En anterior nota recordábamos el 69 aniversario de la muerte de George Mélies, quién sentó las bases del cine como espectáculo y, primordialmente como arte. Hoy hablarémos de la figura de Cecil B. De Mille, el hombre que mejor supo aprovechar, en un sentido comercial, las posibilidades espectaculares del cine y que al igual que Mélies, muriera, también un 21 de enero, nada más que De Mille falleció en el año de 1959, hace 48 años.
Su ingreso al cine devino en el año de 1913, cuando junto con Jesse Lasky y Samuel Goldfish (luego Goldwyn), formaron la compañía “Laskey Feature Play, Co.”. De Mille hizo al mismo tiempo su debut de productor y director con el filme “The squaw man”.
En sus 45 años de director “Cecil B. Be Mille llegó a realizar 70 películas. Fue el forjador de grandes estrellas como Gloria Swanson, Wallace Reid, Thomas Meighan, Jack Holt, Richard Dix, William Boyd (célebre por su personalidad ligada al personaje de Hopalong Casiday), así como impulsor de gente de la talla de Gary Cooper, Mae Murray, Claudette Colbert, Frederic March y Charlton Heston, entre otros. Sus aportaciones al cine en el plano técnico fueron varias, pero dejemos a Homero Alsina Thevenet, enumerárnoslas, con un agradable sentido irónico, en su libro “Crónicas de cine”: “se atribuye a De Mille la creación de un balancín que dio movilidad horizontal a la cámara, y la de una envoltura con la que en 1928 cubrió una cámara sonora, consiguiendo hacerla ágil, sin contratiempos para el micrófono. Se le atribuye el primer filme coloreado a mano (Joan the woman 1917), el primer filme religioso (“Los diez mandamientos”, 1923), la primera protección de lo filmado con doble negativo (desde “The squaw man, 1913), el primer uso de un megáfono en el set, el primer uso de un alto parlante para dirigir a centenares de extras, y la primera entrevista periodística que se haya realizado en un avión. En rigor histórico habría sido el segundo hombre en partir al medio las aguas del Mar Rojo”.
“También contribuyó con sus comedias mundanas a la proliferación de los cuartos de baño con tinas, al usarlos como un buen pretexto para poder enseñar la figura de sus damas jóvenes. En fin puras minucias que en nada nos explican la importancia de Cecil B. De Mille dentro de la historia del cine norteamericano”.
Si bien, casi todo el mundo está dispuesto a negarle méritos artísticos a la obra de Cecil B. De Mille, también todo el mundo esta presto a reconocerle como el cineasta más oportunista de la historia del cine. Supo siempre aprovecharse del éxito de estrellas ya probadas, explotar las modas hasta agotarlas y repetir los argumentos que ya habían sido atractivos para el público hasta la saciedad. Entre los años de 1915 a 1923 explotó de forma cínica los elementos sexuales en sus comedias mundanas y a partir de “Los diez mandamientos”, mezcló hábilmente lo religioso y lo erótico en sus monumentales filmes bíblicos. Siempre le dio al público, en el peor sentido de la palabra, gusto, aunque esto significara ser cursi, simplón, y poco creativo, en cuanto a lo artístico en su trabajo.
Gilbert Selden hizo el siguiente comentario: “De Mille no ha hecho nunca un filme de espléndida belleza, sino tan sólo películas espléndidamente pretenciosas. Con su pretenciosidad ha satisfecho casi todos los bajos instintos estéticos de la masa, que ignoraba incluso que tenía apetitos… y estaba en perfecta disposición para recibir lo mejor y no lo peor”.
En indudable que se presta a discusiones el posible relieve de Cecil B. De Mille en una historia artística del cine norteamericano, pero en una historia social del cine es imposible ignorarlo, como lo señala el historiador Lewis Jacobs en su libro “The rise of the american film”: “reflejó los cambios de la época con más precisión que cualquier otro realizador y sus películas son especialmente representativas de las orientaciones sociales que las determinaron. Con su continua insistencia sobre el sexo, los modos, las costumbres de postguerra y con la importancia concedida a los trajes, los muebles, la decoración y el tren de vida influyó poderosamente en toda la nación”.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=Wt0quE2Fcrc[/youtube] Siempre aprovechó el talento y el genio de otros que iban dando las innovaciones, para que él y la Paramount, ganaran carretadas de dinero con las fórmulas ya probadas de éxito, sobre todo en sus filmes espectaculares y de grandes conjuntos como “Rey de Reyes”; “Las cruzadas”; “Cleoptara”; “El signo de la cruz”; “La jornada gloriosa”; “Union Pacific”; “Los inconquistables”; “Sansón y Dalila”; “El espectáculo más grande del mundo” y “Los diez mandamientos”.
Su estilo de dirección terminó por ser acartonado, ya que en sus inicios fue actor de teatro y co-escritor de piezas teatrales, quedando fuertemente marcado por dichos antecedentes, por ello es fácil percibir en su puesta de escena cinematográfica y en el desarrollo de la trama, que respeta los lineamientos clásicos de una obra teatral, los cuales en los tiempos del cine mudo eran la moneda corriente y general, aunque hubo las excepciones que marcaron nuevos derroteros en el movimiento y la fotografía de las películas, sobre todo en aquella época, entre 1918-1925 serían los cineastas alemanes con el expresionismo los que darían jalones determinantes en la forma de narrar y, a su vez, Einsenstein retomaría los pasos de Griffith, en cuanto a la utilización del montaje, pero regresando a De Mille se le debe de reconocer el olfato para, en su momento, complacer al público y con ello tener éxito de taquilla, no fue un gran artista, pero si un hábil comerciante del cine, con todo lo bueno y lo malo, que esto significa para el arte cinematográfico, lo cual se puede constatar con facilidad adquiriendo o rentando en DVD “Los diez mandamientos”, en su presentación en que se ofrece tanto la versión muda de 1923, como la de 1955 en que Charlton Heston hizo el papel de Moisés, resultando interesante apreciar la forma en que se resuelve, sobre todo en la primera, la división del Mar Rojo, pues si mucho me apuran en ciertos sentidos la de 1923 se mantiene con mayor vigor que la realizada en Vista Visión y Technicolor, aunque hay que dejar atrás los prejuicios de búsqueda de un cine de arte y entender que estamos en los terrenos del cine como espectáculo, en los cuales Cecil B. De Mille, sabía moverse con gran acierto.
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