Georges Melies: o el Cine como Arte

Gustavo Arturo de Alba Escrito por on Ene 21st, 2007 y archivado en Biofilmografias, Cine Mudo, Directores, Otros países. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Evocación de Imágenes

Hace 69 años que murió George Mélies, el creador del espectáculo cinematográfico, cuando tenía 79 años de edad. Fue precisamente el 21 de enero de 1938. Mélies había nacido el 8 de diciembre de 1861, dentro del seno de una familia de industriales. Nació en la opulencia y murió casi en la miseria y en el olvido, después de haber sido uno de los grandes promotores del cine como espectáculo.

Fueron dos franceses los que sentaron las bases del cine tal como lo conocemos hoy. Ellos son Louis Lumiere y George Mélies. Lumiere utilizando el trabajo de los científicos e inventores pioneros, perfeccionó su propio aparato, al que llamó cinematógrafo y organizó la primera exhibición pública de cine, el 26 de diciembre de 1895, en el “Salón Indio”, del Grand Café, en el 14 de Boulevard des Capucines, en París. En realidad la aportación de Lumiere a la ingeniería del cine es bastante modesta –solamente ideó una forma para sincronizar los movimientos del obturador de la cámara y de la película fotográfica y esto no hubiera merecido más que una nota circunstancial en cualquier historia del cine, pero su nombre ha trascendido porque estableció el cine como industria y vio al cine como una forma de registrar el movimiento de la vida real, de tal manera que sus filmes constituyen ahora uno de los primeros ejemplos de realismo en el cine.

En forma sintética ésta fue la contribución de Lumiere al fortalecimiento del cine, pero ahora hablaremos de George Mélies, quién nos ha motivado esta evocación de sus imágenes. Mélies asistió a la famosa primera proyección del cinematógrafo y al término de la misma, inmediatamente, quiso comprarle una cámara a Lumiere, pero éste se negó a vendérsela, aunque posteriormente llegó a adquirir una.

Mélies fue una especie de “oveja negra” dentro de su familia de industriales, al dedicarse a ser mago, ilusionista y director del teatro Robert Houdin. Su experiencia en los escenarios teatrales le permitió ver en el cine otras potencialidades, que el sentido comercial e industrial de Lumiere no percibió. Mélies estaba acostumbrado a trabajar con linternas mágicas y efectos especiales de iluminación y tenía sentido del espectáculo y fue precisamente la dimensión mágica de espectáculo lo que le dio al cine Mélies.

Al igual que todos los primeros directores, se inició imitando el estilo de Lumiere, limitándose a retratar la vida misma, pero Mélies cuanta que estando filmando en la Opera de París, se le atascó el negativo en su cámara, después de algunos minutos que se llevó en arreglarla, volvió a echarla a andar y, cuando reveló el filme, “fue grande su sorpresa al descubrir que un autobús se transformaba de repente en un coche mortuorio, y los hombres en mujeres, como por arte de magia. Había nacido el truco cinematográfico y la libertad de creación, pues un hecho se podía fragmentar y no había necesidad de verlo como si estuviera sucediendo en la realidad.

Después de descubrir “el truco de la sustitución” Mélies se entregó de manera desenfrenada en la experimentación de otros, convirtiéndose por ello en el mago del cine, en el creador de la gran fantasía cinematográfica, en el hombre que puso las bases para que el cine fuera el arte nuevo: el arte del siglo XX.

Visto esto a poco más de 105 años de distancia nos resulta quizás una cosa pequeña, insignificante y pueril, pero la verdad es que fue un gran paso y el inicio del lenguaje cinematográfico. Pues Mélies sacó al cinematógrafo del mundo que la curiosidad científica –la fotografía animada- lo había estancado rápidamente. Pero Mélies lo llevó al mundo de lo mágico. El torpe mago de los escenarios teatrales, se convirtió gracias a un pequeño accidente, en un gran encantador, al mostrarnos las posibilidades de la imagen fílmica como creadora de mitos, que es el sentido amplio y grande de la palabra mago: El gran apogeo de su obra será entre los años 1900 y 1907 y su decadencia va de 1908 a 1914, época en que el cine da otro gran paso en su evolución como arte, gracias a personas como Edwin S. Porter y sobre todo David W. Griffth y su sentido del montaje, pero de ellos hablaremos en otra ocasión.

Al no saber evolucionar con el progreso del cine, Mélies se atascó en sus “viejas” fórmulas del truco cinematográfico y terminó por perder toda su fortuna y acabar su vida vendiendo golosinas en la estación Montparnasse del Metro de París. Allí lo reconoció León Drubot, director del “Cine Journal”, quién lo reincorporó al mundo en 1920 al organizarle un magno homenaje en la Sala Pleyel de París y finalmente en 1932 lo internan en la Casa de Retiro para Cineastas en Orly, donde murió, prácticamente olvidado y abandonado.

Gracias a la labor de la Cinemateca Francesa se ha logrado preservar una parte de su legado cinematográfico siendo su obra “Viaje a la Luna” donde es más fácil ver y percibir el genio de Mélies, quien forma ya parte de la leyenda y la mitología del cine gracias a que descubrió el principio de los trucos cinematográficos y que supo darle al cine las bases para hacerlo un espectáculo mágico y un arte.

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Comentarios


4 comentarios en “Georges Melies: o el Cine como Arte”

  1. Hernán de Alba Casillas dice:

    Hago unas correciones. Lumière en lugar de Lumiere. En el segundo párrafo dice: Salón Indio”, del Grand Café, en el 14 de Boulevard des Capucines, en París. Debería decir: Salón Indio”, del Grand Café, Boulevard de los Capucines número 14, en París. Ya que el orden en que está escrita la dirección es el orden en francés y en español se usa más el que yo propongo, pero ustedes consideren y juzguen.

  2. […] del cine, inmediatamente pienso en su falta de visión artística y le agradezco al cielo que George Meliés los despertara, no puedo negar su innegable papel en la historia del cine. El “aparato […]

  3. héctorenrique Espinosa dice:

    Permítaseme corregir a Hernán, ciertamente la ortografía francesa es difícil (también está mal Méliés, que lleva doble acento en sus vocales) pero ante ello lo recomendable es “españolizar” los términos, SIN EMBARGIO LO REALMENTE VALIOSO ES RECORDAR AL MAGO DE pARÍS, HACIENDOLE UNA JUSTICIA QUE ha esprado cien años, consideremos que murió en la indigencia como vendedor de recuerdos en una pañara del metro de París ese hombre quer inventó para el cine la ficción.

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