh Cotten y Carol Lynley.

Antes de que hubiera tanta “conciencia ecológica” ya Richard Brooks con su estupenda La última cacería nos había alertado en el tema con la extinción de los búfalos. Mientras que Nicholas Ray con Leyenda de los malos (The true history of Jesse James) y Sendas amargas (Run for cover), la primera con Robert Wagner y la segunda con John Derek, introducía en el género el tema en boga en los cincuenta de los “rebeldes sin causa”, ya tratado precisamente por Ray en la célebre cinta de James Dean. A este director se debe la atípica Mujer pasional (Johnny Guitar), la cual junto con El Refugio (Rancho Notorius) de Fritz Lang y Dragones de la violencia (Forty Guns) de Samuel Fuller, conforman la trilogía de los westerns dominados y protagonizados por mujeres: Joan Crawford, Marlene Dietrich y Barbara Stanwyck, respectivamente.

Lo que la tierra hereda (Broken lance) y Pueblo embrujado (Warlock) ambos de Edward Dmytryk me exigen estar en la selección de mis 10 favoritos, al igual que Jornada trágica (The plainsman), Union Pacific y Los inconquistables, de Cecil B. de Mille los tres, y ¿en donde se quedarían las aportaciones de Henry Hathaway con Dos contra el destino (Rawhide), Jardín del mal, Vendeta bárbara (From hell to Texas), Los hijos de Katie Helder, Nevada Smith o Temple de acero (True grift) Pero también ese otro gran pilar del género: Howard Hawks con sus Río Rojo, Horizontes salvajes (The big sky), Río Bravo y El Dorado exigen su merecido lugar en esta arbitraria selección.

The spoilersIgualmente ya es momento de destacar a John Wayne, aunque a lo largo del texto han sido aludidos varios títulos suyos, a los cuales podríamos agregar Los despojadores (The spoilers); Hondo y Los cowboys, y para que no quede incompleto este repaso damos paso al maestro del género: John Ford y mencionemos sólo algunos de sus cerca de 50 westerns, varios de ellos indiscutibles candidatos del título del mejor del género y a estar entre las 10 mejores películas de todos los tiempos: El caballo de hierro, La diligencia, Tambores de guerra (Drums along the Mohawak), Pasión de los fuertes (My darling Clementine) Fuerte Apache o Sangre de héroes como también es conocida en México, Río Grande, La legión invencible (She wore a yellow ribbon), Tres hijos del diablo, Caravana de valientes (Wagonmaster), Más corazón que odio (The searcheres), Marcha de valientes (The horse soldiers), Misión de dos valientes (Two rode together), Un tiro en la noche (The man who shoot Liberty Valance) y El ocaso de los cheyennes. ¿Cómo seleccionar entre la extraordinaria obra de John Ford su mejor western? O ¿Cuál es el western más representativo de John Wayne? Dado que prácticamente la carrera de uno y otro van muy ligadas entre sí.
Se nos agota el espacio separado para este artículo y me doy cuenta que apenas pude esbozar un pequeño acercamiento de selección previa, aún sin concluir, para poder ofrecer la lista de mis 10 películas favorita en un género específico, sabiendo que se me quedan en el tintero las de los demás géneros o escuelas cinematográficas, pero espero por lo menos haber trasmitido la imposibilidad o el absurdo de realizar una selección reduccionista de lo “mejor” sin parar mientes en los contextos y circunstancias, para que cierta película en un momento determinado, la apreciemos por encima de otra.

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